martes, 8 de octubre de 2013

Escenas griegas -6. El gri-gri


El  Αρχών Μιχαήλ  y el  Γιώργος  en el cerco.
 Άγιοι Απόστολοι. Εύβοια, καλοκαίρι  2012.

Γρι-Γρι


Buenos días. Si ya la primera frase que me vino a la cabeza es un pareado, ¡estamos cojonudos!, pero así fue: tal como prometí/ vamos con el gri-gri.

Es la técnica del cerco, a la que me referí en algún capítulo del otro blog marinero y también aquí, como en el de las sardinas, sardeles y en el de las agujas, sarganes, de la etiqueta  Lo que se comió... . Porque son ésas las especies más abundantes que se pescan con tales artes, a las que habría que añadir una tercera, la anchoa, gavros.

En la foto que abre este capítulo podemos ver arriba al kókino kaíki, el caique rojo, el Arjón Mijaíl, que está terminando su labor de recogida del cerco, mientras en primer plano el Yiorgos, que lleva el nombre del patrón del Arjón, y a cuyo capitán también conozco de la taberna de Spiros, acaba de calar su red y comienza a recogerla.

Las artes del cerco son muy variadas, dependen de los distintos países donde se utilizan, y aún más del tipo de pescado o la zona concreta de la pesquería. No es lo mismo cercar un banco de bonitos que uno de anchoas. Varían, por tanto, el tipo y tamaño de los barcos, los medios mecánicos, y técnicos en general, con los que se cuenta, así como el tamaño de las redes y la amplitud de las mallas.

Γιώργος Μητσάκης, Στέλιος Καζαντζίδης.  Ο ψαράς.  El pescador.



El  Γιώργος  con el círculo desplegado de los corchos del  Γρι-Γρι.
El  Αρχών Μιχαήλ  termina la faena.
Santos Apóstoles, Eubea, verano 2012.

Las legislaciones nacionales y europeas son restrictivas, tratando de preservar la continuidad de las especies, sobre todo de las amenazadas, de tal modo que determinados tamaños, procedimientos, volumen de capturas, lugares o distancias de la costa, ya están prohibidos o recogidos en las normativas.
Como norma general no se puede pescar con algunos cercos a menos de 300 metros de la costa o a una profundidad mínima de 30 metros. El tamaño de la red no debe exceder los 800 metros, ni los 120 de caída.

Esas medidas exigen barcos como mínimo de dos tipos y tamaños, que son con los que nos encontramos en todos los puertos del Mediterráneo o el Cantábrico. Éstos que vemos tienen menos de 14 metro de eslora, que es la medida establecida como límite máximo para los de pequeño tamaño.
Aunque alguna vez puedan aventurarse fuera de la costa, son pescadores de bajura que emplean mano de obra familiar y cuya actividad es semiartesanal, con unos ingresos poco más allá de la subsistencia, en los buenos tiempos. Y la mayoría de los barcos de pesca griegos pertenecen a esta flota.

Las sarganas, agujas, son alevines, pero de unos 20-25 centímetros, y las sardinas, de especies pequeñas. Ambas, con las anchoas, son pelásgicas que en el verano se acercan a la costa, más cálida, y a la superficie, para desovar o en busca de alimento.

Στελάκης. I. Γεωργακοπούλου.   Οι ζαργάνες. Las agujas.



Halador en la proa del  Γιώργος.
Εύβοια, Ελλάδα, αύγουστος 2012 

La pesca al cerco representa en algunos puntos de Grecia, como en otros lugares de nuestro propio país, más de la mitad de las capturas totales, y teniendo en cuenta que se trata de patrones autónomos o con un máximos de 12 marineros en los cerqueros más grandes, y que las especies a las que se dedican no están en peligro de extinción, no se entendían determinadas leyes que perjudicaban a estos pequeños pescadores en beneficio de los grandes pesqueros.

No sé cómo está en la actualidad ese tema, pero lo cierto es que los pescadores no prosperan, como sucede en otros sectores de economía familiar, básica, ya hablé también de los pequeños agricultores. No podemos obviar, por otra parte, que las pesquerías están medio arruinadas y el Mediterráneo hecho un asco.

Es difícil compaginar todos los intereses y debería primar la conservación, pero no a expensas de las familias que han vivido durante generaciones de una actividad tradicional, que se mantuvo en cierto equilibrio hasta la expansión de las industrias contaminantes contra las que, por cierto, se legisla poco, a pesar de ser ellas las principales responsables de la ruina de los mares. ¡A perro flaco todo son pulgas!

En las fotografías podemos ver parte de las maniobras del gri-gri, que explicaré algo más detalladamente en el siguiente capítulo. Los cerqueros grandes utilizan sonares para localizar los cardúmenes, pero estos pescadores estudian el mar de pie en sus barquitos, hasta que algún destello o burbujeo en la superficie denuncian la presencia de un banco de peces hacia el que ponen proa de inmediato.
De la pesca nocturna con luz y botes auxiliares, propia de estas artes, diré algo también en la próxima entrada.

Konitopoulos.  I sargana.



Jalador  en la popa del  Γιώργος.
Eubea, Grecia, agosto 2012.

El kaíki cala la red ciñendo un círculo a toda máquina hasta cerrarlo, para que el banco de peces no escape. Inmediatamente comienzan a recoger la red, con más velocidad por la parte inferior sumergida donde van los plomos, para evitar que el cardúmen salga por abajo.
En el caso de estos pequeños pescadores, la red no supera los cien metros y sólo cuentan con una máquina, llamada halador, que les ayuda a embarcarla. Por el otro extremo cierran y estrechan el cerco jalando a puro brazo. El calado de la red es también muy inferior al límite máximo impuesto por la legislación, no hay en la bahía esas profundidades, y sobre todo estos barcos no están preparados para esa carga, es evidente.

En la proa del Yiorgos, el patrón vigila el desarrollo de la maniobra mientras el acompañante atiende al halador y, en la popa, otro sujeta y tira del extremo contrario que cierra el círculo. Los cerqueros más grandes que salen a faenar fuera de los límites costeros, cuentan con otra máquina tractora que sustituye a ese marinero. Se llama chigre, como el bar popular en Asturias.

Las diferencias entre las distintas modalidades de cerco son muchas, así como las variantes locales en lo que respecta, por ejemplo, a los tipos de red, copo para concentrar la bolsa del pescado o utilizar un segundo trasmallo reduciendo el riesgo de fugas, etc., pero lo básico creo que está explicado. Mañana más.

De la serie de televisión, Το μινορε της αυγης.
Γιώργος Μουφλουζέλης.  Ο ψαράς μέσα στήν χώρα. El pescador en el pueblo.


Salud y buenos alimentos

Μπαρμπαρόμηρος, Barbarómiros

lunes, 7 de octubre de 2013

Patosos


Un  patoso  entre dos  patafísikos
Oviedo  2013.

La patulea patosa


El Patoso es el típico palmípedo que no da pie con bola, en infantiles suele jugar de portero, pero no por vocación sino porque correr no es lo suyo, a duras penas se mantiene en pie mientras camina, si se le puede llamar así a lo suyo, y siempre parece un poco borracho.
Por otra parte, los patitos son muy simpáticos y muy ricos, pero unos cabrones con sus congéneres y arrinconan en la portería al que tropieza más de la cuenta. En juveniles todos dejan el fútbol, incluso antes.

Es el conocido pato piesplanos, que cuando migró a América se enroló en la policía o en los servicios de recogida de basura, a pata de calle. Aquí un refugio seguro era la Guardia Patil. En los últimos años muchos se enrolaron de seguratas, paseín paquí paseín pallá, y vuelta a empezar....
Sus andares, más bamboleantes que los de ninguna otra especie patuna, son los que han dado fama al característico deambular de las anátidas.

