sábado, 15 de diciembre de 2012

Sombras de Albons -2


¿Robert Crumb  o  Juan Calonje?
Albons, julio 2012. 
 
Himalayas


Era un viernes por la tarde, teníamos un fin de semana largo, cogimos el tequi, la tienda y los sacos de dormir y, con otras dos parejas, nos fuimos a pasarlo en el campo.
Como todo fue preparado algo precipitadamente, no llevábamos comida, pensábamos comprarla por el camino, quizá en uno de los últimos pueblos, antes de dejar el coche y enfilar el sendero que nos subía al monte.
Serían dos días largos de total aislamiento y no nos apetecía desandar el camino a diario para bajar a comer en alguna aldea del valle que, en este lugar concreto, quedaban algo lejos.

No éramos grandes excursionistas ni mucho menos montañeros, preferíamos quedarnos en las proximidades de algún núcleo habitado, y si disponía de un buen fogón, aunque sólo fuera mediano, mejor que mejor.
Muchas de nuestras salidas tenían en cuenta ese detalle, de manera que pudiéramos comer bien sin el esfuerzo de comprar, llevar y hacer la comida, con todos los utensilios correspondientes, una lata. Al fin y al cabo los paisajes eran siempre hermosos, en el ir y venir abríamos el apertito y hacíamos pierna, ¡qué más pedir!.

Hicimos la compra en el último lugar habitado, uno de esos bares-tienda que menudean por el país. Pensábamos que el colmado estaría más surtido, pero nos engañó la memoria, porque de comer no había mucho, y más que ultramarinos o alimentación, era ferretería y droguería, en un desorden monumental.
Casi acabamos con la reserva de conservas de la tiendina. La dejamos sin chicharros en escabeche, sin sardinas en aceite y sin calamares en su tinta. Y arramplamos con todos los chorizos y salchichones que colgaban en la sección charcutería, es un decir, que tampoco eran muchos.

El jamón que tenían empezado detrás del mostrador del bar, no nos lo quisieron vender. Pero dijeron que al día siguiente recibían un pedido y, si bajábamos, nos reservaban uno. Reusamos el ofrecimiento, estábamos decididos a no volver al valle en 48 horas, por lo menos. Nos vendieron también hogaza y media de pan, de las más grandes, seis litros de leche y un kilo de queso, que era lo que les quedaba.

Deberíamos de haber cenado antes de salir, unos huevos con chorizo, jamón y patatas fritas, que era lo que tenían, porque a ninguno nos pareció, la que llevábamos, suficiente comida para dos días y seis personas como nosotros.
Pero estábamos ansiosos por plantar las tiendas en aquel lugar idílico que todos conocíamos ya. Llevábamos más de dos meses sin hacer una salida y la ciudad es muy estresante.

Creo que ha quedado suficientemente claro que se trataba de un grupo de buenos comedores, más que andadores. Llenamos las cantimploras de agua para el camino. En la campera donde montaríamos el campamento, había una fuente de agua fría y cristalina, por ese lado ningún problema.

Estábamos a poco más de dos horas de la campa, siempre hacia arriba, eso sí, pero con subidas largas, tendidas y cómodas. Sólo en la última parte, el sendero se volvía pindio, zigzagueando por la pendiente hasta alcanzar una zona llana de praderías, en la base y al abrigo ya de los picos pelados de la gran cordillera.
The Ramones.   Psycho Therapy.
 
 

Albons,  Girona, julio 2012

En la ascensión los fumadores, que éramos tres, nos fuimos quedando poco a poco atrás. El peso de las mochilas no era tampoco excesivo, pero cuando la pulmona dice que no, no hay tu tía. Llegamos media hora más tarde, pero llegamos.

Ya oscurecía, habían montado una tienda y trataban de encender un pequeño fuego. Todos estábamos hambrientos.
Esa primera noche, sentados en torno a la hoguera, cayó la primera hogaza acompañada por la mitad del salchichón, del queso y el chorizo, y media lata de chicharrillos en vinagre, pero de las grandes de dos kilos.
Llevábamos también un par de botellas de wisky y completamos, con una, la ración de calorías por aquella noche.

No hablamos del tema, pero todos sabíamos que habría que bajar al día siguiente si no queríamos quedar a dos velas muy pronto, incluso antes de la siguiente cena.

En el monte se come mucho, el aire y el ejercicio abren el apetito. En el desayuno acabamos con el pan y el queso que quedaba. Ya reconfortados, no planificamos bien los siguientes pasos.
Habíamos pensado hacer un pequeño recorrido conocido, que no nos debería de llevar más de tres horas. Calculábamos que para las 12 del mediodía estaríamos de vuelta en la campa, y entonces podíamos pensar en las provisiones.

No sé cómo nos entretuvimos, íbamos tranquilamente, desde luego, lo cierto es que no volvimos hasta las tres, ¡con un hambre que pa qué!

Devoramos lo que quedaba, que sólo nos parecieron unos pobres restos, sin pan. Media lata de escabeche de chicharro, calamares en su tinta templados a la brasa en sus propias latas, sardinas en aceite sobre rodajas de chorizo y/o salchichón, todo ello regado con la leche que había sobrado. Maridajes turbios de ocasión o conveniencia, Santas Hostias cuando hay gazufa y juventud.

Quitamos el hambre sólo por un rato. De hecho, mientras engullíamos hablábamos de cómo resolver el asunto.
Con dos que bajaran sería suficiente, esta vez no había que cargar con tiendas, sacos y demás impedimenta. Conscientes de que soy el más afogao de los seis, mis colegas se ofrecieron, yo quedaría arriba con las mujeres. Una hora para bajar y dos para subir, hacia las cinco podrían estar de regreso.

Pasaron las seis, las siete y las ocho, empezaba a oscurecer y los prendas sin aparecer. ¡Estábamos los cuatro con una jambre que no te cuento!.


Albons,  Girona, verano 2012

Por fin, cerca de las nueve, asomaron el pico por el borde de la campa, donde ocho ojos ansiosos estaban clavados ya desde hacía tres horas. ¡Virgen del Divino Ayuno!
Nos echamos sobre las provisiones como lobos sin preguntar por los motivos de la tardanza.

Enseguida nos enteramos. En nuestra ansiedad no habíamos reparado en las mochilas de los colegas, ¡venían medio vacías!.
El bar estaba cerrado, no sabían porqué. No llevaban las llaves del coche y tuvieron que bajar caminando a la siguiente aldea, que no está cerca.
Había otra tienda-bar, pero aún más desabastecida que la de ayer. Cogieron lo que pudieron y subieron.
Sólo pararon un poco a mitad de camino para comer algo de queso y pan, tenían tanta hambre como los demás, tal vez más.

Compartimos lo que había y nos trincamos la otra botella de escocés al amor del fuego. Habíamos dejado algo de leche, queso, y unas galletas de las que subieron, para asegurar por lo menos un mínimo tentempié en el desayuno.
Esa noche de sábado, cuando nos retiramos a las tiendas, cariacontecidos, creo que a todos nos rugían las tripas.

Nos quedaba un día completo, la noche del domingo y una mañana. Habíamos pensado marchar el lunes al medio día, que era festivo, para no coger toda la caravana de entrada a la ciudad.

No quiero alargar la historia porque lo fundamental está contado. Tuvimos que bajar otras dos veces, pero lo hicimos los seis juntos. Comimos como gochos en el primer bar, ¡y qué huevos! (expresión y realidad). Había vuelto a abrir. Cerró el primer día por un accidente del dueño, rompió un brazo y ahora lo llevaba escayolado.

La tercera y última vez que bajamos fue ya el lunes por la mañana, con todos los trastos, mucho antes de lo previsto, ¡teníamos un hambre canina!, y la sensación de que volvíamos del Karakorum...

Ramiro Rodríguez Prada
 
 
En vivo, producción de Javier Limón, en el XII Festival de Músiques Religioses de Girona. Anoushka Shankar.  Traveller. 
 
 
Salud

viernes, 14 de diciembre de 2012

Sombras de Albons


Albons,  julio 2012
 
Un paso al frente


Lo echamos a suertes. En aquella compañía nunca salía un voluntario para hacer ese trabajo, y eso que todos habíamos visto morir a más de un compañero. Pero, la última vez, la negativa de uno de nosotros a formar parte del pelotón, a una orden del teniente, le había costado la vida: el oficial desenfundó la pistola y descerrajó un tiro en la cabeza del soldado, delante de los que esperaban a ser fusilados y del resto de la compañía. A continuación formó al pelotón y dio las órdenes, con el soldado tirado en un gran charco de sangre, en medio del espacio que los separaba de los infelices sobre los que iban a disparar, que aplastaban la espalda contra el muro.

