martes, 17 de enero de 2012

Ψαρά, Psará -2


Grecia, verano 2011

La isla es seca y agreste, donde los aromas embalsaman el aire, usando la expresión de Kazantzaki. Toda ella huele fuertemente a monte, a tomillo sobre manera, con variedades que permanecen floridas hasta pasado el verano conservando toda su potencia odorífica.

No tenía carreteras entonces, el año 93, sólo el camino de tierra que la atraviesa desde el pueblo y puerto, en un itsmo del extremo sur, hasta el Monasterio de Theotoku en la punta norte, el resto eran senderos que se adentraban en dos pequeños valles con parras de uvas rojas, en granjas con higueras y algún cítrico, productos hortícolas y aromáticas, como en los kipos, jardines de las casas en el pueblo, muchas con él al lado. Probablemente los únicos lugares cultivables de la isla, con algo de agua. El resto es matorral bajo y terreno rocoso y yermo.

Pero esos senderos permiten también recorrerla a pie o en burro en toda su circunferencia y admirar las vistas del Egeo más azul desde los farallones e impresionantes acantilados que la defienden. Senderos que también descienden a playas solitarias.

Hoy parece imposible que Psará contara con una de las flotas más importantes de Grecia en los primeros años de la independencia del país, en la década de 1820 al 30. Y que pudiera alimentar a varios miles de habitantes (tengo entendido que cerca de veintemil).
Había astilleros y marinos y fue de las primeras islas cercanas a Turquía que se sumó con todos sus efectivos a la sublevación, hecho que pagaría caro muy pronto, con la muerte o esclavización de sus habitantes y la completa destrucción de la isla en 1824. Pocos lograron escapar.
No volvería a resurgir nunca. Y no pudo sumarse al naciente estado griego hasta un siglo después, con las refriegas de las guerras balcánicas en la década de 1910 al 20.

El palikari, el héroe local es Antonios Vrantzanos que dirigía la defensa de la fortaleza de Mavri Ragi, el Paliokastro actual, cuando la isla fue invadida por las tropas turcoegipcias de Ibrahim Pachá.
Pero el psariota más conocido en Grecia y en el resto del mundo fue Constantinos Kanaris, azote de los otomanos en la mar, que llegó a ser almirante, ministro de marina y primer ministro del nuevo estado.

Pasear por el pueblo al atardecer o por la noche era un lujo al alcance de cualquiera. Los olores parecen intensificarse y los jardines de las casas llenos de flores y plantas olorosas, albahaca, menta, los muros cubiertos de jazmín y madreselva, perfumaban las calles. La ausencia de vehículos a motor proporcionaban el complemento ideal de tranquilidad y recogimiento que preferíamos en nuestras vacaciones, un pequeño oasis de paz, un paraíso pequeñín a la medida humana.

La última noche en el baile de la boda hubo música en directo y el pueblo se reunió en la taberna. El grupo que durante aquellas jornadas nos pareció más hostil, bebiendo en el otro extremo de la barra donde estábamos con el cocinero grecobordelés y su mujer colombiana, acabó por aproximarse a nosotros, de la mano del psariota australiano que habíamos conocido viniendo en el barco y que no había cumplido la promesa de invitarnos a su mesa en la Panagía.
Se acercó a mí porque soy indudablemente más loco y borracho que la morena de mi copla y por ahí me dieron. Iba de una esquina a otra de la barra pues en las dos tenía un chupito de usso esperándome.

Ussos de Limnos y Halkidikí

El resultado fue la primera cogorza de usso en Grecia. Como la de anís y otros licores dulces es de las trancas más cabezonas que se pueden agarrar. Pero la paz quedó firmada, no hay temor de que si volvemos nos hundan el kaike.

A las cinco y pico de la madrugada, cuando se acabó la fiesta, nos fuimos a la cama. Salíamos a las 7 en un kaike más pequeño que el Psará, casi un transbordador a su lado, que va directo hasta Limniá, el puertín de Volissós, el pueblo donde se dice que nació Homero, en la costa oeste de Chíos.
Es una travesía que dura una hora u hora y media a motor. Tenía miedo al mareo y más estando como estaba todavía, pero el mar parecía un plato y me tranquilicé.
El kaike lo gobernaba un hombre mayor con gorra de Kapetanos ayudado por un marinero de su edad. Viajábamos dos soldados de un pequeño destacamento de la isla, la mi morena y yo.

A dos millas de la costa comenzó el baile. Una ligera marejada. Cuando las olas empezaron a barrer la cubierta el capitán nos metió con él en la cabina y los soldados se fueron a la bodega mientras el marinero tendía una vela trapezoidal y pasaba un cabo al capitán por un agujero en el mirador de la cabina.
Nunca he tenido miedo en estas situaciones porque siempre me pareció experta la gente de mar con la que me embarqué. Pero empecé a marearme.

El agua subía por la cubierta y pasaba por encima de la cabina, el kaike cabeceaba como un corcho empapado y borracho, mientras el Kapetanos sostenía el timón con la derecha y tiraba del cabo con la izquierda acordando un poco la vela y la proa a la dirección y la fuerza del viento y de las olas. Antes, con cara de llamarme malaka, gilipollas o pajillero, me había lanzado un caldero de goma, atado por el asa a un cordel, para que vomitara.
Y eso era lo que hacía yo y lo que hice el resto del trayecto. Tres horas de tremendo meneo y vómito contínuo, mi peor experiencia marinera. Sólo vomitaba usso. ¡Si me llega a pillar una de aquellas que según nos contaron después hacían que el kaike tardara 7 u 8 horas en atravesar el canal, las espicho!

A un par de millas de Limniá se calmó la mar, dejé de vomitar y salimos a cubierta, yo sudaba entonces el usso que todavía me quedaba en el cuerpo y fuera hacía frío. Empecé a notar un pinchazo a la altura del hígado que fue aumentando rápidamente.
Antes de atracar estaba ya totalmente doblado por el dolor, del tipo cólico biliar o nefrítico. Como era alto pensaba, "un neumotórax en la base del pulmón derecho, con lo lejos que estoy de Silicosis", que era el hospital donde trabajaba en España y una complicación típica de la enfermedad de los mineros que veíamos a diario allí. ¡Quién me iba a colocar el tubo con la pericia de los neumólogos de Oviedo!¡El tragicómico que llevo dentro, penoso!

Un coche nos subió hasta el ambulatorio de Volissós donde entré pidiendo ya una buscapina compositum por su nombre y apellido, explicando el mucho usso que había bebido la noche anterior en Psará.

La médica era una chica joven que sustituía por primera vez ese agosto al titular. La acompañaba una fornida enfermera con la que departimos bastante los tres días que nos quedamos en Volissós. La doctora me tumbó en una camilla y la ví acercarse con la aguja montada en la jeringuilla con la buscapina que pedía.
Tuvo que apuñalarme dos veces el culo, por describirlo gráficamente, para ponerme la intramuscular. A los griegos los pincharía la enfermera que era más veterana y sería experta en eso, a mí me concedieron equel dudoso honor.

Alquilamos una casa y dormí como un bendito hasta el mediodía. Me levanté nuevo.

Aquella estancia en Psará y la aventura final dió lugar a un cuento que escribí para mi sobrina Tania, de una serie titulada "27 amaneceres y un poema (Al oeste de Anatolia)", destinados a ser ilustrados por ella aunque finalmente no necesitó rematar el trabajo y sólo se ocupó de algunos. Se titulaba Pescador.
Os hablé de esa serie creo que en Gallinas siracusanas porque había pensado publicar ahí uno titulado Machito follador, sobre un gallo de corral. Si hiciera un tercer capítulo de Psará sería con Pescador. Pero más adelante.

Una canción muy conocida en Grecia de la que hay muchas versiones, incluso de coros populares, con el clarinete, clarino, como protagonista, más típico del Peloponeso y el Épiro, y esos coros que contestan a la cantante (¡y que veo que en esta versión faltan, ya es tarde!...), que nos recuerdan, como algunos de los palos del rebétiko, las melopeas arábigas o la herencia turca en este caso.
Melopeas entendidas en su doble sentido, ritmo mareante y enagenación mental transitoria producida aquí por el ouzo, en otros temas por el haschís u otras drogas.

