viernes, 16 de diciembre de 2011

Τυρόπιτα


Τυρόπιτα, Empanada de queso
Marietta. Agioi Apostoli, Eubea 2011 

La Tirópita, de la que ya hablamos algo en esta etiqueta, Psomí y Tiropitari, es una empanada de queso, de pan u hojaldre, más comunmente de este último, ya que a la de pan la llaman también Tirópsomo (Psomí, pan) que se consume en toda Grecia y constituye en lo gastronómico una de sus señas de identidad.
El Tirí, ι Τυρί, es el Queso, ι  Πίτα, la Pita, el pan plano ácimo tipo torta, pero que designa también muchas clases de empanadas y hojandres cuyos nombres llevan su raíz.

Son varias las especialidades y las formas. Cuecen raciones individuales pero también del tamaño de nuestras empanadas, aprovechando en las casas todo el espacio de los hornos.
En las panaderías se pueden encontrar de las dos clases y las raciones de varias formas, cuadradas, rectangulares, triangulares, medias lunas, ovaladas o redondas. Al capricho del panadero, de los clientes o de la tradición del lugar.
La finura de la pita o el hojaldre, es decir, el trabajo de la harina, de la masa, es también competencia del artista. Y las diferencias pueden ser muy significativas.

Las madres en las familias, las mujeres, son las que más empeño ponen como siempre.

Hoy se imponen en algunos restaurantes hojaldres e incluso tirópitas precongeladas que sólo hay que meter en el horno y que dan el pego hasta a un griego poco atento. Son tan pícaros como nosotros y te pueden tomar el pelo vendiéndote por casero lo que tú mismo compraste ayer en el supermercado de la ciudad. Pero no es lo común.

Mucho más frecuentes son las buenas panaderías con un montón de especialidades tanto de pan, como de empanadas con toda clase de rellenos, muchos de los cuales tienen al queso por protagonista principal con otros secundarios.
Galletas, pastas, pasteles y muchos dulces. Hablo de panaderías, porque en las Zajaroplastío, Pastelerías (literalmente Azucarías, Zajari es azúcar), las variedades y especialidades son tantas y tan dulces como las de cualquier negocio turco similar.

Sobre el dulzor de los pasteles griegos y turcos ya dije que nuestro superlativo castellano se queda corto, no alcanza. Cuestión de magnitudes y de costumbre. A ellos les parece normal. Usan la miel bastante más que nosotros en repostería.

Este hojaldre de queso de la panadería Marietta era muy fino, en el trayecto a casa se deshojó por arriba. Lo llevaba caliente por la mañana, antes de que se levantase la familia, como complemento nutritivo al desayuno. Ellos lo comían ya templado.
Ahí está uno de los mayores placeres de los madrugadores, en las panaderías. Y la tirópita calentina tiene otra fragancia que se pierde en frío. De las panaderías al amanecer me gusta todo, el olor del pan cocido, el panadero arremangado saliendo enharinado a saludarte, con cara de fatiga, en la segunda o tercera hornada, y el pan mismo, claro.

Recuerdo ahora la panadería de Kondopouli, en Limnos, desde donde volvía a casa con el pan caliente, al amanecer, saboreando una tirópita, demorándome. La terminaba sentado a la puerta de casa cuando el sol ya asomaba alargando las sombras. Algún placer ha de tener el insomnio.
Y la de Kimi, también en Eubea, en cuyo puerto pasamos unos días en el 2010, con muchas especialidades y muy ricas. Agunas compartidas con Lola y Alberto en la escala forzada del Capitán Teach.

Como decía un chavorrillo pensando en un erizo que había cazado el día antes y que su madre preparaba ese día para la comida, ¡Aayyy paaayo, me se ponen los dientes laaargos!

Ya lo mencioné hace poco pero lo repetiré otras veces, ¡más cornás da la jambre!

A ver si hay suerte y sale. Una canción de Mikis Theodorakis con letra de Yácobos Kampanellis, cantada por Soúla Bírbilis. To psomí sto trapesi, El pan en la mesa.

http://www.youtube.com/watch?v=vfQa38jwykQ&feature=related

Salud y pan tierno (y un poco de queso si puede ser).