Al capitán sólo lo veían los asistentes, era un hombre débil e incapaz que se pasaba el día borracho. Había cedido toda su responsabilidad al teniente, un fanático, paranoico y asesino, que tenía por norma y misión, limpiar todos los lugares que las tropas íbamos ocupando. Aquel día, en voz baja, en los corrillos no se hablaba de otra cosa. Alguien sugirió adelantarnos al siguiente fusilamiento y propuso que la suerte decidiera por nosotros, escogiendo a quienes deberían presentarse voluntarios ante el teniente, llegado el caso. Aceptamos sin demasiada convicción. Pero creo que algo se iluminó en nosotros y muchos, desde ese momento, empezamos a pensar ya en otra cosa.

¿Cuando el teniente nos sacaba de las filas a empellones, para que formáramos el pelotón, no era también la suerte quien decidía? Esa noche apenas pude conciliar el sueño. Despertaba con la imagen ensangrentada de aquel desgraciado compañero, en el suelo, asesinado impunemente por ese animal a la vista de todos. Era un pobre chico, un jornalero humilde y tímido, sobrepasado como los demás por la brutalidad de aquellos horribles meses. No es cierto que uno se acostumbre a los baños diarios de sangre o, por lo menos, no es cierto que todo el mundo se acostumbre. Me repugnaba aquel individuo, ¡tantos buenos chavales caídos y aquella hiena ni una herida en toda la campaña!.

Kim Fowley.  Night of the hunter.  La noche del cazador.


Albons,  Girona, verano 2012

Después de aquel triste y aleccionador episodio, tuvimos dos jornadas de marchas forzadas hasta alcanzar nuestro siguiente objetivo. Estábamos agotados. El enemigo más que en franca retirada huía a la desbandada, sólo esporádicamente se enfrentaba a nuestras fuerzas, más numerosas y mejor equipadas. En realidad sólo lo hacía ya cuando se veía copado. Entonces oponía una resistencia numantina. Llegamos a las inmediaciones de aquel pueblo unos minutos antes del amanecer y lo rodeamos. Cuando el primer grupo intentó penetrar, filo de las tapias, fue recibido por una lluvia de balas. Todo el día estuvimos porfiando, estrechando el cerco sin éxito. Había una ametralladora emplazada en la torre que dominaba todas las descubiertas del pueblo.

Por la noche cesó el ataque, pero recibimos la orden de mantener nuestros puestos y hacer guardias, relevándonos cada hora, para impedir que los centinelas se llegaran a dormir. Aún así a muchos los venció el sueño, y todos dormimos poco y mal, con un frío de mil diablos, tapados con los capotes y recostados contra las tapias, con el fusil en el regazo. Faltaría una hora para el amanecer y se oyeron disparos. Enseguida supimos que algunos sitiados habían conseguido escapar forzando el cerco y en el lance había caído uno de los nuestros, era el segundo que perdíamos en aquel pueblo. El teniente, enfurecido, había ordenado avanzar y atacar inmediatamente, adelantándose a la hora prevista.

Mientras nos acercábamos a la iglesia, amparados por la oscuridad de las casas, arrimados a sus muros, no hubo problema, pero la primera descubierta fue contestada por una ráfaga. Un nutrido grupo de compañeros había recibido la orden de atacar la torre con fuego cerrado desde lados opuestos, dando ocasión para que otros grupos se aproximaran. Pero el oficial, frenético, envió a dos soldados antes de comenzar la maniobra de distracción, a morir. Los vimos caer sin lograr alcanzar el abrigo que buscaban. Tuvimos ese día otros tres muertos y una docena de heridos. Hubo que dinamitar la torre para desalojar a sus defensores. El teniente iba de un lado a otro fuera de sí.


Albons,  julio 2012

No hubo prisioneros. Contamos ocho cuerpos, entre ellos los de tres mujeres y un adolescente con uniforme de miliciano que le quedaba grande. Para ser tan pocos nos tuvieron en jaque dos días. Los escasos civiles que habían quedado en el pueblo estaban reunidos con el cura en la rectoral. Sólo ancianos de ambos sexos, alguna mujer mayor y unos cuantos críos. Los sacó a la plaza y los alineó contra el muro de una casa. Eran catorce personas. El cura, mayor y con pinta de borrachín como nuestro capitán, recibió un golpe en la cabeza con la pistola, por intentar oponerse a la barbaridad que el teniente pretendía llevar a cabo. De pie, a la puerta de la rectoral, con la cara llena de sangre, se tapaba la herida de la frente con un pañuelo, contemplando el drama que se estaba preparando.

El oficial mandó formar a la compañía. Había un silencio ominoso sólo roto por el llanto de los rapaces, que se agarraban a las faldas y a los pantalones de los abuelos. Mientras nos poníamos en fila, buscando cada uno su lugar, yo temblaba y veía a mis compañeros cercanos, igualmente mudos, espantados. Un hombre se separó de la pared llamando al teniente, ¡Mi teniente, haga el favor! El militar se giró apuntándole con la pistola, ¡Vuelva a su sitio!, gritó enrojecido, sacudiendo amenazador el arma. El hombre reculó en silencio y volvió a la fila del muro. ¡A ver, maricones!, chilló el teniente, ¡Tenemos siete bajas, que serán más, porque dos están destripados y no pasan de esta noche!, ¿quién sale por la brava?, ¡¿o tengo que sacaros yo a patadas?!

El teniente dio un paso hacia delante, en un gesto de provocación y amenaza, con el arma montada todavía en la mano, alzando el brazo. ¡Los patriotas que den un paso al frente!, volvió a bramar. En las filas sólo nos atrevíamos a mirarnos de reojo, nadie movía un pelo, yo no había dejado de temblar y trataba de dominar aquellos estremecimientos incontrolados, que me daba la impresión de que todo el mundo notaba. Era uno de los elegidos por la fortuna para dar el paso al frente y lo di como un autómata, sin pensar, como tratando de escapar de aquellos temblores, que cesaron al instante. Algunos más habían dado también el paso. Salimos quince. Cuando el teniente ordenó, ¡Fuego!, dirigimos los fusiles contra él y disparamos.

Ramiro Rodríguez Prada
 
Kim Fowley.  California gypsy man.
 

 
Salud.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Petros Márkaris, Ο Πέτρος Μάρκαρης -4


Plaka,  Atenas, julio 2012.
 
Liquidación final
(Περαίωση)


Peréosi es el título en griego de la última entrega del comisario Jaritos, de Márkaris. Una buena novela policíaca, para quien disponga de un poco de tiempo libre en estos días de campanas sobre campanas. Nadie mejor que él para hablarnos de la Grecia real y actual.

Fue editada el mes pasado por Tusquets, y trasladada al español dignamente por Ersi Samará, como la mayoría de la serie.
Poco que decir de la traducción, que no puedo valorar desde el griego, sólo en cuanto al uso del castellano: un par de preposiciones raras que no merecía la pena ni apuntar o la frase "pido por el director", por pregunto por el..., (38). ¿Quizá modismo americano?.

Y algo que parece un error, no de traducción, en la frase, "El tipo se ha cobrado ya nueve vidas y nadie sabe cuando parará". (306): los asesinados eran muchos menos.
 
Siguiendo mi costumbre, y puesto que ya dediqué tres capítulos al autor, donde apunté algunos datos biográficos, hoy sólo traeré una serie de citas. Nunca me canso de repetir que una cita siempre mutila el original, no lo sustituye, en ocasiones incluso lo desvirtúa, lo altera. Como mucho consigue ser un aperitivo, una golosina, pero es necesario ir al texto para que una cita alcance su completo sentido. A eso invito.

La novela es la segunda de una Trilogía  de la crisis, que comenzó con el anterior título reseñado aquí, de la misma editorial y traductora, Con el agua al cuello.
Ésta cuenta el caso de un asesino en serie, pero el escenario que determina la acción es la situación crítica de la economía griega y sus consecuencias en todos los niveles de la vida de las personas.
Así, la historia no empieza con un asesinato, sino con el suicido colectivo de cuatro mujeres pensionistas, cuya nota de despedida decía, entre otras cosas:

-"Nos dimos cuenta de que somos una carga para el Estado, para los médicos, para las farmacias y para la sociedad entera". (12)

Y seguimos:

-"Pasamos delante de unos cubos de basura. Dos negros, metidos en los cubos hasta la cintura, buscan comida con desespero". (15)
-"Es la típica griega que, porque tiene un hijo en Londres, piensa que Grecia desmerece". (24)
-"No saben que los griegos no nos comemos a los extrajeros: nos devoramos entre nosotros". (31)
-"¿Cómo decía aquella consigna?,  ¿<<Para un futuro mejor>>?". (64)

El asesino mata a defraudadores ricos, y se hace llamar el Recaudador Nacional, no debo decir más del argumento.