Meter la pata es lo suyo, pero no por indiscretos, aunque también si llega el caso. No siendo regla general y aceptando que suena muy determinista, es de notar cómo en ocasiones hay un correlato moral paralelo a las características físicas, y a un defecto o virtud en lo corporal corresponde una cualidad psicológica, o ética, un vicio o una tendencia del carácter.
Así, pongo por caso, estos patosos tenderían naturalmente a un pensar torpón, inseguro, o de esos que van de ceca en meca, volubles y veletas, en la dirección que soplen los pedos.

No creo. La meten por pura torpeza anatómica: cruzan las patas y se hacen un lío, de manera que ya no saben qué pata echar primero y, en esos casos, tienden a enredarse y caer ante el mínimo obstáculo o irregularidad del terreno por donde pasean. Porque para colmo les gusta lucirse en las charcas y bebederos públicos, lo patoso no quita lo presumido.

Lo peor de los patosos aparece cuando forman patuleas. Como algunos son muy chulos se rapan la cabeza a lo skin head, engordan, sobremanera de la parte del hígado porque también beben como esponjas, y se lanzan a la calle en pandillas asustando a las gallinas, a los pollitos y a otros patos viejos o indefensos de su especie.
Se han dado casos en todo el mundo patótiko. Persiguen con auténtica saña sobre todo a los ocos forasteros y hasta a los de paso, los migradores y estacionales. Tienen una idea hipertrófica, excluyente y cavernaria de la nación patuna.

Pero no pasa nada, pues cuentan con la permisividad y la manga ancha, cuando no la connivencia, de sus colegas de la patada policial, ya que muchos son asiduos de sus patisarías, de soplones o de lo que pinte. Se sienten seguros y protegidos porque son las fuerzas de choque de este patoso y fascistudamente estúpido sistema.

Raúl el Gitano.  Caramba, carambita, carambirulí.

http://www.youtube.com/watch?v=Sxwal7-wyLY

Salud y al loro.

Korvus Korax, Ο Μαύρος, O Mavros, El Negro.

sábado, 5 de octubre de 2013

Escenas griegas -5. Emigrantes


Sol y sombra.
Santos Apóstoles. Eubea, agosto 2012.

Marinería musulmana


Buenos días. Al día siguiente del primer Panselinos, la luna llena, de agosto, las niñas gitanas que en la verbena de la fiesta de la Cofradía de pescadores, animada por Eleni Legaki, María Nomicou y sus músicos, vendían ramos de rosas a las parejas de enamorados y bandejas con pétalos de flores a los bailarines, intentan colocar en esta mañana soleada, tiestos con claveles y caléndulas a los marineros, todos de religión musulmana, que reparan los trasmallos desde que sale el sol, a la sombra de un toldo en la cubierta de un pesquero.

Mientras, los padres de las gitanillas roncan todavía en las fragonetas, aparcadas a la sombra de las sabinas del puerto.

Las niñas, más que vender plantas, lo que hacen es entretenerse viendo el trabajo de los pescadores, llevan también unas horas de acá para allá picando en las puertas, sin mucho negocio. Pero es una escena que he visto tres años consecutivos y supongo que algo sacarán de su deambular, poco en cualquier caso.

No sé si son gitanos griegos, búlgaros o rumanos, el pueblo errante no tiene patria, es de todas partes y de ninguna.

La mayor parte de la marinería de los barcos de pesca de altura, no sólo en este pequeño puerto, sino en muchos de Grecia, es de países musulmanes, asiáticos y del norte de África. Muchísimos pakistaníes, de Bangladesh, y bastantes argelinos, marroquíes y supongo que tunecinos. Y cada día más, también del África negra subsahariana.
Cheb Mami. Cheb Khaled.


La hora de la oración mirando a La Meca.
Eubea. Grecia , verano 2012.

Como detalle curioso, en un volido con la curruca juliensis por la costa asturiana, muchos de cuyos puertos, pequeños y medianos, están hoy día semihuérfanos de barcos de pesca y llenos de fuerabordas clónicas, vimos casi más trabajadores negros en labores portuarias, que blanquitos, así que la costumbre parece que se impone. Fuimos incluso testigos circunstanciales de cómo el dueño de una cetaria contrataba a un senegalés, para comenzar a trabajar a la mañana siguiente.

En las ciudades, junto con búlgaros, rumanos y albaneses, más algunos procedentes de la antigua URSS, orientales y occidentales, y del este de Turquía, suelen ocupar los barrios más pobres, como la mayoría de emigrantes en todo el mundo.
En los pueblos tampoco están integrados. Para empezar, muchos de los que trabajan en la mar duermen en los barcos, y como todo lujo en algunos casos disponen de barracones prefabricados en las depedencias de los puertos o en sus proximidades.

Forman pequeños guetos, a veces nacionales, hablan siempre en su lengua y se comunican muy poco con los griegos, con un conocimiento escaso del idioma; Pero también cuentan los lazos religiosos, como en el caso de la imagen superior. En el pueblo, muy pequeño, no tienen casa, mucho menos mezquita, así que hacen los rezos reuniéndose todos en la cubierta de uno de los barcos pesqueros más grandes.  

El resto de caiques, más pequeños, pertenecen a  patrones con un menguado volumen de pesca, que suelen emplear a familiares y amigos. Es una actividad semiartesanal, casi de subsistencia, que se aleja pocas millas de la costa.

Μαρία Νομικου.  Που πας, που τρεχεις, που γυρνας.  Dónde vas, dónde corres, dónde vuelves.


Preparando las redes al atardecer.
Desde el balcón de casa. Grecia, verano 2012.

Al atardecer, poco antes de salir a pescar, los marineros musulmanes preparan las redes después de las labores de limpieza, secado y reparación que han ido realizando durante parte del día. La mañana y la tarde las pasan en los barcos y en los puertos, y la noche navegando y pescando. Cuando no se alejan excesivamente en busca de otras pesquerías, antes del amanecer empiezan a entrar de vuelta.

Ya mencioné una de las artes de pesca que practican, el gri-gri, nuestro cerco, y prometí algún capítulo sobre ello. Aprovecharé este título de Escenas griegas y este capítulo, dedicado más a los pescadores extranjeros musulmanes que a los emigrantes en general, para enlazar con algunas imágenes y cuatro palabras sobre el tema del gri-gri.

¡Hasta entóncenes!

Barbarómiros.

Manzil-e-Sufi, Sanam Marvi, Coke Studio Pakistan, Season 3.

viernes, 4 de octubre de 2013

84


Barbazul  2013.


Salí a tirar la basura



después de haber limpiado cuidadosamente la habitación y metido en una bolsa los últimos restos. Perdí por completo el poco olfato que me quedaba. No resultó buena idea guardar los cuerpos del delito tanto tiempo. A lo largo de muchos meses había ido deshaciéndome de cualquier prueba que pudiera incriminarme, y me aburría ya aquel espectáculo dantesco que ofrecía el cuarto. Fui despiezando y triturándolo todo, para camuflarlo más tarde entre la basura orgánica, pero sólo tiraba pequeñas cantidades repartidas durante la semana en días alternos, e iba a depositar las bolsas a distintos contenedores de la ciudad, lo más lejos posible de mi domicilio y distantes entre sí. El váter también se tragó sus dosis de porquería humana.


Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.   Barbazul vs. El amor letal.




Salud y felices pesadillas


ra

jueves, 3 de octubre de 2013

83


Demasiado lejos, demasiado esfuerzo.