Εγό κρασί δεν έπεινα, ουζο για να μεθύσω!, Yo no bebía vino, ¡usso para emborracharme!, de Eleni Tsaligopoulou.


Y este es un tema (o un grupo porque desconozco su nombre) llamado Ouso. Hacen una especie de yazzrock pero con la inclusión de instrumentación oriental, esa especie de teclado, pero con cuerda pulsada, parece un kanonaki o salterio, llama la atención. Supongo que son griegos porque el timbre y los ritmos lo son.

  

Salud, Υγεία!

Μπαρμπαρώμιρος.
Barbarómiros.

lunes, 16 de enero de 2012

Ψαρά, Psará


Grecia 2011

Ηe mencionado ya a Mitsos en varias ocasiones al hablar de la parea, los amigos de Ayi Apostoli de este año, que trabaja en la taberna de Spiros y es psariota. La primera persona con la que hablamos cuando llegamos hace dos años al puerto de Petriés con el taxista de Kimi.

Ψαράς, Psarás es pescador. La pequeña isla al oeste de Χίος, Chíos, vive de la pesca y un poco del turismo. En línea recta atraveasando el Egeo no está a muchas millas al este de Limani Petrión, el puertín de Ayi Apostoli en Eubea, donde el psariota curra ahora.
Mitsos nos contó, sorprendido de que conociéramos su isla, que o kirios Pappas, el hombre que nos alquiló diez días una casina en la única población de la isla, del mismo nombre, había muerto hacía unos años. Es lógico, ya era mayor cuando lo conocimos hace 20.

Nos decidimos por Psará porque las Inouses, al este de Chíos, frente a la capital, muy próximas en el canal que la separa de Asia Menor, islas de armadores, eran más caras, los emigrantes traían el suficiente dinero como para que sus habitantes no prestasen mucha atención a los turistas para completar sus ganancias.
Desde la oficina de turismo griego, la municipal, en el puerto de Chíos nos pusieron en contacto con la isla y alquilamos la casa sin verla por consejo de una funcionaria muy amable que nos atendió. Y acertó.

Pasamos la noche en la ruidosa y movida capital de la isla de Homero y al amanecer del día siguiente cogimos el Psará, un kaike que la une con la isla, en una ruta un poco larga por el este y el norte de Chíos para descender después por el oeste hasta Psará y Antipsará, la islina deshabitada que la acompaña a sotavento. Digo larga porque no hubo buena mar, atendieron a la llamada de socorro de un barco turco que nos obligó a un rodeo de tres horas y yo, para no faltar a la costumbre, me mareé horriblemente.

En el barco trabamos conversación con un emigrante australiano que volvía a la isla por el verano a pasar un par de semanas y celebrar la Panagía para la que faltaban apenas tres días. Nos invitó a comer con su familia el día de Nuestra Señora, el 15 de agosto, en las dependencias de un monasterio ortodoxo, Moni Kimisis tou Theotocu, situado en el extremo norte de Psará, donde nos reuniríamos el día señalado casi todos los habitantes de la isla, poco más de un centenar contando a la docena de turistas que la visitábamos.

Con ayuda del gobierno francés habían puesto en marcha un restaurante en las casetas externas del puerto, que fueron utilizadas hasta principios del XX para recluir en cuarentena a los marinos que regresaban, tratando de evitar el contagio de epidemias como la peste o el cólera, que diezmaban entonces muchas regiones de Europa.

El cocinero del restaurante, contratado por los franceses, era sin embargo psariota, había tenido su pequeña historia personal al enamorarse de una colombiana cuando trabajaba en un mercante y rechazar un matrimonio más o menos concertado que todavía se estilaba en algunas zonas más aisladas.
Regentaba un restaurante griego en Burdeos y lo cerró para embarcarse en esta aventura incierta en su isla.
No sabemos cómo les habrá ido a él, a su mujer y a las dos niñas que tenían. Buenas personas con las que intimamos aquellos días.

En la isla no había coches, sólo una escavadora  para las obras que estaban en marcha y un camión volquete para transportar la tierra. En la caja del camión fuimos el día de la Panagía los turistas y algún psariota que no había dormido la noche anterior en el templo o no pudo ir a lo largo de la mañana.

Comimos una caldo muy ligero de garbanzos (o eran fréjoles?) en una mesa grande donde nos sentaron, invitados por los cofrades. Finalmente no acompañamos a la familia grecoaustraliana, parecía que nuestra cercanía con el cocinero hubiera creado una serie de increíbles tensiones de amistad y parentesco que no llegamos a desentrañar del todo. En un lugar tan pequeño todos están unidos por algún tipo de lazo.
Esto daría para otras dos buenas entradas, aunque más que con la isla tendrían que ver con el comportamiento humano en general, al margen de las patrias.

Pero también tuvimos nuestra pequeña controversia por las susodichas.

Nosotros ya conocíamos Turquía y se nos hacía muy difícil aceptar los lugares comunes del nacionalismo para condenar al vecino. Hacía poco que los libros de texto en las escuelas griegas habían empezado a contar la historia sin apelar al perverso otomano.
Así que nos enzarzamos también en una discusión sobre la bondad y la maldad de los pueblos.
¡En Psará, una isla heróica en la historia griega! Allí Ibraim Pachá había masacrado o esclavizado a varios millares de griegos, hombres, mujeres y niños, que resistieron con bravura hasta el final. Su historia es un calco de la de Arkadi, en Creta, donde algunos miles de griegos se inmolaron antes de caer en manos de los turcos bajo la bandera de Libertad o Muerte, ΕΛΕΥΘΕΡΊΑ  Η ΘΆΝΑΤΟΣ,   como en  aquella hermosa novela de Kazantzakis, El capitán Mihalis.

¡No sé cómo no nos corrieron a gorrazos y nos echaron al Egeo! La verdad es que hubo ciertas tiranteces en algunas sisas hasta el fin de nuestra estancia, pero leves en definitiva.
El último día se ofició una boda y por la noche volvió a reunirse la totalidad de la isla en la taberna donde se celebró el baile posterior y donde se produjo la catarsis. Acabamos bebiendo todos como amigos.

Pero ya me voy muy lejos y he decidido contar el resto otro día. Quizá mañana.

Hablaré de ellas si puedo en algún momento: para escuchar tango al que son adictos como yo, pero del buen porteño rajao, no del italiano, la mejor es sin duda la gran Poli Panou, a la griega, que es también buena rebetissa.
Pero como no encuentro el tango que busco os pondré otra aunque sólo sea por llevar la contraria con el título, porque no se aprecia del todo el desgarro del fraseo de Poli y su deje final. Y no es un tango.

Dame un cigarro para fumar, Δωσ μου να καπνίσω ένα τσιγάρο.


Y de las más jóvenes que ella, pero no tanguista sino como intérprete de otros estilos más lánguidos y dulces, la que más me emociona es Melina Kaná, ¡auténtico veneno griego!.

De Ι Μελίνα Κανά, Φειρούζ, una canción de Θανάσης Παπακωνσταντίνου, Zanasis Papaconstantinu.


Parece que vuelven a funcionar bien tanto el volumen como la posibilidad de escribir en griego. Esto me anima pese a que el frío continúe. Por si os apetece escuchar la versión del propio autor en directo, ahi está.





Salud, Υγεία.


Barbarómiros.

domingo, 15 de enero de 2012

Culones


Cular berciano, botillo 2012.

Se me están complicando las cosas no sé cómo, hoy he pasado un cuarto de hora sin conseguir alinear el texto por la izquierda, ¡pero si llevo haciéndolo seis meses!. Y me sigue sin permitir escribir en griego. Ahora que empezaba a ser más habitual y memorizaba ya algunas teclas. Me desespero, a lo poco que sé se une mi rechazo a las máquinas.

Al mondongo. En realidad culones y culonas son las vacas y los toros de unas razas concretas, cuyos terneros se crían para el engorde y caracterizados por unos cuartos traseros importantes. 

Hablábamos ayer de varios culares, griegos, moscovitas, cordobeses y americanos. Todos tienen el culo más pelao que un mandril de tanto arrastrarlo por las miserias de este mundo, en esto se parecen al fondo del ciego al que corresponde la imagen de este botillo berciano. Se parecen tanto que es fácil dejarse convencer y engañarse.