-"Si fuéramos por ahí cargándonos a los que defraudan al fisco, la población de Grecia quedaría reducida a los empleados públicos, a los asalariados privados, a los desempleados y a las amas de casa". (74). Y...
-"Si cada griego que se ha topado con la burocracia se hubiera puesto a matar, ya habríamos perdido la mitad de la población griega". (323)

Γιάννης Νεγρεπόντης, Λουκιανός Κηλαηδόνης.  Τα λόγια και η πράξη. La teoría y la práctica.


Plaka,  Atenas, verano 2012.

-"Antes hablábamos del sueldo y los suplementos, ahora hablamos del sueldo y los recortes". (84)
-"La mitad de los comercios han echado el cierre definitivo". (En Patisíon) (83). Y, "la avenida Patisíon está vacía y tenebrosa" (89)
-"... pero la mitad de los griegos no declaran sus ingressos, sino que se dedican al feliz deporte de la evasión". (92)
-"Poco falta para que todos los defraudadores y los corruptos hagan sus compras en supermercados suizos, para luego venir a preparar la comida en Grecia". (99)
-"Mi padre solía decir que las buenas noticias llegan en cuentagotas; las malas a raudales". (101)
-"Una cosa es que la echemos a perder nosotros, y otra muy distinta que la echen a perder los extranjeros. Entonces nos enfurecemos". (A Grecia...) (205)

-"Los dulces de cuchara son para los invitados, como le enseñó su madre, que era de Asia Menor". En nota a pie de página apunta Ersi: "Dulces caseros hechos de frutas, que se asemejan a la mermelada pero contienen trozos de fruta bañados en jarabe dulce; se sirven en platillos y se comen con cucharilla". (210)

-"En la Grecia actual, los que realizan esfuerzos más dignos se quedan estancados". (257)
-"Si hay que entregar el alma, cuanto antes mejor". (259)
-"...empecé a buscar un ingreso complementario". (261)

-"...tendrían que fusilarnos por haber permitido que se echen a perder personas como él". (Sobre Zisis, un personaje recurrente en todas las novelas anteriores, comunista al que el policía conoce en los calobozos de la calle Bouboulinas, "cómo le torturaron" durante la dictadura de los coroneles, amigo entrañable del teniente Jaritos) (261)
El mismo Zisis dice en otro momento, hablando de la emigración actual de jóvenes bien preparados: "Este país no se puede permitir otra generación perdida".

Νικόλας Άσιμος.   Varethika.  Estoy cansado.


Manolis
Plaka, Atenas, julio 2012

-"Así acabaremos todos -dice-. Aunque no pongamos fin a nuestra vida, nos pasaremos la vida papando moscas. No podremos cumplir con nuestras obligaciones, cerraremos nuestros negocios y no tendremos para comer ni para pagar los estudios de nuestros hijos. Eso también es una forma de suicidio". (Ante el cadáver de un ahorcado) (295)
-"Mi mujer vive todavía en la época en que un puesto en el sector público era como un lugar en el paraíso y no quiere reconocer que ahora caminamos a marchas forzadas hacia el infierno". (328)

-"El estado griego es la única mafia del mundo que ha ido a la quiebra. Todas las demás evolucionan y prosperan". (340)

-"Si no elogias a tu casa, se te caerá encima" (341). Ése es el número de páginas de la novela.

 Νικόλας Άσιμος.   Παράτα τα.  A pesar de... (Pasa de todo!)   
 

martes, 11 de diciembre de 2012

El fuego de Petriés


El fuego quedó a los pies de  Petriés.
Al fondo el monte que ardió alrededor de la casa de Lizy y Diamandís.
Desde el autobús de Ayii Apostoli a Aliveri, agosto 2012.

He venido repitiendo que Petriés es el pueblo de Yiannis Tsakós, apodromos, en cuyo puerto Agioi Apostoloi (Ayii Apostoli, Santos Apóstoles), pasamos las vacaciones los tres últimos veranos.
Fumando un cigarro con Yiannis, sentados los dos en el suelo del monte a la sombra de un carrasco, el primer día que nos vino a visitar, en un lugar casi a la misma altura en que está tomada esta fotografía, podíamos ver todo ese monte carbonizado, casi tan verde entonces como el primer plano de su pueblo que tenemos delante. Y al fondo a la derecha el mar; debajo, ya fuera de nuestra vista, la playa de Geromili, desde donde Diamandís me enseñó su casa poco después, cuando Yiannis nos llevó.

La aldea de Petriés, como sería más justo llamarla dado su pequeño tamaño, está un poco retirada de la mar, aunque muy próxima y a su vista, emplazada en las dos laderas soleadas de un pequeño valle, que termina en una de las numerosas playas que se abren en esta parte de Eubea.

El vallecico con su rico verdor, esconde todavía más las construcciones, en origen de piedra de la zona, lo que visto desde el mar, constituye un camuflaje perfecto
Como en muchos otros núcleos rurales costeros de todo el Mediterráneo, esta localización alejada de la mar, fue una estrategia de defensa contra el ataque de los piratas que, durante siglos, asolaron sus costas.

La casa de Lizy y Diamandís pertenece también a Petriés y es una de las varias, aisladas, subidas en las muchas cimas que rodean el pueblo, con vistas preciosas a los profundos valles y a las escalonadas montañas. Y a las islas cercanas: al norte Skyros con sus islotes meridionales, al este Antipsará y Psará junto a la orilla turca, al sur el final de Eubea, o la propia bahía con su puerto chiquitín y su isla al fondo, y varias islitas, cabos, rompientes y playas que salpican el paisaje costero.

Ellos vinieron de Atenas y se enamoraron del lugar. Tienen hijos en Holanda, creo que en Francia, tal vez ahora en Atenas, y en Australia, con nietos que van creciendo y sólo conocen por fotografías. Tampoco recuerdo si Lizy maneja ahora el Skype y los han podido ver algo, más en vivo.

La noche del segundo incendio cenamos con ellos en la taberna de Stavrula y ya en la sobremesa empezó a soplar con fuerza el Bóreas, que lleva el nombre del punto cardinal de su origen (el Norte).

Uno de los momentos de más humo en  Ayii Apostoli,
a tres kilómetros del foco del incendio.

El viento había sido bastante violento toda la semana, y se encargó de avivar aquel primer fuego que vimos la segunda vez que subimos a su casa.
Recuerdo que por las mañanas, tomando el helinikó con la parea en lo de Spiros, venían esos días rachas repentinas, que barrían la explanada del puerto, levantando oleadas de polvo, como si pasara el mismo condenado demonio arrastrando el rabo. ¡Ásto Diálo!, decían los paisanos, ¡Vete al Diablo!

Sería poco más de la una de la madrugada cuando marcharon. La noche se había vuelto desapacible y tampoco tenemos ya edad para mucho velar. Les dijimos buenas noches en el puerto y se fueron.  Nosotros recogimos también.

Al subir no vieron el fuego, que parece ser que ya había empezado sobre la una, según todos los indicios en la playa de Geromili o en sus proximidades. ¿Un fuego de campamento mal apagado reavivado por el viento, la colilla de un fumador, y delincuente en este caso, quién lo sabe?
Llegarían a casa antes de la una y media y se acostaron.

Debió ser Diamandís el que primero se alarmó por el olor a humo antes de dormirse, ¿o fueron los perros quienes lo pusieron sobre aviso?. Se levantó, se asomó al borde del gran desnivel en que está situada la casa y vio las llamas, que avanzaban muy rápidamente empujadas por el desatado Bóreas.

No les daba tiempo a nada. En la imagen de abajo, su casa creo que es la última de la derecha, y aún tengo dudas de que esté por detrás de esa cresta, pero en todo caso tienen muy difícil acceso al camino que atraviesa la ladera y que baja a Petriés. Ellos suben por otro más corto y pendiente, que enlaza directamente con Geromili y con la carretera asfaltada de la orilla del mar, que lleva al pueblo y a Ayii Apostoli.