Salía tirar la basura



cuando ya llevaba tres meses muerto. No me preguntes cómo es esto posible, me falla la memoria, tengo desde hace tiempo una sordera descomunal y me cuesta articular, las piernas no me obedecen y cuando lo hacen, doy cuatro pasos y me entra una fatiga mortal. ¡No valgo para nada! ¿Qué coño hago saliendo a tirar la basura en estas condiciones? Dejé la bolsa en una esquina y me volví. No sabía dónde ir... . Creí recordar vagamente que, respetando mis deseos, me habían incinerado, echaron mis cenizas por la taza del retrete y tiraron de la cadena, así que intenté meterme por el alcantarillado. Pero no fui capaz de levantar la tapa, estoy sin fuerzas y la gente pasa de ayudar a un cadáver que ya huele.


Karamelo Santo.  Yo a tu casa no voy.


http://www.youtube.com/watch?v=KH6wvq0Jgns



Salud y felices pesadillas



ra



miércoles, 2 de octubre de 2013

82


Dúos. 



Salí a tirar la basura



sin quitar el mandil que utilicé para hacer la cena. Estaba ridículo hasta decir basta, porque había puesto uno de mi compañera que ni siquiera ella usa apenas, ¡es horrible! No encontré el mío habitual y no soy muy presumido. Pero es que hay niveles, yo también tengo mi pequeño corazoncito de narciso, y una cosa es ser el hazmereír de los de casa y otra servir de pelele a un grupo de atorrantes, que fue lo que me sucedió. No me di cuenta de que lo llevaba encima hasta que me tropecé con ellos en la escalera que desciende hasta la calle. Eran cinco gamberretes de unos 18 ó 20 tacos, con un pedo curiosín, haciendo un minibotellón y fumándose unos porros. No tengo nada contra lo uno ni contra lo otro, pero no me gusta que me vacilen de mala manera. Sólo dije buenas noches. Ya tuve problemas para cruzar entre ellos y bajar a la acera, uno me tironeó del mandil y otro dijo, entre una risotada general, algo así como ¡Quita eso de ahí, cerdo, que apesta!, refiriéndose a las bolsas y dando un manotazo a la que tenía más cerca. Mientras iba hasta los cubos y las dejaba, pensaba que a la vuelta se repetirían los problemas, no había respondido y estarían envalentonados. En efecto. Al llegar a la escalera se habían puesto de pie y se reían señalando mi aspecto y cerrándome el paso. La verdad es que hasta a mí me daba la risa viendo la pinta que tenía. Pero lo suyo no era un disfrute sano, consistía en divertirse humillando al prójimo. Me dejé hacer con muchísima paciencia permitiendo que me empujaran, que tiraran del mandil de un lado y de otro, y sólo cuando uno quiso, y logró, tocarme la barba, le dije en voz baja y sin excesiva violencia, ¡La barba no!... . Me daba cuenta de que si los tomaba muy en serio la cosa terminaría mal y el peor parado sería yo. Quiso la casualidad que pasaran dos personas por la calle y aproveché para escabullirme cuando dudaron de seguir con el acoso. Entré en casa con una mala hostia que me llevaba dios, pero ya tenía la respuesta justa en la cabeza. Amigo como soy de los disfraces guardo uno de policía, no sé de qué país, pero que da el pego, y de noche más. Me vestí en un pispás, agarré la cartuchera con la pistolina de juguete, porque tiene de todo, hasta tolete, ¡aunque es de plástico hueco y ligero!, y salí a la calle. Seguían sentados en la escalera descojonándose. En un primer momento debieron pensar que alucinaban, abrían unos ojos como tarteras. No se lo podían creer. Los puse a los cinco contra la pared y en un minuto se les había pasado todo el vacilón. Pedí los carnets de identidad, les hice vaciar los bolsos, y los tuve allí ocho o diez minutos. Les devolví los documentos y dije, con toda la gravedad de que fui capaz, que ya recibirían en sus respectivos domicilios una notificación del Juzgado. Se fueron con paso ligero y las cabezas gachas, sin el costo. ¡Los jodíos chavales fumaban un chocolate mejor que el mío!



Ilegales.  Yo soy quien espía los juegos de los niños.





Salud y felices pesadillas 



ra


martes, 1 de octubre de 2013

Ο Νικόλαος Τσέγκας, Nikólaos Tsekas -2


Nikolís y María en el  Kiriako (Domingo).


Τσέγκας -2


Buenos días. Seguimos con el pescador de Kissamos, Nikólaos Tsekas, músico por afición, pero de los grandes, que desapareció una noche aciaga de fourtuna, una tormenta que hundió su pequeño caique, el Kiriako. Ahí nació una leyenda, era el elemento trágico que faltaba en su vida para elevarlo a la categoría de mito.

Repetiré hoy un tema de Mundakis, éste interpretado por músicos más jóvenes y el último en solitario.

Κώστα Μουντάκη. Βασίλης Σκουλάς. Γεράσιμος Ανδρεάτος. Παντελής θαλασσινός. 
Título original: Αρμενάκι Τζέκα.   Στση Γραμπούσας τ' ακρωτήρι. 


Todos los que lo conocieron lo pintan como un paisano bueno, gracioso y bromista, sin dobleces, muy popular en la bahía de Kissamos y amigo de todos los músicos de la zona, los aficionados y los profesionales, como Κουτσουρέλης, Kutsurelis, Ναύτης, Návtis, Χάρχαλης, Járjalis...

Dicen los biógrafos que en las panayías, las fiestas, los músicos que actuaban y el público congregado lo reclamaban para que subiera al escenario e interpretara su repertorio, popular en toda la región.

Las generaciones siguientes, como el músico que escucharemos a continuación, han guardando sus canciones como un tesoro común, que en realidad trascendió la pequeña región donde vivió, para convertirse en uno de los símbolos de la libertad compositiva e interpretativa de los hombres sencillos de Creta, en ocasiones sin apenas letras, pero con un conocimiento de su cultura que los convierte en sabios.

¡El mejor violín de Kissamos!, asegura Hatzikos que subió el vídeo. Con sus colegas, en Kastelli Kissamos, Zodoris Polijronakis. Los syrtos de Tseka.
Yióryis Koutsurélis y Nikolís Tsékas.

Dicen también los enteraos, que se han perdido muchas de sus mantinadas, sus letrillas improvisadas y, lo que llama bastante la atención: que algunos profesionales copiaron y registraron como propias esas composiciones. ¡Y parecen señalar, entre estos últimos, al propio Kutsurelis!, que, si recordáis, fue el que puso el pleito a Mikis Zodorakis por un presunto plagio de su tema del sirtaki en Zorba el griego.

La siguiente canción es uno de esos casos, compuesta por Tsekas y registrada por Kutsurelis, si he comprendido bien. Lo que no parece discutir nadie es la paternidad de Nikolís, no sé si también Yioryis K. la admitía. Parece que la risa va por barrios. Cosas de la vida...

Por mi parte, aceptando la genialidad de Tsekas, del mismo modo que cuando hablé de ello exculpé a Mikis porque no creo que necesitara a Kutsurelis para ser quien ha sido en la música, disculpo ahora a Yioryis de su posible plagio. Aunque, ¡maldita la falta que le hace a ninguno de ellos que yo lo absuelva!

Νικολής ΤσέγκαςΓιώργης  Κουτσουρέλης. Τζιμάκης.  Συρτός της θάλασσας.