Decíamos precisamente en Botillos, un texto dedicado aquí a este embutido, que no solían presentarse problemas a la hora de reconocer la cara y el culo de un botillo, pero no podíamos afirmar lo mismo de los millonarios. Prometíamos estudiarlo.

Hoy ya estamos en condiciones de ofrecer una respuesta. ¿Qué diríais vosotros de la imagen, queridas criaturos, se trata de la cara o del culo de un botillo?

Unos optarán por una respuesta y otros por otra, pero todos habéis fallado porque no es ni la cara ni el culo de un botillo sino el rostro de un banquero. ¡Y eso que la imagen ha sido algo retocada para humanizarla un poco pues el original presentaba una cazcarria merdera, en realidad un moco seco a la altura de la nariz, que hubiera dado la falsa pista de que se trataba indiscutiblemente de un cular porcino!. Y no era mi intención engañaros.

El truco para hallar
la cara o el culo
de un millonario
o distinguir a éste
de un botillo
es muy sencillo

Lo difícil es aproximarse a ellos y realizar la prueba en vivo. Pero se puede reconstruir virtualmente como si fuera un banco (qué coincidencia) de pruebas.

Acercáis al sujeto investigado un espejo con una raya de cocaína y un billete de cinco o diez euros, si es de 200 ó 500 la reacción será más aguda, pero de ésos no tenemos.
Si no pasa nada es un botillo. Si sopla la cocaína y aspira el billete es el culo de un rico, si absorbe como una morsa ambas cosas es la cara.
¿Y porqué, preguntaréis con toda razón, el culo sopla la cocaína? ¿Quizás no la ve? Craso error pues el culo de un poderoso es su tercer ojo. Es que está demostrado que no hay banquero que no sea al mismo tiempo flatulento o pedorro, la emoción los pierde y sueltan viento, de los nervios, lo único que sueltan, milagro que no lo envasen también como ya hacen con sus excrementos. 

Pero no lo dejaremos aquí, seguiremos con pruebas de laboratorio porque el asunto se las trae, imaginad, por ejemplo, que estemos siendo dirigidos o gobernados por un grupo de botillos en lugar de una pandilla s.a de mafiosos como es el caso, ¡qué horror!.

Los Enemigos, un poco pasaos aquí de gogós, nos gritan una surrealista de las suyas,

No amanece en Bouzas

Se volviera tu culo
se volviera fiera
se volviera peludo
y luego me engullera

No recuerdo por dónde iba pero no ando del todo perdío.

Hasta mañana, inocentes salchichillas.

Don Sal Cciccione

sábado, 14 de enero de 2012

Árboles (cristianos)


Sauce y chopera, diciembre 2011

Estaba preparando las fotos de hoy algo mosqueado por ciertos problemas con el ordenador que no sé resolver, cercado por el frío de estos días y por el torno amenazante del dentista, con el hombro chungo ocupando media espalda, triste y sola como Fonseca, cuando me vino a ver en un volido astral el mi Dimitraki, el monje eskatalítiko de Athos.
Me trajo miel de Karoúlia y vino del León de Nemea, tinto como la sangre del que mató Heracles.

Había pasado también por Thesalónika estas Navidades para ver a su familia y recuperar fuerzas. Le pasa como a mí que engordé seis kilos en un mes, él subió tres en 15 días.

Hablamos un poco del archimandrita Efraim, superior del monasterio de Vatopedi en Athos, al que pillaron recientemente, conchavado con la mafia rusa, en un renuncio de fuga de capitales, paraísos fiscales, ni divinos ni dantescos, empresas tapadera en Chipre y demás chanchullos de los listos de siempre. Lo han puesto bajo arresto domiciliario preventivamente ante el tamaño de la estafa y del escándalo.
Ya en 2005 saltaron las alarmas por casos relacionados con el sexo, la simonía, la prevaricación, la compra de jueces y la connivencia con el poder político.
En 2008 y 2009 volvieron a denunciarse fraudes, ventas, trapicheos e intercambios fraudulentos con propiedades estatales, etc.

Dimitris estaba desolado. El amigo Efraim había paseado reliquias por Rusia, que tiene varios monasterios en el Santo Monte, para apoyar con toda la pompa de la liturgia ortodoxa a la moderna nomenclatura putinesca.
Ahora el metropolitano de Atenas, Ioannidis, el Santo Patriarca Kiril, Cirilo, primado de la iglesia ortodoxa rusa, piden al gobierno heleno la libertad del arrestado, otro Santo Varón como sin duda lo serán ellos mismos, según aseguran sus seguidores.

¡Si hasta el ministro de exteriores y el mismo zar de las Rusias han escrito pidiendo la libertad del evasor!, clamaba el inocente monje alzando los brazos al cielo. ¡Qué bochorno!

Todo esto en un momento en que la iglesia ortodoxa estaba jugando otra vez la baza del nacionalismo ante los graves problemas de Grecia (o de Rusia).

Por cierto, aprovechando que el Volga pasa Córdoba, piel de toro, le pediría a su Santo Obispo que se encierre en la sacristía y atienda al fornicio de casa, que mire la viga frente a su Santísimo Rostro, que le corte los mismísimos a los pederastas de su propia secta, muchos ocultos todavía, que deje de acusar a la escuela pública de fomentar la fornicación, que no se masturbe o perderá la poca vista que le queda, y que saque la palmatoria sólo para mear porque, como soltero, no tiene derecho ni a que se le empine en sueños, a padecer espermatorrea diurna o poluciones nocturnas, so pena de pecado mortal en clérigo.

¡Hace falta poca vergüenza para salir por peteneras cordobesas a estas alturas! ¡Esto sí que es dar el cante grande! Con lo guapos que son Córdoba y el flamenco, ¡y no quiero hacer apología del fornicio para no cargar más las tintas!...
Que mire a ver si los dineros del Vaticano no se están invirtiendo otra vez en pornografía y prostitución como en tiempos aún  recientes de la Banca Ambrosiana. ¡Hay que jodese!

Le hice una comida al Inmortal Dimitrios que sé que le gusta y que devoró, con la mirada perdida, pensando quizá en las privaciones a las que deberá someter todavía su enjuto cuerpo allá en Áyios Óros, o tal vez en tanto Santo Padre fuera de bolos que firmaría sin pestañear el retorno del Santo Oficio y las hogueras.
Eje del Bien y tortura legal ya las tenemos en el nivel político, ¿porqué no si son los mismos lobos con distintas carlancas?.

Y como llegó se fue. Me dejó un sabor agridulce que no logró disipar del todo el amargor del día.

El Güelmo 2011

Por la tarde, cuando me disponía a redactar el texto previsto, colocadas ya las fotografías y decidido el título y la etiqueta donde iría, entró por la ventana del patio de luces el Ampelis Europeo, Bombycilla garrulus, la curruca Karouliensis, vecina del monje durante unos meses más benignos que los actuales, de hecho volaba ya muy retrasada en dirección a sus cuarteles africanos de invierno.

Nos metimos unos lingotazos del coñac que me dejó don Ramón la noche de Reyes y alzó otra vez el vuelo más caliente y reconfortado.

Entre los dos tesalonicenses, y el brandy final, conseguí remontar el vuelo también yo, aunque me quedé sin título, sin etiqueta y sin texto.
He decidido, pese a todo, conservar los dos primeros con sus fotos, añadiendo el cristianos al título y redactar esto a última hora.

Puesto que lo más serio que mencioné hoy es la tortura, ahí os dejo un tema de Active Member, con la voz de Flaco entre otros, en griego, inglés, italiano, castellano... .

Pame, Vamos  (Guantánamo).


Se cumplen además diez años de la apertura de esta prisión vergonzosa, al margen del derecho, de la ley internacional.

Salud.

Skylorómiros
Rómiros el Perro.

viernes, 13 de enero de 2012

Pollos tomateros


La juventud al pairo

Antes, mucho antes de que echen espolones los pollos deben ser sacrificados en aras del consumo. Están aún tiernos y les entra mejor el cuchillo, se les despluma con más facilidad porque todavía conservan parte del plumón, la carne apenas tiene fibra y se deshace en la boca.
Un tomatero es un aperitivo, un pollo de ración corta para cualquier tragaldabas que los compra en el mercado por cuatro perras. Están ahí, bien educados y gordines, alineados, informatizados y hablando inglés de corrido, aunque ahora, en este estado, no rechisten.