Por éste último ya no podían bajar porque lo cubría el frente más activo del fuego, y toda la parte baja, el fondo del valle de esas lomas, viniendo desde el mar, a la derecha de la foto, estaba cubierto de humo y, aunque no podían verlo, tal vez empezando ya a arder. Sólo les quedaba salir caminando hacia lo alto, monte a través, arriesgándose a que el fuego pudiera cortarles el paso más arriba, antes de llegar a sitio seguro.
 
Topio stin omichli (1988), Paisaje en la niebla. Dirigida por Theodoros Angelopoulos.
Ελένη Καραΐνδρου.
 


Las casas de  Lizy y Diamandís,  y sus vecinos, desde el bus de  Aliveri.
Petriés, Eubea, Grecia, verano 2012.

No sé exactamente a qué hora dieron aviso y comenzaron a actuar los bomberos, que estuvieron trabajando toda la noche con las cisternas y el día que marchamos, el siguiente del incendio, permanecían todavía en esta carretera donde hice la primera y la tercera fotografía, en retenes de guardia, vigilando la posible reactivación de algún foco.

Lizy y Diamandís estaban en contacto telefónico con las casas vecinas, con la gente de Ayii Apostoli y con los bomberos.

La evacuación para éstos no era tampoco fácil, tenían un par de todoterrenos pequeños, pero no mucho más potentes que el del propio Diamandís, y la dificultad no era el vehículo, sino cómo llegar hasta ellos, con muy escasa visibilidad por el humo, que muy pronto cubrió toda la ladera e impedía ver a qué velocidad avanzaba el fuego, muy rápido en cualquier caso, porque el norte no paró de soplar con fuerza toda la noche, y aún buena parte de la mañana.

Serían las tres o tres y media de la madrugada cuando yo desperté porque creí oír campanas. Como en Grecia tengo sueños muy vívidos no hice mucho caso, pensé que estaría en una de esas aventuras oníricas disparatadas y seguí durmiendo. Pero debiron pasar sólo algunos minutos cuando volví a despertar, me pareció que la mi morena se había levantado y creí oír voces a la puerta de casa. Por la ventana de la habitación no se filtraba claridad alguna y la morena efectivamente no estaba a mi lado.

Entró al poco contando que había estado hablando con María, la hija de los caseros y que trabaja también con Stavrula.
Tocaron las campanas a fuego y se habían reunido los hombres junto al puerto, para organizar algunas partidas que ayudasen a los bomberos, a otra gente del pueblo con propiedades en el lugar, que llevaban horas peleando contra las llamas, y a los propios vecinos de Petriés que tenían ya el fuego a la puerta de sus casas, como quien dise.

De momento podíamos dormir tranquilos porque no había peligro para Ayi Apostoli. Y si necesitaran la ayuda de más hombres la pedirían. No sabía nada de Lizy y Diamandís pero el fuego había obligado a evacuar o a abandonar sus casas a varias familias de la zona. No cabía duda de que en ese momento el pueblo estaba preocupado.

Los helicópteros reunudan el trabajo por la mañana.
Ayii Apostoli, agosto 2012.

Ayii Apostoli amaneció lleno de humo y de carbonilla que arrastraba el todavía fuerte Bóreas, como una nevada de pavesas negras. Y ese olor del fuego cercano, inolvidable para quien lo vivió.
La comarca es montañosa y complicada, tal como he contando, muchos caminos pero muy malos y en los lugares donde la arboleda es más densa no hay cortafuegos. Bien es verdad que el bosque más espeso es sobre todo el bajo, carrascos, retamas, tomillos, flora mediterránea típica. Ralean las manchas arbóreas, y cada día más con estos atizones.

Las lomas que enmarcan la bahía de Ayii Apostoli están totalmente peladas de otro incendio, creo que del año 92. Y lo mismo el resto de las cimas, eso fue de algún modo un seguro para nuestros amigos, que se quedaron toda la noche en la casa con la manguera en ristre, vigilando que las llamas, que poco a poco se acercaban y acabaron por rodearlos totalmente, no prendieran algo en la casa o en su entorno inmediato.
Afortunadamente para ellos y para la mayoría de estas casas, que se salvaron aunque perdieran sus huertos, sus olivos o sus vides, estaban también protegidos por un círculo preventivo alrededor, sin vegetación.

Con todo, verte enmedio de algo así, de noche, con aquel viento, aunque lo que arda sean carrascos de tres metros, escobas de dos y algún arboluco, y no pinos de diez, no es algo tranquilizador. De hecho, cuando al medio día siguiente los vi en lo de Spiros, donde habían bajado a comer después de conjurado el peligro, Lizy me confesó que había pasado miedo, aunque un palikari como Diamandís nunca lo reconocería. Estaban además agotados, de la tensión y de no dormir.

La riqueza forestal que se quemó no fue mucha, el incendio no cubrió demasiada superficie y duró poco más de 12 horas. Unos cuantos huertos, y algunos apriscos y cuadras con cerdos y ovejas, olivos, viñas y árboles frutales, son tal vez las pérdidas mayores.

Lo malo, con ser mucho, no es la cuantía o el desastre ecológico que siempre significa un incendio en el monte, que tarda años en recuperarse o no se recupera, es que además parece que a las dificultades actuales de Grecia se sumaran nuevas desgracias, por mucho que los incendios se repitan cada año, éste en Jíos o en el Átika, y sientes que se hace verdad allí ese refrán tan nuestro de "A perro flaco, todo son pulgas", Για το κοκαλιάρικο σκύλος, όλοι οι ψύλλοι? ...

Juan Perro.  A un perro flaco.
 

Cargando agua en la bahía de  Ayii Apostoli,  frente al pueblo y la playa.
Eubea. Grecia, verano 2012.

Dos helicópteros y dos avionetas contraincendios comenzaron a volar desde las primeras luces, y al medio día el fuego estaba controlado.
Esa madrugada no me bañé al amanecer y fuimos hasta lo de Spiros para conocer el desenlace, todavía soplaba el Bóreas y traía el humo del incendio. Pero ya supimos que Lizy y Diamandís estaban bien.

A lo largo de la mañana las idas y venidas contínuas de avionetas y helicópteros acabaron con el fuego, a los bomberos que no habían parado en toda la noche, se los veía derrotados de cansancio pero felices.

Ελένη Καραΐνδρου. The Weeping Meadow. Eleni, film de Theo Angelopoulos.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Κοκκινοτσιροβάκος της Εύβοιας, La curruca eubiota


La perna y los pinreles de la  Kurruka eubiota.
 Geromili. Petriés. Eubea, agosto 2012.

La Curruca carrasqueña oriental, Sylvia cantillans albistriata, subs. eubiota, también conocida por la Tsakonensis de San Juan, tiene su asiento en los alrededores de la capital de la isla de Eubea, y constituye uno de los más raros endemismos de todo el sur de Europa, pues esta subespecie concreta sólo es posible localizarla en dicho emplazamiento, pese a que la especie se distribuye por todos los territorios del Mediterráneo nororiental, incluida la costa turca, así como por el interior de Asia Menor, hasta el río Sangario, por lo menos... 

En la isla de Patmos, donde San Juan el Evangelista escribió el Apocalipsis, existe otra subespecie muy semejante y ésta es quizá la razón de que lleve también el nombre del apóstol amado de Cristo. 

Tiene la Tsakonensis varias pasiones confesables y algunas inconfesables, por lo menos aquí, como todo pájaro pardo.
Curruca en el nido, calentando y alimentando a la pollada.

Entre las confesables está en primer lugar su apego al nido. Raramente se aleja de sus lares esta avecilla y siempre en volidos cortos por áreas próximas. Frecuenta las orillas del Golfo de Eubea, se baña en sus hermosas playas de arena y, de cuando en cuando, se interna por caminos interiores bordeados de carrascos, que prestan el nombre a su especie.

Otra de sus pasiones es la Biología. Andando a caracoles, y otras formas de vida marina, animal y vegetal, por el borde del mar, en las playas de guijarros y entre los acantilados, este pajarín se olvida de todo, hasta de comer. Sabe que el nido con sus polluelos está bien atendido por su pareja, porque se trata de una subespecie muy familiar y con hembras altamente competentes, como en la gran mayoría de las especies, por otra parte.

