sábado, 25 de febrero de 2012

Tapias -7


Lateral de adobes en Piloña
Infiesto, Asturias, febrero 2012

Vi pocas paredes de adobe en Asturias, alguna en laterales de casas viejas como ésta en los pueblos y aldeas. Pero no había prestado mucha atención. Aquí tiene mucha más presencia la piedra.
Era un día lluvioso y estaba algo lejos, aunque hice un plano más corto con el objetivo, imagen que espero poner en otro capítulo posterior sobre adobes (no salgo del barro, como el Gordito...).

Lo poco que pude apreciar a esa distancia y a simple vista tiene que ver con el modelo de adobe, diferente al leonés y al castellano.
Para empezar el tamaño es más pequeño y sobre todo más estrecho que los tradicionales allí, se asemeja al ladrillo macizo.

La segunda cosa que llama la atención, más importante, es la composición del material. Éste se diría mucho más compacto y perfilado, como si la proporción de arcilla fuera superior a la de la meseta. Y lo que aún resulta más significativo: no lleva, que se vea, vegetales, paja, etc., en la mezcla. Podría confundirse con una partida de ladrillos macizos que no pasó por el horno de cocción. Y los más claros parecen incluso de caolín.

Por otra parte la colocación es también la típica de una pared de ladrillo y no parecen fijados por ningún mortero, ¿tal vez la paredilla de abajo, con barro o alguna especie de barbotina?...

A ver si ahora que ando con las manos en la ma..., en el barro, me entero mejor de estos pormenores locales de mi propia tierra actual, porque vivo en Pasmaópolis, compadres. 

Ventana de un pajar en casa de adobes
San Justo de la Vega, León  2011

Éste es uno de los aleros de pizarra más elegantes y antiguos que quedan en el pueblo. Bloques regulares, bien trabajados, colocados sin fisuras y de un grosor importante, el más firme de los que hemos podido ver.

En realidad de los adobes no hay mucho que decir aquí, son de tamaño pequeño, la mitad en todas las dimensiones a los más habituales aquí. Tiene quizá interés la forma en que han sido colocados. Ni en espiga como expliqué que construían los tabiques de adobe de las habitaciones, ni como ladrillos  estrictamente. Pusieron una hilada a lo largo y otra encima a lo ancho. En casos raros también se hace con el ladrillo visto, aunque son más frecuentes otros dibujos.

La costumbre de los revoques y enlucidos con cemento, cal  hidráulica o yeso plantea también sus problemas aparte de la fijación del material a la pared de adobe o tapia.
Ya dijimos que en casos difíciles, y en los interiores, clavaban una alambrera con profusión de tachuelas sobre la que después cargaban.
En algunos casos, para conseguir una mayor adherencia de la carga, en particular como mortero de las bases de piedra y otros usos de aglutinante, y cuando ya el cemento empezaba a  imponerse, se le añadía a la cal un poco de cemento.

Sin embargo, cubrir una pared de barro con otros materiales altera la relación de intercambio  ambiental que tapias y adobes mantienen con el exterior y puede dañarlos debilitando su consistencia, degradándolos y comprometiendo, en casos extremos, la propia sustentacion del edificio.
Esta solución más estética que práctica en realidad, adoptada no obstante por la gran mayoría,  modifica también la humedad interna de las viviendas de barro y provoca más condensación en los interiores.

Aparte de los años que tiene esa pared de la foto que justifican por si solos el mínimo deterioro visible, hay muchas casas en el pueblo, menos viejas y la mayoría sin habitar, con grandes desconchones en revoques más recientes.
Tendremos ocasión de ver algún otro ejemplo fotográfico más adelante, aunque ya nos vale éste de momento.

Casina auxiliar de adobe
San Justo de la Uve, León 2011

La pared de barro, como quiera que sea, necesita "respirar", como el buen queso o el pan.

Estuve hablando también con David, albañil poco mayor que yo, que vive cerca de la casina de la foto y que recordaba todavía alguna pared de adobe que le tocó ayudar a construir de joven. Primero hacer los adobes y después levantar las paredes. No es tan mayor, frisa los sesenta.

Aquí utilizaron el sistema de colocación de los ladrillos, si exceptuamos esa fila que pusieron de canto. El calibre de los adobes es también pequeño, más frecuente en las últimas paredes que se hicieron en el pueblo. Es ya una construcción mixta relativamente reciente, con base de ladrillo, alero de madera que también denuncia su juventud frente a los de pizarra, y carga de cemento en los laterales.
Por su izquierda aparecen los más modernos y feísimos bloques y está pegada por la derecha a una más antigua construcción de tapia.

Un mensaje para Valentín Cabañas (Karasur).

Puesto al habla por fin con Leandro Rabanal, el maestro de obras retirado y apuntador especialista en estos capítulos, me dice que tanto las drizas de esparto (las tomizas) como las barras de hierro para sujetar los encofrados le parecen apropiadas para dicho fin y lo considera una particularidad regional entre tantas, en función de la disponibilidad de materiales o usos de cada lugar. En esta zona eran de madera.

Los agujeros que vemos en muchas tapias leonesas se dejaban por carecer de importancia el asunto o deliberadamente, como hemos dicho, para ventilación. Pero la mayoría también se tapaban, con barro.

No hablamos de los palomares pero me emplazó a visitar uno cilíndrico que todavía queda en pie en el pueblo (creo que fue el último que yo vi por dentro hace 40 años, entonces lleno de palomas)

No me he cansado todavía del barro, pero reconozco que irá bien un largo paréntesis, a mí el primero, que ya tengo complejo de entapiado, una modalidad de las emparedadas, aquellas mujeres que se encerraban de por vida (o las encerraban) en una celda estrechísima y helada, con un ventanuco abierto cruzado por una reja por donde las cuitadas recibían la caridad de los pocos que las recordaran, hasta morir de hambre, llámale privaciones, frío e inanición finalmente.

Prisión ésa que es posible ver todavía en Astorga asomándose al ventano desde la calle:

Al lado
 del Palacio Episcopal
de don Antoni Gaudí (i Cornet),
de la estatua del poeta local
don Leopoldo Panero (Torbado),
a la sombra ¡os cura! y alargada
de la Santa Iglesia Catedral...

¡Con el clero, Sancho, hemos topado!

Peor que la más antigua ergástula romana que es también visible y visitable en Asturica Augusta.

No, lo mio no es para tanto, carayo. 

Puturrú de fuá, en un auténtico espiritual de los (Mo) negros, de su disco Menage a truá, Déjame que bese al Arzobispo.

Salud y buenas noches.


Barbarómiros
  

viernes, 24 de febrero de 2012

Reloj de sol en la nieve


Las diez de la mañana
Pajares, Asturias, febrero 2012

Ya puse ayer noche en Geotropía (Geomancias) la primera de esta serie de sombras y demás motivos sobre la nieve, en un par de días de sol maravilloso que pasé con los guajes. Fue la primera que hice, poco después de las 9 de la mañana.

Aquí debería ir la segunda con el mismo motivo que aquella, un tubo cilíndrico de hierro hueco clavado en el suelo como este madero. Era por seguir el curso de la sombra y del reloj solar. Estaba hecha media hora después, sobre las diez, poco antes que ésta. Pero no hay manera de sacarla derecha y todos mis intentos han resultado fallidos. Renuncio.

Repito un poco lo que dije en aquella, la pequeña barra de nieve dura más brillante señala el norte, su extremo es el punto cardinal y las doce horas por el sol, la sombra del palo es la aguja de las horas, claro.

Aún no sé si haré otro de esos seriales míos que podría titular Sol, sombra y nieve. Parece el anuncio publicitario de un hotel en una estación de esquí... . ¡Es que estoy deslumbrao con tanta luz y con tanto blanco y negro!

De momento, ¡toy perdío, quiyyooo!...

Una de las sintonías (Electrosintonys) del Pulgarzito, del CD 2, Y venga fiesta, la titulada  La caena, título que se repite en el CD 1, y uno de los mejores del disco a nuestro entender.  


Salud y calor

Barbarómiros

 
P.D. Toy perdío, pero voy a cambiar (hoy 16 de marzo del 2012) la etiqueta y pasarlo a la que acabo de abrir, Ombres (Sombras), porque la de Alfabetos la tengo muy recargada y con ésta ya tuve dudas de colocarla también en Alfabetos, donde figuraban antes, también, las sombras sobre la nieve, y antes las de la terraza con sus flores. Espero no liaros, es también por tener la mayoría de sombras reunidas, lastituladas sol y sombra, que estaban en Arquitectura, creo, porque ya me armé la picha un líon, las pasaré también a esta etiqueta pese a que complemetaban un poco las entradas de las Tapias.