La mayoría está bien preparada para hacerse gallo, alguno con dos carreras y un master o más. Y los que no estudiaron están tan capacitados y son tan trabajadores como los pollos de cualquier generación.

Una vez que han cumplido la edad engordando en los gallineros, antes de que despunte el pavo  y desarrollen la cresta, no van a la mili como antaño, otra forma de no hacer nada, sino directamente al paro, expuestos como éstos en cualquier escaparate. Saben que no tienen muchas posibilidades de que un buitre u otro carroñero se fije en ellos y los lleve de oferta para merendárselos. Pero ahí siguen, ¿qué hacer?

Mientras las fresqueras de los corrales familiares les permitan la hibernación no notarán el frío y así juntinos se dan calor unos a otros y no adelgazan mucho, en estas condiciones además se come más bien poco. Pueden tirar algunos años así de tiesos.

Por caridad, hermanos. Glutamato Yeyé denunciaba con ironía el sarcasmo de la Caridad en, Todos los negritos tienen hambre (y frío), una especie de himno de colegio de curas vuelto del revés.
La cabeza siempre fría...

Tanto da que seas hijo de gallina siracusana, sevillana o tunecina, y es indiferente la raza, Pappanatta, Palurda, Pitula, Pánfila, u otra cualquiera, sólo se salvan los pollos de las rapaces de toda la vida.

Pollos jóvenes, no tienen mucha pluma en esta fase de su desarrollo, pues bien, la poca que tienen algunos la arrancan todavía en estadío de cañamón, expuestos como están de continuo a sugestiones publicitarias del tipo, "cambia de pluma", "arréglate la cresta" o "haste las uñas", caprichos inútiles y costosos que con su exigua asignación semanal no pueden atender y les genera la que se conoce como "frustración postdesplume", al decir de los psicólogos de gallináceas.

Salir, no obstante, de la condición de tomatero es casi peor, porque después del tiempo de espera sin abrigo ni buen sustento acaba uno perdiendo la cabeza, que es lo primero que pudre.

Cuando de rebote
o a mala leche
te rebanen el gaznate,
¡date! 

Moncho Alpuente, con aquellos legendarios Desde Santurce a Bilbao Blues Band, canta muy clarito otra rechifla de los ricos y poderosos, de sus saraos y cuestaciones caritativas, siempre tan pendientes ellos de los pobres pobres y huerfanitos.

A beneficio de los huérfanos
(y de los pobres de la capi tal)


Salud y a emplumar.

Korvus Κόrαx, Ο Μαυροs.

P.D. Estoy teniendo problemas con la transcripción al griego, esa "s" de "mavros" no es la sigma aunque lo haya dejado así porque sólo me permite ahora usar el castellano, aparecen un décima de segundo pero no lo suficiente para picar el idioma. También el sonido se desmadró y sube solo. Tampoco funcionan las opciones en la tecla de la barra. No he sabido solucionarlo de momento. Esto me desmoraliza. Pero es poco comparado con el puteo de los pollos, paciencia. Vale.

jueves, 12 de enero de 2012

Viajero canario


León, El grillo, diciembre 2011

Jose, de Canarias, pasó por aquí en una bici con remolque con la que hizo 7400 kilómetros por Europa. No sé si de vuelta a su tierra o camino de Santiago de Compostela, pero volvió a pasar en el 2009.
No está claro si el número se refiere al total del segundo viaje, a los que llevaba hechos hasta que durmió en esta casa abandonada cerca de San Justo de la Vega, ni a cual de los dos viajes corresponde la cifra o si es el total de ambos. Si le llegaran a él las fotografías y esta duda nuestra tal vez nos lo explicara, pero no tenemos más datos para encontrarlo.

De cualquier modo es un pequeño homenaje a su esfuerzo y a los que se valen sólo de su energía para moverse por el mundo, sin el auxilio de motores con los que seguimos contaminando la tierra.

Lucas el amigo de Geotropía suele recorrer las montañas a pie de aldea en aldea y de cabaña en cabaña. Estas navidades anduvo por las del norte del Peloponeso, pero se ha pateado buena parte de las españolas y algunas rusas y asiáticas.
Otro que tal baila es una curruca onubense emigrada a estas tierras asturianas que se ha recorrido lo más agreste del Peloponeso, Creta y otras regiones griegas, en bicicleta. No sólo ven los lugares mucho mejor que cualquier turista sino que la relación con los habitantes es mucho más cercana.

Los mensajes casi completos

(EN ES)TE SITIO PASÉ (UNA N)OCHE DEL 27-ABR-08
 (YO) SOLO EN BICI CON (REMO)LQUE POR EUROPA. (SOY) CANARIO. JOSE.


22-3-09. VOLVI A PASAR Y DORMIR.
7400 Klm. POR EUROPA, EN BICI CON REMOLQUE. JOSE.


Y nos despedimos con una parranda de la tierra de Jose. Da gusto ver cómo la gente joven se suma al cultivo de la tradición actualizándola, mientras estudian música. Bravo.

Cantan Dalila y Gamaliel, por la Escuela de folclore de los Paperos y el grupo Ayate. La parranda el peral, Con un polvo y otro polvo.


¡Ay, ay, ay, ay, ayyy qué borracho vengo,
ábreme la puerta que me ando callendo!

Salud y feliz viaje por la vida.

Ramiro.

miércoles, 11 de enero de 2012

Ρίγανη, Orégano


Ρίγανη, οrégano griego, 2011

No es una gran foto pero por buena que fuera no podría transmitiros el olor, que es lo sustancial en una aromática.
Como en el caso de los sabores el ordenador no permite todavía esa opción, sería casi un paso a la inversa, de lo virtual a lo real. No es que yo lo eche en falta, que juzgo supérfluo este futurismo frente a tantas necesidades perentorias del presente. Pero la locura avanza imparable y ¡échale un galgo!.

Cualquier día damos el salto y caemos en el XIX.

Llama la atención lo importante que es el orégano en la cocina griega. Está presente en las mecedes -tapas- más simples y en los platos más complicados, tanto de carne o de pescado como de vegetales y hortalizas. Sus compañeros más frecuentes, porque se consumen casi a diario, son los tomates y el feta, junto con el aceite de oliva.

La llamada Joriatiki, la ensalada nacional griega, la más conocida y consumida por ellos y por los turistas, que podríamos traducir por Campestre o Popular, de los joria, de los pueblos, lleva tomate, cebolla, tiras de pimiento, pepino, olivas negras, sal, abundante aceite y, sobre todo ello, un trozo generoso de queso feta con orégano por encima. Es habitual que dejen algo de feta al final para aplastarlo con el aliño que resta y comerlo como una crema o encima de un trozo de pan. La ensalada se transforma en un postre.

El feta, el aceite y el orégano es además la mezé más sencilla de la cocina griega.

Αρωμάτικα φύτα, Plantas aromáticas

Creo que lo he mencionado ya en alguna ocasión, mi padre era naturista y conocía y recogía muchas de las hierbas que utilizaba aunque se veía obligado a buscar otros recolectores y a comprar, en el mercado nacional de las medicinales, algunas que escaseaban o era imposible conseguir de otro modo. Mis hermanos y yo no heredamos la profesión pero sí la afición por las plantas.

Desde el primer año que fuimos a Grecia con el R-5 trajimos orégano, tomillo, té..., de distintos lugares del país. Después, de cada una de las islas por donde pasamos. ¡Al principio no había manera de convencer a mi padre de que aquello era orégano! A él le parecía alguna clase de tomillo. No se rendía ni ante la bolsa de un productor o envasador donde figuraba el nombre de la aromática.

Tuvieron que pasar algunos años hasta que, por casualidad, dí con una cita en uno de sus libros predilectos, el de  Las plantas medicinales, de Pio Font Quer, obra que recomiendo encarecidamente, ya que es uno de las más completos, interesantes, informados y divertidos tratados sobre plantas y medicina popular en general, y eso que ha pasado un siglo por él y el tiempo vuela.