A pesar de ser canora, tocar la guitarra, gustar del rebétiko y la psicodelia, tiene un canto más bien suave y dulce, pía en voz baja, sonríe y asiente. Sin ser muda, no es ave con mucho pico. En estas cosas me recuerda a otra curruca, el Mirlo rubio, aunque éste sopla la frauta.
Los dos cargan también con una cámara de afotar, vuelen donde vuelen, casi como un apéndice soldado a la rabadilla, o una rémora benigna.
Curruca carrasqueña (Sylvia cantillans
http://www.youtube.com/watch?v=sHJ8uWsDscs&feature=related

La  Karraskeña tsakonensis.  Pie entre sol y sombra.
Eubea. Grecia, verano 2012.
  
Porque la última pasión del Tsakonensis es la fotografía. No digo que sea la última de sus aficiones, no quisiera equivocarme estableciendo jerarquías, pero lo indudable son sus altas capacidades para las imágenes. Gran discípulo del Tàpies en sus ratos españoles.

Como es también curruca callejera, en varios sentidos απο δρόμος, αpodromos, de la calle, nos ofrece retazos pictóricos de las paredes, de enorme expresividad y vivo colorido, junto a otras de gran realismo o profunda tristeza, en las que se denuncia  la situación de deterioro del nicho ecológico en el que habitan las carrasqueñas como ella, nicho que hemos dado en llamar, para entendernos, Grecia, y Eubea como ejemplo concreto.

Si éste pájaro no aparece en la lista roja de las especies amenazadas, que todo es posible, se debe a su escasez. Quedan muy pocos ejemplares como él, contados, y pocos saben dónde construyen sus nidos, muchos pajarólogos los dan ya por desaparecidos.
Pero yo puedo dar fe de que, en medio de todas las fourtunas, tempestades y huracanes, la cóncava y frágil barquilla helena lucha aún con arrojo por mantenerse a flote, por sobrevivir.
Así de dura es la vida para algunas currucas pardas, queridas avitas, avichuelas?, que no es lo mismo que habichuelas.

Κοκκινοτσιροβάκος της Εύβοιας, el Kokinotsirobákos de Eubea, Chuck, Juanito Caricias, Υγεία, φίλε μου!, ¡Salud, amigo!.

Un tema intenso que me envió la Tsakonensis el mes pasado,
Sixteen Horsepower Flutter 2004 

 Cannavina Carduélis, pardilla común, rebétissa, psilikosa.

sábado, 8 de diciembre de 2012

H Κρήτη, Creta -9. Φραγκοκάστελο, Frankokástelo


Grecia, agosto 2011

Ναι, 


Quien haya leído El capitán Mihalis, Libertad o muerte aquí, de Nikos Kazantsákis, entenderá porqué elegimos un recorrido por la Creta heróica antes que por la minoica. Entre otras buenas razones, además de la literaria o musical, por las siguientes: nos cae más cercana en el tiempo, tiene más que ver con la actual y conserva sus testigos en pie dentro de lo que cabe, y sin el artificio de las restauraciones. Sfakiá era uno de los vértices de ese triángulo patriótico, digamos.
Φραγκοκάστελλο.  Paseo por el interior de la fortaleza, 2012. 

Esto resultó tan cierto y tuvimos tanta suerte, que en Frankokástelo, un centro simbólico de esa Creta, fuimos a parar al Aeolos, la casa de un descendiente directo de un héroe sfakiota de la lucha contra los turcos, antepasado que, incluso, tiene un busto dedicado al lado mismo de la fortaleza.
Se trata de Stratis-Nikos Delliyannakis (1799-1874), vástago de una familia numerosa de Boubas, aldea entre Jora Sfakión y Frankokástelo, con cinco hermanos varones, todos ellos kapetanioi, cabecillas de la resistencia en Sfakiá.

Enseguida entablamos conversación con Zeódoros, que es el descendiente actual al que me refería. Nos preguntó, nada más llegar, cómo una familia de españoles con niños habían elegido aquel lugar tan apartado para pasar sus vacaciones. Y ahí empezamos ya con el capitán Mihalis y Psarandonis. Nos contaba, riendo divertido, que la iglesia ortodoxa había excomulgado a Kazantsakis.

Στ. Ξαρχάκου, Νικ. Γκάτσου.  Μανα μου Έλλας.  Grecia, madre mía.

http://www.youtube.com/watch?v=G2Ds4pl1Xyk&feature=related

En un momento, mencioné a Stavros Xarjakos, ateniense de alma cretense, autor de la banda sonora de la película Rebétiko, donde hay canciones de Nikos Gatsos que hablan de la resistencia, Mana mou Éllas, Ta pediá tis aminis, Stin Salamina... . Y Zeódoros resultó ser también un entusiasta de aquellas canciones.
Yo había llevado un CD de esa grabación, regalo del mi Dimitraki y cuando me lo vió, asombrado,  me lo pidió para escucharlo esos días. Naturalmente se lo regalé.

Son muy especiales los cretenses, y los sfakiotas en particular, a la hora de recibir regalos. Orgullosos, es raro que expresen de palabra un agradecimiento, consideran el presente como una especie de deuda de honor a la que deben responder. Y normalmente lo hacen en silencio. Como decía una guía a propósito de esto: de pronto encuentras en la maleta o en la bolsa de mano un paquetito que no sabes en principio de dónde vino.
Después comprendes que es la respuesta callada y generosa a tu amistad.

Στ. Ξαρχάκου, Νικ. Γκάτσου. Rebétiko. Tis aminis ta pediá. Los chavales de la guerrilla.

http://www.youtube.com/watch?v=0TmDYoHJg6Y&feature=related

Nosotros nos encontramos, mientras estuvimos allí hospedados muy agusto y bien tratados, un kilo de yogurt casero de oveja y, al marchar, litro y medio de aceite de oliva de su cosecha. Para ensalzar la bondad de ambas cosas me faltan palabras. 

Delliyannakis, Dalianís, Daskaloyiannis..., paisanos que entregaron su vida a la causa de la libertad, el último desollado vivo por los turcos en la plaza pública de Candía (Hiraclion), en presencia de su familia y de toda la ciudad.

Héroes sfakiotas en la memoria colectiva, trasunto del Capitán Mihalis de Kazantsakis, como la propia fortaleza de Frankokástelo.
Por eso, haber encontrado a un tataranieto de Stratis-Nikos era, salvando pocas distancias, como si un griego viene a España, e interesado en Galdós y la guerra de la Independencia, fuera a hospedarse en casa de un descendiente del Empecinado, que siguiera habitando al lado del lugar de nacimiento del guerrillero.
Τραγουδι του Δασκαλογιάννη.  La canción de Daskaloyiannis.

El aislamiento de Creta, y de Sfakiá en especial, ha hecho que esos trágicos episodios de su historia  hayan permanecido muy vivos hasta hoy. No olvidemos que Creta no obtuvo su total independencia y adhesión a Grecia hasta octubre de 1913.
Y sin contar con los más recientes atropellos, matanzas y represalias de los alemanes durante la ocupación de la isla en la 2ª Guerra Mundial: las gargantas fueran el lugar por donde los cretenses ayudaron a evacuar a las escasas tropas aliadas inglesas acantonadas en la isla, y todas desembocan en Sfakiá, desde cuyos puertos fueron embarcadas.

Es cierto que Creta no es la de antaño, que añoraba Paul Morand en una visita en 1960, ya no había "montañeses con cuchillos de plata y fusil de palikari... . En el kafenío... el narguilé no presidía ya los fumaderos públicos en la acera. Por allí habían pasado paracaidistas y bombarderos, por esta Creta donde Dédalo montó, para Ícaro, la primera pista de aterrizaje". De acuerdo, pero el que tuvo retuvo.

Algo queda todavía de la antigua fama, apreciable en la gallardía de muchas de sus gentes, en la apostura, la planta recia y firme, la mirada limpia y directa, el carácter callado, serio, pero generoso y apasionado..., todo esto y mucho más, sin duda.
Anopolis, Sfakiá. Creta.  Δασκαλογιάννης Χορός.  La danza de Daskalogiannis.  
Papel de envolver de la carnicería de los hermanos  Yiannakakis
Frankokástelo. Creta 2003

Jristos Yiannakakis, el más fuerte y Yiannis, el pequeño, unos 25 años, son dos hemanos que llevan el kafenío, con un anejo que es kreatopolío, carnicería (kreas, carne) y charcutería, quesería, etc.
Son de uno de los pueblos que rodean Frankokástelo, concretamente Kalíkrates, en lo alto de las montañas y a la entrada de la garganta del mismo nombre, ésa que termina en Patzianós, frente a la fortaleza, como conté en un capítulo precedente.
Viven de ese negocio veraniego pero, sobre todo, como la mayoría de las familias cretenses, de los olivos, de la ganadería ovina y caprina, y sus derivados, carne, embutidos, leche, yogures y quesos.

