domingo, 3 de marzo de 2013

ALL & NOTHING


La carátula del single de  ALL & NOTHING.  1971.

Singles con pedigrí


Pues este es de un grupo madrileño llamado ALL & NOTHING" (Todo y Nada), producido por el gran José Luis Álvarez.

Lo compré en León, en el 81 por 85 pts., unos 0,50 €., más que por su música (no sabía de qué iba), porque un amigo me dijo que allí tocaba Ángel Blanco "Andindo", uno de los fundadores de LOS ROLLS allá por el año 1964.

Creo que es digno de mención por varias razones:

1) La carátula: troquelada, desplegable y original (le echaron muchos güevos), que para el año 1971 era un tanto  atrevida.


Los componentes del grupo  ALL & NOTHING   en pose sesentera.  Contraportada
El astorgano  Angel Blanco   Andindo   el 1º por la izquierda.

2) Dicen, y nadie lo ha desmentido, que el que aparece en la foto con el dedo "pidiendo silencio? es el astorgano Ángel Blanco  Andindo, gran músico y amigo que nos dejó hace unos años, uno de los fundadores de Los ROLLS, grupo puntero astorgano en los 60.


Currando en Barcelona lo había buscado desesperadamente, pero nada. En las vacaciones de Semana Santa del 81 en León, sin querer, lo vi en Discos Xidas, creo recordar.


Cara B.  SEVEN O'CLOCK.  ALL & NOTHING, 1971. El interior del sencillo.
¡Manda güevos!

3) Publicaron sólo un par de singles, con muy pocas unidades.


Hay muy poca información sobre el efímero grupo, que duró apenas 6 meses y no llegó a tocar en directo. Sonido underground a tope.


Cara A.  TARANTOS.  ALL & NOTHING, 1971.

Todo lo que se puede encontrar en La Red es este comentario en portugués extraído del libro de Pepe García Lloret:


José I. Martínez Blas
Febrero, 2013.


P. D. Ésta es la segunda colaboración de la Blasensis en Psilicosis, después de su interesante y completísimo trabajo sobre la matanza en Morales del Arcediano en la etiqueta de Chorizos culares. Espero que se anime y honre estas páginas con nuevas aportaciones. Sé que en este apartado de Música española tendría mucho que contar. Gracias, curru.

Andindo:  ¡Silencio, al loro y mucha mano!

Ya que me atreví a descargar las fotografías con una pequeña ayuda antes de lo previsto para sustituir a las de Pepe, que no se podían ver, pero no por malas, añadiré una más de postre. Y es que quería hacer hinca-pie en esas manos. ¡Mirad, pbor dios, esa proliferación, esa sinfonía de manos (y pulseras y relojes) de la fotografía del grupo!.
La remata Andindo pidiendo silencio con la suya, mejor dicho con su índice izquierdo, ¿era zurdo Andindo?, mientras apoya los cinco dáctilos derechos en el culo de la Sirena. ¡Pa habernos matao!

Como no tenemos en youtube la música del grupo de hoy, os dejo una dirección para compensar la falta. ¡No me lo puedo creer, Judy!.

Los Sirex.  Judy con disfraz.

http://www.youtube.com/watch?v=EvOTcNmUAiA

Salud y buena música para todos.

ramiro

sábado, 2 de marzo de 2013

Μπαρμπούνια, Salmonetes


Spiros limpiando los salmonetes.
Ayii Apostoloi, verano 2012.

Μπαρμπούνια


Buenos días. El salmonete, Μπαρμπούνι, Μπαρμπούνια, barbunia en plural, es el cuarto pescado que traigo esta temporada en Lo que se comió. No cuento los calamares ni el pulpo, de los que también hablé, aunque en este último caso sobre todo del gallego. La próxima entrada aquí volveré al pulpo griego.

He colocado a los salmonetes en cuarto lugar después de las agujas, sarganes, anchoas, gavros y sardinas, sardeles, pero no porque tengan menos mérito, en absoluto. Fue sólo cuestión de oportunidad y abundancia, no tanto las agujas, pero las sardinas y anchoas son quizás los peces más abundantes y por lo tanto populares y consumidos. 

Estamos hablando hoy de uno de los peces más ricos no de Grecia, de cualquier puerto de pescadores, ya sea del Mediterráneo ya del Atlántico. Hablo del que llamamos genéricamente, en el norte e imagino que en casi todo el país, salmonete de roca.

Παραδοσιακός χορός Κεφαλονιάς.  Μπαρμπουνάκι. Salmonetín.

El nombre de barbunia es evidente de dónde le viene. Con esas barbas tantea los fondos arenosos cuando se alimenta, como otro pez de agua dulce que tiene un cierto parecido aunque el de río no alcanza su tamaño, y no me refiero al barbo, que puede llegar a pesar varios kilos, sino a una especie de gobio, también barbado. Pero, vamos, no voy a descubriros yo ahora al salmonete.  

Las otras razones de que los salmonetes no sean los pescados más populares en Grecia son las mismas que aquí: son más caros que la mayoría y no abundan. No hace falta insistir mucho en ponderar su calidad, nunca nos defraudaron, aunque con pena debo decir que no siempre se los puede permitir un bolsillo proletario.

Hoy traigo más música que palabra. La primera canción es tradicional de Cefalonia, una de las islas del Heptaneso, en el Jónico.

Y este tema es bastante popular, dentro del escaso interés con que la Grecia más oficial miró siempre al rebétiko y sus intérpretes.

Ροζα Εσκενάζι.  Μπαρβουνι, μπαρμπουνάκι μου. Rosa Eskenazi.
 Barbuni, barbunaki mou.  Salmonete, salmonetín mío


¡¿Cómo se le puede llamar a alguien salmonetín mío, bor dios?! Menos mal que como es Rosa Eskenasi se lo perdonaremos. ¡Y por otra parte están tan ricos que no me extraña!