Vale. 

Con el Picogordo Fernandino


Autoretrato con la curruca Kardiológika
Castrillo de los Polvazares, febrero 2012

Ya os conté hace unos días que estuve con el Arrubarrenensis en casa de la curruca Centenalis comiendo un cocido maragato.

Antes de entrar en el comedor de la Mirlona hice algunas fotografías del pueblo y, tras el ágape, varias más del grupo de vividores/bebedores que componemos, cuando el morapio berciano galopeaba ya desbocado por la azotea.
Ellos habían dejado los coches en Astorga para evitar complicaciones pero yo lo llevé y no me pude soltar como hubiera querido.
No obstante ninguno estábamos todavía para el arrastre, somos mayores y tenemos el gorgüelo curtido por el aguardiente. Yo, que creía estar más sereno que el resto, sólo puedo aprovechar unas dos o tres de las veinte fotos que hice, y son de lo más corriente. Las demás desenfocadas, movidas, fuera de plano, mutiladas..., en cambio la otra veintena que saqué del pueblo antes del bebercio, sin ser una maravilla es aprovechable.

No se me da bien el retrato, sólo con una Pentax antigua no los hice malos, sobre todo de la morena de mi copla y de los niños cuando eran pequeños, pero a base de insistencia y suerte.
Recuerdo unas imágenes que sacó el Cascanueces Fidelensis cuando el mayor tenía dos años y volvíamos de Limnos un verano por el Prat para pasar un par de días con ellos en su casa de Barcelona. El guaje estaba morenín, con esos ojos oscuros preciosos, ¡para comérselo como a un bizcocho recién salido del horno! La curruca Publicitaria sólo hizo dos o tres disparos, pero las fotos eran tan buenas, y no es sólo pasión de padre y amigo, y las guardé con tanto mimo, ¡que ahora no sé dónde las tengo! En fin, Cebolleta.

Con esta maquinina, tan práctica para otras cosas, todavía soy peor. Ni un diez por ciento de ellas valen algo la pena.

Bien, pues la de hoy tan poco comprometida e interesante, en el último bar de la noche, mal iluminada, parece por lo menos enfocada. Si no la consigo, con el codo apoyado en la rodilla haciendo de trípode, era pa matarme.
Como éstas son del gusto y estilo de algunas de las de Aedotor (hay un autoretrato suyo en una acera de León con la Popa, su perra, en esta etiqueta, en El mirlo rubio), pensé que me iba a permitir convocar en una sola entrada a varias de las currucas, aunque sólo fuera a través de una mención, y al propio tiempo me daría la oportunidad de ir incorporando las patitas de las currucas calzadas, ya que los picos, el plumaje y las colas no me salen como quisiera. A algunas las veo muy poco y no sé cuando podré cazarlas, como no sea al vuelo y con mostacilla...

Llegado a este punto siempre me digo, a la griega, sigá sigá, poco a poco.

Éramos ocho y la celebración fue grupal, no hubo mucho lugar para los apartes y no sería educado, sólo la última media hora ocupamos sillas vecinas y, quizás menos cargados que la mayoría, estuvimos charlando un poco.
Nos veíamos también en la calle compartiendo pitillos porque somos los únicos fumadores del colegio. Pero con esta curruca me veo cada mes para un tratamiento común de choque, antiarrugas. Salgo planchao de mis encuentros con él. Y él con apresto.

Me quedan todavía dos capítulos sobre tapias, el primero de adobes con tres o cuatro fotos, y el segundo, que será también el último de estas dos series, por ahora, de huecos. Más adelante quiero colgar también imágenes de ventanas, puertas y portones, para las que prepararé otro serial que irá también en Arquitectura.
Ahora que parece volver la rutina debería atender otras etiquetas que tengo aparcadas. Y hace días que quiero preparar otro capítulo sobre Shutterchance como había prometido en el primero. Pero llevo más de una semana con problemas de tiempo, en la que no he podido ver más que las fotos de mis favoritos y para abordar esa entrada quería volver a repasar las fotografías de aquellos de los que hable. Veremos.

Javier Krahe, No todo va a ser follar,


Salud

Cannabina Karduélis, pardilla común.

jueves, 23 de febrero de 2012

Huecos en los tapiales -6


Butrón en un pajar
San Justo de la Vega, diciembre 2011

Gordito

De los siete hermanos varones que vivían en casa de mi abuela paterna, cuando eran niños, sólo había uno gordito, de los pequeños, los demás eran más bien delgados y espigados. Se sacaban un año o año y medio entre si.

En las primeras horas de la noche de un sábado de invierno, tras una planificación mínima el gordito, que tendría 7 u 8 años, acompañó a dos hermanos un poco más mayores que él, de 10 ó 12 aproximadamente, hasta la casa de un vecino para apañarle un par de tripas de chorizo fresco y asarlas al día siguiente junto a la bodega, cuando el padre, como todos los días, los enviara a llenar el garrafón de vino que diariamente se bebía en la casa.

Habían oído una conversación del vecino con mi abuelo en la que le decía que iba a abrir un agujero en la cocina de curar la matanza para la ventilación y salida de humos del pequeño fuego que se les pone a los chorizos en lo más crudo del invierno.
Aprovecharon que el butrón estaba recién abierto, tapado sólo con un montón de paja, sin el marco y los barrotes de hierro que colocarían después. Pero era demasiada altura para ellos, por eso llevaron una pequeña escalera de mano.

El primero que subió se metió por el agujero como un hurón y el segundo tuvo que sujetarle los pies hasta que se descolgó a la otra parte de la tapia. Después ayudó a entrar al hermano desde dentro.
Le habían dicho al pequeño que se quedara junto a la escalera para vigilar y si pasaba algo los avisara. Era ya noche cerrada y difícil que a esa hora anduviera algún vecino por ese camino de las cuadras y pajares, en la parte trasera de las casas. Incluso, si pasara alguien, no sería fácil ver a quien estuviera pegado a la pared de una casa en la oscuridad.

La matanza colgaba de los palos del techo. Después de acostumbrarse a la oscuridad y de estudiar un poco el terreno, casi más palpando que viendo, escogieron dos tripas de las más largas y cada uno de ellos metió una debajo del jersey. Ya habían calculado que tal vez tendrían que salir por la puerta de la cuadra porque en la cocina de curar no habría con qué subir otra vez al butrón. Salieron a un patio interior donde daba la ventana de la cocina de la casa, que tenía luz, y buscaron la cuadra.

Mientras tanto el pequeño se iba impacientando y, sobre todo, tenía miedo. Le pareció oír unos pasos cercanos y después, más próxima, una tos. En realidad sería alguien que se habría metido en una calleja cercana a echar una meada antes de entrar en casa. Pero el chaval ya no podía razonar y sudaba y no sabía qué hacer.
Subió los cuatro peldaños de la escalera y asomó la cara por el agujero. No se veía nada. Llamó al hermano más mayor pero no le salía la voz de la garganta del terror.
Se aupó al agujero con dificultad y metió la cabeza. La tapia era lo bastante ancha como para  no ser suficiente la cabeza para asomar por el otro lado. Como estaba bien gordín le costó encajar los hombros y necesitó meter también el cuerpo. Sólo quedaron las piernas gordezuelas fuera del tapial.

En la cocina de curar, oscuridad y silencio absoluto. Volvió a llamar atemorizado al hermano mayor sin obtener respuesta. Cuando sus ojos se acostumbraron también a la oscuridad del curadero vio que tenía la cara a la altura de los chorizos, que colgaban de unos varales en el techo. Pero no había nadie en la habitación.

Los dos ladronzuelos mayores estaban abriendo desde dentro la puerta de la cuadra, que sólo habían cerrado con un antiguo pestillo de hierro, sin la tranca de madera que acostumbran a poner cruzada. El vecino no se enteraría de que los delincuentes habían salido por allí porque la puerta quedaría otra vez con el pestillo puesto al cerrarla desde fuera.
En efecto, sin hacer ruido arrimaron la puerta y oyeron un suave chasquido metálico de la pieza que al caer cerraba el mecanismo.
Sintiendo la alegría de la liberación y el éxito de la empresa, pero en silencio absoluto, se deslizaron a lo largo de la pared hasta el lugar donde habían dejado la escalera.