Había reunido una colección de imágenes, haciendo fotografías directamente de los vídeos de Tsékas en el ordenador, porque tenía pocas canciones y aún menos apuntes, y pensaba rellenar el capítulo inicialmente previsto con más imágenes que música o palabras. Pero resulta que al final de la primera entrega encontré alguna canción más y, con la aportación de estos intérpretes, volvía de nuevo a las andadas de entradas demasiado largas.

A Ross Daly supongo que muchos ya lo conocéis, también subí aquí temas suyos, creo que alguno en los capítulos dedicados a Creta en Archipiélagos. Es un músico irlandés, especialista en sonidos e instrumentos orientales, asiáticos y europeos, que se enamoró de Creta y hace 40 años que se instaló en la isla como un liraki más. Hasta inventó su propio modelo de lira. Sus colaboraciones con músicos tradicionales cretenses, y de todo el mundo, son incontables, con cerca de cuarenta discos personales en su haber.

Aquí rinde homenaje al bueno de Nikolís, como no podía ser de otro modo, siendo como es Daly un estudioso de los folclores, además de músico y cretense de adopción.

Ross Daly. Μιτσος Σταυρακάκης.  Σύρτος του Τζέγκα. El syrto de Tsegka.

http://www.youtube.com/watch?v=oxWXnKurPpY

El pescador Tsékas.

Y la grabación que sigue, es de un músico de la siguiente generación a Tsekas, Kostas Mundakis, a quien ya dedicamos su espacio en este apartado porque escuchamos antes su música que la de gran parte de los Protomastores. Con Nikos Xilouris y Jaralambos Garganurakis, fue en los años 70 y 80 de los músicos cretenses más conocidos.

Con esta canción, otra versión de la primera de hoy, termino. Hay muchas grabaciones, es de ésas que no fallan en un repertorio selecto de la música de Creta. Traduzco -a mi aire- la letra de la mantinada, que es un homenaje a Nikólaos Tsekas, triste como esos mirologia del Mani, "la palabra del destino", que describe Leigh Fermor en su libro, cantos fúnebres de recuerdo, de los que ya he hablado más de una vez.

Κώστα Μουντάκη.  Στση Γραμπούσας τ' ακρωτήρι. En el acantilado de Grabusa.


Όλα τα άρμενα αρμενίζουν 
με πανιά και με κουπιά 
μα του Τσέγκα το αρμενάκι
δεν ξαναγυρίζει πια...

Todos los barcos aparejados
con velas y con remos
pero el  barquito de Tseka
no volverá nunca más...

Salud y buena música.

Barbarómiros

lunes, 30 de septiembre de 2013

Los yogurinos


Acuarela, témpera. Cartulina. 1989.
Ramiro Rodriguez Prada.

La coleguilla


Todos trabajábamos el sábado por la mañana, pero nada más plegar agarré la cirila y fui a buscar a los dos colegas con los que pensaba pasar el fin de semana en el monte. Uno de ellos se había encargado de las provisiones y el otro de la bebida y el fumeque. El de la hierba traía con él a una nueva novia. Era el más ligón del grupo y cambiaba con frecuencia de pareja. No le duraban mucho, ¡Una estación es lo máximo!, decía él.

La chica resultó ser bastante tímida y apenas dijo cuatro palabras en las dos horas de viaje en el coche. Cuando lo dejamos en el lugar donde aparcábamos, ya llevábamos los tres una alegría moruna. La chavala dijo que no lo había probado nunca y no quiso acompañarnos en la rueda.
Subiendo a la campa donde montábamos las tiendas, me enteré de que mi amigo la había invitado con la intención de convencerla, auxiliado por los aromas montunos, de las bondades del sexo. Aunque la conocía del barrio y llevaba cuatro días con ella, no había podido ni darle un beso.

Íbamos sin prisas, parando cada dos por tres para añadir un poco de gasolina al combustible que ya habíamos ido quemando en la cirila. A mitad de camino ya estábamos los tres guapos guapos. La mata del colega era de lo mejor y la risa casi no nos dejaba progresar. La chica nos miraba como a tres merluzos y en una parada pidió un poco de aquello. El tronco me guiñó disimuladamente cuando ella cogió el canuto. Le dio un par de caladas y se lo devolvió.

¡Ten cuidado que es muy potente!, la puso en guardia él.

Estaríamos a una hora de la campera cuando ella, que ya había empezado a dar muestras de estar también afectada, en otra de nuestras paradinas siguió andando y dijo que nos esperaba arriba. El caso es que no conocía el camino y se iba a encontrar con tres o cuatro encrucijadas que la podían confundir y apartar de la ruta. Pero a ninguno se nos ocurrió llamarla y aleccionarla cuando la vimos desaparecer en lo alto del camino.

¡Andaba ligera, la jodía! No sé, tal vez pensamos que si dudaba en algún sitio nos esperaría. Pero cuando llegamos arriba una hora más tarde, con toda la cachaza, ya oscureciendo y un poco preocupados por si se hubiera podido perder, allí estaba la chavala preparando té, con un buen fuego de campamento y una provisión de agua de la cercana fuente.

Solíamos llevar bastante comida porque el monte nos despertaba el apetito y la verdura de fumar también ayudaba. Así que pusimos unos pinchos morunos en las brasas, unas chuletillas y unas lonchas gruesas de panceta fresca. Un buen Roncal que trajo el compa navarro nos acabó de rematar en lo culinario.
Después de dar cuenta de todo, con un buen riego del Empordà, entre risas y perfecta armonía, todos estábamos dispuestos a aceptar a la chica como a una coleguilla más.

Μαργαρίτης.  Το βοτάνι του διαβόλου. La hierba del diablo.

http://www.youtube.com/watch?v=zo71o7iXskw

Mientras hacíamos la queimada preceptiva, ella volvió a pedir en dos ocasiones una calada. Estaba tan contenta como nosotros, aunque indudablemente era una persona callada, pero al mismo tiempo se la veía muy activa y resuelta.
Sin embargo, nuestro colega no parecía avanzar mucho en sus intentos por atraerla a su saco, una vez que nos hubiéramos recogido en las tiendas, porque cada vez que hizo ademán de besarla o practicar el juego de las manitas, ella lo evitó o lo rechazó abiertamente.

Con la queimada el colocazo ya estaba llegando a su cénit, como la luna creciente que teníamos sobre nuestras cabezas. Fue la chica quien propuso dar un paseo. Conocíamos bastante bien todos los senderos que confluían en la campa, aunque la claridad de la luna no alcanzaba a iluminarlos del todo por la mucha vegetación que los rodeaba. Decidimos subir hasta unas praderías cercanas, a una media hora de camino.

Como suele ser habitual, yo fui quedándome rezagado, aunque subíamos alborotando, muy despacio, entre carcajadas y parando a fumar igual que por la tarde. Un rato antes de llegar, los colegas, con el arreón del último petardo, se adelantaron. La chica quedó conmigo y nada más perderlos de vista me agarró de la mano y me sacó fuera del camino.
Todo lo hizo ella, me dio un repaso sin contemplaciones, yo sólo le serví de juguete.

Me parecía que los otros se habían coscado de algo, porque tardamos mucho en aparecer y yo estaba pal arrastre. ¡Vaya con la modosita! Ella como si nada, seguía silenciosa aunque reidora, y siempre un poco tímida y distante.

Me metí en el saco ya a las cuatro o las cinco de la madruga, estaba literalmente muerto y me dormí de inmediato. Amanecía cuando desperté por el movimiento que había a mi lado. La chica montaba sobre el colega, que no debía de haber espantado el pedo del todo y bufaba como una chocolatera con cada culada de la guaja. Me hice el dormido.