Barbarómiros.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Murias -4


La muria de la curruca Blasensis
Morales del Arcediano, otoño 2011


Fue un paseo lineal por Morales, como el que hice por el centro de Atenas viendo las pintadas y grafittis que puse en Alfabetos, pero más corto, y también muy provechoso.
Doscientos metros, desde el río Turienzo y el salón hasta la casa del Centenalis y la del Verderón, las dos currucas pardas. Media hora escasa parándome a sacar las fotos que habéis visto. Sin escoger rincones especiales ni rebuscar en ningún sitio.

Están colocadas por orden temporal. A las piedras del primer capítulo y algunas del segundo les daba todavía el sol del atardecer.

El Verderón Blasensis estaba reconstruyendo esa muria de arriba y, pese a que ya no tenía que realizar labores de cantero puesto que contaba con piedra suficiente ya perfilada, es de admirar la curiosidad con la que hizo su trabajo. ´Ye un páxaru curiosu y trabayaor` , como diría Pepe Pirrhúla, el Picabrotos.

Y este tipo de muro en seco es el más serio y señorial de los modelos aquí presentes, lo he venido repitiendo.
¿Cuántos siglos llevarán utilizándose esas piedras para el mismo menester, rehaciendo una y otra vez las murias? Su belleza permanece y nos sobrevive. No es que sienta envidia pero impone y, de algún modo, ayuda a sobrellevar nuestra fealdad de bichos orejudos con uñas y dientes. Y a veces rabo

Gracias a los pocos que no permiten que la ruina se adueñe de lo mejor que tenemos. Humilde y hermoso. En el caso presente de Morales, ahora, sus escasos vecinos, la curruca Centenalis y la Blasensis entre ellos.

Muria bicentenaria en Morales del Arcediano
León 2011

Ésta es elegante de verdad, regular, compacta, sin apenas resquicios donde puedan enraizar las plantas, era la muria de la huerta de un medio rico. Tendrá unos sesenta centímetros de anchura y metro y medio de alta. Sólo en la parte superior, que es la que vemos, puede sobrevivir algún musgo.

Ahí alternan cuarcitas y pizarras, sobre todo éstas últimas, muy alteradas, que le dan ese tono general frío, pero con tantos matices del azul que, con una pequeña contribución del verde musgo y el marrón de la arenisca, la convierten en una paleta paisajística.

Esto ha sido una primera aproximación a los muros y murias de piedra. Le comentaba a la alemana Philine que aumentaba su número y quizá también su belleza cuanto más al norte y noroeste, en la España húmeda, la más parecida al Reino Unido por el clima.
El color oscuro del muro inglés que ella nos presentaba se encuentra aquí en Galicia, con murias de granito, en el Bierzo, con rocas parecidas a las de Maragatería, pero mayor presencia de pizarras y metamórficas que de areniscas, en el resto del norte de León, en Asturias y Cantabria, de caliza, y en el País Vasco.

Espero, en el futuro, poder poner ejemplos de alguna de estas comunidades o zonas. De Maragatería me resulta más fácil repetir. Debería pasar por Murias de Rechivaldo, otro nombre maragato de aúpa. Arcediano y Rechivaldo, resonancias medievales de los Campos Góticos del norte. Y para colmo Murias.
Y de Asturias sólo es proponérmelo. A pocos centenares de metros de Oviedo, de nuestra casa, ya es posible encontrarlas, con vacas incluídas.   

Las cosas más sencillas pueden ofrecer los mejores espectáculos a los sentidos. Con frecuencia nos rodean pasando desapercibidas, escucharíamos sus burlas si pudieran hablar cuando nos ven afanados subiendo la escalerilla del avión o cogiendo un vehículo para buscar destinos exóticos.
Pero parece que no sólo los atenienses son amigos de la novedad, como decía San Pablo. Claro que el apostol de los gentiles tampoco predicó con el ejemplo, viajó a pie, a caballo, en carro y en barco, que eran los medios de locomoción de su tiempo. Y en una época en la que faltaban casi 20 siglos para que se inventara el turismo.