Os he hablado de Rosa. Es una de las antiguas rebétissas, una de las reinas del género que no puede faltar en un repaso al rebétiko, por breve que sea. De ese estilo yo debería incluirla aquí detrás de Bambakaris.
Para nosotros tiene además el aliciente de ser una descendiente de judíos españoles, sefardíes a pesar del apellido, que conservó el nombre de sus ancestros expulsados de la penénsula Ibérica. Rosa en griego es Triandáfilo.

Dentro de la Nisiótika, la música de las islas como ya sabéis, los temas de las canciones giran lógicamente en torno a la mar, al oficio de la pesca o al objeto de sus afanes, los peces, además del amor y el peligro de muerte que siempre acecha, temas universales de éste y la mayoría de géneros.

Como puse una del Jónico, ahí va otra del Egeo. En este caso de Kassos, una de las islas menos conocidas del país, entre otras razones por su posición un poco extrema, al este de Creta y cerca de Kárpazos, todas ellas muy agrestes y pescadoras.

Κασιώτικος σκοπός. Voz, Σάββας Περσελής.   Μπαρμπούνι.  Salmonete.

http://www.youtube.com/watch?v=pMYj1i8Xbe8

También el rebétiko trata algunos de esos temas y usa la imagen del salmonete para decir palabras cariñosas al enamorado o la enamorada, en su idioma de las amanades o amanés orientales, como hace Eskenazi. Y es que uno habla de lo que le da de comer y el salmonete es casi plato de ricos. Una sociedad tan volcada en el mar como la griega, utiliza esas imágenes propias de los oficios, que frecuenta mucho más que otras con menos vocación marinera.

En ésta, Roza canta un karsilamás, que es de los temas en los que educó el oído en Tesalónica Marió, uno de los ritmos más exóticos de la rebética. Y éste es de la Poli. Ritmos de Asia Menor, políticos, ayvalióticos, esmirnióticos... .  Rosa sigue enamorada de su salmonete, de la familia Mullida, por cierto, Mullidae. De los múlidos el red Mullet  inglés, pero aunque lleve barbas su apellido no es Barbatus sino Surmuletus. Un primo hermano.

Ροζα Εσκενάζι. Καρσιλαμάς πολιτικί.  Karsilamás de Constantinopla.
 Μπαρμπούνι μου θαλλασσινό. Mi salmonete marinero.

http://www.youtube.com/watch?v=7iF-fe3YcHo


Μεσογείου μπαρμπούνια.
Salmonetes del Mediterráneo

¿Porqué a Rosa y a los demás cantantes se les ocurre llamarles a sus enamoradas y enamorados salmonete mío y no sardinilla o anchoa mía? Pues hombre, por las mismas razones apuntadas. Desgraciadamente sigue habiendo clases, digo clases, no diferencias, que ésas saltan a la vista (las otras también), y si lo remarco es porque a estas alturas todavía confundimos las dos categorías.

Que conste que no tengo nada contra sardinas ni anchoas, y suscribo la ley general de que el mejor pescado, por humilde que sea, es el fresco, pero..., pero en general prefiero un salmonete a una sardina. Tal vez si fuera tan abundante y barato como la música audaz, alias sardina, y la comiera con la misma frecuencia, pensaría de otro modo.

Les gusta andar por el fondo en zonas de roca y arena, como de hecho son algunas de las playas y pequeños golfos de esta bahía de Agii Apostoloi, y en general toda la costa de esta zona de Petriés, en
Eubea, que es de donde proceden los salmonetes que vemos limpiar a Spiros en esas imágenes.

No sé si usan algún arte particular, sólo los he visto pescar a caña, en la orilla o en pequeñas barkulas, y en la percha de algún buceador. Son peces que suelen nadar en grupo pero no forman grandes bancos como las sardinas, no sé si también caen en las redes, aunque imagino que alguno que otro.

Λαούτο, Laúd, Γιώργη Κουτσουρέλη. Μπαρμπούνι μου.


Comimos sólo dos veces salmonetes este verano, fritos. Algún otro año tuvimos más suerte, pero ya digo que tampoco es que abunden. Los primeros fueron algunos de éstos que veis, así que "tengo
conocimiento y soy sabedor y partidario", como dice la versicolor, vamos que sé de qué hablo, en
este caso: ¡buenísimos!.

En el Tzivaeri, un restaurante muy cercano a casa al que dedicaré algún capítulo más adelante,
cuando vuelva con el pulpo, comimos algunos días. Muy buenas también las agujas, pero tenían un
mediodía unos salmonetes que había pescado el papús, el abuelo, que ninguno pasaba de diez
centímetros y la mayoría andarían por los 7 u 8.

Nos pusieron un platao que no lo saltaba ni Sergei Bugka. Crujientes, parecían chanquetes, no
dejamos ni las espinas. ¡Casi daba pena comerlos!, eran del tamaño de esos gobios de río de los que
hablé, que en mi pueblo, por cierto les llamamos reyes, aunque no tienen nada que ver con el pez que
figura en las listas de especies con ese nombre, natural de América, el pejerey. 

Mijalis Tzaouganakis. Barbouni mou. Salmonete mío.


Y unas palabras sobre estos últimos temas, son de tres músicos cretenses. Kutsourelis es uno de los
Protomástores al que dedicaré en su día la entrada correspondiente en Música cretense, al que he
mencionado en otros capítulos y del que también puse algún tema aquí. Tsauganakis es el más joven, el  único vivo de los tres, su versión es la más moderna. Y a Nikos Xiluris ya lo conocéis; el hermano de Psarandonis canta la versión más conocida, acompañado al laúd por Koutzourelis, un lujo haber podido actuar juntos.

La canción, una mantinada, parece que en origen fue compuesta por Νικόλαος Τζέγκας (1900-1966),
un pescador de Kissamos sin más conocimientos musicales que saber silbar e imitar con la boca el
sonido de los instrumentos tradicionales de Creta, lo que no me parece poco. Era un típico célebre
popular. Su historia es interesante y me gustaría dedicarle también un capítulo alguna vez.

Tzégkas pescó un rojo y dorado salmonete que debía ser algo así como el padre de todos los
salmonetes que en la mar han sido.
La historia del pescador Νικολής tiene un final trágico, murió a los 66 años, ahogado, atrapado bajo su propio καΐκι, su caique, en un día de fourtuna, de tormenta, sin fortuna...