Allí, no recuerdo dónde, habla de algunas variedades de orégano que se dan en el oriente del Mediterráneo, más ricas en timol que las otras europeas, y muy particularmente de las que crecen en algunas islas, en las más cercanas a Anatolia sobremanera, donde existen endemismos y variedades primas de las asiáticas y, por su riqueza en timol, del tomillo. Ahí ya concedió.     

ΡΙΓΑΝΗ  "Το διάσελο", El desfiladero 

El orégano es tónico y digestivo, pero se considera también apto para las vías respiratorias y forma parte con los tomillos, las malvas y las mentas o el eucalipto de las tisanas anticatarrales y antigripales. Parece que su aceite esencial ha demostrado su eficacia contra virus y bacterias.
Está también presente en la cocina española, y no puede faltar en los embutidos y carnes adobadas ni en los aliños de las aceitunas, de nuevo junto a los tomillos, la ajedrea y otras.

Pero el orégano heleno es distinto, insisto. Ya su aspecto lo es, de un verde más ocuro y el olor, como dije, fuerte, diferente.
La variedad silvestre española tiene hojuelas color rojo vinoso y la cultivada más común, que usamos mayoritariamente, hojas entre glaucas y verde pálido, ambas con un aroma más suave, sutil y dulzón en comparación con el griego, seco e intenso.
Os puedo asegurar que una ensalada de tomate no es la misma con uno u otro orégano, y no hago juicios de valor aquí.

Entre las silvestres no es ni muy frecuente ni abundante, siendo en cambio de las más conocidas, buscadas y utilizadas. Son esas circunstancias las que tal vez dieron origen al conocido adagio "cree el tonto que todo el monte es orégano".

Los mejores oréganos que hemos probado son los que nos regalaron los griegos, de los que recogían en las montañas para su uso, en Limnos, en Quíos, en Kalymnos, en Samotracia, y sobre todo en Creta. Pero también el mi Dimitraki, el monje heteróxido, nos ha traído algunos excepcionales, no sé si de Salónika, de Komotiní o de Karúlia en Athos.
Bueno, y los comunes envasados del Ática, del Pindo, del Parnaso, del norte de Grecia, del Peloponeso o de otras islas son también muy buenos y potentes.

Como lo es el gran Nikos Xyloúris y su canción Colores y aromas.
Ο Νικος Ξυλούρις, Χρώματα και αρώματα (Την εικόνα σου).



Υγεία, Salud.

Μπαρμπαρώμιρος.
Barbarómiros.

martes, 10 de enero de 2012

Chi menea -3


La sombra por la tarde

Buenas. Ya me vuelve a armar la pirula la colocación de algunas fotografías que no salen en la posición que quiero y me obligan a cambiar los planes iniciales. Quería enseñaros una imagen de la chimenea real sobre el tejado pero no con el ángulo que me propone la máquina y he tenido que renunciar después de varios intentos.
Estas pequeñas putadillas lo son más porque en asuntos como éste de la chimenea, o el de los muros de Grecia y las murias maragatas, con varios capítulos, suelo buscar primero el orden en que quiero las fotos y sobre esa elección previa voy montando el texto y las entradas. Si me falla una imagen me trastoca, a veces completamente, el plan y me obliga a repensar el texto y el orden, con lo que me echa por tierra un trabajo ya hecho y, perdonad pero ¡me cago en tó!.

Esa pared de arriba con las ventanas de aluminio me gusta menos que la del primer capítulo, donde  hay todavía algunas plantas y flores y está orientada al este sureste, pero me gusta más que la de ladrillo que sin embargo es la más soleada.

En cualquier caso vuelvo a repetir lo dicho ayer: lo que me intereaba más era el recorrido de la sombra sobre las paredes. En ésta la diagonal de sol y sombra me parecía también interesante. Tenía incluso una selección de ellas que había titulado así, Sol y sombra, a partir de imágenes del pueblo, fachadas, portalones, tapiales, etc., y ésta era una de ellas. Aunque viene bien aquí, sustituye en realidad a la que me falló e hizo que todo se alterara, no sólo esta entrada.

En el extremo

Además de la diagonal de luz me gustaba también la sombra del recodo del canalón porque me recordaba un poco al rey de los canalones en Shutterchance, Chad Doveton. Está también el triangulín del cielo azul al que me cuesta renunciar como sabréis, los geranios florecidos asomando detrás de los cristales de la ventana y hasta el aspecto de nariz de la sombra de la chimenea, me hace cierta gracia. Soy un guaje.

En fin, que por humilde que sea la imagen el que no se conforme o se ría es porque no quiere o, sencillamente, no puede.

En esta segunda fotografía la sombra llega al borde. Hay una serie de enganches que sujetaban una parra que murió hace unos años y soportes y alcayatas para los tiestos actuales, que en el invierno los guardan por las heladas.

Todos esos clavos y artilugios, ahora sin uso, y sus cambiantes sombras, fueron un solaz diurno para mí en un largo fin de semana decembrino en León, ¡y con este sol!. ¡Qué gustito pa mis orejas!, como diría Raimundo Amador, y más en una tierra de sabañones como ésta, y qué gustito pa mis ujitos, palabra mejicana de Los olvidados, de Luis Buñuel. Las asociaciones..., ¡será también por un blanco tan mejicano!

Doblando la esquina

Doblar esquinas era el colmo de un forzudo y el de un banquero republicano usar el culo de monedero y esperar que el rey abdique por falta de suelto. Y el del yernísimo jugar a balonmano con la corona y metérsela al rey por entre las piernas.

Los colmos de los currantes los dejo porque son demasiados y tal como vamos aumentarán. Los anteriores no es que tengan mucha gracia pero ¿qué tiene de simpático éste, por ejemplo?, como un chiste negro del Roto: trabajar cincuenta años para comprarse un ataúd. Y ciscarse en los muertos del enemigo, digo yo. A buenas horas, mangas verdes. ¡Si la realidad ya supera al colmo!. ¡Aaay!

Prefiero la música y el sexo oral al que canta Raimundillo en esa canción que mencioné,

¡Qué gustito pa mis orejas!
enterraíto entre tus piernas... 


Y otra de regalo. Ian Dury and the Blockheads, Sex&Drugs&Rock&Roll.


Salud.

Barbarómiros.

lunes, 9 de enero de 2012

Chi menea -2


El curso de las horas

La chimenea sigue caminando por una pared, arriba ladrillo y abajo tapia revestida y encalada. No me gusta demasiado la imagen del ladrillo y éste tabique menos, puesto para impedir la vista a unos vecinos que no son curiosos.
Cuanto más se tapa más se oculta. Esta tautología significa también otra cosa y su contraria: más se guarda cuando hay más que esconder y a más camuflaje más diáfano el paquete.

Pero como hay que contar con ello, con el ladrillo y con el miedo, mejor es mirarlo con distancia y tratar de encontrar algo positivo. A mí me cuesta, no creáis, pero juro por quien sea que lo intento.

Aunque soy un disfrutón de los colores y el naranja es uno de mis preferidos, pocas veces me llaman la atención este tipo de paredes, como no sean combinadas con otros materiales, otras texturas, objetos, agujeros..., o como es el caso, sombras. ¡Con lo colorido que se ve el polvo de ladrillo!, el de los ladrillos viejos a veces parece pimentón.

León, diciembre 2011

Como tenía para tres series de tres fotos haré todavía un tercer capítulo, corto como éstos. Las del primer intento sobre una pared blanca encalada me gustaban más, y la esquina daba mucho juego visual.
Conveníamos aquí en que eran más guapas las que no tenían ese cielo azul. Pero bueno, a mí los cielos azules me recuerdan al sol, que es media vida, y ya sólo la sugerencia me calienta. Y hay que intentar otras cosas. La clave, además, es la luz, aunque es cierto que hay materiales y formas que parecen más fotogénicas

En ésa de arriba me llama la atención la curvatura de la pared, arriba. ¿Ilusión, el objetivo de la cámara o el albañil? Me da que es cosa de la máquina, bueno y la perspectiva, aquí el horizonte, se curva sólo para desmentir las leyes de la lógica, y ya está.

La hora es aproximadamente el medio día. Las primeras eran de la mañana.

Un poco fálico parézme a mí...

