viernes, 11 de noviembre de 2011

Vida inquieta



Amanecía. Desperté con las piernas doloridas como si hubiera estado toda la noche en danza. En un primer momento no recordaba nada, pero poco a poco empecé a ligar algunas imagenes sueltas que me ofrecía la adormecida memoria.

Podía ver a Valle Inclán vestido con la capa que llevaba la noche de la reunión de pastores, pero había algo que desentonaba, cubría su benemérita testa con la boina de Paco Gila y calzaba alpargatas de esparto como el manchego. Resultaba más estrambótico que nunca.
Me levanté, me duché y preparé el café mientras iba recuperando el resto de las escenas más significativas del sueño.


En esta ocasión no me fue a buscar a casa. Estábamos otra vez en el puerto de Xufre, en la isla de Arousa. Era de noche y la calle se veía desierta. Íbamos tomados del brazo por el paseo inferior, al borde del muelle, donde habían instalado una serie de mesas y bancos corridos dispuestos para alguna celebración gastronómica veraniega. Sé que era verano porque, aunque de noche, lucía el sol como en Grecia al mediodía.
¡Me duele el pie, va a llover!, clamó de pronto. Estaba sudoroso, yo lo miré pero no contesté.  
Llegando ya al final, antes de los pantalanes, en la última mesa había dos servicios preparados, seis platos, dos con quisquillas, dos de mejillones al natural y otros dos con trozos de empanada que después supe que era de berberechos. Y una botella de viño Albariño, de Cambados. 

Don Ramón tomó asiento como si fuera lo más natural del mundo y todo estuviera preparado para nosotros. Me sirvió el vino en una copa de cristal, nada del horrible plástico de esas kermeses populares. Levantó la suya y vi que se disponía a pronunciar un brindis de su cosecha. Le brillaban los ojillos y tenía las mejillas encendidas, ya venía algo alumbrado.

 ¡Corónate de pámpanos, poeta,
házte el bigote y desarruga el gesto,
si quieres disfrutar dicha completa
a rey muerto rey puesto!  

Brindé con él un tanto desconcertado, ¿quién era el rey al que se refería? O viño estaba friín y era un gusto con aquel sol nocturno calcando sobre nuestras cabezas.

¿A qué viene tanta alegría, don Ramón?, le pregunté.
Anteayer enterraron a Tista.
¿Quién, el de la vodka?
El mismo.
¿Qué pasó?
No despertó desde aquela noite. Al parecer lo sacudió la parienta para decirle que íbamos a volver nosotros, pero no respondió. Pasó el día durmiendo y el siguiente y otro mais. Como no depertaba, llamaron al médico.
¿Y?...
Levaba dos días morto. Pero no olía, se ve que se bebió toda la vodka que le quedaba y se conservó como un feto en formol. ¡El malandrín no nos dejó ni la prueba, era fooogo diviiíño!.
¡Vaya!. ¿Y quién es el  nuevo rey por el que brindamos?

Pero no me contestó. Agachó la cabeza y se lió con los camarones. Yo me apliqué a los mejillones dejándolos para el final.
Antes de que hubiera acabado la mitad de mi plato había terminado él con el suyo de quisquillas, y eso que son mucho más engorrosas de comer. Volvió a llenar las copas y bebió pero no brindó en esta ocasión. Sin mirarme apartó su plato de cáscaras a un lado, agarró el mío de camarones y se hundió en él de nuevo. 
Cuando terminaba los mejillons le quedaban a él media docena de animalicos, los más ruinos de las 5 ó 6 docenas que llevarían aquellos platos. No había levantado la cabeza de los crustáceos en el cuarto de hora que tardó en ventilar las 120 ó 130 quisquillas que se tripuló.

Don Ramón, déjeme un par  para probarlas.
¡Ah!, ¿pero le gustan?, pensei que prefería los mejilons. Y añadió, Un par no sirve como prueba, hay que comer dos docenas, para empezar. Y en un silbido peló, chupó y comió las cuatro que restaban.
Bebimos el último trago y se levantó como un cohete.
¡Vamos, arreando!, dijo, Coja la empanada  que nos hará un buen apaño más adelante.
¿Y los mejillones?
No son de mi agrado.

Se quitó la boina y, como un pretidigitador, sacó de ella un trozo de papel de estraza plegado muy curioso y me lo alcanzó. Envolví la empanada y nos fuimos.
Le queda mejor el sombrero, aproveché para decirle.
Pero la boina es un regalo de don Pío, e intentó imitar la cara tristona de Baroja, pero con aquella facha, la boina, las lentes, la barba, la capa y las alpargatas parecía más uno de sus propios esperpentos.

Estábamos muy cerca del pino desde el que le gustaba contemplar las cercanas luces de Castro y A Pobra do Caramiñal. Se me había colgado del brazo y tiraba de mín hacia aquel rincón junto al acantilado.
¿Porqué siente tanta querencia por este lugar, don Ramón?
Pero antes de llegar al pino ya estaba transpuesto y no me oía.
Guardé prudente silencio mientras él permanecía absorto, sin parpadear, fija su mirada en algún punto de aquel horizonte de luces, en una tensión que yo notaba en la fuerza con que me apretaba el brazo. 

Salió del éxtasis bruscamente, cual era su costumbre, echando a andar y recitando con voz rota:

¡A mí, hombres duros y de pelo en pecho!
¡A mí los demagogos proletarios!
Uno por uno me los escabecho
y que haga la Prensa comentarios.

Me tiraba del brazo como si fuéramos a perder el tranvía. En ese momento se nubló el sol y noté que al buen arousano le daba un escalofrío.
Como si me hubiera leído el pensamiento, dijo, Estoy destemplado, y añadió marchoso, ¡Pasemos por el sótano del Bene!, y enfiló precediéndome hacia la vereda de las huertas y el sendero de los repolos.
Yo no sentía muchos deseos de volver por aquel antro lleno de tipos patibularios y pendencieros, con un orangután detrás de la barra, un dueño torvo y repulsivo llamado Benedicto que se parecía al papa, pero aún más siniestro, y un ron de caña que don Ramón decía que era la flor de Cuba, pero que a saber en qué refinería de petróleo lo destilarían.
Ensayé una tímida protesta cuando salíamos de las berzas a la calle, pero el de Vilanova se hizo el sordo.

Llegamos a la puerta del chamizo y entramos. La impresión que me causó fue semejante a la del primer día, como ingresar en la boca del lobo.
Esta vez salió el Bene de las sombras a recibirnos, aunque no dijo ni palabra. Hizo un gesto al simio que sacó la frasca del ron y llenó tres vasos. Nos acodamos a la barra con el manco enmedio.

Acostumbrado ya a la obscuridad del agujero, poco a poco empecé a vislumbrar las mismas caras torcidas de aquela noite de la luz bisunta. Me palpé el bolso posterior del pantalón. Allí seguía la barbera de Van Gogh.
Don Ramón y el Bene se habían bebido el ron y llenaban el segundo vaso.
Acerqué el mío a los labios con cautela y sólo del olor me dió la tos. Pero logré contenerla. Los dos colegas se habían vuelto hacia mí y en silencio, con expresiones burlonas, esperaban otro ataque  como el que me dió nada más beber la primera noite, para romper ellos a reír como energúmenos. No les dí ese placer.
Pegué un sorbo que de mano ya me quemó la lengua y me dejó los labios adormecidos. ¡Virhen del Divino Aliento!. Posé el vaso soplando y presté oreja a la conversación de los galegos. Pero no hablaban, el Bene gruñía y Valle bisbiseaba. Sólo fui capaz de pillar palabras sueltas de don Ramón porque el otro no articulaba. Hablaban de un tal Saturno, de Vilanova, de una barca, de Tista y del chibuquí, pero no pude descifrar el contenido de aquel diálogo de zumbaos. 

Se habían echado al coleto el segundo vaso y se servían el tercero cuado se oyó jaleo en la puerta. Llevé la mano a la cheira  instintivamente recordando al valentón pero no pasé de ahí porque se abrió  y cayó rodando escalones abajo un jorobeta  que provocó las carcajadas de la fauna del bodegón.

¡El conde de Romanones!, saltó Valle Inclán.

Los risas cesaban y el jorobado que, en efecto, era el vivo retrato del conde con el bigote a lo Góngora y la mandíbula inferior de prognático, como los Morbones, se incorporó y se acercó a nosotros. Apenas podía tenerse en pie, traía una soberana curiosa.

Don Ramón, farfulló, Lo que usté mande...

¡Saturnino!, chilló Valle, ¡Ya le metiste mano al Terry!, ¿eh, bribón?!
El otro agachó la cabeza y no respondió. Estaba empapado y el agua le pingaba de los escasos pelos  pegados al cráneo.
¿Qué te pasó, caíste al agua? El joraba se hacía el mudo como el manco el sordo.
¡Contesta, pazguato! Llevo una hora esperándote aquí -se volvió y señaló al mono, al Bene y a mí- con estos señores...
Chove,  dijo Saturno.
¡Si chove que chova, carallo!, gritó el viejo, Tengo que pasar por Vilanova con este amigo antes de que amanezca y con la tranca de brandy que traes quién rema ahora. Aquí el joven tiene un hombro perjudicado y si remo yo no salimos del círculo. 
Saturnino levantó la vista del suelo y me miró brevemente.
Que reme la joroba, dijo entre dientes.

Don Ramón que no anda bien del oído, o eso parece, pero las pilla todas al vuelo antes de que las palabras le alcancen la oreja, se volvió para coger el bastón que había dejado sobre el mostrador, pero cuando quiso blandirlo Saturno ya se había parapetado en el fondo del local, tras una mesa.

¡Sal de ahí, enredador, chepa, vendedor de ratoneras!

Saturnino estaba muy regao pero el que cayó al suelo tan largo como era fue el manco, que no estaba mucho mejor. Las risotadas y el guirigay que se escuchaba en la covacha era ensordecedor.
Me acerqué para ayudar al anciano. Había perdido las lentes que recogí de debajo de la mesa. Un cristal estaba hecho añicos pero los trozos se mantenían unidos en la montura. Se las puso y se levantó.


El corcovado, por si acaso, aprovechó para refugiarse en otra mesa más cercana a la puerta.
Nos arrimamos al mostrador y lo primero que hizo fue apurar de un trago mi vaso de ron del que yo apenas había bebido dos sorbos.