Λαούτο, Γιώργη Κουτσουρέλη. Τραγούδι, Νίκος Ξυλούρης. Laúd, Kutsourelis.
Canta, Nikos Xilouris. Μπαρμπούνι μου. Barbuni mou. Mi salmonete.

http://www.youtube.com/watch?v=sRSwYjCzjrg


Υγεία, μεγάλη μουσική και καλή όρεξη! ¡Salud, buena música y buen provecho!

Μπαρμπαρόμηρος, Barbarómiros


viernes, 1 de marzo de 2013

Epigramas del retrete/ Vado permanente


Vado  permanente
L'Escala, Girona 2012


Epigramas del retrete


Gobiernos de esta nación,
dechados de la bondad,
no nos dicen la verdad
cuando tragamos marrón.


Hay papeles en los sobres
con un retrato muy chulo,
¿por la cara o por el culo?,
para después de que obres.


Nos cortaron la corriente
y me echaron del trabajo,
nos cogen por el badajo
y el puto gobierno miente.


De  Interrogatorios y Otras partidas perdidas. 2013.

Ramiro Rodríguez Prada


Vado Permanente/ Aliados de la lírica.   Lo intentan.

http://www.youtube.com/watch?v=qZIMhckpxjc


Salud
 

jueves, 28 de febrero de 2013

Sigo soltero


Ciudad. 2001
Aguada sobre cartulina. Residuos. Espátula.
Ramiro Rodríguez Prada

Parado y solo en la vida
Allá por junio
(Salsa desesperada)


Más que la soledad me puede un año
y de un tiempo a esta parte pocos días
le ando buscando un minuto al segundero
y olvidé pedir al banco el calendario

(Coro)
Porque nunca me casé sigo soltero

Este curso recortaron varios meses
han tachado de un plumazo hasta febrero
y en su lugar colgaron longanizas
semanas antes de matar al cerdo

(Coro)
Porque nunca me casé sigo soltero

Yo en la cola de parados voy primero 
por toda la eternidad de tres a cuatro
desamparado y solo frente al viernes
porque nunca me casé sigo soltero 

(Coro)
Porque nunca me casé sigo soltero

Le ando buscando un minuto al segundero

(Coro)
Porque nunca me casé sigo soltero

Tacharon de un plumazo hasta febrero

(Coro)
Porque nunca me casé sigo soltero

En la cola de parados yo el primero

(Coro)
Porque nunca me casé sigo soltero
Porque nunca me casé sigo soltero

(Final)
¡Cuando llegue san Juan, allá por junio!

 
De  Interrogatorios y Otras partidas perdidas. 2013
Ramiro Rodríguez Prada


Toni Zenet.  Las causas perdidas

http://www.youtube.com/watch?v=uHQMU9Dij2I


P.D. Gracias a Marta Capote por la música.

Salud

miércoles, 27 de febrero de 2013

Camarón de la Isla -2


De raíz
Pintura en polvo al agua sobre cartulina
Ramiro Rodríguez Prada. 1999.

Camarón -2


Buenos días. Decía en el primer capítulo dedicado al Camarón, que sólo sus canciones valían la pena, aunque no añadiera nada. Lo que tenía que contar de más personal sobre él ya lo hice. Hoy escribiré una entrada más corta con algunos detalles biográficos y menor número de canciones. Os dejo, por si queréis repasarla, la dirección de la primera entrada.


Guitarras, Paco de Lucía y Tomatito. Cante, Camarón.   Na es eterno.

Fue su tío Jozé quien le puso el apodo, porque el guaje era rubio y escurrío, más fino y ruin que una gamba. Hizo el séptimo de una recua de ocho churumbeles. Nació en 1950, años de racionamiento postguerrero ¡todavía!, muy difíciles, de mucha jambre, y más para una familia numerosa gitana como la suya. Y el padre los dejó huérfanitos muy pronto.

El oficio de su padre es de los clásicos del cante. En la fragua se escuchan las tonás, las carceleras, los martinetes, a pelo o con el martillo golpeando el yunque, y la debla, tan austera y exigente como el palo más grande. Los cantes del zurraque.
La necesidad hizo que el Camarón dejara temprano la escuela y empezara desde chico a trabajar con Juan Monge, su padre, fragüero, cantaor y amigo de grandes del género que escuchaba en directo en su casa, como Macandé o Aurelio Sellés.

Hay una versión con guitarra de la siguiente canción, que publicaron en un disco póstumo de directos, arreglos y recopilaciones, Reencuentros, que no está mal, pero yo sigo prefiriendo la versión original con acompañamiento exclusivo de las palmas, porque resulta más descarnada y poética, y desde luego reproduce mejor la atmósfera dura, y con frecuencia solitaria y silenciosa, de la herrería.
.
José Monge Cruz, Camarón.  Bulerías.  Soy fragüero.

http://www.youtube.com/watch?v=1zxeCpjL0mo

...mi niñez era la fragua
yunque, clavo y alcayata...

Me he referido con frecuencia a la precocidad de los músicos cretenses, que empezaban a tocar a los 8 ó 10 años, pero aquí tenemos a otro Mozart de la genialidad, tan precoz como el austriaco. Se cuenta que a los cuatro años conocía y reproducía ya algunos cantes de los cantaores que escuchaba en la fragua, además de los que le cantaba su padre, o al oído su madre Juana, tejiendo canastos. ¿No los hacía Juana?
Otro oficio típico del cante, el de canastera. Andando entre ríos, islas, esteros y marismas, creció el mimbre del Camarón.

Con semejante escuela no es extraño que llegara tan lejos en su arte. Que es la misma enseñanza que reciben muchos gitanillos desde que están en las barrigas de sus madres, el mantra del grito y el gemido, o la alegría flamenca que se lleva en las entrañas.

A los cinco años actuó por vez primera en público.

Guitarra, Tomatito. Cante, Camarón.  Tiritando de frío.