Απο το CD: "15 Χρονια Μανωλιούδης - Χαλκιαδάκης"
Lira, Χαλκιαδάκης. Voz, Μανωλιούδης.  Στα μεθυσμενα λογια μου.  En mis borrachas palabras.

Nada más llegar en el autobús de Janiá e instalarnos en el Aeolos, yo salí a una primera compra de cosas básicas, leche, fruta, queso, unos tomates, aceitunas, café, azúcar, sal, aceite... . Entré en la carnicería porque tenían de casi todo y al lado estaba el kafenío, el único del pueblo, pensaba en un helinikó y una tzikudiá antes de volver a casa. Era por la tarde, al final de la siesta, pero el sol pegaba inmortal, curruca!.

Yannis, que creo que era el pequeño, ¡es que se parecían mucho!, me atendió en la tienda y en el kafenío. No había nadie. Pasamos al bar y vi un poster con un músico que no conocía, no recuerdo el nombre, ¿tal vez Sfakianakis?  Le pregunté por él y  se volvió a armar, como en Arkadi con el vigilante del museo, como con Nikos en Janiá o con Zodóros en el Aeolos.

Bueno, pues salí de allí invitado al café y al tzikudiá, con dos cintas de regalo, una de ritzítica grabada en una Panayía de la zona, y otra de un cantante más moderno del que no sé tampoco el nombre, porque son grabaciones caseras donde no figura la autoría. Para colmo se me había olvidado el orégano y me regaló también una bolsa del que recoge su madre todos los años por las montañas de Sfakiá, ¡¡agggg, Panayitsa mouuuu!!!... . Ellos nos suministraron también el que ese otoño trajimos en la caja de productos cretenses, el rígani y otras muchas cosas, caja con su historia que espero contar algún día.

Απο την συμμετοχή του Γ. Μανωλιούδη στον δίσκο του Νίκου Στριλιγκα: Του Ψηλορειτη Ακουσμα. Γιώργος  Μανωλιούδης.  Οταν μετρω τα λαθη μου.  Cuando mido mis errores.

http://www.youtube.com/watch?v=VQW8GQureuY&feature=related

Con estas entradas de pura fortuna podéis imaginar que nuestra estancia allí fue una bendición. Sin mencionar el panorama, la playa o la temperatura. Había, además, un chiringuito cerca del Aeolos, El Oasis de Nikos, donde comíamos muchos días comida casera griega a precio proletario, y donde celebramos la cena de nuestro 25 aniversario de pareja bien avenida.

Hay una anécdota que puede ilustrar un poco el carácter reservado, escueto, y silencioso de los sfakiotas.
El padre de los Yannakakis, un hombre de pelo blanco, más que fornido cuadrado, como de unos 70 años, con unos grandes mostachos de la categoría del brío que se adivinaba en la recia naturaleza de aquel hombre, leía muchos días el periódico en el kafenío de los hijos.

Aquella mañana estaba solo cuando entramos. Respondió con una inclinación de cabeza a nuestro saludo, ¡kalimera!, buen día.
Nos sentamos en una mesa cercana y pedimos los consabidos dio helinikús metrius, dos cafés griegos semidulces, y unos tzikudiás. El hombre siguió a lo suyo, muy enfrascado en la lectura del diario.

Σφακιά Κρήτης, Sfakiá de Creta.   Χορός, Baile.
Entretanto había llegado al bar uno de los hermanos, que venía a sustituir al otro, porque estaban con la recogida de la aceituna y se alternaban en las labores. Mientras se pasaban los trastos y el recién llegado se hacía cargo de la situación, a mí se me ocurrió preguntar al padre si ahora era el tiempo de las aceitunas verdes. Como no sabía muy bien cómo formular la pregunta, lo hice en mi griego skyládiko, aindiao y dije, dirigiéndome a él un poco acobardado:

Συγνώμη, τώρα ελιές πράσινες ?

(Signomi, tora eliés práxines?, o sea, Perdón, ¿ahora aceitunas verdes?) 

La pregunta quedó en suspenso largo rato, flotando en el glorioso éter sfakiota.

El periódico tapaba completamente la cara del hombre y yo no me atrevía a formular de nuevo la pregunta, no sabía si es que no me habría oído, si no me entendió, si la pregunta no era pertinente o me ignoraba olímpicamente.
En estos pensamientos estaba, y diría que había pasado ya un minuto, cuando vemos que el sfakiota baja muy lentamente el periódico, descubriendo el pelo bravo, la frente, las espesas cejas, los ojos, la formidable nariz griega y el bigotazo, y contesta, con la voz ronca y profunda de un viejo fumador de narguilé desde el Antro del Ida:

 Ναι

(Ne, Sí)

Eso fue todo, alzó despacio el diario y volvió a su concentrada soledad detrás de las páginas. Punto en boca, ni una palabra más. Silencio. Cualquier otra cosa hubiera roto la magia de aquel instante único: el sol entraba franco y maravilloso hasta el centro del kafenío... ¡Acojonante!.

Manolioudis,  Mias stigmis apofasi. 



Grecia, verano 2011

Por su extensión debería haber desdoblado este capítulo, pero ahora ya llegué aquí y no me apetece reordenarlo de otro modo.
Quedan cosas por contar todavía, espero que en el próximo pueda incluírlas, porque tratará de una excursión a Patzianós, al lado de Frankokástelo, el pueblo de Nikos el del Oasis, pueblecito del que he subido aquí varias acuarelas en capítulos de Archipiélagos, de Música cretense o de Escritores griegos, final del Φαράγγι, Farayi, la Garganta de Kalíkrates.

Y si me dejo llevar no termino nunca, ¡porque Creta misma es interminable!...

Γιώργος Μανωλιούδης.  Είχα έναν φίλο μια φορά. Una vez tuve un amigo.

http://www.youtube.com/watch?v=b3RoWxU1AuQ&feature=related

Υγεία, Salud!

Barbarómiros

jueves, 6 de diciembre de 2012

H Κρήτη, Creta- 8. Σφακιά, Sfakiá.


Gavdos y Gavdópoula desde Frankokástelo  
Sfakiá. Creta 2003.  Acuarela, espátula.
Ramiro Rodríguez Prada

El tercer día de alquiler del coche nos fuimos hacia el sur. Después de las visitas a la Creta heróica y patriótica de Arkadi y Anoyia, todavía nos faltaba la que debía completar el triángulo, Frankokástelo, en Sfakiá, al otro lado de las Lefká Orí, Montañas Blancas y a la orilla del Mar de Libia.

Son legión los turistas que recibe cada año Sfakiá, pero no precisamente la comarca, sus pueblos, sus playas o sus gentes. Porque lo que el turista viene a buscar aquí son los descensos de las grandes Faranyi, las famosas gargantas, de Samariá, Ímbros y otras, que atraviesan las Montañas Blancas desde las mesetas superiores del Norte y desembocan a dos kilómetros de la costa sur. Esa estrecha franja costera, entre las montañas y el mar, es Sfakiá.
 
Μανώλης Λαγουδάκης. Sirto sfakiota.  Σφακιανός συρτός.  
 

Al parecer a Frankokástelo el nombre no le viene porque fuera una fortaleza levantada por los venecianos, francos para los griegos bizantinos, o una plaza franca, refugio de los patriotas cretenses en su lucha contra los otomanos, ambas cosas ciertas, sino porque está emplazado a poca distancia del final de uno de esos Farango, el de Kalíkratis. Farangokastelo, el Castillo de la Garganta. Pero yo he leído más veces la primera versión. Cuestión bizantina.

Sin embargo, además de la atracción del turismo mayoritario, las Gorges, escrito en inglés por todas partes, recorre la región el Sendero E4, para paseantes y excursionistas, por un paisaje precioso entre una costa agreste y recortada y una montaña impresionante. Pueblos sin coches porque no se puede construir una carretera, ruinas clásicas y aldeas abandonadas al puro azul, donde tienes la impresión de caminar por un corredor elevado que mira al mar, que parece caer sobre él. Y cuatro gatos.

Desde Janiá la ruta en coche se las trae también. Dos puertos de segunda, uno de primera, y el último, Ímbros, de primera especial. Era el último día completo con vehículo, lo entregamos al mediodía siguiente, dispusimos de algunas horas por la mañana para ver algo de la península de Akrotiri (esto pensaba cuando empecé a escribir, pero hubo uno más, porque esta noche pernoctamos antes de llegar al destino)

Salimos con calma, parando de nuevo en Vrises, el pueblo del yogurt, y comiendo por el camino, tranquilos. Ovejas y cabras, subibaja continuo. Pensábamos que llegaríamos con luz a dormir a Sfakiá, a Frankokástelo que, en principio, iba a ser el final de la etapa de ese día.