Ya repuesto buscó al criado en la oscuridad. El hombre hizo ademán de tomar las de Villadiego pero el manco lo frenó con una voz que parecía ensayada, la de un oso el doble que él.
¡Quieto ahí, pintarrajo!, y sacudía el bastón. ¿Dónde amarraste la barca, modorro?
En el acantilado del pino, dijo Saturnino, temeroso.
¡Pues arrea y aparéjala que embarcamos, vivo! Y le señalaba la puerta con el bastón extendido. Con la chepa ya arreglaré cuentas otro día, habrá que enderezarla un poco, ¡arranca!, añadió.
Saturno cayó también al subir los escalones acelerado. Lo despidieron las carcajadas de la poco respetable caterva de facinerosos.

Al poco salimos nosotros.
Chove miudiño, me dice aparentando optimismo. Pero yo lo veía amostazado. Su ego había sufrido un fuerte castigo en la taberna. El criado se pitorreó de él y los parroquianos se burlaron obscenamente de su pequeño tropiezo. 
Don Ramón, chove abondo, dije yo. ¿Porqué no manda aviso a Saturnino y se queda a dormir en mi casa? Con esas alpargatas se le van a calar los pies y cogerá un resfriado. Él callaba.
De los bordes de la boina y de la punta de la nariz le pingaban goterones sobre los hombros y las barbas. Parecía el probe un Bendito Cristo cuando nos metimos por el senderín de las berzas entre los huertos.

Cuando llegamos al pino íbamos los dos chorreando y no había rastro de Satur ni de la barca. La capa de Valle tenía aspecto de pesar una tonelada con el agua que había absorvido. El viejo parecía más aplastado por las circunstancias que nunca. Lo así por el brazo porque, en Babia, contemplaba las luces de Castro hipnotizado. Entonces ya llovía como pa una traída.
Tiré de él y se dejó llevar sin una palabra ni un reproche.
Bajamos a Xufre y busqué el portal en el que pensaba que me hospedaría, porque no recordaba nada antes del banquete de quisquillas, sólo el paseo del muelle.

Pero fue don Ramón de nuevo quien me indicó una puerta. Entramos en un portal que de inmediato reconocí como el nuestro de Asturias. Valle pasó delante y sin esperar se metió en la cocina.
Cuando entré se había quitado la capa y la boina. Con la lente rota parecía un búho tuerto. 
¿No tendrá un poco de ese brandy añejo?, me preguntó de sopetón.
Ya nos lo bebimos, don Ramón, le dije. Si quiere tengo un poco de orujo berciano.
¡Vamos a ello!, animó el manco con visibles muestras de satisfación.

Saqué la botella y dos copas y nos sentamos a la camilla.
¿Qué fue de la empanada?, inquirió con rintintín. ¿No la perdería?
No, aquí la tengo. Casi la olvido en lo del Bene pero el orangután me avisó cuando nos íbamos.

Estaba preñada de berberechos y buenísima. Don Ramón devoró la suya y se me quedó mirando fijamente. Partí un buen trozo y se lo pasé. ¡Era como un niño y tenía los mismos ojos pillos de un danzante! En dos bocaos le dió término.
Yo no tenía ganas de beber más y sólo lo acompañé con la empanada y la primera copa. Me disculpé y me fui a la cama. Él ya sabía cuál era su habitación y me despidió sirviéndose la segunda.
¡Hasta mañana, pollo!, dijo cachondo levantándola, ya totalmente restablecido.
De la cabeza le subía una columna visible de la evaporación, en parte por el calor de la cocina y en parte del aguardente. 


La botella vacía y las dos copas encima de la mesa cuando desayunaba hoy, me indicaban que no perdió el tiempo. Pero él no estaba en la habitación y no había dormido en la cama porque apareció intacta, sin deshacer.

Felices sueños.

Preto Confuçao das Mantas.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Tzatziki


El tzatziki del cocineru


INGREDIENTES

4 yogures tipo griego
1 pepino pequeño
6-8 cucharadas soperas de aceite de oliva
2 dientes de ajo
Pizca de pimienta molida
Unas gotas de vinagre
Sal
Aceitunas negras 
Ramín de menta


PREPARACIÓN

Rayar en tirillas largas y finas la piel verde del pepino y parte de su pulpa, desechar las semillas. Escurrir sobre un papel absorvente espolvoreando sal fina para que arrastre el jugo.
En un bol vaciar los yogures después de quitarles el poco suero que suelen tener por encima.
Añadir el pepino y los dientes de ajo aplastados y bien desmenuzados. Salpimentar y mezclar.
Incorporar poco a poco el aceite mientras se sigue mezclando, y las gotas de vinagre.
Rectificar de sal y decorar con aceitunas negras, un chorrín de aceite y el ramín de menta.


El tzatziki es la mezé (tapa...) más característica de la cocina griega. La consumen sola acompañando a otras mecedes, a la pita yiro  o, con menos frecuencia, como una salsa blanca, sustituyendo a la mahonesa por ejemplo.
Su frescura en un clima tan cálido la hace especialmente apetitosa.  

Al final el hijo precede al padre porque tenía previsto empezar por el yogurt. Sigo sin encontrar la foto, que tampoco tiene tanta importancia: sólo era un montón de leche cuajada sin suero y un plus de nata, que eso es el yogurt griego.
Lo que lo hace particularmente bueno, a mi humilde parecer, no es tanto la calidad de las leches que usan que también, sino la temperatura, el grado de humedad, y otras variables en que se desarrollan los hongos que actúan sobre la leche.

Conjeturo que el proceso de producción, fermentación, etc., es común a todas la industria láctea. El tipo de hongo puede ser, desde luego, determinante.
Los yogures que hemos probado en países de la misma área geográfica y climática son todos ellos sobresalientes, los griegos, los turcos o los búlgaros.
El yogur griego que nos venden aquí utiliza la receta helena, es cierto, pero no puede copiar esas condiciones genuinas de la tierra y su microbiótica.
Estamos hablando de un producto de consumo masivo, estandarizado, la diferencia cuando se trata de un yogur más artesano, con otras leches, como el de oveja, que también es relativamente frecuente, es aún mayor.

Sin duda la composición cuantitativa y cualitativa, la proporción de grasas, la calidad del producto, es la base, pero si otros países usan leches equiparables en calidad, ¿porqué no logran un yogurt de aquella consistencia, densidad, sabor o grado de acidez como el griego, balcánico o medio oriental?

No creemos en brujas pero habelas haylas.


Entre las líneas de aquesta reflexión
 ha de hallarse el quid de la cuestión


Geia sas kai kali órexi!
    ¡Salud y buen provecho!    


Barabarómiros.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

El picogordo


Arce americano
Oviedo, octubre 2011

El Picogordo, Coccothraustes coccothraustes subsp. Ortizensis arruabarrenaensis, conocido popularmente por el Fernandino, porque le puso un pin al VII, el Deseado, cuando de guaje, por los jardines de Aranjuez, le disparó un trabucazo a una bandada que frecuentaba la alameda. El Fernardino se lanzó en picado y le taladró la oreya al Borbón, mejor apodado, Felón.
Desde entonces no se lleva con los monárquicos, pese a ser el ave preferida por la aristocracia cuando veraneaba en San Sebastián. Aunque el Arruabarrenensis está más cerca de las encartaciones que del corazón donostiarra. Lo que no le impide disfrutar los frutos del Bidasoa y de don Pío.

Le gusta anidar en bosques de frondosas, en grandes árboles viejos, pero el ejemplar que traemos hoy no hace ascos a un buen parque, si bien siempre en las ramas más altas. Es su vocación.

Pájaro de mayor talla que la media que tomamos por norma, la del gurrión. Más recio y compacto, con una cabeza fuerte, un cuellaco de pegador y un collarín blanco a modo de alzacuellos que le da cierto aspecto de senador decimonónico. Sin embargo no usa monóculo. Sólo un pequeño antifaz de clandestino.
Tiene la cola corta, la de atrás, pero un pico poderoso y duro que en nada envidia al Cascanueces.
Es de color pardo, como cualquier curruca de las nuestras, y canela, con plumas negriazules en la cola y en las alas. En éstas, además, sendas líneas blancas que al volar y juntarse parecen una media luna plateada. El Fernandino es algo soñador y poeta, se nota en detalles como ése.

Cuando se junta con el Esguilatorres, que luce pintas blancas centelleantes sobre las alas negras, y se ponen a revolotear, parecen dos bailarinas de cancán ensayando un número, vestidas con trajes futuristas de astronautas. En el Moulin Rouge de Ventanielles o en el Cabaret de la Lila.

Por lo demás, aunque ensayan en público, bailan poco juntos porque el Picogordo es canora solitaria.
Pero no tiene buena voz para el canto, poco elaborado, pese a su poderío y a su profunda gravedad, excelente sin embargo para calmar a los cardiópatas, que se serenan cuando escuchan surgir de su pico entreabierto un  OOOMMMmmm  tibetano de bajísima frecuencia que restaura los circuitos infartados, antes de que opere el bisturí.

Su pico es un portento del diseño natural. Con un sistema complejo de cuchillas internas y una musculatura potente al caso abre un hueso de cereza en 5 segundos, una semilla de cáñamo en 4 y una pipa de girasol en 3 (el nuestro lo hace en 1 y 0,5 segundos, el cáñamo lo fuma).
No es un charlatán pero es notable conversador porque, a diferencia de muchas canoras ibéricas, sabe escuchar.

Engaña el Picogordo ortizensis con ese aspecto manso, no obstante sería un error grave juzgarlo por las apariencias como plumado sin sangre. La concentra toda en el corazón por simpatía con el diablo cardioilógiko.
En realidad se trata de otra fiera currupia armada con un pico al que sólo le falta la pala para enterrar al pedorro que se atreva a perturbar, o siquiera amenazar, su natural pacífico.

En cierta ocasión redujo a picotazos a dos buitres leonaos que amedrentaban a la clientela de un fumadero de semillas de cannabis, entre la que se encontraban Pappanattas, Palurdas, Pardillos, Picabrotos y Patos de todo tipo, además de las currucas pardas habituales, fauna toda nocherniega pero cachonda.
Al que iba más de, iba a decir gallito, de buitrito, le enganchó la cabeza de lao -no sé cómo le cabía en el pico- y se la partió como un hueso de aceituna. Sonó como si hubieran aplastado una sandía, pero más a madera.