Tardamos en levantarnos, y porque el sol nos echó de las tiendas. La coleguilla ya había despabilado el rescoldo de la hoguera y calentaba el agua para el té. Teníamos previstos unos chuletones descomunales para ese mediodía, que nos deberían servir de comida-merienda-cena, porque llegaríamos de noche y muy tarde a casa.
Echamos el resto de la mañana languideciendo, tumbados en esterillas sobre la hierba y en un momento en que la chavala no estaba, le preguntamos al amigo que qué tal la noche con ella.

¡Nada de nada!, contestó con gesto de fracaso y fastidio. Dijo que estaba muy cansada y que no le apetecía follar. ¡Joder, si lo sé traigo a una amiga suya que le mola más que a mí!

¡Qué zorros éramos! Callamos como afogaos, nunca llegó a saber la verdad de aquella noche, espero que no lea esto ahora. Claro que, el capricho le duró poco tiempo y enseguida cambió de novia. Aquel fue, en definitiva, uno de sus fracasos más sonados..., pero también de los menos publicados.

Ramiro   

The Muggs.  Gonna need my help.



Salud!

domingo, 29 de septiembre de 2013

Ο Νικόλαος Τσέγκας, Nikólaos Tsekas


Νικολής Ζερεφος,  Τσέγκας.

Τσέγκας


Buenos días. Voy a interrumpir brevemente con este capítulo dedicado a Tsekas, la relación de Protomastores, los primeros maestros, que aparecen en la antología homónima de la música tradicional cretense.
Hoy tocaría en realidad Yioryis Kalogridis, al que está dedicado el octavo CD. Será el siguiente capítulo de esta etiqueta, espero.

Νικολής Ζερεφος era el nombre de pila de Tsekas, el pescador del rey de los salmonetes de Kissamos. Pienso si sería aquel dorado y rojo salmonete el que se cobró la venganza años después... 

Νικόλαος Τσέγκας. Ακυκλοφορητη ηχογραφηση. Grabaciones inéditas.


Hay muy pocas grabaciones originales con la voz de Nikólaos, todas caseras y de muy mala calidad, porque no fue un cantante profesional al uso, sino un aficionado que ni siquiera sabía música, pero con el ritmo de su tierra metido en la sangre. Componía de oído para acompañarse cantando cuando pescaba, pues éste era su oficio.

Aún así el siguiente tema pasa por ser el más sofisticado y de difícil ejecución en la historia de la música cretense, según dicen los entendidos. Acompañado aquí por el laúd de Kutsurelis, éste es de los mejores registros suyos que se conservan.

Los Kakrapi de los que habla la canción son unos conocidos arrecifes sumergidos de Kissamos, el pueblo de Tsekas, que permanecen ocultos muy pocos metros bajo la superficie del agua, con el peligro que ello representa para los barcos.
Νικολής Τσέγκας. Γιώργος Κουτσουρέλης.  Κακράπης.

https://www.youtube.com/watch?v=HhSn_l1Mukw

El caso es que el pobre Nikos murió ahogado en ese mismo mar kissamiótiko en una tormenta terrible, mientras pescaba acompañado por su mujer, María, atrapado bajo el caique que les daba de comer, de nombre Κυριάκο, Domingo. María no consiguió sacarlo y se salvó nadando. Era el año 1966, Tsekas había nacido en 1900.

¡Cantaba pescando y al parecer en cualquier circunstancia!, aparejando el barco, reparando las redes,
bebiendo con la parea o en las fiestas del pueblo. Fue un tipo cachondo, juerguista, amigo de las tabernas y querido por todos.

La noche del naufragio, un 8 de diciembre, en la misma tormenta se hundió en Falkonera, cerca de Mylos, el transbordador Hiraklio, Ηράκλειο, que hacía la ruta de la capital cretense a El Pireo con doscientas ventiseis personas a bordo, de las que sólo sobrevivieron 27, fueron 199 los muertos.

Una jornada trágica en toda Europa, porque en el Mar del Norte se hundieron otros dos barcos, un pesquero holandés y un irlandés, y otro más frente a la costa noruega, todos con víctimas mortales, según recogía la prensa de la época.

Νικόλαος Τσέγκας.  Ομιλία και σύρτα. Charla y syrtos. 

https://www.youtube.com/watch?v=VnCA__Bc0u0

Tsekas y su esposa María en su kaïki,  Kiriako.

Ya me referí a Tsekas en el capítulo de Kutsurelis en Música cretense, y en Barbunya de Lo que se comió..., donde puse varias grabaciones del más conocido de sus temas y que ha merecido un buen número de versiones, repetiré hoy la de Kutsurelis con la voz de Nikos Xiluris.

Contaba allí que Nikólaos imitaba varios instrumentos tradicionales de cuerda con la boca, y silbando; μπουκόλυρα, le llaman a esa técnica los que escriben sobre él, bucólira, creo que no necesita traducción, sabiendo además que la lira es el instrumento central de la música de la isla.

Aunque había integrado la música cretense en su naturaleza como quizás nadie lo haya hecho, y nació en Gramvoussa, Kissamos, al oeste de Janiá, lo cierto es que su familia procedía de Laconia, en el Peloponeso.

Y voy a cortar aquí y hacer un segundo capítulo, negando el encabezamiento, porque me vuelvo a pasar de frenada con el tamaño de las entradas. Tenía poca cosa esta vez, pero al parecer aún sobraba.

Tsekas. Kutsurelis, Nikos Xilouris. Μπαρμπούνι μου. Barbuni mou. Mi salmonete.

http://www.youtube.com/watch?v=sRSwYjCzjrg

Υγεία, Salud y buena música.

Barbarómiros

viernes, 27 de septiembre de 2013

Ο Παύλος Μάτεσις, Pablo Mátesis -2


Ο Παύλος Μάτεσις.  Fotografía de S. Kadinópulos.
Solapa de la cubierta de la edición griega.

Ο Παύλος Μάτεσις -2

Memorias de una hija de perra -2
Η Μητέρα του Σκύλου 


"Con la llamada Liberación, mucha gente encontró trabajo gracias a las minas. Los grandes terratenientes pagaban para que les limpiasen sus tierras [...] de toda clase de chismes explosivos [...] Y no te haces idea de la cantidad de gente pobre que se ganaba el pan a base de desenterrar minas. Mira por dónde, los alemanes acabaron por servirnos de algo. No tuvimos víctimas que lamentar, tan sólo alguna que otra mano o un  pie, que fueron arrancados de cuajo." Pág. 131.

"La veo que se mete en el campo de minas, de vez en cuando daba unos saltitos como los de Imperio Argentina cuando cantaba Antonio Vargas Heredia en la pantalla, esto antes de la guerra." Pág 110.

Imperio Argentina. Carmen la de Triana.  Antonio Vargas Heredia.

http://www.youtube.com/watch?v=lIWIcWwfFB4

Imposible no enamorarse de ese personaje en el límite de la inteligencia, asombrado, directo, infantil y delirante, tanto que al final se tiene la impresión de que todo ha sido un sueño dramático, tragicómico, un monólogo de psiquiátrico, ¿es Raraú/Rubí quien dice ser y, desde dónde nos lo cuenta?  En la página 9 nos enteramos de que tiene 63 años, pero...

No importa, sabemos que está en su isla, o en su pueblo, la acción, los tiempos y escenarios van y vienen, y en la capital, que junto a su madre llegó con la segunda gran oleada de refugiados después de aquella primera de la Catástrofe de Asia Menor, que los alrededores de Atenas donde viven son un mar de chabolas con todas las miserias imaginables, el último refugio de miles de desplazados por la segunda guerra mundial, la única esperanza para no morir de hambre. Ta périx, Los arrabales del rebétiko, mucho dolor en este relato enternecedor y un corazón puro y enorme latiendo en él.