Enseguida vieron las piernas del pequeño asomando por la tapia. Las sacudía como si quisiera meterse más en el agujero o quizá salir... .
Uno de ellos subió la escalera y agarró las piernas del guaje. El chaval pegó un grito que a ellos les pareció que se iba a enterar todo el barrio. Estuvieron unos segundos paralizados, sin atreverse ni a respirar.
¡Somos nosotros!, susurró el rescatador. El pequeño empezó a llorar y a decir que lo ayudaran a salir de allí, que no podía. El hermano lo tranquilizó malamente diciéndole que traían los chorizos, que se callara o al final los iban a pillar y que ahora mismo lo sacaban, y ni corto ni perezoso empezó a tirar de las piernas.

Nada. No se movía ni un milímetro. Después de un rato de tirar sin resultado subió el otro hermano que tampoco consiguió moverlo ni más ni menos. El gordito había quedado encajado en el butrón y ni siquiera tirando cada uno de una pierna lograron liberarlo. No podían entrar otra vez en la casa para intentarlo desde dentro porque la puerta de la cuadra había quedado cerrada.
Convencieron al pequeño para que aguantara un poco mientras iban a casa por herramientas para escarbar por algún lado y de paso dejar las tripas de chorizo, que no veas cómo les estarían poniendo las camisas y los jerseis.

Quedó lloriqueando y no porque fuera cobarde, estaba realmente en una situación comprometida.

Pero era la hora de cenar y los grapó la madre nada más entrar en casa. Preguntó por el pequeño que había quedado a su cuidado y le dijeron que estaba cenando en casa de un amigo cuyos progenitores eran compadres de mis abuelos, con varios padrinazgos cruzados. La trola coló y después de cenar salieron con la excusa de ir a buscar al hermano.
Debajo de los jerseis esta vez uno llevaba un cuchillo largo de los que mi abuelo usaba para la matanza del cerdo y el otro un destornillador grande.


Ventano de una cocina de curar

No había pasado ni una hora cuando volvieron. El pequeño entretanto no había cesado de gimotear sacudiendo las pernezuelas, intentando salir de su prisión de barro pero, poco antes de llegar sus dos compinches, agotado, ¡se durmió!. Algo hipnotizado también, supongo, con el rico olor de la matanza. Tuvieron que alzar la voz más de lo deseado porque al gordito, con las orejas al otro lado de la tapia, casi no le llegaba el sonido y dormía como un bienaventurado.

Menos mal que se les ocurrió jalar otra vez del hermano en equipo, porque si llegan a tener que usar las herramientas que llevaban sólo Dios sabe cómo hubiera podido terminar aquello.
Agarrado cada uno a una pierna tiraron con todas sus fuerzas, subidos en aquella escalera estrecha y no muy segura y de pronto el gordito, que habría reducido el milímetro justo entre lo que sudó, lloró y relajó con el sueño, se destrabó y salió como un corcho de champán, de estampida. Cayó sobre los hermanos y la escalera y los cuatro al suelo.

Los mayores, que amortiguaron la caída del bien alimentado pequeño, fueron los peor parados, pero la cosa no pasó de algunos moretones y rasguños. La altura no llegaría a dos metros.

Nadie se enteró de la aventura, probablemente ni siquiera el vecino perjudicado que es difícil que echara en falta dos chorizos entre los jamones, las cecinas y el centenar de tripas, de cerdo, vaca, sabadiego, lomos y morcillas, colgadas en aquel secadero.

Sin embargo ese domingo no se atrevieron a llevar los chorizos a la bodega para asarlos con unos sarmientos cuando el padre los mandó por el cántaro de vino.

Los comieron la tarde del sábado siguiente en el monte los tres conjurados y según contaban les supieron a gloria. Se rieron de los apuros que una semana antes habían pasado.
Pero asaron los chorizos con leña de encina, envueltos en una hoja de berza y untados con grasa de cerdo, como habían visto hacerlo al padre más de una vez.

Nunca se les ocurrió volver a entrar en casa ajena ni coger lo que no era suyo. Al final los siete hermanos, buenos comedores, acabaron siendo adultos gruesos, incluido el gordito, que además fue mi padrino de bautismo.

Ramiro Rodríguez Prada

P.D. Aunque esta es una historia apócrifa hecha de retazos e imaginación ya no hay testigos vivos que la puedan desmentir y sus hermanos murieron también. De todos modos las travesuras de este estilo no eran tan raras y mi intención, además de entreteneros, era recordar a mi tío Andrés.

Ahí os dejo un contraste musical con el cuento de hoy (en realidad de los años 30 ó primeros 40).

Nina Hagen y Herman Brood en plan tranquilo, cosa rara en ellos.

Das war so schön, en fin, Eso fue muy hermoso.


Salud

miércoles, 22 de febrero de 2012

Una barkula para Giannis


Kapetán Spiros
Ayi Apostoli
Eubea 2011 

Buenas días. Quería agradecer a Giannis Tzakós el que se apuntara también al otro blog, no lo vi hasta hace un par de días y debería hacerlo allí, pero... lo haré también en la próxima entrada, estos meses sólo escribiré una al mes a la espera de que Alberto y Lola comiencen su periplo griego.

Hoy ya no pude escribir en éste el capítulo que tocaba de los huecos en las tapias, Andrés Edo puso un ventanuco y hubiera ido muy bien la historia que iba a contar, ilustrada con una especie de butrón en una tapia. Era otra historia familiar de choricillos, porque de ahí no pasaban pues eran niños. Pero necesito más tiempo que hoy, a ver si mañana puedo volver a la rutina.

Aprovechando que ayer Giannis puso la foto de la proa de un caique varado entre los juncos, tal vez en algún bajío de los que rodean Halkida, en Eubea, le envío una no muy buena foto de una barca en dique seco, en Limani Petrión, el puerto de su pueblo, muy cerca de la casa de Maquis donde pasamos el mes de agosto.

Hasta mañana.

Anestis Deliás, Egó mangas, Yo manga.


Salud, Ygeía!

Ramiro

martes, 21 de febrero de 2012

Tapias -6


Tapia de una huerta
San Justo de la Vega, León 2011

Hola. La fotografía pertenecía a otra serie, Sol y sombra, pero tenía tantas que la reservé para las Tapias porque se ve bastante bien la base, de cantos rodados y muy alta, casi un metro, para lo que suelen tener (80 cms. aprox.). Es el mismo tapial de las tejas que vimos anteayer y tiene cerca de dos metros y medio de alto en algunas zonas.

En su día debió rodear una huerta que ya no se cultiva, al lado de una casa de tapia donde sólo queda un solar rodeado de altas paredes que cierran más huertos y otras casas del mismo material, una de las cuales con su cuadra es la que asoma por la izquierda. Aquellas del fondo derecho son ya de moderna construcción, de ladrillo.

Hoy voy a reducir el tamaño del capítulo y durante tres días estaré medio ausente, me tocó guardería infantil carnavalera y paso el día fuera de casa, cuando vuelvo con la tropa estoy pa planchar (oreja), y res mes.

Contesté a dos comentarios de Ana Capsir (recuerdo, Navegando por Grecia, en la Maga), pero aún no abrí los blogs de los 5 magníficos, fotógrafos, que visito a diario y no sé si tendré fuerzas hoy para algo más que echar un vistazo. Antes debo terminar  estas cuatro columnas y después hacer la cena. ¡Véis!, una de las ventajas de la edad es que ya no necesitas cenar todas las noches, o por lo menos no es preciso hacer platos de tenedor o cuchara que es lo que hay que darle a estos rapazones que comen como la urticaria.

Tapial, San Justo 2011

Esta fue una señora tapia, con tanta piedra menuda parece una muralla, pero sin el acabado y la grandiosidad de la china, que según leí en Internet tiene grandes tramos de tapial, como la Alambra de Granada, y aquí diría belleza y elegancia.

Es más ancha que la anterior, más alta y antigua. Parece haber sido construida a tramos espaciados en el tiempo y distintas proporciones de material, con añadidos sucesivos incluso de material medio de escombrera, con trozos de teja y ladrillo, y pegotes de restauración comidos ya por el tiempo.
La superficie es volcánica, llena de distintas texturas y agujerada como un paredón de fusilamiento, que no fue. En este pueblo no hubo de eso.

La apariencia de ventanuco cegado de algún hueco me hizo pensar si no sería primitivamente la pared interna de una cuadra pero, si lo fue, hace muchos años que dejó de serlo para cercar un huerto y limitar un lugar baldío. Por encima creo que se ven también los restos marrones de los cembos que se colocaban para protegerlas de la acción de la lluvia, lo que también sugiere una tapia de huerta.