En fin, crianças, no os fiéis de su apariencia bonachona cuando andéis con la de perdigón, porque no se sabe qué esconde detrás de ese ojo clínico que asemeja una lente fija, auscultando serena y fríamente tanto al ave-cedario como al avecrem de la crem.
Al margen de pájaros de cuenta, de mal agüero, carroñeras y demás malevaje avícola, a los que suele aplicar alrededor del ano un engüento de brujas a base de Datura, por lo que los amigos de vuelo lo apodamos Stramonium, a parte de esas, digo, para el resto de las canoras es protector y benéfico.

Tímido el Fernandino es, no obstante, en la dulce armonía Coral de los Oficios éter óxidos, con los compadres, pájaro afable y cariñosón como pocos.

Tampoco es curruca estrictamente pero además de parda ¡tiene un pico que paqué!...

Besos, paxarinos.

Cannabina Carduélis, pardilla común, sbsp. rebétissa psilicossa.

martes, 8 de noviembre de 2011

Rojo putero



¡Aiíísss!...

No, no temáis, no hablaré de ningún comunista que ande a putas. Me pareció mejor título que el aséptico Traducciones, la alternativa que barajé.

(Son 4), Flores negras sobre fondo rojo putero. Ese podría ser el título de una fotografía de Andrés Edo Tornos, que cuelga una cada día en Shutterchance y que suelo comentar, también esa. Es la del 29-Oct.-2011 y podéis verla, si os pica la curiosidad, pinchando ahí------> en favoritos, su fotoblog. Si supiera la hubiera colocado aquí pero ya conocéis mi ignorancia.

Sin embargo, de lo que quiero hablar es de las curiosidades que pueden resultar de utilizar el traductor convencional que nos ofrecen.
Se parece mucho a esa vieja historia del eclipse de sol en el patio en traje de faena que, el tracamundie de comas y el paso por distintas bocas y oídos, lo acaban convirtiendo en un mensaje subrealista donde el coronel se eclipsa sin traje, o sea en pelota picada, y el sol está de faena en el patio, o asín. Todo aquello del color del cristal con que se mire el eclipse del coronel.

Le digo a Edo en el primer comentario a la foto:

Sonrío, nun sei que te disir, me dejas Patty y Difusso, primero tésnicamente molt be, pero depués me pongo a cantar Flores negras y me parecen cuatro damas de terciopelo en el salón rojo de la vía, a saber...

Y el traductor al inglés, una vez consultado, me lo devuelve asín al de Cervantes:

Sonrío, sé que disir monja, Patty y difusa en primer lugar permítame muda tésnicamente ser, pero luego me pongo a cantar Flores Negro y me encuentro con cuatro damas en el terciopelo del canal habitación roja, a saber...

Un cuarto de hora después, con la foto todavía en la cabeza, vuelvo al fotoblog de Andrés y hago un segundo comentario:

Al lado de tanta lujuria floral como hay en los blogs (de Shutterchance, se entiende), ¿qué quieres tomarnos el pelo, eh bribón?! Mira que sé que no tienes un pelo de inocente, Mirlo rubio...

Y la traduçao a la remanguillé:

Al lado, como la lujuria floral es de los blogs, ¿qué tomar el pelo, ¿eh bribón?! Mire yo sé que usted no tiene un pelo de rubia inocente, Blackbird... 

¡Claro el transleitor no conoce al Mirlo Rubio, una curruca parda de este espacio, lógico! Pájaro negro, como cualquier mirlo. De noite toes les curruques son pardes. O negras.

Como dice otra que las casca, el Cascanueces, ¡te diviertes con el chisme!.
Los que lleven ya algunos  años entre ordenadores sonreirán ante esta anécdota ingenua del traductor con la que se habrán tropezado miles de veces, pero para mí es nuevo porque apenas llevo tres meses usando el aparato y, aunque el Fidelensis Castelli diga que me divierto con el blog, lo cierto es que la máquina sigue sin gustarme.
Algún partido más tengo que sacarle ya que apenas navego por esos mundos virtuales. Lo que hago  ya me lleva todo el día.

Y respecto a la traducción es natural que resulte un absurdo porque, en especial en el primer texto, hay demasiadas trampas lingüisticas. Castellano, galego, asturiano, catalá, cheli, andalú,.. . ¿Cómo traducir la vida andaluza, la vía?. En griego lo traducen por dromos, calle. Literal, claro. Supongo que en inglés será street, nos ha jodío!.
¡Zólooo hay unoozojoooo, quee mi vííía zoooon!, cantarían los de Ubrique, verbi gratia.

Pero el segundo comentario está redactado en castellano académico y sólo la expresión ´tomar el pelo` podría presentar algún problema.
Ya mencioné lo del mirlo, que también es disculpable, ahora, en eso de que "usted no tiene un pelo de rubia inocente", Blackbird.., ahí ya  rizaron el rizo de la chiripa acertando porque, en efesto, Andrés, que yo sepa, no tiene un pelo de rubia, y tampoco de inocente tal como señalé. En realidad, siendo curruca, será pluma lo que tiene, eso sí, rubia.

Lo único que queda claro en todos los mensajes es la lujuria floral  y  a saber...

Besos currucas. Y salud.

Skylorómiros.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Deftero programma


Deftero programma
Conexión mediterránea
 Grecia 2011



Es la direccíón de internet del Deftereo Programma (2º programa), un internacional que emite ininterrumpidamente la radiotelevisión nacional griega, equivalente a los nuestros o a la propia Radio 3.
La tengo casi todo el día encendida, alternando en ocasiones con  RNE.

Os saldrá un panel, Live Radio, donde figuran algunas otras pero la segunda que aparece por la izquierda después de NET 105.8, es la más interesante: 103.7. FM. DEYTERO programma.
Seleccionan música griega de todos los estilos, pero también dedican algunos espacios a la inglesa, americana, rock, blues, jazz, o pinchan temas italianos, turcos, hispanoamericanos,... y españoles. Somos, sin discusión, sus preferidos también en esto. Desde siempre y ahora más.

Cuando empezó a presionar la crisis, a materializarse los recortes y despidos, aumentó notablemente la presencia de música española, en concreto de la combativa. Pero no sólo.
Se puede escuchar a Sarita Montiel en un tema casi desconocido al lado de Paco Ibañez, por ejemplo. La Argentinita y una americana que no sabe prenunsiá cantando un chachachá  más lejos de su estilo que Ushuaia. Beni Moré con Agustin Lara o a la chilena Violeta Parra junto a un flamenco de circunstancias, tal vez gitano francés, pero maluco. Y que no falte cualquier versión peregrina de la kukaracha, kacharida, junto a Granada.
Esto choca un poco a veces, porque  nosotros vemos la cohabitación no siempre feliz, pero para ellos representa otra cosa.
Nos identifican algo románticamente con la vanguardia de la lucha contra el fascismo, desde nuestra guerra civil. Y nos admiran y respetan por eso.

Lorca sigue siendo el favorito, bien con alguna de sus obras populares para piano, versiones de otros intérpretes, o a través de composiciones griegas sobre su obra como las de Hatzidakis, o la mención a su poesía, a su dramaturgia, Doña Rosita, Bodas de sangre, Matomeno gamo, en particular, y la emisión de las músicas que acompañaron las representaciones de su teatro en Grecia.
Seguro que se escuchan más aires españoñoles que en algunas emisoras castellanas. Flamenco dije, pero también pasodoble, bolero, tango, rumba, salsa en general a la que son también aficionados.

Pero, repito, sobre todo música y canciones que remitan, aunque sólo sea a través del eco de las palabras, a un legado común a todo el movimiento obrero, a la necesidad de una resistencia colectiva, de armarse de nuevo contra el enemigo del pueblo.

Y en la programación de la música griega y de los espacios también hemos notado un aumento significativo de la canciones combativas que dieron identidad a la oposición a los coroneles, en los 70.
Esto lo agradecemos no sólo por afinidad política sino porque han desempolvado, gracias a ello, una serie de composiciones de alta calidad, que ya era más dificil escuchar, junto a la voz, las entrevistas, los recitales de poetas como Elitis o Ritsos, aunque ellos nunca los abandonaron como a los nuestros aquí los últimos años.
Y con los poetas, a los músicos que siempre nos emocionaron, Nikos Xylouris, María Dimitriadi, Faradouri, Papakonstantinou,... o autores como Theodorakis, Leontis, Markópulos o Mikrotzikos.

No nos habíamos quedado anclados ahí, por supuesto, sino que es bueno como decía Seferis, "mostrarse agradecidos a los mayores, a los que nos han hecho capaces de resistir y no perder la esperanza incluso en este desierto".

Es un placer que de pronto desde Atenas te hablen de Eduardo Galeano y te pogan una versión de la Internacional que, pese a que no soy muy aficionado al canto heróico , es un reto hoy día, ¡aunque no sea na más que pa joder!

Tienen muchos espacios dedicados a entrevistas a escritores, dramaturgos, cantantes, compositores, y música en directo con cierta frecuencia.
El último año han menudeado los días en que sólo se escucha música clásica o ambiental, debido a los paros, asambleas masivas y huelgas con las que responden, también, al destrozo que están perpretando contra los bienes del estado y los intereses de los trabajadores, de la mayoría. También en la radiotelevisión pública.

Escucho en este momento el Mª Cristina me quiere gobernar en versión cubana buenísima, si la  oyera el principito se hacía republicano y echaba a su padre a pacer. Como su antepasada la Isabelona a su madre. Pero con el boquino pequeño, que con el grande los lobos se comen a las ovejas a bocaos, no a su propia parentela.

Al margen de cachondeos está claro que no debemos despreciar el papel que cumplen las canciones en nuestro desarrollo y educación.

Como diría mi colega Lucas, más o menos:

Antes llega
al corazón
un compás
   que una razón 

Para que la canten los hermanos Toronjo o él mismo si se atreve.

Un saludo desde aquí a esos grandes profesionales de la radio griega, que están demostrando su clara conciencia y nos ayudan a sobrellevar la soledad también a nosotros, y a recordar a su país con lo mejor que pueden ofrecer en la distancia: sus palabras, su música, sus poetas... .

Efjaristo polí, muchas gracias.
Geia sas, salud!

Ramiro Rodríguez Prada.

P.D. 1.- Hablando de naranjas, ahí van unos fandangos de Huerva de Paco Toronjo. A la guitarra Paco de Antequera. Dedicados a las mujeres y hombres de la radio griega:

Por si falla, como el anterior que colgué, os dejo otra dirección, con la guittarra de José Mª de Lepe:

P.D. 2.- Mensaje para Alberto, el Capi del Teach.