"-Chica, me dice mientras me acompañaba hacia la puerta, tú tienes talento para ser puta". Pág. 209.

El absurdo, el humor, y la violencia o la crueldad, en Mátesis, al igual que su dulce personaje, Raraú, cómico de la legua y autor de teatro, Premio Nacional en el 69, antes que novelista, tiene más sentido aún sabiendo que tradujo a Ionesco, Brecht, Lorca, Artaud o Aristófanes, entre otros muchos. Dominaba varios idiomas, también el castellano.
La novela parece incluso una obra de teatro. Pero es que casi no necesitaría ayuda de sus maestros tratándose de una sociedad como la que describe, de la guerra, la ocupación y la posguerra, destrozada, embrutecida, hambrienta, colapsada moral y físicamente, vista a través de los ojos inocentes y alucinados de una víctima "colateral". Y lo hace con maestría.

Π. Μάτεσις. Σ. Ξαρχάκος. Ν. Ξυλούλης.  Τη σπαθα σήκωσε και παλι


Y llegado a este punto de las influencias, leo entre la selección de citas periodísticas de la contracubierta, una que Lucile Farnoux escribe en Le Monde. Dice entre otras cosas: "Mátesis domina el arte de suscitar imágenes y a veces pensamos en el Fellini de Amarcord. El novelista tiene en común con el cineasta el gusto por el detalle pintoresco y provocador, por lo incongruente, por lo chocante."
Más arriba también Sacha Marounian, en La Quinzaine Litteráire, escribe que Mátesis nos conduce, "entre lo cómico y el melodrama, con una facundia y virtuosismo casi fellinianos"..., ¡pero qué manía les ha entrado a estos franceses con don Federico!

No negaré que pueda haber imágenes fellinianas, cada uno es muy capaz, o dueño, de ver lo que buenamente quiera, pero para mí si hay un cine y un cineasta a quien Mátesis rinde homenaje en su novela ése es el cine español de los años treinta y cuarenta, y ese autor es Luis Buñuel.
La sociedad que describe Mátesis tiene mucho más que ver con la época y los escenarios de nuestro cine que con los de Fellini, y creo que la cita de Pavlos a la película de Imperio Argentina no es un detalle baladí.
De acuerdo con todos esos adjetivos que le dedica Farnoux, que mejor aún se podrían aplicar al genial director aragonés. Pintoresco no es el calificativo que yo le endosaría a don Luis, pero ¿provocador, incongruente, chocante?... Y lo mismo diría de los sustantivos de Marounian.

Pero es que además una de las escenas más duras de la historia calca, y lo digo así porque apenas se molesta en disfrazarla, se trata de una referencia culta de un amante de la escena, el teatro, el cine, calca, digo, otra secuencia, también durísima, de la película de 1950, del ciclo mexicano de Buñuel, Los olvidados: Aquella en la que los golfillos echan por una cuesta abajo la carrucha con el demediado, que si la memoria no me falla era otro cabrón hijoputa como el de Mátesis, que se aprovechaba de la miseria generalizada. Al César lo que es del César...

Imperio Argentina.  Los piconeros.

http://www.youtube.com/watch?v=QsFpeQZCEps


Cubierta de la edición griega.
 Ilustración de un pintor popular griego (desconocido?)

Mátesis, que en realidad se apellidaba Papangelópoulos, nació en el Peloponeso en 1933. Murió en enero de este 2013 en Atenas.

La novela, publicada en Grecia en 1990, va por la edición nº 50, ha vendido más de 100.000 copias y ha sido traducida a varios idiomas.
Vuelvo a recordar que en España la editó Seix-Barral en el 94, traducida por Cristina Serna.

Hay otra novelita corta de Mátesis publicada aquí que también hemos leído, pero de la que me faltan los apuntes, como de los primeros libros de Ritsos. Es la historia de dos pillos alucinados que van de pueblo en pueblo haciendo milagros y que terminan creyéndoselo. Hay hasta estigmas y todo. A mí me recordaba algo La guerra del fin del mundo, de Vargas Llosa, pero también un poco la peripecia de la Papisa Juana en la novela de su compatriota Roïdis.

Π. Μάτεσις. Σ. Ξαρχάκος. Ν. Ξυλούλης.   Διόνυσε Καλοκαίρι μας. 


Dramaturgo, traductor, novelista, y además violinista de carrera y autor de letras de canciones, como por ejemplo las tres de hoy y otra del primer capítulo, todas ellas musicadas por Stavros Xarjakos y cantadas por Nikos Xiluris.

He dejado para el final tal vez las dos más conocidas. Especialmente el PulimeniDiónise kalokeri mas es de un LP de Xarjakos del 72, con los coroneles todavía en el poder y daba también título al disco, el resto son de I simfonía tis giantas, del 76. Todas muy combativas.

Y por fin quiero matizar un poco las opiniones que he vertido aquí, puesto que hace 19 años que leí el libro y aunque me dejó huella, le he ojeado un poco ahora y pienso lo mismo, es mucho tiempo para fiarse casi exclusivamente de los apuntes de entóncenes. Es una de las novelas de la literatura griega contemporánea que más me han gustado, con Tierras de sangre, de Didó Sotiriu, Tierras de Eolia de Ilias Vénesis, o La tercera boda, de Kostas Taksis, todas ellas traducidas. Creo que con eso está dicho todo.

Π. Μάτεσις. Σ. Ξαρχάκος. Ν. Ξυλούλης.   Πουλημένοι.


Salud

¡Qué sabes tú cómo se quiere en Sevilla!...

Ramiro Rodríguez Prada

jueves, 26 de septiembre de 2013

Escenas griegas -4. Magisterio


María charla con Spiros, descalza en la terraza.
Ayi Apostoli, Evia. Elada, verano 2012.

Spiros y María


Buenos días. Esta es una de las escenas más bonitas que se pueden contemplar en el bar de Stavrula y Spiros. Si tuviera que elegir una imagen de ese verano de 2012, como en el 2011 escogí el corazón que me pintó en la libreta otra niña, Antigoni, este año tal vez me decidiera por una de las de hoy, de María charlando y recibiendo una de las primeras lecciones de pinche de cocina por parte de Spiros.

Tienen delante dos baldes, en uno están las patatas ya peladas y en el otro van echando las que corta con esa máquina manual. Es una labor que en ocasiones se repite por la tarde, serán las patatas fritas de la comida o la cena. Esta vez le ayudé yo a pelar y Spiros me invitó a comer con él, mano a mano, unos peces del día que nos preparó Stavrula.

Es un niñón Spiros y a ellos también les llama la atención este hombre bueno y tranquilo, que repara una red, riega el camino, da de comer a los pájaros, monda patatas, limpia sarganas, prepara y cocina los sublakis..., en la propia terraza, a la vista de todos, y los niños sólo quieren espectáculo.
A veces se juntan tres o cuatro guajes con las cabecitas bien juntas, observando con esa atención concentrada de los chavales cuando algo les llama la atención, desde la puerta del rincón donde Spiros atempera las brasas para asar la carne a la parrilla. Spiros los mira y se ríe.

Los niños, de ambos sexos, y los gatines, fueron los mejores espectáculos diarios de la terraza.

Las niñas están menos consentidas y mejor educadas que los niños. A ellos, en general, se les consiente casi todo. Estamos hablando de una sociedad mediterránea, machista como la nuestra, pero yo tengo la sensación de que, más que en otros países sureños, en Grecia los aspirantes a machito son los reyes del mambo. Releo esta última frase y la mantengo, es sinceramente mi impresión. Admitiendo las excepciones que hagan falta.