Nikos Xiluris. (Εβαλε Ο Θεος Σημαδι, Dios puso las llagas). Palikari sta Sfakiá, Valiente en Sfakiá. 
 
¡Ja! Llegamos a Ímbros, el pueblo que abre y da nombre a la garganta, en lo alto de las Lefká Orí, al oscurecer. Yo estaba muerto y no me apetecía ponerme a bajar aquel puertazo y buscar después a ciegas un lugar para dormir, ni siquiera sabíamos con seguridad dónde. Estábamos cansados, los críos como yo, y todos un poco hambrientos.

Alquilamos habitación en un hostal con una dueña joven y simpática, que en ese momento estaba leyendo una novela que conocíamos. Charlamos sobre autores griegos modernos, pero por extraño que parezca no cocinaba.
Salimos a dar una vuelta por el pueblo, muy solitario. Paseamos un poco por el camino que inicia el descenso al desfiladero y cenamos solos en un restaurante frío, para grandes grupos de turistas, pues los descargan aquí cientos de autobuses en temporada alta, y docenas de ellos en la baja, vacío a esta hora de finales de septiembre. Nos pusieron cordero con patatas fritas y ensalada y, pese a la frialdad del lugar, todo estaba muy rico.

Ímbros lleva el nombre de una isla del Egeo nororiental, que se veía muy bien desde Limnos, unas millas al noreste de ésta. Después de todas las guerras que Grecia sostuvo contra Turquía en los siglos XIX y XX, la isla quedó finalmente en poder de la última. Parece que el pueblo había sido fundado por refugiados ímbrios tras la ocupación de su tierra por los otomanos.

Todavía en la actualidad hay un contencioso abierto de los propietarios griegos que fueron expoliados, contra la república de Turquía, para que indemnice o devuelva las propiedades a los legítimos dueños, muchas de ellas en estado de abondono y la mayoría explotadas actualmente por colonos turcos del continente.
Pero la pérdida cumplió ya un siglo y no parece que de momento se vaya a dar satisfacción a los hijos y nietos que quedan, descendientes de los antiguos habitantes. Que no la olvidan, por cierto.

Ζωντανή ηχογράφηση από το principal στη Θεσσαλονίκη το 2009 στον διπλό δίσκο του Ψαραντώνη "Σαν πυροβάτης" (2010). Νίκη Ξυλούρη.  Κοιμάται ο Ήλιος.  El sol duerme.
 
http://www.youtube.com/watch?feature=fvwp&v=zD6GLQFq-Qc&NR=1
 
 
Grecia, agosto 2012

A pesar de que volvimos a madrugar y de que bajamos el puerto sin tropiezos, echamos la mañana en buscar un lugar definitivo para quedarnos el resto del mes, porque desde el primer momento nos gustó el lugar. Hay varias playas de todos los tamaños, de arena, sin complicaciones para los niños, y con muy poca gente, casi todo familias.
Vimos Jora Sfakión, el pueblo capital de la zona y las aldeas que median entre ésta y Frankokástelo.

Y nos quedamos en este último. Εn realidad no es pueblo, sino un conjunto de casas de vecinos de las aldeas próximas, reconvertidas en negocios de hostelería, algunos apartamentos, tabernas y restaurantes, no demasiados, un supermercado chico, una tienda de recuerdos, un kafenío, a un tiempo carnicería y charcutería, y para de contar. Doscientas personas el día que más, calculo, arracimadas en torno a la fortaleza, ésta todo un espectáculo, más cuando la luna llena aparece por detrás.

Dejamos apalabrado un apartamento con cocina, en la casa de nombre Aeolos, dios de los vientos,   de un matrimonio joven, María y Zodóros, con una niña pequeña, Katherina. Volveríamos al día siguiente en bus, con las maletas, después de entregar el coche.
Comimos en un chiringuito de la zona y por la tarde regresamos a Janiá, donde llegamos de noche cerrada, pero ¡sanos y salvos!, y veréis porqué lo digo.

Λουδοβικος των Ανωγειων.  Tο Βουλιασμενο Αλωνι. 

El ascenso de vuelta por el megapuerto de Ímbros fue peligrosísimo. La carretera es demasiado estrecha para que se cruce un coche y un autobús en las curvas, y coincidimos con los veinte o treinta que bajaban hacia Sfakiá a recoger a los senderistas que habían depositado en lo alto del puerto, a la boca de la garganta, por la mañana.
¡Y bajan como locooos, te echan fuera si no paras y orillas antes de la curva!, y lo digo porque vimos venir uno sobre nosotros saliendo de una de esas curvas de 359º, que nos tocó con la defensa, sin consecuencias, cuando ya habíamos conseguido frenar, derrapando, en la orilla arenosa al borde del abismo, ¡¡¡diooooosss!!!...

La vista de varios restos de coches despeñados, en esta subida y en la bajada del día anterior, no ayudaba, por mucho que el paisaje fuera espectacular: todo Skakiá extendido bajo las Montañas Blancas, frente al imponente azul del mar de Libia y, a tiro de piedra, las islitas de Gavdos y Gavdópula. 

Como veo que ya voy demasiado lejos, dedicaré más capítulos a Sfakiá, el próximo lo titularé Frankokástelo. Será mañana. ¡Hasta entonces!
  
 Απο τον Πλάτανο, Κισσάμου. Βασίλης Καρεφυλλακης.
Τρεις Καπετανιοι Σφακιανοι. Tres capitanes sfakiotas. Rizítica, raíces.
  
Υγεία, Salud!

Barbarómiros 

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Lizy y Diamandís -2. Las veladas


El humo inicial del primer incendio.
Atardecer, 25/8/2012. Agioi Apostoloi

A los buenos días. Después del chasco que se llevó el pobre Diamandís con mi fuga paellil, se rehizo de inmediato y mantuvo la invitación, pero cocinando Lisy. De acuerdo con ella compró lo necesario y quedó en bajar a recogernos por la tarde.

En el bar de Spiros, donde esperábamos con un par de botellas de vino y unos pasteles, muy puntual, como lo habían sido antes Yiannis, o Popi y Giorgos, allí estaba Diamandís a la hora convenida. Había invitado también, precisamente, a Popi y a Yorgos que, si podían, subirían más tarde con su coche. Lo hicieron ya bastante avanzada la cena y la noche, y se perdieron por los vericuetos y caminos que suben a la casa, otro laberinto. Bajamos a rescatarlos y al fin se sumaron al ágape.

Yo olvidé la cámara en lo de Stavrula y fue buena pena, porque el cielo estaba limpio cuando llegamos con Diamandís esa tarde y parecía adivinarse hacia el este la silueta de Psará, o nosotros queríamos imaginarlo así. Lo cierto es que, al parecer, en días claros sin bruma, se ve bastante bien.
Las imágenes de hoy son del segundo día que estuvimos, el del primer incendio, que veíamos perfectamente a una distancia en línea recta de unos cinco kilómetros, quizá menos, así como el ir y venir de dos avionetas descargando agua.

En la casa tienen Internet, vieron Psilicosis y los autorretratos de los Prototipos griegos, acababa de salir una de las entradas programadas, vestido yo de pope heteróxido revirao. Se rieron con él, y les gustó el cretense y el maniatis.
Los rapaces estuvieron entretenidos con el ordenador ese primer día, antes de la cena y en la larga sobremesa. Hay también copiadora y Lisy le ofreció a la mi morena la posibilidad de sacar las tarjetas de embarque del regreso a Barcelona.
Finalmente no era necesario sacarlas, pero nos volvieron a invitar a cenar otra noche. Nosotros llevamos esa vez usso de Plomari, Lesvos, y una tarta de chocolate helada, de confitería. Por cierto, para tarta de chocolate la que bajó una tarde Lisy, hecha por ella, para el postre en otra cena en lo de Stavrula y Spiros. ¡Qué peligrooo, repetí tres veces!