Aunque todavía no sé cómo se ponen los vídeos completos con su ventana, otra chorrada seguro,  me enseñaron los guajes lo de la dirección de las canciones y ya sé incorporarlas.
En efesto, como me indicabas, era tan sencillo que me da la risa boba de mi estulticia. Con esas direcciones ya me siento mejor y me vale. Iré incluyéndolas, poco a poco, en los distintos capítulos de música escritos hasta ahora y en los sucesivos.
De paso os coloco el primero, del que ya os hablé cuando estuvísteis en el Bouzouki este verano. Es la versión del Sirtaki de Tzimis Panoúsis, que yo creo recordar que Agus te desaconsejaba, pero no demasiado claramente, parecía que él ya lo había visto... . Seguro que vosotros también lo vísteis , hubiera ilustrado bien aquel comentario. Para quien no lo conozca, pues. Y dedicada especialmenete a Milito el de los Botines y a toda la morralla bancaria y financiera.
.

Vale. Besos. Barbarómiros.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Inviernillo de San Zakarías



Oviedo, noviembre 2011


Zacha, Zaka o Zacarías, el mudo, patrón de los impotentes, padre del Bautista. Los curas le rezan a diario para lograr "por su intervención lo que no podemos obtener por nosotros mismos". ¿Qué será  ello si el bueno de Zaka, muy viejo ya cuando quiso ser padre, lo que pedía al Señor era..., ya no me acuerdo, ¡pero algo gordo sin duda!.., eso es, ¡un embarazo!.
Otros le llaman invernillo de San Carlos Borromeo o de San Emiliano, a saber lo que dirían ellos.
Son esos días posteriores al de Difuntos, en los que suele llover y el invierno quiere enseñar el colmillo, pero son tan pasajeros y volubles como los opuestos de San Martín.

El de la foto es el último sol del otoño, los vientos castañeros, acaban de pasar por aquí, los tres días del veranillo de San Martín llegaron muy adelantados, y calientes. A ver si por Santa Veneranda, a mediados, o por San Eustaquio o Saturnino, a finales, se repiten, porque los santos andan también a peras, estresaos con las rogativas de tanto necesitado. Y tan desorientados como los tiempos, sociales y atmosféricos.

Parecía que ya no nos acordábamos del agua pero ha estado lloviendo casi todo el día y a ratos jarreando. Y bajamos de los diez grados que aquí ya es frío.
Los problemas neurológicos, articulares, esa antigua lesión, nos avisa antes de que el lobo se acerque al poblado.
Los arces, nuestros pláganos, empiezan a perder el último verdor y no tardarán en entregar el resto. Faltan todavía los vientos postreros, ya más fríos, que acabarán la faena.

Hasta Santa Bárbara el 4 de diciembre, patrona de las tormentas y de los mineros, no hay una santa de tronío tal que ella, aunque sí algunas famosillas como Isabel de Hungría, Cecilia o Catalina., patrona de estudiantes, teólogos y afiladores, que quedan cinco en Ourense entre ambas profesiones, y de la Universidad de Oviedo, donde no sé si quedan, afiladores, filósofos hubo.
Y entre los paisanos tampoco hay ningún santurrón? santazo?santón? de envergadura, pero tenemos al  doctor Alberto Magno, descubridor del arsénico y patrono de las ciencias. Y por los Idus del mes, el 13, a San Eugenio el poeta, primer arzobispo de Toledo, nombrado por Chidanvisto o era Chisdanvinto, Chindas, Chindas...listo!.

Ya que no salgo a la calle me asomo a la ventana un poco cuando veo que entra más luz en el patio interior, señal de que brilla el sol. La celda del cenobio es es cura, mucho más que la que ocupa el mi Dimitraki en la covacha de la horrible, frikalea Karóulia, colgada de la peña sobre un precipicio, como el Esguilatorres o Treparriscos, pero con la luz de todo el Egeo que llega sin obtáculos hasta él desde Kriti y Alejandría.

Aggg, Dimitrulaki muuuú! Te cambio el chaboloooo!

Ya que este humilde monajós escritofréniko tiene por oficio en la actualidad a la religión me disculparéis la incursión en el Santoral, el saqueo más bien.
De hecho había pensado abrir uno aquí, informal, claro está, que pertenezco a la Eterodoxia Hextremaña, como sabéis.
Pero me frena la batería de etiquetas que ya tengo. Es buena idea pero no nueva. Era un devoto feligrés del inmarcesible padre Bonete, aquel alter ego de Luis Figuerola-Ferreti en el ´pograma` de Julio Sésar Iglesias en RNE, hace ya cuatro años. Muchos nos quedamos en la orfandaz espiritual cuando lo sulfataron con el arsénico de san Alberto.

Lo pensaré porque un Santoral... no es malo de suyo.

Queridas niños y amados niñas, sed buenos o llamo a San Emiliano que rima con todo y estamos en su invernillo.


Panojo de Muerros.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Humor y prensa


Andrés Trapiello, el niño sonriente

http://www.youtube.com/watch?v=q6raMrzDKfQ&feature=related

María Faradouri y  Mikis Theodorakis. To yelasto pedí. Poema de Brendan Francis Behan.
Aunque a mí me gusta más esta versión interpretada por el propio Theodorakis:

http://www.youtube.com/Watch?v=wqUPpnoA7J8&feature=related

Escucho la radio griega y la nacional.

Leo muy poca prensa desde que empecé con esto. La morena de mi copla me avisa cuando hay algo de interés en la regional y sigo siendo bastante fiel al suplemento cultural de los jueves.
El del día 3 traía, por cierto, una reseña sobre la última novela, Con el agua al cuello,  del griego Petros Márkaris, del que hemos hablado aquí, como de su protagonista el comisario Jaritos adelantando que había cambiado el viejo Mirafiori por un Ibiza en lugar de un Hyundai, si recordáis, para solidarizarse con otros "pigs".
El autor del artículo es el escritor, ya consagrado, de novela negra en castellano, conocido y paisano, Alejandro Martínez Gallo, que se prodiga en estos terrenos y al que sigo en lo posible.

Otro al que soy asiduo es a don Francisco García Pérez, y este ya maneja el humor que me gusta y creo que necesitamos, es un pedagogo del lenguaje, hombre templado y de gran cultura, pese a que discrepe de su opinión  sobre AP Reverte. Y a la también gijonesa Carmen Gómez Ojea, de las cabezas más lúcidas del Principedo, que con su satírico aguijón, barroco y discursivo pero agudísimo y certero, persigue hasta sumergirlos en la piscina probática a todos los fariseos de la curia.
Los domingos suelo repasar los diarios de José Luis García Martín, desde hace años, más líricos y narcisistas que humorísticos. Viajo un poco con él por sus escenarios románticos y decadentes. Y pienso en mis amigos extremeños, en Aldeanueva del Camino y en el pimentón de la otra, la Vera.

Por su retranca de cepa asturiana resuelta en diálogos hilarantes y subrealistas, la vía mihma dicho a la andaluza, a veces en clave asturiana difícil de pillar para un foráneo, pero en un bable de andar por casa muy real, no el de la Academia de la Llingua, el mierense Maxi Rodríguez, a quien también conocemos a través de Javier Maqua y la película Carne de gallina, donde fue actor y coguionista con Javier, nos divierte todas las semanas con su Parando en Villalpando.

Y con él Mortimer un dibujante de tiras humorísticas que ilustra los artículos de Maxi y dibuja otras viñetas. Lo seguimos desde que empezó a publicar en la prensa local. Recordamos, entre otras, su serie sobre los juegos olímpicos de China, Bienying, que él tituló "Vieyín" y el protagonista era un paisano de 80 para arriba enfrentado a todo tipo de pruebas, vestido con chandal o calzón corto, con boina y pitu en boca. ¡Medalla de oro segando pación!. Sigue con sus deportes y la escena gijonesa.
No olvidamos al malogrado músico, y dibujante de La familia Castañón, xente llano de Xixón, Igor Medio, pero Mortimer ha venido a continuar su estela de modo sobresaliente y reímos con él como lo hacíamos con el gran Igor.

No veo apenas televivisión pero leemos diariamente, toda la familia, la crítica de Antonio Rico, otro bienhumarado, látigo de mentecatos y otras vainas, con el que nos tropezamos en cierta ocasión en un autobús de Atenas.

Además de estos habituales tengo un amigo, Pepe, una curruca parda, que me envía todas las semanas lo interesante de la nacional y, lo que le agradezco más, el humor gráfico de Madris, Catalunya y León. Por eso he podido seguir con El Roto, El Perich, Ramón, Elrich, Vergara, Manel o con Lolo, leonés, entre otros .

Después de esto, con el complemento de Rebelión, considero que estoy tan bien servido de noticias como lo estaría un diputado, si exceptuamos la prensa extrajera que ellos ojean pero que la mayoría no entiende. Los titulares y poco más.
La columna de Juan José Millás, El trasluz, es otra de mi cuerda que no perdono y en general lo que pillo de él en prensa. Millás ya es un imprescindible de la ironía y el ingenio nacional, con su cubata de gintonic en ristre.

Del semanal que recibimos en casa leo a veces a Quim Monzó,  Javier Cuervo o Suso de Toro, y siempre a Andrés Trapiello, cuya especialidad tampoco es el humor.
Titula su artículo de esta semana en Arcanos mundos,  En serio: ríase un poco. Cita a Cervantes en primer lugar, naturalmente, a Baroja, Gómez de la Serna y, ¡cómo no! a nuestro don Ramón del Valle Inclán, a quien califica de maestro del humor y del que recuerda que "sus repentizaciones hilarantes se hicieron célebres", mencionando después a otros galegos inmortales que cultivaron el género, no precisamente a Camilo. Hasta de Chumy y de la Codorniz, a la que añora, habla Trapiello.

Apuesta Andrés  por la literatura humorística, por el humor, casi como terapia del mal de los tiempos y nos invita a reír. Creemos que hace pleno y nosotros se lo agradecemos y sonreímos con él. Fue su artículo el que me movió a escribir esto, además, y en la cabecera de este blog figura el hupor, ¿qué añadir?...

Salud y sonrisas, de no ser carcajadas.