Me decía el mi Dimitraki lo que se quiere a los niños en Grecia, y cómo el maltrato o el simple castigo corporal es raro allí. Estoy de acuerdo, lo he visto y me parece muy bien. Pero ahora hablo de una permisividad mayor con los niños que con las niñas, que desde luego no los beneficia por muy discriminatoria que sea a su favor. Mala es la diferencia pero que el capricho dirija la educación tampoco se queda atrás.

Guajes insoportables, por otra parte, los hay en todos los países, lo mismo que padres que pasan de todo, y diferencias de género otro tanto, así que no cargaré más las tintas con el asunto. Todos debemos aprender. Siempre somos más responsables -o irresponsables- los padres que los críos.

Μουφλουζέλης.   Εγώ δεν έχω βγάλει το σχολείο. 



Desde la taberna de Stavrula y Spiros. Con María, preparando las patatas.
Un pescador del pueblo, que conozco, pasa por el camino frente a la playa.

Todo el Mediterráneo es mirón, salidor, noctámbulo y amigo de los bares, pero el más volcado a la calle de los que conozco es sin duda Grecia. Y digo volcado, no el más consumista, callejero o juerguista. Me refiero a un detalle que no pasará desapercibido para quien visite el país: las sillas de las terrazas de las tabernas y restaurantes, εστιατόρια, están siempre vueltas a la calle.
En una mesa cuadrada los asientos no miran a la mesa, ponen dos sillas a ambos lados, una detrás de otra, mirando a la calle. Éste es el espectáculo a contemplar, la gente que desfila delante del bar. Si además, como en el caso de la taberna de Stavrula y Spiros, tienen enfrente la playa y el mar, la razón de la costumbre es triple y se comprende fácilmente.

Al hablar del trato que se les da a los niños, recordé un contraejemplo gracioso, que se puede dar en cualquier lugar del mundo.
Un año íbamos en bici a la playa, a unos tres kilómetros del pueblín donde vivíamos. Es una playa enorme que ocupa los seis kilómetros aproximados que tiene la bahía, un golfo muy abierto, kolpos, que mira a Turquía. En realidad la playa y la gran rasa que hay detrás es una zona de dunas, con algunas manchas de pinares donde se hacía camping salvaje. Lo peor era que había gente que metía los coches en la playa, ¡y hasta algún camioneto, con todo el aparataje de mesas, sillas, tumbonas..., y lo necesario para cocinar a la brasa unos sublakis allí mismo.

Aparte de eso, la playa era lo bastante grande como para poder alejarse un poco del mayor bullicio, unos quinientos metros donde se concentraba la mayoría del personal. Nunca muchas más de doscientas personas. Las familias de los pueblos de los alrededores, incluido el pope con la suya, solían preferir los márgenes y allá nos íbamos también nosotros. Era gente sencilla, casi siempre mujeres con hijos o nietos, el pope era de los pocos hombres bañándose, imagino que el resto curraba. Se ponía en bañador un momento, se metía en el agua y al salir enseguida se ponía una sotana azul azulete, totalmente descolorida, con la que paseaba muy ufano por aquella parte de la playa. Bañar se bañaba, pero el sol apenas lo veía. A lo que iba...

Coincidimos varios días con una abuela que llevaba a sus cuatro nietos, de entre 7 y once años. Algunos no parecían llevarse ni los nueve meses preceptivos o habituales, tan iguales eran. Y malos, ¡pero malos malos!, bueno, como son algunos guajes, malos entre ellos sobre todo. ¡Badre vía qué rapaces! Era un dolor ver a la pobre abuela aguantando aquella batalla continua y aquel griterío. Claro que ella de vez en cuando les lanzaba también alguna voz subida de tono y cuando se le acercaba algún despistado, le soltaba un mosquilón, para compensar que no le hacían ni caso.

Pero daba igual, no podía con ellos. El que parecía más pequeño era el que más las llevaba, de los otros tres; pero estaba aprendiendo muy rápido y aprovechaba los despistes de sus hermanos para atacarlos con todo a traición. Es que se curraban por todo y con todo, cuando jugaban en la arena, con varias palas, rastrillos y cubos, y en el agua a tortazos, puñetazos o lo que pintara.
El objeto de la mayor disputa era una tabla de plástico rígido cuando se bañaban, y en la arena una regadera del mismo material, demasiado grande para ser un juguete de playa. El mayor solía monopolizar más tiempo cada objeto cuando se lo proponía, a golpes. Pero no le duraba mucho la satisfacción, porque los otros tres se aliaban y,  rodeándolo, lo mazaban a hostias. Alguno de ellos acababa escapando con el juguete en cuestión. Y todo entre un vocerío y una histeria acojonantes.

A la hora de comer discutían por los bocadillos que la abuela les iba pasando, ¡que si ése era el mío, que si dame un mordisco del tuyo!..., hasta que terminaron por tirar uno de ellos al suelo. Los dos que disputaban, tuvieron que compartir el que quedó por decisión salomónica de la abuela, que estaba ya hasta el moño, con el pope a pocos metros, y su familia de dos rapaces mirando la escena despavoridos, ¡con una pinta de acojonados, los prubinos, que pa qué!..., espejo en negativo de los otros peines.

María, atenta a las explicaciones de Spiros.
Santos Apóstoles. Eubea. Grecia, agosto 2012.

María es un encanto de cría y no tiene nada que ver con aquellos monstruos cuellicortos, como llamaba Liz Taylor a los niños en  La gata sobre el tejado de zinc. Hace buenas migas con Spiros que le da explicaciones de cómo funciona la máquina de cortar patatas, mientras ella le cuenta lo bien que lo pasa en la playa. Tienen una conversación serena y rejada que apenas puedo seguir desde donde les hago las fotografías: ¡sentado en una de esas sillas que miran al camino!

La historia de la abuela y sus nietos, como demonios, se repetía cada vez que los veíamos. Uno de los días, después de una bronca fenomenal por la regadera entre los dos mayores, que acabaron en el agua, la abuela se levantó y se acercó a la orilla del mar para llamar a gritos al mayor, que se había hecho finalmente con el juguete después de morder al que se lo disputaba, mientras el otro lo tenía agarrado por los pelos. El guaje tardó en obedecer, la abuela reclamaba la regadera en castigo por el modo en que se la había arrebatado al hermano.

El rapaz llegó nadando con la ola, alargando la regadera para no tener que acercarse a la mujer, pero calculó mal la fuerza del agua y se fue encima de la abuela. La paisana le echo mano y, sin contemplaciones, empezó a darle morterazos en la cabeza con la regadera, pero con todas las fuerzas de que parecía capaz. El otro se cubría con los brazos y sonaban los golpes en la mollera del pillo, ¡Tronk!, ¡Tronk!, como campanadas sordas.
¡Ay, ay!, se quejaba el guaje, y la abuela seguía atizándole regaderazos, mientras lo reprendía también de palabra. Le metió unos diez o doce cañonazos y lo soltó. A los dos minutos ya estaban otra vez enzarzados, uno con la pala y el otro con el rastrillo, ¡pa acabar con el juicio de dios!

Y la última canción para María, que es un cielo de niña. 

Σ. Μάλαμας. Socratis Málamas.   Πριγκηπέσα.  Princesa.

http://www.youtube.com/watch?v=_9qvimjTG_0

Υγεία, Salud para todos!