Dicen que con apenas siete años empezó a cantar por las tardes en la Venta de Vargas, una de las catedrales del flamenco gaditano y nasionás, en otros locales de San Fernando y en la estación del tranvía, para ganarse unas perrillas. Pero también porque más tarde, algunos cabales, los más importantes del cante jondo de la época, que allí lo escucharon por primera vez si no fue en la herrería de su padre, reclamaban al chavorrillo de Juan el fragüero, que con su hilo de voz afilada ya era desde tan niño una realidad más que una promesa. El Tío Borrico, Terremoto, el Sordera...

A los doce gana en el festival flamenco de Montilla el primer premio. Esto supone el reconocimiento en el mundillo del cante y poco después el despegue inaugural en su carrera como cantaor, porque a partir de entonces empieza a recorrer el circuito de ferias andaluzas junto a su colega Rancapino y a respirar un poco, después de las estrecheces de su infancia. En la de Sevilla lo escuchó Antonio Mairena el año 63, cuando el Camarón tenía 13 años. Cuentan que Mairena quedó maravillado y hasta le bailó. Y poco después en La Venta de Vargas lo escucharía también Manolo Caracol.

Canta también para Dolores Vargas y otros grupos flamencos, hasta recalar en la compañía de Juanito Valderrama, al que acompaña en sus giras europea y americana.

Guitarra, Paco de Lucía. Cante, Camarón. Y me gustan las mujeres.
Y con 15 años consigue el segundo gran triunfo de su todavía corta carrera, pues gana el primer premio en el Festival del Cante Jondo de Mairena de Alcor.

Es el empujón que necesitaba para dar el salto a la capital. Al poco tiempo, con el acompañamiento a la guitarra de Paco Cepero, con el que lo vimos en el primer capítulo en la grabación en casa del Camarón, con su madre, ya es un artista respetado en una de las cavas importantes del flamenco madrileño, el tablao de Torres Bermejas.

Allí, el año 69, haría amistad con Paco de Lucía al que conoció unos años antes, guitarrista flamenco e hijo del también guitarrista Antonio Sánchez, quien a la sazón se convertiría en el director de orquesta de aquel dúo genial cuyos caminos se habían cruzado.
Una década, contando el segundo encuentro, y un matrimonio musical difícil de repetir por sus calidad e intensidad. Y por su frescura, ya que venía a renovar el panorama un tanto encorsetado del flamenco más formalista.
   Guitarra, Paco de Lucía. Cante, Camarón. Samara.
Como ya veo que voy por la quinta canción y ni siquiera lo casé, cumpliré la  promesa de no alargarme y lo dejo por hoy. Escribiré un tercer capítulo del Camarón, al hilo de su biografía, pero a mi modo y con mis palabras, tal como hice en éste.

En el último tema toca la guitarra, además de Tomatito, Moraito Chico, que no se prodigó tanto acompañando al Camarón como otros guitarristas. Aún así hay algunas grabaciones memorables.
Una de ellas, que ya subí aquí, en la que el Camarón cantaba y tocaba la guitarra, estaba también con la flamenca un Raimundillo jovencísimo, puro manojito de nervios, que no se lo podía creer, no le cabía la alegría en el cuerpo, pero que tocaba ya como los ángeles.

Festival de Montreux. 91. Guitarras, Tomatito y Moraito Chico. Camarón.  Soy gitano.

Salud y buena música

Ramiro

martes, 26 de febrero de 2013

Ο Στέλιος Φουσταλιέρης, Stelios Fustalieris


Grecia,  verano 2012

Ο Στέλιος Φουσταλιέρης


Buen día. El cuarto disco de los Protomastores, Primeros Maestros de la música tradicional de Creta, lo componen doce canciones de Στέλιος Φουσταλιέρης, Stelios Fustaliéris, otro rezimniota. Un año más joven que el Baxe y Lagós y uno mayor que Rodinós, nació en 1911.

Es considerado el intérprete de Boulgarí, Μπουλγαρί, más importante de la historia musical cretense y griega. Porque fue en Creta donde el sonido de este curioso instrumento alcanzó su excelencia, y donde aprendió a tocarlo Stelios.

Στέλιος Φουσταλιέρης, Τραγ. Αφοί Παπαδάκη.  Σελιηνιώτικος συρτός. 

http://www.youtube.com/watch?v=U0KU2ppovMQ

Este tema tradicional, παραδοσιακό, paradosiakó, es el primer registro de Fustalieris, de 1937, el último año de su estancia en el Pireo, donde se había instalado cuatro años antes, como tantos otros músicos de su época, de siempre, habría que decir.

Hablé ya del bulgarí, tal vez incluso al referirme a la colaboración de Stelios con el Baxe, larga y fructífera, en el capítulo que dediqué a este último. 

El siguiente es otro tema tradicional muy conocido que he subido en la voz de otros cantantes, Manoliudis, Psarandonis, o el que me envió Martha, de este último con Pasjalidis, que puse el 6 de enero. Lo grabó Stelios en 1938.

Φουσταλιέρης Στέλιος. I. Μπερνιδάκης (Μπαξεβάνη) .  Όσο βαρούν τα σίδερα.

http://www.youtube.com/watch?v=1iMQq1DIwmY

El μπουλγαρί es un instrumento musical con una pequeña caja de madera curva y oblonga, un largo y fino mástil y tres cuerdas dobles. Pertenece a la estirpe de las tamburas, presentes en todo Asia Menor y por extensión en el Mediterráneo oriental.

En Creta arraigó al contacto con otros sonidos isleños, desde la ocupación de la isla por los turcos, hasta las sucesivas oleadas de refugiados en la historia contemporánea. Aunque no sería hasta la segunda mitad del siglo XIX cuando se impuso como instrumento fundamental de la música tradicional, junto a la mandolina y la lira.
Su cenit se sitúa en los años 20. Después de la 2ª Guarra Mundial, poco a poco, se vería relegado a su vez por el laúd, o el bouzuki, una especie de bulgari modernizado. 

El mismo Fustalieris contaba en una entrevista cómo, cuando él era un niño, no había taberna en Rézimno que no tuviera su trío, con un bulgarí siempre presente.
Se ha seguido usando y creo que los músicos jóvenes tienen interés en recuperar esos viejos sonidos, lo que es una buena noticia, porque parece que ciertos tonos graves son irreproducibles por otros instrumentos similares.