Ramiro.

viernes, 4 de noviembre de 2011

La parea de Agioi Apostoloi



La parea, los amigos

Agioi Apostoloi, Eubea.
Grecia, agosto 2011 

Sólo hice esta y es muy mala, y aún peor la del Maquis. Pero me voy a atrever a ponerla por las razones que explicaré a continuación.
Normalmente siento  cierto rubor al fotografiar personas, aunque este año hice más de la cuenta, algunas también en Atenas, pero de la familia y amigas de María, para nosotros. Por eso en el blog casi no hay.
Los grupos ya es otro cantar pero tampoco me siento cómodo. Y desde luego aún me gusta menos señalar, nombrando, a quien aparece si no cuento con su consentimiento. Y no cuento. Por eso me limitaré a hablar de ellos y a decir sus nombres.

Es un tributo que les debo porque entre todos me hicieron sentir que estaba en mi pueblo. Nos acogieron desde el primer día como amigos.

Es la primera taberna que hay llegando a la explanada del puerto de Agioi Apostoloi (Santos Apóstoles), Limani Petrión, Puerto de Petriés, a la derecha.

Y aquí viene la segunda razón de colgarla. El miércoles Yiannis Tzakós, el fotógrafo de Halkida del que os hablé y que figura entre nuestros favoritos,  me tenía preparada una sorpresa que me dejó pétrinos, de piedra.
¡Resulta que es de Petriés! Me dice que Agioi Apostoloi se llamaba antiguamente Kato Petriés, el Bajo Petriés. Y me envía algunas fotos de las playas de su pueblo, al lado de donde pasamos ya 50 días. Los que habremos sido vecinos sin saberlo.
Este año estuvimos a punto de subir a Petriés a una actuación de rebétiko, no recuerdo quién, pero a última hora no se nos arregló. No tenemos coche allí y moverse puede resultar muy complicado.

Kato Petriés. De hecho el año pasado cuando llamábamos al Capi del Teach desde allí indicándole el lugar donde nos habíamos instalado, no lo encontraba en las cartas por Agioi Apostoloi, sino por Limani Petrión.

Y bien. Vamos con la parea. No están todos en la foto pero  nombraré también a los ausentes

El bar lo llevan Stavrula y Spiros que nos invitaron a comer más de una vez a su mesa. Spiros trabaja la parrilla, pesca, prepara las salazones, atiende la terraza a ratos, y hace las labores que exigen desplazarse en coche, compras e intendencia en Aliveri y otras más pesadas propias del paisano. Es un hombre cabal, emotivo y cariñoso.
Me enseñó cómo prepara unas sardeles, o unos gavros, tipo anchoas en aceite, que cuando las metías en la boca de tan buenas te apetecía comerte también la lengua.
Stavrula no para, como todas las mujeros, y no creo que se me enfade la parea ni Spiros por decirlo, todos sabemos que son el alma del mundo, sin ellas se iba todo al carajo en cuatro días. Hombre, nosotros no es que lo hagamos mal, pero la callada y eficiente mano femenina siempre está presente.
Por allí corretea también  con sus vehículos el pequeño Spiros, el nieto.

Mitsos, que trabaja en la taberna, es de Psará, una isla piquiñina  de unos 100 habitantes al oeste de Jíos (Xios, Chios), en la que pasamos diez días inolvidables. No tiene turismo y hace 20 años menos. Cuando le dijimos que la conocíamos y también al señor Papas, en cuya casa estuvimos, y que ya murió según nos dijo, fue él quien quedó pétrino. Mitsos fue también la primera persona con la que hablamos, cuando recalamos el año pasado a Agioi Apostoloi viniendo de Kimi, al preguntarle por habitaciones para alquilar. Otra casualidad.

Robert es un muniqués que lleva 30 años viniendo a Grecia, a Eubea y está acondicionando una casa en el pueblo para quedarse definitivamente.
Este verano construía la escalera y llegaba todos los días hecho polvo del curro. Parece joven pero tiene ya un montón de nietos. Estaba solo este verano y pasé muy buenos ratos con él y con Spiros en el rincón de la parrilla.
No es el alemán prototípico del turismo masivo que conocemos los del sur, sino un tipo cariñosón como Spiros, no me extraña que sean amigos, callado, risueño, con cierta sorna incluso, pacífico y observador. Tremendamente humilde, es decir el modelo romántico de germano que más nos gusta. No carente de pasión, que se manifiesta, inequívoca, en su apego a Grecia.
En casa hace de albañil aunque no es su profesión y en el bar echa una mano siempre que se necesita, y aunque no se necesite, es de esas personas animosas y serviciales que siempre están dispuestas a ayudar.

A Kostas lo conocimos el año pasado en una circunstancia que merece la pena contarse. Esperábamos que nos sirvieran unas giropitas, ese pan plano enrollado que los turcos llaman pide, kebap, pero que a nosotros nos gusta más en Grecia, con carne y algunas verduras. Veíamos que todo el mundo se colaba pero porque los de aquel bar nos tomaron por albaneses o búlgaros y no nos hacían ni caso. Era un sitio pequeño con un calor horrible y somos cuatro, ocupábamos la tercera parte del local, se nos veía bien.
Cuando quisieron colar también a Kostas él, que había visto la escena como todos, no quiso, se plantó y dijo que nos sirvieran a nosotros que estábamos delante.
Era la primera vez que nos veíamos pero ya no se me despintó su cara y cuando nos encontrábamos lo saludaba con todo el respeto que él nos había demostrado a nosotros. Este año renovamos la amistad.

Hemos sufrido episodios racistas semejantes en todos los países por los que pasamos y comprendemos a quienes, en el nuestro, también los padecen.
Somos pequeñucos y morenos de ojos oscuros, si fuéramos altosrubiosdeojosazules tendríamos menos problemas en ese terreno, asi suele ser en todas partes. La cosa mavra, negra, la rechazamos de mano, los mitos funcionan.

Yo tengo por costumbre, maldad obliga, cuando veo según qué paños decir que soy albanés o turko, así ya no hay equívocos y me curo en salud... .
Dispongo de toda una batería de respuestas y recursos desconcertantes  ensayados que han demostrado su eficacia y provocado la hilaridad de quien pudo disfrutarlos.
Este mismo verano, en la playa, cuando guardaba el sitio a mi familia y a un matrimonio mayor natural de Constantinopla, debajo de una sabina, se me acerca un paisano que me había estado observando, malencarado, al que no conocía de nada y sin mediar palabra, un hola o buenos días, me suelta con malos modos,
Apo pu isse?, ¿De dónde eres?,
Apo tin Senegalía, le dije.
Apo pu?, ¿De dónde?. Kai egó, y yo,
Apo tin Senegalía, ¡kai ejo mia polla san ena sandía!,  De Senegal-ía y tengo una polla como una sandía. La polla y la sandía se le escapaban. Se separó mirándome como a un fenómeno, ¡un senegalés blanco debajo de una sabina, horror, que cosas raras se ven hoy día!.

A Panayotis, que vive en Halkida como Yiannis, como Zanasis  o Nikos el de Aliveri, lo conocimos también el año pasado escuchando un concierto de Contratempo, un grupo joven que tocó en la playa y que había traído el hijo de Stavrula y Spiros.
Este año ya pudimos beber con él alguna cerveza más. Nos quería llevar a su casa pero como no pudimos ir por diversas razones, el último día estaba en lo de Spiros para sentarse con nosotros e invitarnos a esa última comida.
Tiene también un montón de nietos y sobre todo el pequeño de tres años es un motorín que no hay quien lo pare, un polvorín de lo más gracioso.

Nikos y su hijo venden pescado por los pueblos con dos furgones. Tras los recorridos de la mañana y el curro de la tarde hacen una parada para beberse un usaki que, como me decían todos a media voz o en voz alta, es más barato y coloca más. En esas estamos todos. Para coger un puntín necesitas cuatro cevezas ó 3/4 de vino, un poco más barato. Pero por la mitad del precio te bebes un par de usos, rakís, tzípuros, tzikudiás o lo que caiga, todos de la graduación de nuestro orujo, y el proletariat lleva las bujías un poco engrasadas. El contante escasea, no es noticia.
Acabarán por alimentarnos sólo con alcohol de quemar y algo que pillemos por ahí. 
Nos conocimos en el concierto de Eleni Legaki porque se le acabó el tabaco y le ofrecí hacerle un cigarro del mío de liar. A partir de ahí nos veíamos casi todos los días y nos sentábamos a charlar y a beber.

Kostas, Jristos, Dimitris, Stavros, Nikos, Panayotis  -los nombres se repiten como aquí-, Giannis, Barbayiannis y otros Barbas, nuestros abuelos allí, que  nos paraban por la calle para saludarnos, no como algo formulario sino preguntando con cariño qué tal íbamos, si nos gustaba el pueblo, o a qué playa habíamos ido ayer porque era mejor la otra, o nos aconsejaban no comer gavros hoy porque no estaban en sazón... . Me emociono, esto no tiene precio, ¡cómo no querer a Grecia!.

El día antes del regreso, cuando yo empezaba a empapuchar cada vez que me preguntaban cuándo nos íbamos, y a pingar el lagrimón alguna otra en presencia de todos estos valientes, ta palikaria, conocí a un hombre, Stavros, que había pasado dos años en Gijón trabajando para una empresa de cordelería.
Fue graciosísimo porque todavía recordaba los "Sí, ho...", "Ye que...", "Qué guapu ye...!, etc.,  y decía que amaba a España, que conocía, y sobre todo a Asturias y estaba deseando volver. Aunque  yo no sea asturiano de nacimiento, enaguaba en bable y babeaba en castellán. Yo le hablé de su país con  tanta pasión como él a mí del mío.

Sé que olvido todavía algunos nombres, pero pocos. Y sobre todo no los olvido a ellos que es lo importante.

Esto ha sido un nuevo homenaje a Grecia, a Eubea y a Petriés, Ano y Kato, Agioi Apostoli y, antes que nada, porque los últimos son los primeros, a esas personas que fueron mis amigos durante un mes, que lo siguen siendo. Y a Giannis Tzakós que con su sorpresa me dio el último motivo para no retrasar más lo que ya debería haber escrito hace un mes como poco.

Geia sas, filioi mas!

Geia sou Spiro, meraklí, geia Robert, levendi mou!

Ramiro Rodríguez Prada.