Μπαρμπαρόμηρος,  Barbarómiros.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Escenas griegas -3. Ambulante de sandías


Dos sandías 5 €.
Grecia, verano  2012.

Ambulancia  y  deporte


Buenos días. Antes que nada agradecer a esta familia de vendedores de sandías, que me haya servido para ilustrar otra escena griega nada infrecuente. Y mi gratitud es por partida doble, porque les compramos dos sandías de las más grandes -la mayoría en torno al los 7 kilos-, escogidas a medias entre el ambulante y yo, que salieron riquísimas.

Les llamo ambulantes, aunque debe ser una familia de los alrededores que vende su cosecha por los pueblos de la zona. El pickup tiene altavoz, con lo que es lógico pensar que lo usarán para vocear su mercancía cuando se meten por los caminos, buscando los clientes en las casas aisladas que salpican las colinas de los pueblos de esta parte de Eubea. De hecho, en Ayi Apostoli sólo aparcaron algunos días.

Ya hablé de ambulantes en la entrada del 19 de octubre de 2012, y prometí volver a hacerlo:
http://wwwpsilicosisblogspotcom.blogspot.com.es/2012/10/ambulantes-griegos.html

Yorgos, el amigo pireótiko, me decía que los ambulantes de sandías eran gitanos, pero a mí esta familia no me lo parece. Sin embargo sí es cierto que los gitanos copan buena parte del mercado ambulante griego, no sólo el de sandías o fruta en general, sino sobre todo el de chatarra, la trapería, el material plástico veraniego de camping, playa, balcón, terraza y jardín, flores y hasta el de la hierba para las ovejas...
 Ambulante de fruta.  Έχω καρπούζια, ντομάτες, νεκταρίνια, απ-όλα έχω.
Tengo sandías, tomates, nectarina, ¡tengo de todo!...

http://www.youtube.com/watch?v=enRUK_iVAog

Padre e hijo al sol y al calor de la mañana.
Santos Apóstoles.  Eubea, agosto  2012.

Esta familia aparcaba el vehículo en la explanada del puerto, una parte de la mañana y de la tarde protegidos por la sombra de los árboles que separan la playa del camino, y mientras el padre atendía a los escasos compradores, los guajes, el chaval y su hermana más pequeña, y la madre, se bañaban. Se iban alternando, no obstante, para acompañar al paisano, que tenía tiempo para entretenerse con el movimiento de barcos, coches, y gente en el puerto y en las tabernas próximas, el centro y lo más animado del pueblo, pero también para aburrirse.

Pero incluso a la sombra toda la mañana, el calor en ese lugar es a veces asfixiante, con un suelo de tierra y gravilla que desprende más calor aún, y encima polvo. Ya se ve al chaval ventilando. Cerca, en ese extremo de la playa, donde al otro lado del camino está la taberna de Stavrula y Spiros, desde donde hice las fotos, hay un pequeño campo de fútbol playa, donde juegan los guajes del pueblo descalzos, es posible que el chaval venga de echar un partidín.

Conjeturo que son del pueblo o de alguno próximo, porque creo que se iban a la hora de comer y volvían después de la siesta, no los vi comiendo en los bares, aunque el chaval sí iba por el bar de Spiros.

No los traigo aquí, hablando de comida, para tratar de la obesidad en los países mediterráneos, España, Italia o Grecia, pese a que esta imagen sea un ejemplo al caso, y no sólo de la variedad de dietas, sino también de la afición de los griegos por el gimnasio. Recuerdo varios lugares donde había diez veces más gimnasios que librerías, sin contar los privados que a veces se ven en casas particulares. ¡Ni tanto ni tan calvo!
Ambulante de sandías. Θεσσαλονίκη.  Καρπούζια μελένια. Tesalónica. Sandías melosas.

http://www.youtube.com/watch?v=fDe5JqndqzE

Contrastes
Eubea. Grecia, verano  2012

Está claro que abusamos de las féculas, mucha patata, mucho macarrón y mucho pan, y de los dulces y grasas sobresaturadas. Y no niego que pueda haber un componente hereditario, los cuatro miembros sufren el mismo problema, incluida la niña de unos 10 años, pero los hábitos alimentarios o el sedentarismo suelen ser más responsables que la genética. Y la sandía quedamos en que era depurativa... . No quería hablar pero al final me lié.

De obesidad pueden rajar tanto como nosotros los mediterráneos, los norteamericanos, o los alemanes sin ir más lejos. Y, en última instancia, yo suelo simpatizar más con los que no guardan demasiado la línea, que con los musculitos de mucho bíceps, mucho pectoral, tremenda tableta, pero poco cerebro. Y no me refiero a ese palikari korritalari  de la fotografía, a quien no conozco. Entre los cabezas rapadas y matones del fascista huevo dorado, por ejemplo, se ve mucho maricón de playa.

A pleno sol del mediodía, por poner otro contraejemplo de ese mismo verano, cuando muchos andábamos buscando con desesperación una sombra donde acurrucarnos, y algunos locos se exponían a graves quemaduras con sus pálidas carnes tendidas al sol, pasaba corriendo una familia de nórdicos, también de cuatro miembros, todos rubísimos, altísimos y fibrosísimos, de entre 15 años el niño y unos trece la niña.

Los gachós y las gachises venían ya muy corridos, sudorosos y enrojecidos, acalorados hasta el extremo. Rubios y de piel blanca como eran, y bajo el sol aplastante y el esfuerzo desmedido, no sólo se notaban los rastros de una fatiga excesiva y dañina, sino las quemaduras en los hombros, las caras y las piernas, porque encima iban haciendo también exhibición de cuerpos, poco protegidos por ropas deportivas escuetas, ajustadas y sexys.
Ft. pitbull.  Πουλάω καρπούζια ο γλυκάς. Vendo sandías dulces.

http://www.youtube.com/watch?v=LYKZS44I_nA

La pareja al atardecer.  A la sombra, y más fresco rasurado.
Eubea. Grecia, agosto  2012.

Sólo estuvieron ocho días y repetían la ceremonia cada mañana, en las tabernas en cambio no los veíamos, sólo en alguna pizzería. Supongo que querían volver a casa fuertes y morenos, de envidiar. Y sin perder altura. ¡Que se enteren estos griegos!. 

¿Porqué terminaban su recorrido con un sprint a tope de los cuatro de un extremo al otro de la playa, ida y vuelta, para después ni siquiera bañarse e ir al hotel a tomar una ducha? Es evidente que necesitaban lucirse y demostrar su poderío de máquinas humanas donde tenían más público. Me parece ridículo y nada sano.
Ambulante. O Sakis o glykas. Sakis el dulce. Ta kalítera kaspusia!. ¡Las mejores sandías!

http://www.youtube.com/watch?v=xTzOQXTxpVs

¡Si todo eso es lo que entendemos por saludable, creo que vamos de la sartén al fuego y de puto culo! Paso  de alardes de superhombres o superbebés, prefiero la sombra de la taberna, una charleta, tranquilidad y sandía. Y unos kilos de más si es necesario cuando lo que quiero es descansar y disfrutar un poco. ¿Salud?, correr ya corro todas las mañanas camino del trabajo, en Alemania. Y hay maneras, es una gozada correr, o caminar... ¡Nunca nos entenderán!  

Ζαχαρίας Κασιμάτης. Χαρ. Βασιλειάδης. Σπύρος Περιστέρης. Ζαγοραίος.  Έντε λα μαγκέτε Bοτανίκ.

http://www.youtube.com/watch?v=GZ1U8f9GJM8&list=RD02I80TrWKBBaE

Υγειά και καλή όρεξη. Salud y buen provecho.

Barbarómiros.