Στέλιος Φουσταλιέρης -  Το μερακλίδικο πουλί.


Es interesante incidir en ese caldo de cultivo humano y musical que representó la Atenas y el Pireo de entreguerras.
Fueron unos años en los que coincidieron en aquellos barrios y aquellas tabernas, músicos y sonidos de todas las procedencias, desde Armenia y el Caúcaso hasta las islas más apartadas de Grecia, pasando por Asia Menor. 
Con las oleadas de refugiados de los años veinte, confluyeron allí rebetes, músicos tradicionales isleños, pontios, sonidos orientales de la meseta de Anatolia, canciones del norte de los Balcanes o aromas arbaníticos.

Los cretenses ya habían tenido por su parte un contacto estrecho con los desplazados de Asia Menor y sus ritmos,  la smirniótika y otros, tras la descomposición del imperio otomano y el nacimiento del nuevo estado turco.
La fusión que se produjo en la isla entre los sonidos que llagaban del este con la música tradicional autóctona, dio lugar a un género que no es fácil distinguir de otras formas del rebétiko, llamado tambajaniótika (tzabaniótika?), ya mencionado otras veces, y que traduje por Músicas del tabaco, entendiendo que más que al tabaco se refiere al opio y al haschís. Es decir, los mismos temas del rebético. También las penas, el dolor y el desamor.

El género prosperó en la isla, pero también en otras ciudades como Patras, quizá importado por emigrantes cretenses o a la inversa, llevado por los del Jónico a Creta. No obstante, en el Pireo de los años 30 se grabaron temas y se hicieron muchas jam sessions en las que participaban por igual rebetes, ya vimos el caso de Tountas , y músicos cretenses de la tsambajaniótika y de la tradicional, como es el caso de su colega Baxevanis o el suyo propio.

Στέλιος Φουσταλιέρης.  Στιχ.Τραγ. Γ. Τζιμάκης.  Σαν δεις αγάπης δάκρυα.


Pero además frecuentó en la taberna de Batis a todas las glorias del rebético, de Vambakaris a Tsitsanis, pasando por Papaioannou o Bagianteras. O haciendo pareja con Payiumtzis. El rebétiko comparte con la tambajaniótika el verso político, πολιτικὸς στίχος, el popular decapentasílabo de la literatura griega moderna.
Regresó a Creta el 37 y residió allí hasta el final del su vida, el año 92.

Colaboró también con los grandes músicos cretenses del momento, empezando por su tío, el famoso liraki Andonis Kareclas, que fue quien lo introdujo en la música y a quien acompañó por bodas y panayías de toda Creta, siendo Stelios todavía un adolescente.
Tocó con Kostas Papadakis, uno de los pioneros de la tambajaniótika junto a otros músicos de Janiá, con Perpiniadis...

Pero su pareja musical cretense más duradera fue El Baxe con quien, sin embargo, grabó pocos discos. Tres de esas canciones que registraron juntos, Τα βάσανά μου χαίρομαιΠονεμένη καρδιά Όσο σιμώνει ο καιρός, ya las puse en la entrada que dediqué a Baxevanis en esta etiqueta. Son de las más conocidas, pero como tengo demasiadas no las repetiré.

Στέλιος Φουσταλιέρης.   Χανιώτικος Σταφιδιανός


Aunque Fustaliéris era un virtuoso del bulgarí, siempre se consideró un aficionado que, como sabréis, en Grecia es una categoría que añade, y no quita, mérito a quien la lleva.
Porque su auténtica profesión, con la que se ganó la vida, era la de relojero. ¡Que tocara el bulgarí y fuera relojero no deja de tener su gracia!, lo digo por esa firma de lujo, claro.

Dicen sus biógrafos que compró su instrumento con el primer sueldo que cobró de relojero a los trece años, poco ganaba el hombre. Y eso que se lo dejaron barato, porque alguien lo había abandonado sobre la mesa de una taberna y no lo reclamó.
Del segundo bulgarí, que creo que adquirió de tercera mano en 1930, ya no se separaría hasta su muerte. Sesenta y dos años tocándolo. Éso es amor.
Στέλιος Φουσταλιεράκης, Α. Παπαδάκης.   Σταφιδιανός.

http://www.youtube.com/watch?v=5TLJkYIi1uY (más vieja?...

Los años 40 de la Segunda G. M., de la ocupación alemana de la isla y de la posguerra, fueron de poca actividad en cuanto a registros sonoros. No obstante, en ese tiempo grabó algunas de sus canciones más conocidas, como las mencionadas Όσο σιμώνει ο καιρός, Πονεμένη καρδιά, Σαν δεις αγάπης δάκρυα, puesta arriba, o Συρτός πρώτος ..., la mayoría en compañía de Baxevanis.

Tampoco abandonó todos esos años su oficio de relojero, que al parecer le procuraba tantas alegrías como la música y un medio seguro de vida.

Me faltaban las kontyliés para rematar yo esta entrada y tardé en encontrarlas, pero ahí van, unas de Milopótamos. Ya sabéis que cada región, cada pueblo tiene su propia versión de los ritmos isleños, mantinadas, syrtos, ritzitika...

Στέλιος Φουσταλιέρης. Μπαξεβάνης.   Κοντυλιές μυλοποταμίτικες

Grecia,  agosto 2012

Ya de 1947 son esas kontyliés de arriba y la penúltima canción de hoy, el Syrto de la noche, las dos también con el Baxe.

En la red se pueden encontrar muchos más temas, he tenido que dejar varios en reserva porque ya me pasaba, ya me pasé: son nueve canciones. Yo, hasta hace un par de años sólo conocía esa docena que dije de los Protomastores y llevaba 25 años viajando a Grecia..., la disponibilidad gratuita de tanto material es un lujo impensable, ¡toy vieyín!.