El tiempo y el agua que han tragado los ladrillos macizos de las paredes antiguas, que eran los que se usaban, les dan hoy ese aspecto oscuro y satinado, más elegante y fácil de combinar visualmente con otros colores. No rechinan tanto, llevan poco amarillo, son rojos e incluso muy tostados.
Normalmente prefiero las tejas, y si están alteradas por el agua, los líquenes u otras plantas mejor, aunque ya sé que no es lo ideal para los tejados. Es casi más cosa del color.

Pero no haré una exaltación de lo caduco como si todo lo viejo fuera mejor que lo que tenemos.
Tampoco quería entrar en arquitecturas que ésa es camisa de once varas para mí y aquí estamos en alfabetos.

En realidad a mí lo que me interesaba, insisto, era la sombra de la chimenea, no el magnetismo de la oscuridad ni la atracción del abismo, que es donde me meto si me pongo a disertar sobre ladrillos, ¡pero si yo sólo trabajé de peón y seis meses escasos! Es que el problema del ladrillo ¿a quién no le preocupa?. Podéis reiros.

Y por fin el ladrillo era otra excusa para mostrar las fotografías del aficionado que soy, con algo de acompañamiento dicursivo que es lo mío.

Salud, Υγεία!

P.D. En los años 20 y 30 los rebetes ya hablaban de Crisis, es la misma sólo que ahora muy vieja ya.

 Κοστας Ρούκουνας, Η Κρισις. Kostas Rúkunas, La Crisis.



Barbarómiros

domingo, 8 de enero de 2012

Para Andreiev Aedoff


Alcayata, San Justo de la Uve. León.

King Crimson, 21st Century Schizoid Man.

Un clavo saca otro clavo..., ¡el clavito de Pablito!

Salud, colega.


Ramiro.

Reflexionando


Morales 2011

Hay quien, para pensar, prefiere la oscuridad, la encuentra más propicia al silencio y a la soledad que suele requerir la reflexión, pero ni silencio, ni soledad ni oscuridad son imprescindibles, ahí tenemos el diálogo o el banquete, pensamiento a duo o en grupo.

Aquí prefiero a los peripatéticos o a los epicúreos, paseando o recorriendo el jardín, con luz fresca si es posible.

Todo esto son nostalgias del buen sol como el que ya se estaba poniendo en Morales del Arcediano el día de las fotos, en el prao del salón junto al Turienzo. Eso y el mensaje que Alberto, el Capi del Teach, me dejó en una entrada de la semana pasada que titulé Los colegas.
Me dió un alegrón porque llevábamos tiempo sin saber de él y a la vez me puso a cavilar.

Es lógico que no pensemos lo mismo en todo o que incluso discrepemos abiertamente en algunas cosas, pero creo que quien escribe debe de contar con el lector. En principio tiene que pensar en su existencia real si pretende comunicar algo, sin él la escritura sólo es un ejercicio gimnástico del cerebro que piensa y la mano que ejecuta, ahí se acaba.
Si el acto se realiza ha tenido que existir un mínimo de connivencia porque nadie nos obliga a leer lo que no nos gusta. Es difícil que el interés perdure si el desacuerdo es total, pero se puede dar.

El problema, a mi parecer, suele plantearse con más crudeza en un nivel menos básico, ¿hasta dónde me permito llegar?, en el caso del escribidor y ¿cuánto le voy a permitir?, en el caso del lector, que, como se apreciará tiene la sartén del texto por el mango -no me pasaré aquí con la expresión-.

La pregunta que se le plantea al escritor de oficio (aunque no viva de ello) tiene que ver con los límites y la censura. Al decir de oficio doy por hecho que conoce sus herramientas y el asunto del que trata, por tanto no es una pregunta acerca del estilo o los contenidos, sino sobre el modo en que éstos deben ser expuestos ante unos lectores reales que sin embargo no conoce, tratando de ser lo más fiel posible a su pensamiento y de atenerse a una norma que es, en principio, el respeto.

Lágrimas de sauce (llorón)

Ahora bien, ¿que pasa cuando el escribiente es un aficionado a la escatología, un género al fin, pero aquel que se ocupa precisamente de los asuntos más desagradables, tratando de no resultar cursi al nombrar lo Innombrable?. Si para escribir hay que tener cierto valor y, si se puede, llegar a la osadía, ¿qué pesares de conciencia no sufrirá un eskatólogo Como Dios Manda?¿Dónde colocar el nihil obstat?

No ando fino, toy perdío, a ver si mañana me aclaro un poco más, como las hojas del sauce.

En serio. Me ando metiendo con los banqueros, con los jerarcas de la iglesia, con los políticos, y hasta con las creencias y las ideas, pero lo último que quisiera es ofender a un inocente, sea pequeño ahorrador o pobre de solemnidad, creyente o ateo, del pp o anarquista...
Otro asunto es si todas las personas y todas las ideas merecen respeto, pero insisto, sí los inocentes que creo que son muchos en todos los bandos.

Donde Alberto me podrá dar caña también es en mis pasadas "arquitectónicas". Pero quizá me equivoco de medio a medio y no tiene nada que ver con todo esto. En fin.


Salud Capi, y a todos, y buen día.


Ramiro.

sábado, 7 de enero de 2012

Θα σαλτάρο, Al asalto


Oviedo

Un poco de música del otro extremo del Mediterráneo, tan puteado o más que éste, antes y ahora. La traducción del título griego es un tanto libre. La mi morena me acaba de recordar el otro significado, muy interesante, de Za saltaro: Volverse loco.


Θα σαλτάρω, Γιώργος Κατσαρος, Katsarós (1888-1997).

Μιχάλης Γενιτσάρις, Genitsaris (1917-2005). 


Los saltadores, otro título de la canción, asaltantes diríamos, eran grupos de ciudadanos organizados, resistentes a la ocupación alemana durante la 2ª Guerra Mundial, que asaltaban los camiones de suministro del ejército germano, no tanto por patriotismo como por necesidad. Sobrevivir en la Grecia ocupada fue la preocupación fundamental de una población que perdió en esos años medio millón de un total de 8 millones de habitantes, sólo de hambre. 

Los procedimientos para hacerse con la mercancía, gasolina sobre todo, pero también alimentos, iban del audaz golpe de mano a las argucias más ingeniosas que planeaban los saltadores, salteadores les llamaríamos en otra clave hispana. En realidad valientes que se jugaban la vida, porque el castigo de los nazis era el fusilamiento de los que caían, niños incluídos, o represalias indiscriminadas contra la población civil que era quien participaba en los asaltos.

He puesto las dos versiones ya que no tengo claro todavía quién es el verdadero autor. Desde luego Katsarós era más viejo, le sacaba 29 años a Genitsáris que en 1940 tenía 23, algo joven me parece para esta canción en un rebetis. Katsarós andaba entonces por los 52, una edad que creo más ajustada.
Sin embargo en muchos lugares figura Genitsáris y yo no lo desmentiré. Por supuesto su mayor juventud no lo invalidaría como autor, no es un argumento definitivo.
La versión del viejo parece también más antigua y eso que tocaba una guitarra, más grave y templada, caso extraño en el rebétiko, donde lo frecuente es el baglamá, esa especie de guitarra pequeñina con tres pares de cuerdas que tiene un sonido primitivo, agudo y escacharrado.

A mí me gustan las dos pero siento debilidad por los Barbas, los abueletes, y Katsarós murió jovencín, sólo vivió 109 años. ¡Parece que el costo de agosto nun ye tan malo pues los rebetes, si no se daban a los opiáceos, eran longevos! El propio Genitsaris murió con 88.

Salud, Υγεία!

Ραμιρο.
Ramiro.

Beso picassiano


Beso picassiano, 1991
Pintura en polvo sobre cartulina
Ramiro Rodríguez Prada

Salud y muchos besos.

Ramiro.

viernes, 6 de enero de 2012

Epifanía y fin de fiesta


Triagrama funerario para don Ramón

¡No quiero a mi lado ni cura discreto, ni fraile humilde, ni jesuíta sabiondo!.