Aquí abajo recupero el primer plano de una imagen del patio de las sombras, la chimenea y las flores. En realidad la pared también era de tapial, ahora revocada y pintada. En el entorno de las casas muchas de ellas llevaban cristales de botella en la parte superior, para dificultar la labor de los cacos. Digo dificultar y no impedir porque recuerdo algunas historias que escuché de guaje, quizás en casa de mi abuela paterna, en las que los robachorizos, ¿pleonasmo?, se salían siempre con la suya llenando el saco.

Cristales antiasalto

Una de esas historias fue el asalto a una despensa  poco después del medio día, cuando los vecinos reposan la comida aunque no duerman la siesta. Y era en invierno. El ladrón entró por la puerta del pajar que estaba en un altillo del primer piso en la parte posterior de la casa, debieron dejarla mal cerrada porque no la forzó. Después bajó a la cuadra y buscó la cocina de curar.

Cuando salía con el botín a cuestas metido en un saco lo vió un vecino y empezó a gritar. Le pareció alguien conocido pero no acertó a concretar. El caco se vió obligado a cambiar de camino y tiró hacia el monte. Lo seguía el vecino que lo delató, el dueño de la casa, que había cogido una escopeta y dos hijos mayores. Hasta la mujer salió detrás aunque se paró a las afueras del pueblo y se quedó allí esperando el resultado. Parece que el robo era de poca entidad, una docena de tripas de chorizo como mucho.

El ladrón les llevaba bastante ventaja aunque podían verlo porque hay una zona de un kilómetro, más o menos, sin apenas vegetación entre el final del pueblo y el comienzo de lo que nosotros llamamos el monte, un gran bosque autóctono de encinas y robles. Si no lo cogían antes sería difícil echarle mano allí.
El paisano metió dos cartuchos de mostacilla en la escopeta, una munición de plomo menudo que se usa para matar pájaros en bandadas, abre mucho el abanico del disparo y la densidad de perdigones es alta. Pero no llega muy lejos ni causa mucho daño si no eres gorrión.
Hizo el primer disparo y un instante después vieron cómo el ladrón se paraba llevándose la mano libre al culo ¡pero sin soltar el saco! Disparó el segundo cuando el hombre arrancó a correr de nuevo, sin parar de restregarse las posaderas pero con el saco al hombro.

No lo cogieron. Aunque no recuperaron los chorizos volvían riéndose satisfechos de haberle embutido algún perdigón en el culo al asaltante.
La sorpresa los aguardaba en casa: en su ausencia alguien había levantado el resto de la matanza.

Al final me lié con la historia y saqué una entrada como la de cualquier día. Si es que esto de coser y contar todo es empezar.

Os dejo con Arto Tunçboyaciyan, un músico armenio que ha vivido y grabado en Grecia, y colaborado con infinidad de músicos y muy especialmente con los griegos, y a quien supongo que la mayoría conoceréis. Es una música menos melódica que la habitual suya, pero tan original.

Música con botella y pandereta.


Salud y que tengáis buen día.


Barbarómiros.

lunes, 20 de febrero de 2012

Huecos en los tapiales -5


Ventilación en la tapia de una cuadra
San Justo de la Vega, 2012

Buenos días. Ya vimos en una plano mayor este agujero que no llega a ventanuco. Dejaron los orificios de los extremos de los paños y los agrandaron un poco, colocaron esa tabla de roble de cargadero y el ladrillo de suelo.
Hay varios parecidos en este tapial que es el de la construcción auxiliar que puse en el primer capítulo y en una imagen de Tapias-4. Es una pequeña linterna que permite una claridad mínima y, sobre todo, un medio de evitar la excesiva condensación en el interior de la cuadra donde los animales y el recocido del abono y la paja  mantienen siempre una temperatura y humedad muy por encima de la exterior.

Son muy frecuentes también los agujeros abiertos mucho después de la construcción de las paredes por lo común con el mismo objeto, ventilación y luz, por ese orden. Como la pared estaba ya muy dura tenían que hacerlo con piqueta y cortafríos. Parece ser que en muchos lugares éste era también el sistema de abrir los huecos de las ventanas.

Aquí las ventanas y puertas de los pajares solían hacerlas en el último tramo de paños del primer o segundo piso y dejaban el hueco con cargadero de madera y adobes, o colocaban el marco directamente y el madero superior hacía también las veces de cargadero. En ocasiones prolongaban ese madero a ambos lados para mayor resistencia.

Algunos de los agujeros los trabajaban después y colocaban un pequeño marco, pero la mayoría quedaron así, un tanto informes, entre el ojo de buey y el simple butrón.
Además de las cuadras otros lugares donde se abrían huecos era en las cocinas de curar la matanza, normalmente en habitaciones que dieran al norte donde no solían ponerse ventanas o, en todo caso, en la parte trasera de la casa. Pero en éstas se cuidaba de que no fueran de un tamaño practicable para chorizos choriceros (ladrones de embutido, que le pregunten ar Botinehi!...) y se reforzaban con barrotes de hierro, como vimos en la imagen de días atrás, la del ventano con la manguera roja. Y ésa ya era un poco grande y tuvieron que añadir un barrote más.

Lo dejo por esta noche, quería apuntaros todavía un par de canciones. Las dos son poemas de  Rasoúlis y las interpreta él. La primera, con música suya y de Alayani, es una versión casera, de cuando Manolis tenía la melena y la barba negras como una borrasca, acompañado por la voz de Anzí Koufoudáki. Me gusta por lo íntima y emotiva que es. Y corrió el tiempo... .

Se titula, ¡Ay, quiero a Grecia!,
¡Aj, Elada, sagapó!, Αχ, Ελλάδα σ΄αγαπώ!


La 2ª no sé si la puse, es posible que la versión de Papázoglou que es más conocida, pero no importa porque  me gusta mucho. Es la de Rasoúlis, el último músico griego al que dedicamos una entrada y del que ya he subido algunos temas. La música es de  Nikos Xydakis, del que también hay capítulo aquí  en Música cretense, aunque es egipcio de nacimiento.
Esto es lo que en mi época juvenil se llamaba el agarrao, música lenta, un poco lánguida, a media luz los besos, pensemos en eso mejor que en cosas amargas..., arrimados a las tapias.

 Aquí en las grietas del tiempo (atrapados en el tiempo), Edó sti rogmí tu jronu,
Εδώ στη ρωγμή του χρόνου


Y ésta de propina porque el título viene al pelo y nos dejará con algo más de entusiasmo en el cuerpo, ¡parece imposible que un tapial pueda conseguirlo!. También con letra de Manolis, música de Lefteris Stampouloglou.  

El muro, To tíjos, Το τείχος

Salud, Υγεία.

Barbarómiros
Μπαρμπαρώμιρος

domingo, 19 de febrero de 2012

Tapias -5


Tapia de una huerta
San Justo de la Vega, León 2011

Hasta ahora hemos visto imágenes de los tapiales de las casas, ésta es la tapia de una huerta y la forma tradicional y más común de rematarlas, con lo que por aquí llamamos "cembos", cepellones de hierba con tierra y raíces que se colocaban como protección.
Estamos en una tierra donde llueve poco, es más significativo el frío o el calor que el agua. Aunque en primavera, incluso en verano, pueda caer un chaparrón espectacular ocasionalmente, ésta es la España seca.
El objeto de los cembos es empapar el agua de lluvia impidiendo que cale al tapial. En las estaciones donde llueve aquí, en las que muchas veces sale el sol a continuación, al poco tiempo el cepellón esta seco sin que la tapia halla sufrido mayor mojadura.

La raja que cruza la pared es otra vez la unión de dos paños.

La altura de las tapias variaba sobre todo en función del lugar que protegían. Las que cercaban las huertas del interior del pueblo, como ésta, con acceso a las casas, eran más altas (2-3 m.) y mejor construídas,  El resto más bajas (1,5-2 m.) y bastas. El grosor entre 20-40 cms.
Pero en general ninguna tenía la anchura de los tapiales de las casas. Las más anchas, como ocurría con las viviendas, son las más antiguas.