Φουσταλιέρης, Μπαξεβάνης (Ιωάν. Μπερνιδάκης).  Συρτός της νύχτας.  

http://www.youtube.com/watch?v=qKQeW4Adukk

Tiene una treintena de registros personales oficiales en disco, más algunas grabaciones en las que no figura su nombre o existen dudas, colaboraciones, festivales, programas radiofónicos, etc.

Medio en broma, medio en serio vamos rellenando estos capítulos de Música cretense, que no pensaba que pudieran dar tanto de si. Hasta el próximo. Os dejo con una canción de 1950, la última que grabó.

Σ. Φουσταλιέρης. Γ. Τζιμάκης,  'Εξω τ' αχείλι μου γελά. 

http://www.youtube.com/watch?v=HRzuduPHsvI

Υγεία και καλά τραγούδια. Salud y buenas canciones.

Barbarómiros

lunes, 25 de febrero de 2013

Amadeo, Basilisa, Calixto


Grecia,  agosto 2012

Metaliteratura


Los tres relatos de las golondrinas de los días precedentes eran un experimento y un juego. No estoy demasiado contento con los resultados, pero lo intenté.

Se trataba de enlazar una historia en tres capítulos y que se pudiera leer encabezada por el primero o por el tercero indistintamente, sin perder cierto morbo. Puesto que el orden de publicación es el inverso al que encontraremos después, cuando abramos la página del blog, de ese modo se empezaría a leer primero el último que se publicó, encabezando el cuento ese capítulo.

Pero para mantener cierto suspense, además de retrasar el desenlace o alguna clave, sin descubrir toda la historia ya en la primera entrega, que en este nuevo orden sería la última y por tanto la destinada a contener la resolución del enigma, en caso de que hubiera tal, para no perder suspense, digo, necesitaba un grado de indefinición argumental que no estoy seguro de haber conseguido, además de que eso le resta verosimilitud y potencia al cuento, actúa en contra de lo puramente narrativo. Pero ése era el reto.

Para ello eché mano de un relato más bien abstracto, que no proporcionara demasiadas claves y en el que los papeles de los personajes fueran casi intercambiables, sin perder ellos del todo su identidad. Que apenas hay identidad, aunque sepamos el nombre y el sexo, o algún detalle expresivo.
No es la técnica del punto de vista, de Durrell por ejemplo, tanto como los personajes sin rostro y sin nombre de Beckett. De hecho empecé llamádoles  A, B y C.

Sólo quería tratar esto para explicar, a los que no tenéis el hábito de la escritura, los berenjenales en que nos podemos meter con la historia más chorra y sin sustancia, a poco que uno se proponga complicar las cosas, ¡y total, para que los resultados se queden en tentativa!, en fin...

J. S. Bach. Glenn Gould, piano.  Invención  Nº 13.


El recurso, con distintas variantes, no es nuevo. Yo recuerdo ciertos cuadernillos poéticos, incluso en prosa, con las hojas sueltas y sin numerar, y que se podían barajar para conseguir así lecturas y enlaces insospechados del sentido o del absurdo, dependiendo del azar y de la capacidad de sorpresa del lector.
Cortázar lo ensayó en  Rayuela y en su secuela o vástago, 62 modelo para armar, con los brillantes resultados conocidos.

En este caso, hay un intento de no salirse de un relato realista que no propone más lecturas que las presentes, sin asombros, pero en la frontera del suspense y lo indescifrable, como si el trágico secreto que tal vez se esconda detrás de la indefinición, no fuera en definitiva más que eso, suspense, humo, nada. O lo peor imaginable. Había que taparle la boca, etc. Ése es el motivo de no dar un re-mate claro a la historia.

Por otra parte, el título Golondrinas lo encabeza un numeral que tampoco se corresponde con los capítulos de la historia. Al igual que ésta, están invertidos y siguen el orden de arriba abajo que la página establece una vez publicados: 1. A (madeo). 2. B (asilisa). 3. C (alixto).
Del mismo modo, los tres capítulos llevan al final el  continuará..., porque la lectura doble que se propone -comenzar por el 1 ó por el 3- así lo exige. Εse continuará..., convertiría el texto de hecho en una lectura circular.

El cap.1. (A)madeo, que en realidad fue el último en publicarse aunque ahora en la página lo tengamos arriba, pues, comienza con la frase   Al fin;  El 2. (B)asilisa, empieza con   En mitad del camino, que como ya adivinaríais encabeza el Purgatorio del Dante, en el centro de La Divina Comedia;  El 3. (C)alixto, el último (o primero), por  Al principio.

Todo esto en esquema sobre el papel, otra cosa es conseguir el efecto deseado.

Y el nombre de los protagonistas. Se corresponde con el de tres personas, casi personajes, de mi infancia en el pueblo. A Basilisa, que en griego significa reina como también sabréis, la escogí sobre todo por la B inicial. El lugar lo deberían ocupar antes otros dos personajes femeninos más prototípicos, pero no coinciden las letras iniciales. No puedo evitar sin embargo apuntar los nombres, los apodos en realidad, de esas mujeres: La tí Musagra y la Tranca.

En un par de días cambiaré la ubicación de este texto poniéndolo debajo de Calixto, para que al leer de arriba abajo, esta explicación no estropee la poca intriga que pueda haber en el ¿cuento?

Por último, insistir en que se trataba ante todo de un juego sin mayores pretensiones, quizá os hubieran prestado más unos cuentines al uso, y puede que a mí también.

No sé si me expliqué; sigo intentándolo.

J. S. Bach. Glenn Gould, piano.  Invención  Nº 1, 2 y 3.

http://www.youtube.com/watch?v=PK6ZmUUWKzE


Salud

Ramiro

domingo, 24 de febrero de 2013

Golondrinas -3


Grecia,  verano 2012

1

  Amadeo

Al fin no fue necesario el concurso de más personas, decidieron que tres éramos suficientes. Pero cada uno tiró por su lado, Basilisa se fue hacia el sur, Calixto al este y yo al oeste. Me gustan los ocasos, la noche y las sorpresas de primera y última hora.
Casi todo lo fié a los días finales cuando, más o menos, teníamos previsto compartir las novedades que por separado hubiéramos encontrado. Y mientras tanto, a vivir.