Se lo estaba diciendo don Ramón María del Valle-Inclán a Saturno, sentado y erguido, sin joroba ni difraz del conde de Romanones. El actor callaba arañando la superficie de la mesa de la bodega con la uña. Tenían sendos vasos delante pero no había jarra ni botella

¿Dónde la verde quiebra de la altura
con rebaños y músicos pastores?
¿Dónde gozar de la visión tan pura

que hace hemanas las almas y las flores?
¿Dónde cavar en paz la sepultura
y hacer místico pan con mis dolores?

Recitaba don Ramón sin énfasis, solemne y grave, como nunca lo oyera. Me quedé paralizado en el recodo de la escalera, escuchando. No quería romper aquella magia.


¡Todo hacia la muerte avanza
de concierto,
toda la vida es mudanza
hasta ser muerto!

¡Mi existir se cambia y muda
todo entero,
como árbol que se desnuda
en el enero! 

Recordé que estábamos en enero, en la noche del 5, víspera de Reyes y que me había ido a la cama pronto agotado de tanto trajín cabalgatero, juguetero, cocinero y turronero. Vine a parar a la escalera del bodegón del manco de Vilanova sin saber cómo.
Los dos hombres bebieron, pero enseguida Valle volvió a declamar.

Tuve conciencia. Ví la sombra mía
negra, sobre el camino de la muerte
y vi tu sombra blanca que decía
su oración a los tigres de mi suerte. 

Resultaba dramática la escena y triste en aquel escenario subterráneo lleno de trastos inútiles, inservibles como los dos zombis geniales, porque sentía ya tanta ternura por el otrora jorobeta como por el buen manco. Decidí bajar y tratar de animarlos. Valle se había sentado y apoyaba la barbilla en el bastón de la curuxa, Satur no había cambiado de postura y seguía rascando en la madera.

¡Buenas noches, señores!, canté muy rumboso.

Nadie se movió ni me contestó pero de pronto don Ramón se giró y poniéndose en pie me apuntó con el bastón. Quedé tieso sin mover un pelo. Y dice, como si no me viera, mirando hacia la escalera,

¡No tuve miedo, fui turbulento,
miré en las simas como en la luz!

Me dió un repeluzno cuando habló de simas. Sólo se me ocurrió decir otra vez Buenas Noches, pero con el mismo resultado. Valle retrocedió hacia el centro de la bodega y se volvió encarando una cuba vacía. Saturno sólo arañaba en la mesa y seguía callado.
El manco, más esperpéntico que al principio, blandía el bastón frente a la boca abierta de la cuba, amenazándola con una estocada. Pero volvieron a beber y empezó a recitar de nuevo. 

¡Cubista, futurista y estridente
por el caos febril de la modorra
vuela la sensación, que al fin se borra,
verde mosca, zumbándome en la frente!

A las dos en punto de la tarde

Empecé a sentir un frío mortal. Me miré pensando que tal vez iba desnudo como aquella otra noche en la que no sabía dónde estaba, ¿qué noche?, ¡qué importa, una cualquiera! La primera vez que había estado allí. Bebieron otro trago.

¿No hace mucho frío esta noche en la bodega?, pregunté acercándome un poco a Saturno y dirigiéndome a él. Pero seguía imperturbable rascando la madera, como si no me viera ni me oyera.
Me empezaron a castañetear los dientes no sólo por el frío sino por la sensación de miedo que me iba ganando.
Algo en mí decía, Sólo es un sueño, pero no lograba tranquilizarme. Bebieron por cuarta o quinta vez y yo pensé que el vino de aquellos vasos no se acababa nunca.
Ví a don Ramón parado frente a la cuba alzando la cabeza al techo como cuando buscaba en la distancia las luces de A Pobra do Caramiñal desde el pino de la Illa de Arousa y se me encendió a mí una: tuve el atrevimiento de alzar la voz para decir, ¡Tejerina!.

¡Nada! Por toda respuesta un silencio más punzante que el frío. Aterrorizado sin saber a ciencia cierta porqué fui reculando poco a poco hacia la escalera. Me giré para subir y salir de allí, pero entonces un grito me detuvo. Don Ramón me apuntaba con el bastón desde el fondo del sótano, en la semioscuridad sólo se le veían brillar los quevedos y relampaguear la blanca barba con el ritmo de los versos.

Soy el negro dueño
de la abracadabra
y trisca en tu sueño
mi pata de cabra.


Salí de allí como alma que lleva el diablo, pensaba, ¿no serán ellos los muertos y yo el fantasma?

Desperté hace un rato sudoroso. Estaba en la cama matrimonial de casa, con mi compañera al lado. En la habitación hacía calor y me levanté. Había quedado encendida la calefacción y fui a la cocina a apagarla.
Sobre la mesa había una botella de Centenario Terry del mejor. No es el lugar donde los Reyes infantiles dejan los regalos, pero sí tal vez los duendes y trasgos amigos del manco genial. Abrí la botella, llené un vaso y lo alcé brindando por él, 

¡Va por usted, don Ramón!

¡Larga vida al brandy proletario!, contestó la voz del galego desde el patio de luces.

Lo estoy bebiendo ahora mientras os lo cuento.

Salud.

Ramiro.

P.D. Pata Negra. Pasa la vida.


Felices sueños.

jueves, 5 de enero de 2012

San Silvestre


Las uvas del amor

Esta vez no hubo despertar del que me acuerde, ni paseo por la isla de Arosa o traslado en barca de remos hasta Vilanova. Estábamos los tres en la bodega del manco, sentados a la mesa con los restos de la cena. Junto a don Ramón había dos platos de cáscaras de quisquillas y otro en el espacio entre Saturno yo.

Quedaban todavía algunos trozos de empanada, una de vieiras y la otra de berberechos y algo de cabrito asado en una fuente. Había botellas vacías de albariño y un tinto en una jarra de barro, del que Satur sacaba de un cubeto muy viejo.
Valle estaba rellenando los vasos antes de terminar la empanada que tenía en la mano y que tuvo que posar. El criado aprovechó para sacar una tarta de avellanas y los zuequiños de San Benitiño que tanto molestaban a su amo. El manco le lanzó una mirada fulminante pero como estaba bebiendo no pudo decir nada.

Saturnino me ofreció un zuequiño y los probé. Era un dulce de almendra con la forma de un zueco gallego, un poco seco y duro pero sabroso. Don Ramón nos miraba mientras finiquitaba la empanada a grandes bocados.

¡Hala!, dice al terminar, ¡Ya le chupásteis el pie al santo, ahora retira de la mesa esa reliquia, Saturnino, que me la contamina!, y añadió torcido, ¡Ni santos ni meapilas, te lo tengo ordenado!
¡Un día es un día, don Ramón!, intervine yo conciliador.
¡Ya saltó el rábula! Usted diga misa donde le plazca, pero este monaguillo es mío, dijo señalando a Satur, Y el libreto del oficio lo escribo yo. ¡Saca las uvas, malvís, que ya son las doce!, y volvió a dirigirse a su criado, de paso se acercó a la tarta.

En el bodegón de Valle-Inclán
 
Eran por lo menos las dos de la mañana pero al arosano no parecía importarle la hora. Acabó el pedazo de tarta que estaba comiendo. Como no había reloj se le ocurrió simularlo.
¡Vamos a dar la hora a tres bandas! Empiezo yo, usted me sigue y el tercero Saturnino. Cada cucharazo en el vaso una campanada, tocamos a cuatro.
Repartimos las uvas sobre la misma mesa y empezó la primera campanada del viejo. Él tenía que soltar la cuchara para coger la uva y cuando a Satur le tocó la tercera ya iba retrasado. Cuando le llegó el turno otra vez se le hizo la picha un lío y metía la cuchara en la boca y daba al vaso con la uva.

¡Un bobengto un bobengto!, farfulló con la cuchara todavía en la boca. Se la sacó mientras nosotros reventábamos...
¡Calma, calma, que me faltan manos, amodiño, carayo!, dice sin atender a las risas.

Debimos echar guapamente cinco minutos para terminar las doce, que fueron lo menos veinte porque apurrimos más uvas y perdimos la cuenta dos o tres veces. Y entonces don Ramón sacó una botella sin desvirgar de Terry, de las viejas.
¡La última remesa del Narizotas, Gran Reserva!, gritó alzando la botella a la altura de sus lentes.