Contaba Belén Lozano ( crecer), a propósito de la foto suya de un tapial derruido en un palomar de Villafáfila, en Zamora, que colgó hace tres días en Shutterchance y que comenté, que según su madre allí levantaban los palomares con adobes, y que los ricos le ponían tejado de teja.
¡Ceporro de mí!, no sé porqué entendí que era en las tapias como éstas donde la utilizaban y supuse que se refería a las que se colocan como tejadillo de remate, con una fila en la cumbre y el resto  transversalmente a ambos lados, como se sigue haciendo hoy en los muros modernos.
O bien en una sola hilada, como en la foto de abajo, que aquí cuando se usaba teja, menos veces, se colocaba de ese modo, lo que da idea también de la escasa anchura de estas paredes.

Lo dicho, senil. Pero como la melopea discursiva regresa a los viejos como una resaca, gracias al error enderecé y completé estos puntos y la explicación de lo que vemos. Puro Cebolleta.


Tapial de huerta
San Justo de la  Uve, 2011

La foto ya no tiene mucho que comentar que no sepamos. Ahí tenemos la base de piedra con abundancia de arenisca, cantos rodados de grueso calibre en su mayoría en este caso, como ocurre en  casi todos los tapiales de las huertas, y más si son de los alrededores del pueblo y no del casco urbano, donde no es raro ver piedra de otro tipo, como muestra la última imagen.

Después de este par de entradas, más los Huecos correspondientes, haré una final sobre adobes, de los que ya dimos cuenta aquí en todos los capítulos sobre tapias, a la espera de más y mejores imágenes.
Quedará también pendiente algo sobre palomares que Valentín bordaría.
Mientras escribía estos días sobre el tema pensaba cuánta gente lo podría hacer con mucho más conocimiento de causa que yo, y de zonas del mismo León, como Tierra de Campos, donde he visto las tapias más hermosas, o de las vecinas Palencia y Zamora, que conocemos bastante bien, incluída la Villafáfila que mencionaba Belén.

Alguien lo habrá hecho y no lo sabemos, y si no lo hará, porque no es posible pasarlo por alto a menos que la ceguera no sea ya parcial sino absoluta.

Sólo hoy busqué con más detenimiento Construcciones de barro y vi en Wikipedia las entradas de Tapiales y Adobes, que no están nada mal, tienen más datos técnicos e históricos que yo y manejan el lenguaje apropiado del especialista.
Después predomina la información sobre construcciones americanas porque es allí donde se mantiene más viva esa tradición, con explicaciones muy completas sobre procedimientos y demás.

En muchos casos encuentro diferencias pero es lógico porque cada país, cada región desarrolló su propio modelo, y ahí es donde quizás pueda aportar algún mínimo detalle local menos conocido.

Sea como sea me he divertido con la serie, he aprendido unas cuantas cosas y, lo que me parece más extraordinario, ha despertado el interés de los que ya considero amigos aunque no haya visto ni una foto de sus caras, Belén, Txell y Valentín, fotógrafos a los que sigo de cerca desde hace unos meses porque también a mí me gusta su trabajo.

Elegante base de una tapia de huerta
San Justo 2011

Como soy muy escéptico respecto a la eficacia de la subversión, más o menos radical, que otros muchos y yo mismo mantenemos contra el estado de cosas que nos toca vivir, los gigantes y molinos del presente, pero tampoco estoy dispuesto a entregar la cuchara al enemigo, encuentro consuelo y  fuerza en esos contactos inesperados con personas que veo que tampoco comulgan con ruedas de molino y me da por ser optimista por momentos, en pensar que no estamos tan solos.

Hoy tengo otra noticia triste, del mismo género, que añadir a la de Enrique Sierra de ayer y por eso no había preparado la entrada y me pilló el tranvía.
Los detalles no importan y de nada vale lamentarse, lloras un poco para desahogar y vuelves a casa como si te hubiera caído un chaparrón encima, y de nada sirviera correr para escapar de la empapadura. Llegas calado hasta el tuétano, otro nombre del alma, de lo que sea...

En estos momentos quisiera encontrar ese chiste de la sonrisa amarga que esbozan quienes sufren, la gracia negra que nos obliga a sonreír incluso contra nuestra voluntad de recrearnos en la tristeza. Pero eso es un arte que no está a mi alcance ahora.
La escatología suele acertar y pensé en este tema que tenía preparado para algún cular como el Botines. Yo no consigo animarme, a ver si tenéis más suerte los que no llevéis historias deprimentes en la cabeza como yo ahora.

¡Viva Méjico, cabrones!

El Tri, No hay pedo.


Salud, boas noites.

Barbarómiros

sábado, 18 de febrero de 2012

Enrique Sierra


Rosendo García Ramos, Sendo.

Estaba leyendo un comentario de Txell a las tapias de hoy, me enteré por la radio de la muerte de Enrique y empecé a preparar una pequeña entrada de recuerdo con lo primero que se me ocurrió, una fotografía y una canción de Pablo Milanés, la Carta a un amigo lejano.
Cuando volví al blog con la foto de este cuadro de Sendo habían desaparecido todas las fotografías, sólo quedaban los textos.
Al poco recibí un correo de la curruca Blasensis, que suponía que yo estaría al aparato, dándome de nuevo la noticia. Llevo cerca de dos horas porfiando y no sé cómo se arregló esto.

¡Y yo he pospuesto la entrada que debía a Radio Futura varios meses!.. . Se la debo por amistad, pero también por su música.

Los conocimos el año 80 y si entre ellos había algún inocente, con esa pinta, ése era Enrique. No hay tregua creo que dije el día que murió Tàpies, o Angelópulos o... . Por mí, res mes, ya me basta.

¡Que tengas, que tengamos un buen viaje, amigo!


Ramiro

Huecos en los tapiales -4


Ventana de un pajar
San Justo de la Vega, 2011

Me han animado tanto Valentín, Belén y Txell con su interés y sus comentarios que decidí seguir de momento con el barro. Haré una entrada con fotografías de adobes y otra, o un par, de las murias de tapia de las huertas, más estrechas que las paredes de las casas y con algún detalle particular. En medio colocaré más imágenes de huecos así que, a los poco tapiadores, os seguiré martirizando unos días más.

Ésta es la ventana de un pajar, en un primer piso. La casa es también de las más viejas del pueblo, con alero de pizarra que aquí no vemos y tejado de teja, todavía. Se mantiene bastante digna y nunca había sido revocada, hasta esa capa de cemento reciente tirado a paletadas sobre la tapia sin más contemplaciones (es técnica, no descuido) en el primer piso.

La madera no vio jamás la pintura. Antes de las sintéticas, de fácil uso, popularizadas ya en los años sesenta, las más afortunadas podían recibir alguna manina de aceite de linaza, y para de contar.
Poco más se puede añadir del modelo de tapial, es un acabado tosco que no tiene el enlucido de barro que daban a muchas de las paredes externas e internas de las casas. Pensemos que se trata de un local auxiliar.

Volvemos a lo dicho ayer, la rehabilitación correcta exigiría una mayor inversión e incluso no sería fácil encontrar quien la hiciera, no por falta de manos o voluntad sino por desconocimiento del oficio.
Cuando los pajares ya carecen de uso, porque tenemos el campo medio abandonado, ¿quién puede pararse a conservarlos?
Como me decía Valentín, que rehabilitó un palomar, lo hizo por un capricho del dueño que, naturalmente, no tendría necesidades mayores.Ya es algo impedir que se vengan abajo. Dejémoslo ahí.

No me extrañaría que, tras la colección de imágenes de estos capítulos, alguien me dijera que escogí lo más feo que encontré en el pueblo. Es cachondeo, no somos tan malos. ¡Y hay gente pa tó!
Las bromas irónicas que hago sobre mis paisanos, que es como  reírme de mí mismo, es una cura en salud porque no sería elegante poner en solfa a los demás sin dejar muy claro que todos podemos ser objeto del humor ajeno.

En cuanto a la belleza de los motivos que colgué no me bajo de la burra, a mí me gustan más que la mayoría de las nuevas construcciones. Podría razonarlo de nuevo, pero creo que toda esta serie ha sido en gran medida un intento de demostrarlo, y junto a ello poner de relieve el trabajo admirable de nuestros mayores.
Y, si cabe, señalar la relativa ceguera que las modas nos imponen. Modas que son parte de nuestra ruina. ¡La contaminación es ya bestial!, y no hablo de la atmosférica ni del agua.

Junto con el río y el monte, lo que más me gusta de mi pueblo es lo más humilde, donde encuentro su alma, que ya tiene mérito no creyendo en espíritus.

Mikel Laboa, Zaude lasai, No se preocupe.