P.D. ¡Y las abuelas!? Como tomaba un baño muchos días nada más amanecer, allí estaba la media docena de abuelas que iban también a esa hora. Si fallaba  un día y me encontraban en la calle se interesaban por mi estado de salud. Este año fui menos porque estábamos más lejos, pero ya me conocen y me saludan.
Me rodean y me preguntan por mi esposa y mis hijos cuando nos bañamos. Están flotando en una zona que cubre pero casi no se mueven, sólo asoman las cabezas con los gorros del baño. Se me acercan a medio metro con toda confianza y hablamos de cosas de casa, la comida de hoy, la salud, la familia... . Es algo único.
        

jueves, 3 de noviembre de 2011

Focicando


Cular salmantino ibériko de Sastanden


Kulo nero


Al final no me dejó meter la foto apaisada de un cular muy pinturero que yo quería, en decúbito supino que es otra perspectiva molona, ni ninguna otra en esa posición. Así que ahí va esta que, teniendo en cuenta a quién se la dedico, tampoco necesita tanto jarte, que igual la compra para su colección particular, me hase reina por un dia y me desgrasia en Santasdés contra una esquina, qué pestaso chairrrman!

Aaaggg, mavro kolo kakó kai levkó!

Blanco y negro, así tienen el kolo los kolokapitalistas cara no, culo al público, cada glúteo de un color, porque es ya la generación que hizo la revolusión porrón pompón, bebieron del pop art y del ying yang, y se lo pintaron de todos los colores del arcoiris y alguno mais, ahora dirigen las empresas de sus familias.
Y sus amigos de comuna y alpargata, los jipis pobres, dicen que murieron todos los sueños, aquellos de paz y amor, entre otros. Ahora toca guerra y odio, la otra cara del culo, iba a decir la cara oculta, pero no porque ya la descubrimos.
(...¡Nos descubrieron/por fin nos decubrieron!)
Tenemos un trabajo, una familia, votamos a los demócratas, o no votamos. Está muy bien.

Pero si miras embaixo´el faldillín de los del culo blanquinegro, que no me gusta esa indiscreción, pero a veces hay que cometerla, verás un culo más negro que una fosa común.

Insiste mi amigo Pepe Pirrhula, el Picabrotos, el minero psilicoso especialista en pájaros, intérprete de tonada y de sidra, en que les dé caña a esos buitres, pero yo me disculpo diciéndole que no sé nada de economía salvo la cuenta de la abuela, que sólo puedo hablar de chorizos y otros embutidos,  de carne cruda adobada o de sangre y cebolla (...hielo negro y escarcha/grande y redonda).
Él me echa una bronca pistonuda que acaba en risa y tos.

Un rato después, ya calmado, vuelve a deleitarme con la letrilla de un canciu propiu, dedicado a Milio el Botines, que entona en clave allerana:

Cuenten que tienes millones
metíos nel calcetín (bis)
no esfociques nos furacos
¡faes focicu de gochín!

Con esto ya me dejó imposibilitao para el resto de la tarde, como no tenía sidra a mano le di un buen meneo al vino para aliviar, provisionalmente, el dolor de corazón. Pero me proporcionó la disculpa, la letra ahí está, que me faltaba para cerrar este breve exhabrupto.

Así que non fociquemos más por hoy, antes de que empiece a goler.
(Gracies a Dolo y a Mabel por el asesoramiento lingüístico)

Salud.

Kolomondo.


O. R.   Dalle que non mira


Lo intentaré con Estamos en guerra (Pero hay que reflexionar):


Y si no que chupen aquí y mamen na casa...

Vale

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Rebétiko


Anatolia, el este...
Grecia 2011

Rebétiko


Esta será una andanada corta, espero, para conjurar ese horror vacui que algunos conoceréis y que aquí se manifiesta en el hecho de no poder ver demasiado tiempo una etiqueta con una sola entrada, retrasada respecto a las demás u olvidada, lo que no sucederá a menos que torne más de lo que ya estoy, muy muy de perfil.

En distintos capítulos sobre música griega, cretense, en los de Atenas, etc., he ido hablando de este estilo de música y citado a varios autores e intérpretes.
Son, como dije, los ritmos e historias de los griegos de Asia Menor que trajeron con ellos en las sucesivas oleadas, sobre todo en 1922, expulsados de los territorios que llevaban ocupando desde que se inventó la Historia, hace 3000 años más o menos, aunque los colonos de entonces no fueran exactamente los griegos de hoy.

Esas músicas se adaptaron y desarrollaron después en toda Grecia, pero de manera especial en el Pireo y en los barrios chabolistas que se multiplicaron en los arrabales de Atenas.

Pero ese era su folclore en la actual Turquía, a la influencia de cuyos temas, ritmos e instrumentos, debe la Rebétika (en plural) su existencia.
No obstante el número de comunidades helenas en Asia Menor era tan alto y su dispersión geográfica tanta, que no sería posible hablar de un sólo Rebétiko y aún menos de un folclore unitario. Cada región cultivaba su música particular. En el Ponto, el Mar Negro, los griegos de Trabzon (Trebisonda) están a mil kilómetos de los de Adana, y los del interior de Anatolia, Capadocia, y otros, aislados de los esmirniotas y de los fanariotas de Constantinopla.

El dervichaki es una figura común en las canciones de Rebétiko. Es un diminutivo de derviche, una voz que recoge nuestro diccionario y define como "mendicante".
Se trata de un personaje frecuente en el mundo musulmán, a veces transhumante buscando fortuna, otras como pobre fijo en pueblos y ciudades. Tal que aquí y ahora, carrileros o de atrio diario. Una especie de monje lego, de fraile que no ha recibido las órdenes mayores de la autoridad religiosa y vive de la caridad muy malamente.
Pero en el rebétiko es también un epíteto cariñoso exclamativo, Dervichaki mou!, que puede ser traducido por !Pobrecito mío!, sin connotaciones económicas, digamos.

Menciono a esta figura porque nos servirá para acotar más el origen oriental del estilo.
Todos conocéis, o habéis oído hablar o visto, a los derviches giróvagos y escuchado la música que ambienta sus hipnóticos bailes.


Mevlana, el Rumí, -el romios*, romano/bizantino para los otomanos y otros turcomanos-  fue el santo musulmán de Konya que inspiró a esta secta y su filosofía, una rama del sufismo. Los compositores son clásicos de la cultura turco islámica.
Hüseyin Fahrettin, Hazirlayan Dede´nin, Beste-i Kadim, Osman Dede´nin... . Y sus piezas, Taksim,  Isfahan, Pesrev, Ayini, Húzzam... . Algo semejante a nuestras Oberturas, Adagios, Scherzos, etc.
Más pobremente en los tekes, los fumaderos de haschís asiáticos previos al éxodo, que se reprodujeron en Atenas, y de modo mundano en los salones del Kafé Amam, este es el sonido antiguo de base, de origen religioso y místico aunque después la sociedad civil, y los músicos y autores lo transformaran.
Naturalmente ese sonido se adaptó diversamente dependiendo del grupo humano o la región, mezclándose con las músicas populares, tanto griegas como turcas que ya  existían.

El sonido de las Amanades (Amanés), nombre que procede de esa exclamación ¡Aman, aman! que se oye en las canciones y que también figura en el diccionario, nuestra herencia del islam, traducido por "la paz que piden los moros cuando se rinden" (¡cuántos ecos coloniales aquí!... ), es el que más recuerda a su antiguo modelo.
Pero el Amán aquí es más una exclamación invocativa tipo ¡Señor!, ¡Dios mío!, ¡Madre mía!, o algo así... . Y el "Amanikós", el sin mangas, es el estrafalario Mangas, el personaje por excelencia del rebético, el pillo rebetis fumador de chocolate y otros dulces de doble filo.
La que sigue es una canción de Marió titulada O mangas se jorisi, un zembékiko, tipo de canción y danza preferida por los varones griegos, que lo bailan por las solateras de sus confines. Habla también de la escena tesalonicense, (...filotimos oreos kai thesalonikiós) con lo que se une a la de Kokotas del final.


Fauna y músicos que dieron vida en Atenas, Tesalónika..., después de la gran catástrofe de los 20, a la hashiklídica, el género más  desastrado cuyos motivos giran en torno a... ese producto de origen vegetal -es por ampliar información-, ¿no?, y otros.

Y así, del origen a la digresión, me fui más lejos de lo que quería y sin haber nombrado todavía ni a un sólo músico de rebétiko. Lo acabo de hacer al poner la canción del mangas.

En la última entrada de música cretense,  hablé de Marió, primera figura viva del rebétiko y de las amanés en concreto, y de su disco con Ludovikos ton Anoyion, Bit Pasar, que el mi Dimitraki, la noche reciente de su aparición, me informó que era un pequeño mercado, una especie de rastro de cosas pequeñas en Tesalónika.
Estos días he podido escuchar una larga entrevista con ella en el Deftero progama (la 2 griega) y ese disco, así como el del Kafé Aman con Lizeta Kalimeri y otros.
Está como una rosa. Tiene la voz de una mujer de cincuenta años.

Geia sas, Mario, mitera mas! Geia sas, Thesaloniki mou!

A partir de ahora comenzaré a referirme ya a los músicos del Rebétiko que conocemos, que empezaron a grabar en los años veinte y que constituyen el grupo de los clásicos.
Pero eso será otro día.

Geia sas, salud y buena música.

* Creo que tiene una versión Marió pero no la encuentro por lo que pondré la de Stamatis Kokotas que es el autor:

Romiós agapise romiá
romiá kai thesalinikiá

(El romano ama a la romana
romana y tesalonicense)

Omiroglou  Pradatzís.

P.D. 1. Hay dos novelas traducidas que consideramos entre las mejores y más potentes de la narración griega moderna y que se refieren a estas regiones de Anatolia, en los felices años anteriores y en los contemporáneos de I Megali Katastrofi de 1922. Tierras de Eolia, de Ilias Vénesis y Tierras de sangre, de Didó Sotiriu.  Les dedicaremos el espacio que merecen en Escritores griegos, cuando proceda.

P.D. 2. Una de haschiklídika para cerrar. Ahí aparecen algunas palabras características del estilo, el narguilé, el fumaro, el tekes, los mangas... . Como dice un comentario, Teketzídiko agnostou tragoudi grameno sti filakí, Canción desconocida del tekes escrita en la cárcel. De Hilia Petropoulou y Ioban Tsaous, grabada por Agathonas Iakobidis. Pende mangues sto Peraia, Cinco mangas en el Pireo:



Vale. Ramiro.

martes, 1 de noviembre de 2011

Karoúlia en las Hurdes


Don Berenjeno Zanahorio

Es ya un cajón de sastre este Perdío,  refugio, confesionario, herbolario provisional, muro de lamentaciones y buenos propósitos que siempre nos hacemos pero que pocas veces cumplimos, balneario o descansódromo...