La última de Sidi Ifni


Yo tenía la secreta esperanza de que acabara sacando el chibuquí, aunque no lo había mencionado en toda la noche. El día antes, en "Lo de Segis", el tugurio de Mundo en Canvados, estoy seguro que habían estado fumando antes de llegar nosotros, por el olor. Por eso abrí yo el fuego.

¿Qué pasó la otra noche en Canvados?, creo que me perdí el fin de fiesta.
Así es, amigo mío, se durmió usted sobre la mesa. Creo que son trotes éstos demasiado vivos para sus pulmones, por no mencionar la libiandad de su floja cabeza.¡Qué noite, eh Saturno!? Con decirle que una lechuza me quiso llevar al huerto, ¡vaya morena que trajo el legía, tenía más categoría que el brandy. ¡Qué pedazo hembra, eh Saturnino!?
Era negra retinta, don Ramón, perdone usted, no morena.
¡¡Qué sabes tú de razas, manguán, si no tienes claro ni tu origen!!, contestó el viejo con furia.  ¡Era mulata y se terminó el cuento!

Acabamos la primera copa e iba a servir la siguiente cuando levantándose de golpe dice, ¡Ya tenía que estar aquí ese Narizotas del demonio, espero que no olvidara mi encargo!, y nos miraba de hito en hito con cara de picardía, y siguió, Vamos a recibirlo como se merece, con unas cargas de su propia mercancía, por cierto, ¡pura gloria moruna!. Voy a por el chibuquí y el material, serán dos minutos, no me chuleéis el brandy que os conozco.

Cuando hubo desaparecido escaleras arriba le pregunté a Saturno por todo este lío y en un momento me puso al tanto, pero no sabía nada del encargo de don Ramón al legionario. La otra noche le habían arrimado una putita que intentaba hacerle arrumacos mientras en la pista del puticlub sonaba Jane Birkin. Pero Valle había fumado haschís con los dos fulanos y últimamente, decía Satur, se duerme cuando fuma. Sabía que el Narizotas le había traído más coñac y un chocolate mejor que la mierda de la última vez, pero dudaba que en Noche Vieja y a estas horas fuera a venir.

No habíamos ni pensado en servirnos otra copa cuando ya lo oímos descender las escaleras voceando ¡Quietas las manos hasta que yo llegue que el brandy quema, petardos!
Llegaba casi abajo cuando sentímos golpear la puerta con violencia. ¡Tejerina!, dijeron a un tiempo Saturno y el viejo. Pero una voz de hombre casi rugió, ¡Don Ramón, el sargento de la Guardia Civil de Canvados pregunta por usted!
El viejo nos miró y con movimientos ágiles escondió el chibuquí, que pude ver por fin fugazmente, y una taleguilla de cuero detrás de unas cajas, mientras contestaba a su vez, ¡Un momento que se está cociendo! Y nos guiñó.
Saturno arreó detrás de Valle y me dijo al pasar que no me moviera de allí. No lo pensaba hacer por varios motivos, entre otros porque había reconocido la voz del criado de la mujer del manco, aquel que raseaba con el cayado o cachiporra en plan amenazante la noche de los Santos Inocentes, el que me había cacheado, y ni él ni el guardia me traían buenos recuerdos, por más que el sargento me abriera el calabozo.

La torería del arousano

Al principio estuve un poco acojonado temiendo cualquier complicación que diera con mis huesos de nuevo en el cepo. Miré la botella de coñac casi entera y no lo pensé dos veces, me serví un trago más bien largo.
Más animado después de un par de sorbos también abundantes estuve reconociendo la bodega, más trastero que otra cosa.
Me llamaron la atención varias curiosidades que el viejo había reunido allí, muchas relacionadas con el mundo del toro y la bebida. Botellas de coñac y anís con motivos flamencos y taurinos, guitarras, castañuelas, toros, toreros y manolas. El más curioso y del que no me pude traer una imagen era un cuerno de enormes dimensiones, tal vez de un buey o un toro muy grande. Estaba labrado por fuera con la imagen de un tamborilero gallego con traje tradicional y todo, y un gran letrero que recorría la longitud del cuerno describiendo su conocida espiral, que decía "Recuerdo de Galicia". Pero lo más curioso es que era también una bota. Como tenía líquido probé pero resultó ser un vinagrón que tuve que escupir.

Me serví otro copazo de la botella que aún no estaba mediada, pues era de las antiguas de litro, y me senté. Pasó todavía un rato porque volví a llenar la copa antes de que se presentara Saturnino.

LLegó con un sigilo que ya me puso en guardia y encima venía pidiendo silencio. Pero lo que me contó en susurros era un peliculón para gritar.

La Guardia Civil había hecho una redada esa noche en "Lo de Segis" por una denuncia anónima que recibieron sobre la presencia de menores ejerciendo la prostitución. ¡Vaya noche para redadas!, había comentado al parecer el manco. Encontraron efectivamente a tres chicas indocumentadas muy jóvenes, junto a otras también sin papeles, además de una cantidad sin determinar de cocaína, heroína y haschís. Se llevaron a las chicas, a Mundo, a la Olvido, al legía y a otro colega que anda con él en el negocio.  El Narizotas le fue diciendo al sargento camino del cuartel que las niñas eran un encargo de don Ramón. ¡Qué hijoputa!, decía Satur.
¿Pero es eso verdad?
¡Cómo va a ser verdad si el hombre no puede con el alma, cuando come, como hoy, come bien, pero muchos días no come, no comemos! ¡Y tampoco son sus bromas de ese género, nunca lo fueron! Es un caballero, un loco genial, no un pederasta, pongo mi vida, o lo que sea..., y se paró a pensar..., ¡Me juego la chepa del Conde de Romanones!, esos dos son muy mala hierba. El sargento quería advertir al viejo por si se ve comprometido. ¡La que está que trina es Tejerina! Me manda decirle don Ramón que no salga de aquí hasta que todo haya quedado tranquilo. Ya lo avisaremos. ¡Ah, y que no abuse del brandy!

Se echó una buena copa, brindó conmigo y se la entrepechó de un tiento. No parecía ni la mitad de afectado que yo aunque no había bebido menos. Subió las escaleras corriendo.

Cuando me quedé solo no tardé en caer sobre la mesa, inconciente más que dormido. Todavía quedaba un buen culo en la botella. Todo el rato tuve que lidiar con la tentación de buscar el chibuquí y la bolsita del marrón para probar ambas cosas, pero ni el coñac me daba la suficiente fuerza, pensaba que tal vez era una imprudencia con la Guardia Civil rondando por allí, aunque casi más miedo me daba Tejerina.


Felices sueños.


Pi Mienta Engrano.

miércoles, 4 de enero de 2012

Chi menea


San Justo de la Vega
Diciembre 2011

Esto del chi menea es un juego de palabras de mi hermana, la chimenea el chi menea. Entre las cosas que me tuvieron entretenido el fin de semana largo que pasé en León estaba la evolución de la sombra de una chimenea sobre la pared blanca.

Como estoy muy falto de tiempo y quería escribir todavía antes del fin de semana otro encuentro con don Ramón en la noche de San Silvestre, haré entradas más cortas estos días y me apoyaré en  fotografías.

León, diciembre 2011

Es una diversión barata y un espectáculo contínuo, sólo lo que tiene de reloj de sol me inquieta un poco, el reloj no el sol.
Por la noche caían las heladas típicas de este tiempo, pero por el día lucía el sol en un cielo limpio.
Con ese juguete que es la maquinina que me regalaron pasé los ratos de asueto. Es una pared donde cuelgan algunas plantas y los clavos, soportes de tiestos o las mismas flores van dibujando sombras durante el día en una terraza alta donde el sol rueda marcando el tiempo. Traje una buena colección de ellas que irán apareciendo.

En un par de paseos por el pueblo recogí también imágenes de tapias que me servirán para completar los capítulos que en Arquitectura dediqué a las murias, según dejé prometido.

León, diciembre 2011

Otro de los temas con los que ocupé alguna mañana fueron ventanas y puertas que veremos más adelante.

Ayer tuve la visita de una curruca parda y acabamos la noche bastante perjudicados, entre hermanos, Doobie Brothers, Allman Brothers, Blues Brothers y los Hermanos Brothers.

De los Allman, Blue sky.


De los Hermanos Brothers los Cantares de Antonio Machado.


Salud.

Ramiro.