Para darle una oportunidad a la sonrisa después de la languidez de Laboa y la tristeza de las imágenes del vídeo, voy a dejaros algo más animado.
Aunque sólo fuera por el apellido del artista ya vendría bien aquí, pero sobre todo por su espectáculo de ilusionismo y marionetas, con ese tierno detalle ecologista,

 Xavier Tapias y su "Robot".


Agur, salud i bona nit!

Barbarómiros

viernes, 17 de febrero de 2012

Tapias -4


Adobes  en la cumbre de una casa de tapia
San Justo de la Vega 2011

Ya vimos alguna imagen de los aleros en una fachada y en la parte posterior de una casa, incluso uno de pizarra, el material que se usaba para estos menesteres en las construcciones más antiguas del pueblo. Hoy traigo otros dos.

Este es el lateral de una casa con el tejado a dos aguas, el más común aquí, donde se aprecia bastante bien la resolución final con adobe hasta ganar la cumbre. La vivienda es muy vieja y parece haber cedido en esa falla que la cruza y que desalineó los adobes, aunque tal vez, en esas alturas, no importara tanto trazar una línea recta como terminar la obra.
Pero ni por asomo se me ocurriría llamarle chambón al que construye una casa con los materiales más humildes y que lleva en pie más de doscientos años.

Hablando de chapuzas, y lo he recordado en más ocasiones, espero que no me apedreen los del pueblo, como tejedores no teníamos fama de muy finos los de San Justo. Las monjitas astorganas compraban su ropa interior aquí (¡un negocio porque de aquella eran legión!).
Lo cuenta Concha Espina en "La esfinge maragata", "usamos ropa interior de lana muy gruesa tejida en San Justo", le dice la superiora de un convento a la protagonista. Se supone que trataban de disciplinarse con el rudo tejido sanjustino. Ajjj, Panayitsa mou, Virgo tremens!

Astorga, plaza de curas y militares. Y de otras muchas cosas, por supuesto. Saltándome las tapias, no evitaré de nuevo a Valle-Inclán...

...y las niñas que acuden al sermón
mejillas sonrosadas por el frío
de Astorga, de Zamora, de León

Todas ciudades levíticas y aguerridas, ¡qué bien supo don Ramón captar esa atmósfera eclesial, fría y reverente que es la sustancia misma de la educación curil o monjil que recibimos, obediente, servil dentro o fuera de la sacristía! Dejad que las niñas se acerquen a mí (y los niños). Esa cosa sebosa.
Siempre  me recuerdan unos versos de Jacques Prévert en "Parole", sólo que el arousano fue más sutil y lo escribió antes. Decía Prévert, cito de memoria:

Ese funcionario de gobierno
cuya esposa le lleva no pocos años
tiene unos modos tan acariciadores
cuando le da la mano a las muchachas...

Gila con bisera de uralita

Es lo único que falló en este pajar, el tejado, pero la viga transversal, de la que vemos el extremo, está también desencajada tal vez porque la durmiente (Valentín) sobre la que descansa cedió y tuvieron que habilitar una solución de emergencia con esa cuña que sujeta por abajo la traviesa rota. Pero la tapia se ve tan flamante todavía y hasta conserva la capa de barro bajo las losas, tapando las hiladas de adobe.
Sé que en muchos casos otra solución diferente en casas tan antiguas destinadas en su mayoría al derribo en un tiempo más o menos breve, es muy cara para la familia que ha de asumir la rehabilitación. Pero siento pena.

Han desaparecido también muchas tejeras locales que ofrecían un producto más barato, aunque no tuviera el acabado que consiguen los grandes monopolistas del negocio, que no lo fabrican de mejor calidad. Y con ellas perdimos, en cuatro días, puestos de trabajo en una actividad regional, ligada también a la arcilla, que fue rentable durante muchos años.

Vamos liquidando nuestro patrimonio artesanal, cultural, sin que las alternativas hayan resuelto problemas como una vivienda digna para todos, que debería ser el objetivo prioritario de toda política urbanística que se precie.
En zonas rurales como de la que hablamos ese problema es mínimo, nadie vive en la calle.
No se trata de regresar a las cavernas, pero aquí sería fácil volver a un tipo de arquitectura más sostenible. Toda contribución, por pequeña que sea, es positiva.

Y los modelos urbano y rural son distintos, a nadie más que a mí se le ocurriría levantar un rascacielos de tapia en la Gran Vía manchega. O una catedral de adobe aquí "en la zona rural".
No dejaría de ser una atracción turística excéntrica, a ver si alguien recoge la idea y le saca partido, que están las cosas muy mal, compañeru.

Trato de no perder el humor.

El hecho es que los especuladores del suelo y el ladrillo en connivencia con la mafia bancaria son una de las causas de la actual crisis, que emerge ahora pero que viene de lejos, desde que dejamos de mirar a nuestro alrededor y nos dedicamos a correr delante del progreso. La conciencia sigue anclada, cuando la goma dé todo lo que puede dar de sí el retroceso no será desaceleración, será  espachurramiento contra el punto de anclaje, contra la realidad presente.
Abandonemos la carrera. Veamos lo que tenemos sin renunciar a ningún derecho. Parole otra vez,  bonitas palabras...

No he dedicado apenas espacio a ensalzar estas construcciones tradicionales porque me he centrado en describir, con palabras torpes y escasas porque soy lego, el proceso de construcción y las fotografías.  Lo haré enseguida.

Solución para ventilación en los agujeros de los tirantes
San Justo de la Vega 2012

Se trata de la dependencia auxiliar que veíamos en dos imágenes del primer capítulo, una de las casas de tapia de más reciente construcción, menos de un siglo.

La solución de conservar los agujeros en los extremos de los paños se convierte aquí en una graciosa artesanía constructiva, con ese ladrillo en la base y una pequeña tabla de cargadero. Tengo por ahí algún primer plano de ellos.
En la imagen destacan también las dos hiladas de adobes que coronan los dos niveles del tapial, circunstancia que no siempre se producía, era más frecuente alzar un paño sobre otro sin la línea intermedia de adobes, salvo en el suelo del primer piso y en la techumbre del edificio, para el apoyo de las vigas, lógicamente, entre ellas se ponían los adobes, ¡hasta yo me aburro de repetirlo!.

En fín, una casa de tapiales en su punto no tiene nada que envidiar a cualquier otra construida con materiales llamados nobles, como la piedra, ni en belleza, ni en habitabilidad. Aunque ésta la supere en solidez no la mejora en condiciones de temperatura y humedad, mostrándose por el contrario la tapia más apropiada para las regiones de clima continental, de inviernos fríos y estíos tórridos como los de la Meseta, ya que presenta un mejor balance de intercambio atmosférico con el exterior y es por tanto más rentable: ahorra calefacción en invierno porque es más caliente y en verano acondicionadores por ser más fresca, como el botijo.

No sobra recordar que estamos también en tierra de bodegas excavadas en barreros y, aunque bajo tierra aumente la temperatura, el comportamiento de la arcilla es único en su relación con el ambiente y el termómetro, incluso a bajísimas o altísimas temperaturas.

Hay un detalle que no pasaré por alto. La construcción de tapia era más laboriosa que el ladrillo que la arrasó (y no tengo nada contra el ladrillo como elemento constructivo, que quede claro).
Es evidente que al abandonarse los antiguos modelos de construcción éstos no evolucionaron y la descripción del trabajo se queda casi en el relato de una actividad poco más que artesanal. Lo digo porque Leandro Rabanal, el especialista, contaba riendo el mucho tiempo que se echaba en levantar una casa, y sobre todo lo duro que era el trabajo y lo poco que se ganaba.

De nuevo tenemos ahí la velocidad de crecimiento y el balance económico. ¿Ahora que amenazan con recortarnos hasta los huevos sería cuestión de no comprar cuchillas de afeitar y dejarnos las barbas?. Con la miseria de sueldos que cobran, en especial los jóvenes, ¡los pocos que trabajan!, ni siquiera tienen el recurso de ponerse a hacer adobes y construir su propio nido, llámale choza. Sería mejor que la intemperie.

Debemos racionalizar nuestras espectativas, los medios con los que contamos y las fuerza para cumplirlas. Inflamos las espectativas, despreciamos los medios y  sobreestimamos las fuerzas. Como decía una antigua expresión castellana, hoy lógicamente en desuso, ¡Tente tapial!, es decir, sin prisas, poco a poco. Sigá sigá.

Moisés y Carlos, con una guitarra y un tres buscándose la vida en Suiza, buen dúo.  A caballo vamos pal monte...: El carretero.