A mí no me preocupaba mayormente qué dirección seguir dentro de mi terreno, nos dejaron claro que lo hiciéramos sin agobios, sin competir. Bastaba, pues, con ir tomando notas mentales aquí y allá, tener el ojo atento para lo extraordinario y cierto don de la oportunidad, llámale suerte si quieres. Lo demás llegaría por sí solo. Incluidas las puestas de sol. Maravillosas.

¡Enfoque, enfoque!, no somos fotógrafos aunque trabajemos con imágenes, y un buen desenfoque puede ser tanto y más expresivo. No se puede atar la creatividad como si fuera un mazo de ajetes tiernos. Y lo que está claro es que Calixto es un calzonazos, va con los de la feria y vuelve con los del mercao. Vale que Basilisa se pusiera pesada con la síntesis ecuménica de marras, pero darle también la razón con su tabarra sobre la forma de obtener los datos, ya es pasarse. Se empieza discrepando y se acaba mandando. Menos mal que finalmente el listo recapacitó e hicimos lo que teníamos que hacer. No nos dejó otra salida y había que taparle la boca de alguna manera. Nos curamos en salud. Todo sea por un final feliz.

No vale la pena darle más cancha al tema, las cosas son como son y no tienen vuelta atrás.

(continuará...) 

Ramiro Rodríguez Prada


J. S. Bach. Glenn Gould, piano.   Invención  Nº 15.

sábado, 23 de febrero de 2013

Golondrinas -2


Grecia,  agosto 2012

2

Basilisa


En mitad del camino de la vida, siempre me gustó ese comienzo, en una encrucijada, me salió al paso esta oportunidad y pensé que no podía dejarla escapar. Conmigo escogieron también a dos hombres, Amadeo y Calixto. Como no nos pusimos de acuerdo ni en la dirección a seguir, ni en los auténticos objetivos, yo me vine al sur porque adoro el sol.
Era una labor para enfrentar en equipo, desde luego, porque el plan requiere una mirada conjunta, pues se trata de un campo muy amplio, donde la perspectiva de un observador individual será siempre parcial, sin abarcar más allá de una porción limitada de ese espacio de estudio. Me fui sola e inquieta, pero feliz al fin y al cabo.

Prefiero el calor, sin embargo abrí un paréntesis entre los días que dediqué al proyecto, para desplazarme al norte, más que nada por contrastar un poco lo que hasta el momento era mi visión del asunto. No es que sacara muchas conclusiones, pero aprendí una lección tan sencilla que me dejó asombrada: no hay sur sin norte, y viceversa. Lo cual para mí significaba que nuestro trabajo haría aguas si no nos centrábamos o no lográbamos acotar, con cierto equilibrio en sus partes, el territorio que se nos proponía. Poner el foco en el problema. El hecho de que hubieran querido quitarnos presión no descartaba cierto rigor en los procedimientos, a mi modo de ver. Lo que no significa que no disfrutara del sol, pero me apeteció probar también la sombra y comparar.

Pero tampoco en eso estábamos del todo de acuerdo, como se pudo comprobar cuando finalmente nos reunimos la última semana. De hecho estábamos tan en desacuerdo que enseguida comprendimos que nunca llegaríamos a entendernos. En un primer momento Calixto parecía querer razonar, adoptando una postura intermedia, incluso acercándose a mi punto de vista, pero acabó cediendo a la pasión de Amadeo, más que a sus razonamientos. Como tampoco tenía interés en competir con ellos, ni se nos pedía tal cosa, no puse mucho énfasis en defender mis tesis, pero en ningún momento transigí con los pobres y escasos argumentos que se me presentaron.

¿Porqué llegamos a donde llegamos? Éso es algo que yo ya no puedo explicar. No hubiera querido ser el centro de una disputa con tan dramáticos resultados.

(continuará...)

Ramiro Rodríguez Prada


J. S. Bach.  Glenn Gould, piano.   Invención  Nº 9.

viernes, 22 de febrero de 2013

Golondrinas


Grecia,  verano 2012


3

Calixto


Al principio casi no me lo podía creer, ¡yo uno de los seleccionados para un trabajo tan interesante! Conocí a mis dos compañeros, Basilisa y Amadeo, ambos con criterio y mucha personalidad, sin embargo, o tal vez por eso mismo, no llegamos a nada concreto. Soy un enamorado de los amaneceres, así que me dirigí al levante.
Fui consciente de que separados no íbamos a conseguir la excelencia, pero como disponíamos de un tiempo para poner en común los hallazgos de cada uno, antes de entregar el resultado de nuestras investigaciones, no quise preocuparme en demasía y decidí tomarme las cosas con calma.

Por lo común soy una persona exigente conmigo mismo en el trabajo. Me gusta tenerlo todo controlado, si es posible incluso, bien atado, pero éste no era uno de esos encargos en que debiéramos echar el resto. Es cierto que había sido muy reñida la fase previa, pero enseguida nos dejaron claro que para realizar nuestro cometido no se necesitaba tanto músculo como imaginación, y tampoco buscaban una competición entre nosotros. Era importante que nos sintiéramos agusto para que el pastel resultara lo más sugestivo posible, sin la presión del deber estricto o los gramos exactos de azúcar en la masa. Creo que nos dieron razones bastantes para que obráramos con entera libertad. En el tiempo que duró aquella bicoca no dejé un solo día de contemplar el alba a la orilla del mar, algunas desde dentro del agua. Después de todo llevaba en el recuerdo un montón de bellas imágenes de las que hablar.

Creo que Basilisa se complicó demasiado la vida y eso hizo que Amadeo perdiera la paciencia. Ella traía mucha información y él lo había dejado todo en manos de la improvisación. Por mi parte, amén de mis inolvidables auroras, venía algo documentado y con un acopio de anécdotas suficiente para no quedarme en blanco cuando llegara la hora.

Pero no debí dejarme llevar por la ira y menos secundar a ese loco.

(continuará...)