Los guajes quedaron abajo con Marza y Nikos para salir juntos por la noche. En esta segunda ocasión cenaba también un matrimonio de amigos suyos y su hijo de poco más de 20 años, que nos habían presentado ya abajo en el puerto y que marchaban al día siguiente para Atenas, después de unos días de vacaciones. Subieron con su pequeño todoterreno, los caminos de tierra son infames y muy empinados.
El chaval, Petros, estaba descalabrado, con una brecha enorme en la cabeza, una dificultad grande para moverse y un brazo con fracturas conminutas, escayolado y en cabestrillo: el mes anterior había vuelto a nacer en un accidente en Atenas: con una moto se había metido a buena marcha debajo de un camión.
Active Member.  To telos einai mageia.  El final es magia.
 


Ayi Apostoli  desde casa de  Lizy  y  Diamandís  con la bruma del primer incendio.
Al fondo la silueta del extremo sureste de  Eubea.
Petriés, agosto 2012.

Con Petros charlé de música, me senté a su lado y me aleccionó algo acerca de cómo algunos cantantes griegos famosos, de ambos sexos, iban virando poco a poco hacia lo más comercial, el skyládico o perruno, la pachanga cutre, vamos.

Y con sus padres hablamos de España, porque habían estado aquí y conocían un poco el país. Nos hizo gracia lo que se admiraban de cómo miman aquí los olivares. ¡El terreno debajo de los olivos estaba perfectamente limpio y trabajado!, decían, ¡Kilómetros de árboles sin hierbas!.
Con todos tocamos temas griegos y españoles, un poco de música, de literatura, pintura, cine, o arquitectura para legos. Almodóvar, por ejemplo, es un lugar común al que no ponen un pero. Y les gusta Marisa Paredes. Al Bienlaclava Calatrava, Καλά τράβα, lo tienen atravesao, como nosotros.

En la primera noche nos bajó Yorgos en su bólido alemán. Cruzó una liebre. La carretera asfaltada y estrecha en la que desembocan los caminos va pegada a la costa, muy recortada y con numerosas playas. Curvas, badenes, subidas y bajadas, cambios de rasante contínuos... 
Yorgos nos hizo una pequeña demostración del poderío germano por una zona menos peligrosa, iban los críos. Sería sólo preludio y aperitivo pálido del rally alucinante en el que fui de copiloto unos días después, con Popi sentada atrás. Él se reirá de mí como entonces, si lee esto, pero yo en algunos momentos estaba acojonao. Ya lo contaré.

Y la segunda noche nos bajó Mihalis, el padre de Petros. Es un hombre comedido y templado, e íbamos muy despacio teniendo en cuenta la pendiente, los socavones y los múltiples cruces de caminos. En alguno de ellos nos perdimos.
Es una zona boscosa. Vimos un zorro, y seguíamos viendo las llamas del incendio, triste e impresionante espectáculo que nos había acompañado mientras estuvimos en la casa, y bajando.
Y cada vez lo veíamos más cerca, porque el camino que tomamos se dirigía en aquella dirección. No es que nos preocupara mucho eso, porque estaríamos a no menos de tres kilómetros, pero era otra cosa más a tener en cuenta. Ángela, más nerviosa, miraba a su marido de hito en hito.

Sería la una de la mañana cuando salimos por fin a la carretera, pero no estábamos seguros de que fuera la dirección correcta, bajaba y bajaba en un descenso impresionante y pensamos que tal vez terminara en una playa. Milagrosamente nos cruzamos con un hombre que subía en su motoreta. Mihalis, en una muestra de valor y destreza, casi impropia de su edad, tampoco es muy mayor, cincuentaymuchos, sesenta tal vez, paró y se puso a dar la vuelta allí mismo, con aquella pendiente y aquella estrechura, ¡badre del abor herbosoooo, pa habernos matao, curruca!!!

Alcanzamos al de la moto y nos indicó la dirección correcta, que era la que llevábamos, ¡aunque perdidos, íbamos bien orientados!. Volví a rememorar nuestra subida a Anoyia...
 
Nikos Xylouris en una taberna de Heraklion. 1961.
 


Noreste, al fondo la isla de  Skiros.  Esporadas.
Grecia, agosto 2012.

Las cenas de Lisy fueron riquísimas y por ello, desde el más puro egoísmo, tampoco me arrepiento de haber rechazado los fogones para el aparejo de la malhadada paella.
Hace una cocina muy griega, sabrosa y nutrida. El primer día cenamos una carne de ternera estofada, con salsa, que era pura manteca. La acompañó quien quiso con unos macarrones al mizitra. Había también ensalada y feta. Y para quien gustara sólo del horno, tierno cordero.

Y para la segunda noche, Diamandís había cogido unas sarganas, agujas, recién pescadas que Lisy frió y fueron el plato principal. No es un pescado que hayamos comido muchas veces, pero éstas fueron las mejores con diferencia. Venían acompañadas por una skordalia especial de Lizy, una salsa de puré de patata muy popular en Grecia, con ajo (skordo), sal, aceite, y en este caso más ingredientes, como almendra molida. Por supuesto había de nuevo ensaladas y feta. Y otro guiso con tomate, berenjenas y cebolla que me recordaba el sabor de las imam, suave como una crema.

Y el vino de Diamandís. Tenía dos blancos frescos del año. Ellos distinguen entre el crassí, que es el genérico para el vino, del oinos (ínos), la antigua denominación, menos usada y más específica, que todavía figura en las botellas. En principio el crassí sería el vino neto y el oinos al que se le añade agua o hielo para rebajarlo, como hacían los antiguos griegos, éso creí entenderle a Diamandís.
Consulté esto con el mi Dimitraki, porque siempre usamos el término crasí y nos dice que es lo común. Ínos es  palabra en desuso y desconocía que fuera vino aguado.
Como ellos no atienden al precepto de Cervantes, "No le eches agua, Inés, al vino, no se te maree el vino", siguen añadiendo hielo para refrescarlo. Hay que pensar en el calor de Grecia para disculparlos, ¡y nosotros añadimos gaseosa, que es peor!

Pero sacó también un tinto añejo que decantó con tiempo, en una temperatura ideal. Yo me arrimé a él como el toro a la querencia. Era denso casi hasta la masticación, muy afrutado, algo meloso, intensamente oloroso, y no son palabras para el texto publicitario de una etiqueta que no tenía.  Casero, algo turbio y potente de grados, como no podía ser de otro modo.
Dejé claro que me había gustado porque me apliqué. Lo volvió a sacar Diamandís la segunda velada y bajó unas cuantas botellas a lo de Stavrula la noche que cenamos todos allí, en la despedida de Popi, Yorgos y sus hijos. Para nosotros, que nos permitimos pocos lujos de ese calibre, por economía, pero también porque es difícil dar con un caldo semejante, fue un acompañamiento de categoría.

No he querido describir a Lizy por discreción, pero lo voy a hacer, porque es una mujer con una personalidad apabullante y espero que no se moleste, todo lo que diré será con cariño.

Lizy tiene la piel y el pelo cobrizos, la belleza y la prestancia de las gitanas más elegantes. Sé que el racismo nos ha hecho interpretar, en toda Europa, lo gitano como sinónimo de sucio, descuidado y de poco fiar. Pero todos sabemos lo que esos prejuicios generalizadores tienen de verdad y de mentira. Y no digo que Lizy sea gitana, sino que luce la hermosura de lo mejor de esa raza. Una figura gallarda y un pelo de real majestad.

Es una griega especial, con una retranca en la mirada, ¡tan sabia!, como la del más redomado, hábil, guasón y escéptico Aristófanes. Por no compararla con Lisístrata, porque ya me pasaría. Se fuma unos puritos finos y largos con la elegancia de un dandy, de una lady de los años veinte.
En esos detalles es más helena que los paisanos más griegos. Bueno, las mujeres, griegas o de donde sean, cuando reunen arrestos para hacerse respetar en un mundo masculino en su contra, son algo grande.

De Diamandís no digo nada, porque esto de darse jabón entre paisanos no está bien visto, pero que conste que es un buen hombre, un gran amigo y que nos reímos mucho los ratos que estuvimos juntos. Buen madrugador también en la parea de Spiros. Y si ya lo dije lo repito ahora: un tierno amigo de los animales, los gatos, los perros, y hasta las gallinas lo saludan alborozadas, porque a todos mima y da de comer. ¡Ríete, Diamandís!

Volveré con ellos cuando hable del segundo incendio, que los rodeó y amenazó, porque tengo alguna foto sacada desde Petriés, el pueblo de Yiannis Tsakós, como sabéis, donde se ve la casa a lo lejos sobre terreno quemado, después de pasado el gran susto.

El Lebrijano.  Qué hermoso pelo tiene.  Bulería.
 
 
Υγεία, Salud!
 
Ramiro