Hace 15 días que pasé por aquí más triste, perdío y griposo que hoy. En ese momento especulaba con la frecuencia de mis bajones. ¿A quién le importa?. Pero hoy tampoco ando arrastrao como para venir a quejarme.
Sin embargo he vivido una semana muy transhumante. El trabajo de la casa ya lo tengo sistematizado desde hace años y pocas veces me pilla el toro ahí. Pero las últimas noches no he dormido relajado a causa de las movidas de don Ramón del Valle, que me trae al retortero desde la medianoche al amanecer, trasegando alcoholes todos de alta graduación como si fueran zumos.

Para acabar de rematarla parió el abuelo y esta noche tuve una visita inesperada, no de un zombi genial, sino de un genio zumbao.
Me estoy refiriendo al Inmortal Dimitris, el monje tesalonikiós, que vino desde su retiro en Karoúlia (Áthos) en un viaje astral.
En los prolegómenos de la meditación filokálika vespertina, cuando se quitaba una borrilla del ombligo, descubrió allí un agujero espacial por el que se autotransportó a las Hurdes, donde se materializó el encuentro.

Hubo un cónclave del grupo primigenio de la Nea Iklesía Eterodoxa Hextremaña  (nombre temporal para captar adeptos aragoneses), donde había gente de Girona, Barakardo, Cái, Coimbra, Brivieska, Guitiriz, Villaviciosa, el Cachap, Xixona (muchos levantinos por aquello del turrón)..., y dos extremeños genuinos que aportaron la cabaña, los culares ibéricos y se hicieron cargo, infatigables, de la intendencia. Amás amás, como decía el de Banyoles, del cariño que siempre derrochan.

No salimos de la actualidad griega que el buen monajós nos pintaba.

Pero padre, le preguntó el de Briviesca, ¿porqué no garrapiñan las almendras de Karoúlia para venderlas, o ganar unas calorías? Sería un producto con denominación de origen vendecido por la santidad de Áthos y el no menos beato Patriarca. Y las que sobren...
Sólo como dos al día, contestó el infeliz, el de mi santo, Ayios Dimitriadis, comí tres, pero después tuvimos una fiesta y el gerontas mou me dejó bailar la raspa con Locomondo. ¡Tenemos un transistor!
¿Y adónde van a parar las rentas de las miles de hectáreas y propiedades que tiene la Iglesia Ortodoxa?, preguntó el gerundense sin intención.
Los gastos son ingentes. El mantenimiento del patrimonio es un pozo sin fondo y la ayuda a las  viudas y huérfanos de nuestros popes, y otros necesitados, se lleva otro buen pellizco. Pero la respuesta no está al alcance de este humilde siervo del Señor, quiso zanjar el mi Dimitraki.
El de Banyoles no se dió por vencido e insistió, ¿La iglesia no paga impuestos en Grecia, no es así?
Así es, dijo el fraile derrotado.
¡Si está en los huesos, pues!, dise el vasco, ¿Cómo conose la situasión de su país si vive fuera del mundo? ¡Unas kokotxas, un buen bakalao a la viskaína, un txakolí y vuelve nadando a Karulia!.

En Karoúlia siempre estamos en crisis, musitó. Y casi inaudible, Pero tenemos un transistor...

El pobre monje que, en efesto, estaba enflaquecido como un Cristo para desgraciaos, agachó la cabeza y la barba le llegaba guapamente a la bragueta. Aunque es de buena estatura pudimos verle una coronilla, donde ya empezaba a escasear el pelo, como a modo de tonsura, fisiká, natural. En su caso también eremítica.
Con poco más de treinta años parecía un esqueleto y se estaba quedando calvo. Al hablar se le veían también los dientes medio descalcificados de las privaciones a las que sometía a su cuerpo.
Y no tenía novia ni novio. Una del Cachap le tiraba los tejos pero él enrojecía como un tomate griego.

Los de Hervás, como siempre oportunos y conciliadores, viéndolo tan  desvalido propusieron un ágape a base de embutido de la tierra  y vino generoso.
Todo el mundo estuvo de acuerdo y, después de un corto paseo para abrir el apetito en el que el monajós nos llevaba a todos afogaos, como si tuviera ganas de acabar rápido con ese trámitre... pedestre, comparado con el nutritivo cometido que nos aguardaba,  muy poco después, digo, nos sentamos a una mesa que era la gloria del jamón, del chorizo, del salchichón, del cular de Extremadura.

El fraile levitaba.

¡Pero qué cortas se nos hicieron esas 24 horas que él estuvo entre nosotros! La mitad de ellas las pasamos sentados, adorando al hermano jalufo, como los griegos cuando celebran algo en familia, despaciosamente, disfrutando.
El Inmortal tesalonicense se iba calentando y al final de la fiesta nos echamos unos skás y unos regues (¡non regues el vino que lu afuegues!), a ritmo de Locomondo.
Dimitraki se marcó dos zembékikos a petición del respetable público neófito ibérico, que nos dejó ya el alma preparada para recibir los santos óleos.

Lo acompañamos hasta la cuerria, como la llamamos en Asturies, el cubículo circular de piedra donde se echan las castañas para que vayan cayendo al fondo según se van secando los erizos de la cubierta exterior. No sé cómo la llaman los extremaños, pero ésta era de un estilo semejante.
Se subió encima de la pila de castañas que rebasaban la altura de las paredes de la cuerria y se hundió hasta las rodillas en ellas, pero mantuvo su santa compostura, y eso que se le veía risueño y coloradín. Le había sentado tan bien la aventura que parecía  haber engordado en apenas unas horas, y le brillaban los ujitos del vinillo, ¡si hasta parecía haber rejuvenecido!.

Todos le instamos a repetir la visita cuanto antes, por la necesidad que esta comunidad tiene de su dulzura y de sus balsámicas palabras de hombre espiritual, nuestro guía y consuelo.
Prometió, Panagía mediante, nuevos vuelos astrales si su ombligo seguía mostrándole el camino.
La mayoría estábamos tan pedos que se nos hacía difícil comprender su resistencia teniendo en cuenta su endeblez y lo que había bebido, pero allí estaba tieso, de pie sobre las castañas, las manos recogidas en muda oración, y con aquel rubor casi angelical en las mejillas, esperando a la nave del misterio que nos lo arrebató sin que nos coscáramos.

De pronto estaba y de pronto ya no estaba.

Yo no sé si dormí en la cuerria porque amanecí con todo el cuerpo tarazao por los oricios, hecho un alfilitero.
Todo ese sufrimiento, ya sublimado por el espíritu heteróxido karouliense, lo dediqué a la salvación del alma de Militouh erde louh Botinehi.

Buenos días queridas criaturas. Salud.

Alma de Kántara.

lunes, 31 de octubre de 2011

Botellón


Gamberros

Media noche era por filo, la del sábado tal como temía, al poco de acostarme oí que me chistaban, giré hacia mi compañera pero dormía. Recordé la última siesta en Eubea y pensé en el galego, pero no lo veía en la habitación.
Cerré los ojos y me dormí escuchando el gemido del nordeste en la ventana.

Debió durar poco ese primer sueño por lo que me cundieron los acontecimientos posteriores.

Me despertaron con dulzura, como cuando me dormía por las mañanas y mi madre me decía casi al oído que tenía que desayunar y era tarde.
Levantó un poco la sábana y susurró, Usted y yo tenemos pendiente un paseo, querido amigo. Era don Ramón. Sí.

Había visitado ese día tres cementerios para depositar las flores conmemorativas en las tumbas de la familia, así que no me alteraba el ánimo el fantasma redivivo del manco de Vilanova. Había respetado mi descanso del viernes y, aunque no quiso concederme la tregua del fin de semana, yo me encontraba en mejores condiciones que la noche ful de la vodka.
En el mismo pasillo, según salía de la habitación, me tendió una botella de coñac. Otra vez de Centenario Terry con tapón de corcho de los 60, de un litro, con su malla amarilla como nueva. No era como la que yo le había afanado a mi madre, con la cuerda medio podrida que habíamos chupado otra noche, sobre todo él.
Sólo quedaba un trago así que lo apuré. Era tan suave y delicado que parecía un café con leche y unas gotas. Sólo que en la boca quedaban sólo esas gotas, un buen rato.

¡Buuuaáh, esto es el desierto del Sahara!, exclamé recordando a la mora.
Destilado de dátil al cubo, añadió Valle. Y zumo de escorpión, apostilló.
¿Qué pasa, volvió el legía de Sidi Ifni?
Me miró como diciendo, ¿Me vas a bacilar ahora con lo de la Legión?, pero sólo dijo, No, me había traído una caja pero ando a todas horas de la Zeca a la Meca y casi  no paso por Vilanova que es donde tengo la provisión. Y sin solución de continuidad me instó, ¿Está listo, nos vamos?.

No hacía frío en la calle y el viento había desaparecido como por ensalmo.

Atravesamos Xufre en dirección al barrio viejo y rodeamos la colina para salir al este de la isla y coger el sendero donde lo habíamos dejado la noche de la asamblea de los célebres zombis. El banco estaba vacío en esta ocasión y no había luna. Yo sentía el calor del brandy calentándome la barriga y subiéndome al pecho y a la frente.

Tenemos tiempo, vamos a sentarnos un momento. Me satisface esta estampa nocturna de Cambados nas noites sen lúa.
Estaba otra vez transpuesto, como bajo el pino mirando A Pobra. En silencio tomé asiento a su lado.

Acostumbrado ya a sus atuendos estrafalarios y anticuados no había reparado en su aspecto de hoy, una especie de chaqué con una lazada al cuello, bajo la barba, un sombrero menos aparente y unos botines relumbrones que parecían hechos a medida por algún remendón de la zona, muy toscos, aunque imagino que resistentes. Sentado, con las barbas blancas que reposaban sobre sus piernas y las lentes redondas, así de perfil, tenía toda la apariencia de un cuáquero o un Mr. Natural de Crumb a la galega.
Traía también el fino bastón de la curuxa.

Estuvimos unos minutos callados. Con la barbilla apoyada en la mano que apretaba la lechuza del bastón miraba melancólico el reflejo de las luces en las olas que, mansamente, lamían la orilla.