No puedo poner otra versión de Amor canalla (Saltando las tapias/ robando melones/luna llena en la cara/y un plato de macarrones...), del Pulgarzito, aunque la que más me gusta es la que ya coloqué en Murias, porque se la retiraron de la circulación. La sustituyo por El blues de la luna, de su disco  Púlgar (95), con acompañamiento instrumental y coros de lujo, porque a un colega siempre es un placer escucharlo.


Salud

Barbarómiros

jueves, 16 de febrero de 2012

Huecos en los tapiales -3


Casa de tapia en derribo

Buenos días. Vemos en esta imagen el esquema del modelo más sencillo, piedra y tapia a continuación, de la base de una casa de tapial, más joven que la de ayer, de muros menos gruesos. Podemos observar también las dos filas de adobes sobre el dintel de la puerta que aquí parecen hacer además las veces de un cargadero puesto que no apreciamos ningún otro.

El ejemplo nos servirá también para volver a los revoques con cemento y enlucidos de yeso sobre las paredes de barro, que prometí tratar. Repito que, todavía, la mayoría de las casas del pueblo son de tapial ahora cubierto por el revoque y la pintura, tal como muestra la fotografía, o el ladrillo, la piedra artificial y hasta el azulejo, extraño aquí.

Como la tapia no hace muy buenas migas con el cemento y éste apenas consigue agarrar en la arcilla, los albañiles se vieron obligados a ingeniárselas para conseguir una mayor sujección.
Clavaban una alambrera en el tapial, con abundancia de clavos, y echaban la pasta directamente sobre la pared, de modo que las cuadrículas, formando una red de microencofrados, sujetaban el cemento hasta fraguar y le daba mayor consistencia final al revoque. El enlucido con yeso sobre la pared de cemento resultante, en su caso, ya no suponía ninguna complicación.

No obstante, después de años sin habitar y algunas totalmente abandonadas a su ruina, muchas casas aún en buen uso, presentan desconchones en las paredes, en el interior y en el exterior, como los que vemos en la foto de esta casa que ya dejó de serlo.
Tal parece que se despellejaran, que se abrieran las heridas de antaño para dejar al decubierto nuestra realidad íntima, siempre humilde, y pobre con frecuencia. Y nuestro pasado y a nuestros mayores, de los que debemos sentirnos orgullosos, porque ellos nos hicieron y su herencia de trabajo sigue en pie mientras nosotros... y las tapias, estemos vivos.

Todo ello no nos cierra el ojo puesto en la realidad actual que sufrimos, no menos calamitosa, aunque no tengamos arte ni parte en sus causas, ni nos obliga a excluir a la variedad de pueblos y gentes que hay en este mundo. No se trata de mirarse el ombligo tanto como las entrañas.

¿Qué compartiremos cuando no tengamos ya nada propio que ofrecer? Y no me refiero a la propiedad de un bien mostrenco que se compra con dinero, claro está.

Mañana pensaré qué hacer con algunas de las fotos, de los mismos temas, que me hubiera gustado enseñaros y cómo rematar la serie.
No he podido hablar con "mi asesor", ¡a lo grande!, y amigo Leandro Rabanal, maestro de obras ya en el dorado retiro, que fue quien me dio las indicaciones más técnicas que aparecen en las distintas entradas, y a quien agradezco de veras su ayuda e interés. Espero que la siguiente conversación con él me ayude a despejar algunas dudas, entre ellas la que me planteaba Valentín Cabañas sobre el posible uso de drizas de esparto como tirantes, en lugar de listones o palos de madera en los encofrados de los tapiales.

Tengo pendiente además el tema de los palomares de tapia por los que también se interesaba Valen. Y la curruca Blasensis me animó a ver un tapial espectacular de adobes en su pueblo, Morales del Arcediano. Espero hacerlo.
Por último están las ventanas, puertas y portones, la mayoría también en paredes de tapia, que trataré que continúen en esta etiqueta de Arquitectura a los capítulos de esta semana, por tener al grueso de imágenes de tapiales reunido ahí en una tira sin interrupciones, lo que facilitaría su lectura sin andar saltando, pero debo decidir si lo haré ahora o más adelante.

Os dejo, cumpliendo lo prometido, la segunda parte de la grabación que el programa asturiano de la TPA, Camín de cantares, uno de los mejores de la cadena y de producción propia, realizó al tamboritero maragato Eduardo, de Viforcos aunque vive en Astorga, que fabrica también sus propios instrumentos, interpretando a la flauta y al tamboril, La jota, La procesión, La casada, La dulzaina, El corrido y Las boleras. Se abre con el tema del Toque a beber que quedó interrumpido ayer.

Añadiré que, si bien puedo escuchar el Hombre esquizoide de siglo XXI de King Crimson y emocionarme, con esta música se me sale el corazón del pecho, se me levantan los brazos solos, doy pitos y zapatetas y volteretas y riauriaus, y eso que soy un zote en jotas y fandangos. Pero como cuando escucho un buen zebékiko griego, una tonada con o sin gaita, o un flamenco jondo, me pasa lo mismo, pienso que no es sólo cosa de raíces, aunque todos estos palos las tengan. Tiene mucho que ver con la alegría, con el baile y con las emociones sencillas que todos llevamos agarradas al alma (zen).

Las canciones maragatas de Eduardo, de ayer y de hoy, hubieran merecido un par de entradas en Música española junto con otras grabaciones de distintos intérpretes y lugares, o ilustrando los capítulos de Murias que hablaban de Maragatería. La relativa imprevisión en que me muevo y el gusto por cosas dispares permite la cohabitación de la tapia con Alice Cooper o de La peregrina, la jota maragata más conocida, con el Batis, un rebetis colgado y trágico.

Es sano airear la casa y que entre la luz con todo su espectro al completo.

Para los que no disfrutéis con la música tradicional, ya perdéis bastante, ahí os dejo un tema de Sleepin Pilow que me envió Giannis Tzakós hace unos días. Ésta es también de la banda psicodélica de Andrés Edo, aunque de la nueva hornada. Volvemos al trío es esto. Espero que os guste como a nosotros.

An idiot´s point of view.

Salud, Υγεία!

P.D. Confío en que mi colega el georgiano Louk, el griego Lukas Papadimos, el extremeño José Carlos "Chumbarba" Herrero, de Geotropía, tamboritero menos experimentado por joven, haya tomado nota del manejo de Eduardo y haga algún comentario al caso aquí, pues al fin y a la postre no sólo sería la contribución de un amigo sino también la de un especialista, que agradecería. Disculparía mejor la falta de la curruca Blasensis, músico y maragato de sobera. 
Pero, por si acaso, ¡escucha Pappadimos, como no te enteres esta vez te voy a depilar la chumbarba pelo a pelo, granuja! ¡Deja a Camilo vi y güerve a la frauta y al tamboril, desertor!

Que durmáis bien.

Barbarómiros

miércoles, 15 de febrero de 2012

Tapias -3


Remate de una pared de tapial
San Justo de la Vega 2012

Hola. Aquí tenemos el remate de un tejado en una pared de tapia, otro de los lugares donde se combinan los adobes con el tapial. Sólo asoma un poco el pico un adobe.
Tuve que aplicarme buscando cuando hice la fotografía, porque ese hueco debajo de la madera parecía indicar que se trataba del marco de una ventana cegada, un hecho común en las casas de tapia, como el de abrir nuevos huecos posteriores a la construcción. De todo ello tengo también ejemplos fotográficos.

De todos modos no hubiera importado porque entonces el marco superior haría también la función de viga, repitiendo el esquema general que he podido ver en la mayoría de los remates. Pero esa traviesa de madera se prolongaba varios metros a derecha  e izquierda, tapada casi por completo por una capa de barro que impedía ver también la fila de adobes que hay sobre ella.

En conclusión: en lo alto de la tapia colocaban una tabla o vigueta de madera  del calibre necesario para soportar y repartir el  peso del tejado, sobre ella iban las vigas transversales, que aquí no se ven, y entre  ellas una o más filas de adobes hasta alcanzar la altura de la viga, como se ve en el detalle de la foto inferior, ahí el suelo de un segundo piso.

La inmensa mayoría de los tejados del pueblo son a dos aguas. El remate del que aparece en la imagen superior, con pizarra plana sin trabajar apenas, es cada vez más raro e indica también la antigüedad de la construcción. En los aleros de las viejas casas era más frecuente que la madera.
Y ya vi algunos pajares de tapia y alero de pizarra que habían sustituido la teja por uralita, que es como si Gila, de pana pana, llevara una boina de plástico colorao, y capada.
Lo del rojo pase, la capadura Paco la soportaría muy malamente, ¡y con el genio que tenía!..,  pero bueno.
.
 