Ramiro Rodríguez Prada


J. S. Bach. Glenn Gould, piano.  Invención  Nº 14.

jueves, 21 de febrero de 2013

El geniecillo de Albons


El leñero de Albons
Girona, julio 2012

El geniecillo de Albons


Buscamos la pelota entre las plantas y flores del pequeño jardín de casa. Por las tardes jugábamos con las palas y lo dejábamos todo sobre una mesa en el porche. Mirábamos entre las hojas rastreras de una vincapervinca, por si hubiese rodado hasta allí, cuando vimos al gato atravesar el patio maullando y con el rabo levantado. A todos se nos encendió la misma luz: había sido él.

¿Cómo hacerle comprender al maldito minino que en casa no había más pelotas y que nos tenía que devolver aquella?
Cada cual utilizó sus trucos, pero el gato nos miraba con cara de no haber comido una raspa. Abría la boca como si dijera, ¡Dejaos de pamplinas y dádme lechina, que yo me llamo Andana!

Sabíamos que el Andana le tenía la guerra declarada al juego de las palas y muy en concreto a la dichosa pelotita. Cuando jugábamos, él se iba al rincón más apartado del jardín, porque era raro que en algún momento la pelota no lo alcanzara cuando más agusto estaba tumbado, y como era un gato asustadizo y un poco memo, escapaba corrido como si le hubiera caído encima un obús.
Más de una vez intentó morderla, pero no le entraba en la boca. ¿Lo había logrado por fin y se había deshecho de ella después? Nos parecía demasiada inteligencia para aquel gato, pero como no encontramos una explicación mejor la dimos por buena. Y lo cierto es que la pelotina no apareció.

Es posible que ya hubieran distraido más cosas, porque después echamos en falta algunas, pero no empezamos a mosquearnos de verdad hasta una mañana en el desayuno cuando vimos que apenas quedaban galletas en la caja. Yo la había llenado el día anterior y lo hacía cada dos o tres. Nadie se declaró responsable de aquella falta. Carecía de importancia, sólo que era extraño, ¿teníamos acaso algún sonámbulo en casa?.

Y entonces empezaron a desaparecer, un día sí y al otro también, una serie de objetos, la mayoría banales: un abrecartas y un pisapapeles del despacho, una mano haciendo la puñeta donde mi mujer colgaba algunas baratijas, un minutero en forma de cerdito de la cocina, un sombrero o una pandereta de la percha del pasillo.
Pero junto a esas tonterías, una mañana faltaron las llaves del coche y poco después las de casa de mi hija mayor. Había llaves de repuesto para el vehículo y para la vivienda, pero lógicamente aquí la preocupación subió ya muchos grados.

Sin haber descartado del todo la idea de que alguien estaba sufriendo un episodio de sonambulismo, puesto que no encontraba otra explicación racional, me aposté una noche en la tumbona del salón con una manta sobre las rodillas. Desde allí tenía una visión muy completa de varios tramos y huecos de la casa, la entrada al despacho y a la cocina, un trozo del pasillo con la puerta de un servicio, y el arranque y primer tramo de la escalera al piso superior, donde estaban los dormitorios.

La noche se me hizo larguísima. A la mañana siguiente no tenía que ir a trabajar y pensé que me daría tiempo de sobra para recuperar en dos días el sueño perdido. Tal vez por pensar en dormir fue por lo que me quedé traspuesto a última hora, antes del amanecer.
Y debieron ser apenas unos segundos, porque desperté con esa sensación tan característica de sobresalto, que avisa de que no te puedes dormir. Pero al mismo tiempo creí oír un ruido en la cocina. Era la puerta más alejada del lugar desde donde yo vigilaba y estaba en la penumbra, pero me pareció que una pequeña sombra pegada a la pared, más densa, se había deslizado hacia el pasillo. Me levanté con cautela pensando en el gato, pues la sombra no tendría mucho mayor volumen.

Al salir vi que la puerta de casa, abierta unos veinte centímetros, dejaba entrar la luz de la luna al pasillo. En ese momento la sombra, que yo había perdido, amparada quizá en la oscuridad de aquel tramo, atravesó el rayo de luna y salió al patio.
Fue tal su velocidad que apenas pude retener detalles de lo que vi, y me parecía tan extraordinario que eché a correr detrás. Sólo me dio tiempo a ver cómo algo parecido a los rabos de una levita desaparecía entre la madera apilada en el leñero, en un extremo del porche.

Entré a por una linterna y me puse a buscar al intruso. ¡Nada de nada! ¿Qué había visto en realidad? ¿Era un niño con cara de viejales burlón y traje de urraca? No lo sé.
Volví pensando que mañana por la mañana tenía que inspeccionar con detenimiento el leñero, sacando los troncos si era preciso. Empezaba a clarear, tenía que acostarme.
A la puerta de casa estaba plantado el Andana con el banderín del rabo tieso, dándome la bienvenida como si yo viniera de las Cruzadas. Cerré la puerta con llave y me fui a la cama preguntándome por qué razón aquel gato pánfilo no se acercaba nunca al leñero, del que de hecho huía como de la pelota. Cosas...

En el desayuno, contando esto a mi mujer y a mis hijas, no me creyeron. Sin embargo lo contaba relativizando lo que había vivido, estaba oscuro, yo medio dormido, la imaginación puede hacer estragos, etc.
Cuando bajé al porche, vi sobre la mesa todos los objetos desaparecidos, incluida la pelotina, y algunos otros que no habíamos echado en falta. Creo que sólo faltaban las galletas. Entré corriendo en casa para que vieran las pruebas del delito y comprendieran que había algo muy extraño en todo aquello que no podía ser obra de un animal.

Naturalmente todo lo cargaron a mi cuenta, ¡Papá, a otro perro con ese hueso, todos sabemos que fuiste tú!

Pasé el resto de la mañana y parte de la tarde vaciando el leñero, observado con recochineo y distancia por mis tres mujeres. No encontré nada, pero estaba absolutamente hecho polvo. Al entrar en casa para la cena, allí estaba otra vez el gato en el dintel de la puerta con su rabo vertical, ¡yo creo que se reía el muy cobarde!...


Ramiro Rodríguez Prada 


Albert Pla.   Pesadilla.



Salut!