Don Ramón, de nuevo marchoso y cañí, saltó del banco cual muñeco y chilló,  ¡Goñi, goñi, que la diña!
Yo me eché a reír, claro, mientras él ya enfilaba el sendero que al borde de la arena nos conducía a un pinar cercano.
Cruzamos la pineda y a la otra parte enseguida vimos el resplandor de una hoguera. Varios coches, aparcados en círculo, con las puertas  abiertas que disimulaban mejor su presencia y ocultaban el fuego, acotaban un espacio en cuyo centro un grupo indeterminado de personas bebían y bailaban alrededor de un fuego, al compás de la música que salía de algún vehículo.

¡Vamos a ver si nos invitan a un trago!, dijo Valle muy decidido.
Yo no quería hacer de cenizo aunque conocía mejor que él la fiesta que allí se celebraba y me temí lo peor, pero asentí.

Cuando vieron aparecer a don Ramón en el círculo iluminado por las llamas se quedaron  mudos y anonadados. Eran 7 gamberretes, tres chicas y cuatro chicos de entre 16 y 18 años. A mí casi  me ignoraron porque la verdad es que el de Arousa era un figurín estrambótico que atraía todas las miradas, un fantasma de hace dos siglos en medio de la queimada. Porque eso es lo que hacían los rapaces, una queimada.

Repuestos de la sorpresa, y bastante cargaditos ya de aguardente, todo hay que dicirlo, rodearon al manco, que se había quitado el sombrero y lo sostenía, junto al bastón, con la mano sana.
¡Boas noites!, dijo don Ramón con voz sonora sobreponiéndose al chunda chunda que salía de los altavoces.
Nadie le contestó. A una chica se le escapó la risina y de pronto estallaron todos en carcajadas mientras el más cercano le ofrecía a Valle un tanque esmaltado con orujo de la queimada.
Lo cogió, bebió lo que había y se lo devolvió, todo en segundos. El guaje quedó pasmao.

¡Qué hijoputa!, dice el chaval mirando a sus colegas, ¡se lo bebió todo!
¡Oiga, joven, modere su lengua!, saltó el viejo.
Los otros volvieron a escojonarse y la de la risina, ¡Joder, el pureta, habla como el Punset!, y don Ramón encendido ya, ¡Qué lenguaje es ese para una dama!.
Un par de ellos, muy pedos, se revolcaban por el suelo en ataques de risa. Otra chica le ofreció a Valle un porro y él rehusó diciendo, ¡Yo sólo fumo en mi chibuquí!.

No había probado todavía el orujo y estaba viendo que, así las cosas, aquello podía acabar muy mal y sin catar una gota, así que me acerqué al grupo y le pedí la taza a uno de ellos. Lo dudó pero me la pasó. Eché un trago corto y se la devolví, pero entretanto otro se había acercado al anciano por detrás y le tiró hacia abajo del chaqué. El pitorreo fue fenomenal.
Yo veía a Valle que rumfaba ya como una locomotora y le dije, Vamos don Ramón, que se nos hace tarde.
Tiene razón joven, pero antes he de dar una lección a estos tunantes que no olvidarán.

El guaje que le había tirado de la chaqueta consiguió ahora arrebatarle el sombrero de la mano y sin detenerse se lo lanzó a un colega por encima de la genial cabeza del galego.
Y entonces se armó ¡la de vámonos Juana!

El  viejo barbudo, con una energía impropia para su edad y usando el bastón de mandoble, se volvió y arreó sendos estacazos al burlón cada uno en su glúteo correspondiente de tal magnitud que el  chaval cayó al suelo redondo, chillando y frotándose las posaderas.
Los otros quedaron paralizados por la sorpresa un momento pero don Ramón ya la había emprendido a bastonazos con el que  mentó a su madre en términos inaceptables. Y la rapaza del lenguaje soez recibió también un buen palo en el culo cuando hizo frente, en plan retador, al de Vilanova.
El que tenía el sombrero lo soltó y se dió la vuelta escapando pero el bastón le alcanzó todavía una oreja, mientras el brioso manco gritaba, ¡Vuelve aquíii, galopiiiíín!.

Se produjo una desbandada general cuando comprendieron que el paisano pensaba calentarles el culo a todos, uno por uno.
El adolescente más joven, que era el más borracho, o colocao con todo, a saber, no se había podido
levantar y seguía riéndose en el suelo. Don Ramón se acercó y al verlo en aquel estado sólo murmuró:

 Yo anuncio la era argentina
de socialismo y cocaína

Luego se arrimó a la hoguera y me llamó, Busque una de esas tazas y rellene esta garrafa, dijo señalándome una de dos litros en la que los guajes llevarían el aguardiente. Rellené la mitad y  me parecía demasiado. Complétela, me dice, que si sobra ya le daremos salida.

Dejamos al chaval riendo y nos fuimos nosotros también más contentos que unas pascuas. Resultaba agradable el calor de la garrafa y mucho más lo fueron los tientos que le íbamos dando mientras nos acercábamos, entre pinos y playas, a la punta sur de la isla.
Era una noche oscura pero amorosa para la época, el nordeste que soplara días antes, se había calmado y venía una ligera brisa cálida del sur que en el continente, lejos del mar, sería más fuerte y echaría al suelo las últimas castañas.

No sé si por la bronca o el aguardente pero Valle estaba excitado, dicharachero y jovial como pocas noches. Nos sentamos bajo un pino mirando hacia la lejana boca de la ría, antes de iniciar el regreso al norte por la costa oeste. Allí fanfarroneó un poco recordando sus andanzas por el Madrid de su época mientras le dábamos chupetones apasionados a la garrafa.

Cuando nos levantamos el agua de la mar parecía fósforo con los destellos de infinitas  luces crepitando en la superficie.

No sé cómo volvimos a Xufre si andando o subidos en una escoba, ni lo que fue de la garrafa, del orujo sí, nos lo bebimos todo, ni qué se hizo de don Ramón. 
Desperté aquí al día siguiente, ayer, a causa de los gritos espantados de una mujer que venía a limpiar la tumba de su esposo. Yo me había metido a dormir en un nicho vacío. Tampoco sé cómo lo encontré ni cómo lo hise.

Felices sábanas.

Man Ta Blón.



domingo, 30 de octubre de 2011

Geia sas, ta pedakia!


Busto de Yiannis Ritsos en Monenvasiá
Grecia 2009

En Kondopouli, Limnos, uno de los lugares donde penó el poeta de Monenvasiá, O Yiannis Ritsos, junto con otros muchos presos políticos, escuché a un taxista de sesenta y muchos,  desde la ventanilla abierta de su taxi arrancado, saludar a un grupo de paisanos sentados en una terraza a la sombra de una parra, jugando al tavli y bebiendo café.  Dice:

Geia sas ta pedakia!,  ¡Salud, chavalines!
Geia sou!, contestaron,  ¡Salud!

Ninguno de ellos bajaba de los ochenta años.

Es una escena sencilla e ilustrativa que puede repetirse en cualquier lugar de Grecia.

Del mismo modo, pero ahondando, en Creta,

muchos paisanos
como cañones
con toda la barba
y roña en los cojones

el que la tenga, ¡voto a Feus!,  que es gente pulcra y de porte aristocrático como poca,  hombrones como torres y una voz salida del Antro del Ida, pueden saludarse con un,

Geia sou, kopeli mou!,  ¡Hola rapacina!.

Pero yo nunca tuve el honor de merecer ese compadreo, -comadreo para ser exactos-, familiar e irónico de la parea cretense, los amigos, que no tengo todavía.
Lo digo porque tratar a Psarandonis de "Kopeli mou" como hice en su entrada (aquí en Música cretense), es un acto de confianza y valor por mi parte que ¡no sé si me costará la vía!

Es broma, naturalmente, aunque el león  es fiero de verdad.  Lo hice por la admiración y el respeto que siento por él, y no hay mayor respeto que la confianza.

Geia sas, Andoni!,  Geia sas Limno kai Kriti mou, òmorfa nisiá, islas  hermosas!

 
Barbarómiros Hatzipradakis.

 
(Publicado en Desde la popa el día 28-6-2011, para la crónica del Teach del 16-6-2011. Antipasos a Parga) 

P.D. El problema de la transcripción del griego al castellano se presenta siempre. Algún día lo hablaremos un poco más en extenso para fijar algunos lugares comunes al respecto.
Lo  de menos es el alfabeto, se acaba por aprender y los sonidos no cambian mucho, es un idioma que nos suena, su música resulta familiar, y es eufónico para nosotros.
Reproducir sin embargo los diferentes sonidos con grafía latina ya presenta más problemas, con 7 vocales y 3 sonidos para b/mp y v, por ejemplo, que no es b pero Vasilis es el Basilio castellano, dos consonantes con un sonido (Th = Z), o la inversa, letras cuyo sonido sólo se puede reproducir con dos castellanas (los Ts y Tz ), ...  

Se complica además con la existencia de diptongos, similares a los franceses, que tampoco es lo peor, también se aprenden enseguida.

Otro problema añadido es el uso del inglés para cosas tan significativas como los mapas o las guías. Algunos ya incorporan griego e inglés o varias grafías teniendo en cuenta distintas nacionalidades. El resultado es un batiburrillo notable.
Recuerdo alguna pregunta que le dirigían al Capi en los comentarios en Desde la popa, en concreto creo que una de Agus sobre Lesbos/Lesvos.
Pero no siempre es fácil de responder en dos palabras si el que pregunta tiene algo más de interés, o el que responde es un tikismikis. Y este ejemplo de Lesbos con dos nombres totalmente distintos para la misma isla, (Mitilene/Mizilene, en castellano, Mithilini, griego), se repite en más topónimos (Korfú/Kérkira), etc.

Lo ideal sería escribir en griego pero eso limitaría el acceso a las páginas por parte de quienes no dominamos el idoma o lo desconocemos por completo.

Terminaré con un ejemplo propio que se repite cada día. Me despido con un Geia sas!, Salud,  o Yasas!, que es el sonido en castellano de la pronunciación griega. Como si escribiera  "O´gvuá" , o algo asín, para decir adiós en francés, o sea ¡un horror!.

Pero el asunto sigue sin resolverse.

Los muy puntillosos, perfeccionistas o rigurosos en esto, pueden consultar el libro de Pedro Bádenas de la Peña, La transcripción de griego moderno al español (1984).  Vale.

Ramiro.