Tapia, madera y adobes

Como estamos entre adobes, es decir, entre dos fotografías con ejemplos de "ese elemento constructivo", y puesto que hemos dicho ya lo más significativo acerca de las tapias, vamos a dedicar estos dos tercios que restan a adobarnos.

La pared de adobe es menos frecuente que el tapial en las viviendas. Aparte de los usos auxiliares descritos, se utilizaba algo para las murias de las huertas, y en pequeñas construcciones, pajares, cuadras, chamizos anejos a las casas. Y en el interior para los tabiques, cuya colocación en espiga ya intenté explicar en un capítulo anterior.
Se colocaban entre dos palos o listones de madera verticales y paralelos, sobre una pieza de roble y se remataba en el techo con otra pieza más ligera. En el piso inferior los adobes de los tabiques eran por lo común de mayor calibre, en el superior más ligeros, para no recargar el peso.

Los adobes se hacían con arcilla, paja trillada y agua. Al igual que lo dicho sobre el tratamiento de las tierras que se usaban en las tapias, la materia había que escogerla y trabajarla con ahínco.

El utensilio que empleaban para fabricarlos se llamaba Adobera. Es un molde de madera, de planta rectangular, hueco, con divisiones del tamaño de los adobes apetecidos. Las dimensiones de las adoberas eran pues funcionales y variaban de acuerdo a las necesidades.
Las medidas exteriores más frecuentes, no obstante, eran  50 x 40 cms., o con una división central, de manera que el molde tuviera cuatro divisiones para adobes de 40 x 12,5 cms., u ocho de 20 x 12,5 cms.
El grosor de los bloques finales era también variable, dependiendo del lugar donde iban a ser colocados u otras necesidades particulares.

Hecha la mezcla de los materiales, con la masa resultante se llenaban las adoberas, en el suelo, hasta el borde, y con una tablilla se nivelaba la superficie superior quitando el material sobrante. A continuación se retiraba la abdobera, que estaba provista de dos asas en los laterales, sacándola hacia arriba. Se dejaban secar unos días (15/20) y listo.

Mi abuela paterna tuvo once hijos, empezó a parir a los 17 años. Los dos primeros no sobrevieron pero sí los siguientes, de entre ellos 7 varones. En el verano, cuando no había escuela, ¿qué hacían siete pichas metidas en casa? Pelearse y armar jaleo. Mi abuelo los mandaba a fabricar adobes para tenerlos entretenidos, adobes que se almacenaban en el secadero y que el invierno siguiente se encargaba de malbaratar convirtiendo la obra del verano en un montón de barro y paja.

Tapia en la base y adobe sobre ella

En esta fotografía podemos apreciar algun detalle que ya comentamos. Es la base de la tapia de una vivienda, la de la foto de la manguera roja y el ventano. Aquí la base es sensiblemente más ancha que la tapia, algo no infrecuente, y sobre ella se colocaron tres filas de adobes antes de empezar a levantar el tapial propiamente dicho.
Parece que la base fuera de barro, sin embargo, aunque no pude apreciarlo porque no está al decubierto por la capa de barro que la tapiza, creo que detrás hay piedra y, desde luego, debajo de las tres filas de adobes hay otra de la misma anchura que la base, por lo tanto de mayor calibre que los superiores.

Recordemos que los otros dos esquemas que vimos de estas bases eran, empezando desde el suelo: el más simple, piedra y tapia sobre ella, o añadiendo una hilera de adobes de la anchura de la tapia, encima de la piedra, antes de alzar el tapial.

Aquí se complica un poco y quizá se explique por la antigüedad de la casa. Con el tiempo se fue simplificando el procedimiento a la par que se reducía también el grosor de las paredes y aumentaba el tamaño de los huecos, puertas y ventanas. Las más modernas dan la sensación de mayor ligereza por eso.
Y voy terminando. Mañana colgaré otra imagen intermedia sobre huecos y veré después qué rumbo sigo. Me pasa lo mismo que con las sombras, tengo un montón de imágenes todavía, pero tal vez convenga una tregua más larga que la de ayer con Valentín.

Estuve buscando alguna grabación del Maragatu, un histórico de la tonada asturiana, por unir a la Vega dos regiones amigas, Asturias y Maragatería, pero no hay nada de los primeros maestros, así que escogí ésta de la TPA (la tele asturiana), con entrevista incluída, muy interesante también porque habla de los estilos, de los instrumentos del folclore maragato, tamboril, flauta y castañuelas, o de las maderas que se usan, la urz o brezo, y porqué.

El folclore de Maragatería es tan rico que todas las zonas que rodean Astorga, no maragatas, como en la Vega en la que estamos ahora con las tapias, participan del mismo y sus sonidos y sus ritmos son tambien los nuestros, con ellos se educó nuestro oído infantil.
Como el vídeo dura más de 14 minutos con la entrevista, que no tiene desperdicio y recomiendo, os dejo otro tema más corto como aperitivo, por si alguien no gusta de este bocado, exquisito para mí. Eduardo toca en ésta las castañuelas y está acompañado a la flauta y al tamboril por David Alvarez, instrumentista y estudioso del folclore leonés que preparó el encuentro y asesoró a la dirección del programa.


Os dejo con Eduardo, de Viforcos, rayando con el Bierzo, ya tiene algo del deje berciano, hijo y nieto de tamboriteros, que interpreta  Ronda, Alborada, Entradilla, Toque de mayordomo y el principio del Toque a beber. Mañana pondré la segunda parte que completa ese estupendo programa.



Me hizo gracia en la entrevista el comentario que hace el paisano al explicar e introducir la última canción, de la que sólo podemos escuchar las primeras notas. Es la del Toque a beber y dice Eduardo, no sin sorna, que a la taberna sólo iban los hombres, "las mujeres tienen prohibido el vino porque se les pone el ombligo azul cuando lo beben". Ya antes, cuando el entrevistador asturiano pondera su maestría tocando los instrumentos, Eduardo, serio y por lo bajini, le contesta, "Sí, aquí sería el mejor, como no hay nadie más...". ¡Bravo Eduardo!

¡Salud!

Barbarómiros

martes, 14 de febrero de 2012

Salud, Valentín


Coraçâo com corâçao

Esto de las fotografías y las tapias une mucho, y mira por donde el santo onomástico de Valentín Cabañas (carasur) cae en medio, no de los trigales sino de los tapiales, donde yo sigo colgado cabeza abajo, como un murciélago o ese corazón  del revés de la foto, tras el cristal.
Separados por las tapias. Una tapia agujereada,  La tapia tenía un precio, El bueno, el feo y la tapia, Por un puñado de tapias, no se porqué me dió ahora por el spaguetti y Morricone, es que siempre me recuerdan el desierto almeriense -ahora el valentiniano-, Méjico, Buñuel, y las tapias. Unidos por las tapias.

 Descansemos del tapial hoy, Valentín.

Parálisis Permanente, Unidos.

El manchego Juan Carlos Rubio (offtravels) me tomaba el pelo en un comentario a su fotografía de ayer, con una cuerda rodeando un árbol, recordándome que San Valentín era hoy. ¡Tienes más maldá que un callo en el pie, Juanete! Escuela cervantina la de estos manchaos.

Me declaro  al menos tres veces al día de palabra, no siempre a la misma persona, sin contar los actos amorosos. Y con frecuencia me emociono haciendo el Romeo. No es exhibicionismo, es que soy un blandengue del copón y me lo creo.

Pero no son declaraciones de amor redactadas por el Corte Inglés. Ni ésta. Es mucho más, un guiño amistoso para un cómplice aprovechando una efeméride bastante tontaina. No tengo remedio, se me sube a las barbas el monje ecuménico que cargo encima. Y el apor por la hupanidad.

¡Disculpa la licencia y la guasa, Valen, soy un sentimental del carajo! Espero que te rías.

Αχχ, Αφροδίτη, μου!

Que tengáis un bueno y pacífico día, y mañana también.

Jariko Pajariko hacen su versión rockera de
A La Mancha manchega, una tradicional muy conocida.


¡A La Mancha manchega
que hay mucho vino
mucho pan, mucho aceite
mucho tocino!

¡Y si vas a La Mancha
no te alborotes
porque vas a la tierra
de Don Quijote!


¡Salud!

Ramiro