Mucho me dolería tener que renunciar a Grecia después de tantos años porque es bastante más que un destino veraniego para mí. Por no entrar en imponderables románticos sólo diré que es parte de un tratamiento para mantener mi salud justo en la línea de flotación.
Pero si tiene que ser estudiaré la posibilidad de ir a pie, a dedo o nadando, con flotador, pues soy un medio manco del derecho (brazo no romano).
Mientras tanto escuchemos lo que nos tiene que contar lo nuestro, que es mucho y bueno.

Éste es el aspecto, aún más rústico que cualquier muro de piedra, de las tapias más burdas que dividían pequeñas huertas y que se levantaban sin muchos miramientos al acabado.

Tapia
Morales del Arcediano 2011

La tapia es un muro de barro y piedra, cantos rodados que solían obtenerse de las cauces de los ríos y de la eterna recogida en la criba de los campos de labor. En un encofrado de tablones de madera se prensaban los materiales húmedos y se retiraba después de un largo secado.

La otra construcción típica de barro es la de abobe. Son bloques de barro y paja del tamaño de un ladrillo de muro que se prensaban en en el suelo en una estructura de madera, con cuadrículas del tamaño adecuado, que servía de plantilla.
Ya fuera del molde se dejaban secar al sol mucho tiempo y se colocaban como ladrillos utilizando barro líquido de cemento, una especie de barbotina, aunque algunos barros de la región, con bastante proporción de hierro, no ligan bien. Ahí jugaría la pericia del albañil.

En el entorno de Astoga, si bien frecuente, el adobe se usó menos que el tapial, en general para dependencias, corrales, pajares, murias, etc. Poco para viviendas.

En los territorios donde existen, ¿quién no saltó una tapia alguna vez? De niños y hasta de mayores..., ¡más cornás da el hambre!
Otra versión del Canalla de Pulgarzito, ésta sin flauta, que nos gusta más aunque aquí falta Yoriell Carmona, Quirino con su tres. Y la calidad del sonido no es mejor. ´Que no soy un delincuente/pero tampoco un madero/¡antes me muero!`.

Amor canalla:

http://www.youtube.com/watch?v=Xiv2FXi4gxk&feature=related

Saltando las tapias
robando melones
luna llena en la cara
y un plato de macarrones

Muria de tapia degradada
Morales 2011


Degeneró de tanto dopaje por vía superior y es que el agua es el peor enemigo de las construcciones de barro, en un pispás te chupan un pantano y se te desmorona el palacete rústico. Parece un frente de conglomerados, lo que arrastró el río hecho bloque compactado.
Pero es el material tradicional de preferencia para la mayoría de las zonas que rodean Astorga. De hecho en Maragatería hay menos proporción que en otros lugares, como en la Cepeda o la Vega. 

Y no sólo se utilizaba el barro y el cascajo de piedra para las murias de las huertas, también para la construcción de las casas. No obstante el acabado de los tapiales de las viviendas era bastante más fino que el ejemplo de las dos fotografías.
Se han demostrado capaces de resistir durante siglos con el coste de mantenimiento de cualquier otra y unas condiciones de intercambio con el ambiente ideales, frescas en verano, con sus anchísimas paredes y calientes en invierno. Apropiadas para el clima continental que sufrimos los mesetarios.

Es una construcción que aprovechaba el barro, material disponible en abundancia no sólo en León, en Castilla, en cualquier región con cauces fluviales cercanos. Aquí hablamos de la cuenca del Duero en toda su amplitud, el Turienzo y el Tuerto, los dos ríos mencionados en estos capítulos pertenecen a ella.
Y, en fin, muchos caserones y casas hidalgas de la meseta, desde la Edad Media, eran tapiales.

Supongo que los grandes tapiales americanos de los que, sobre todo de los mejicanos, hemos visto extraordinarios ejemplos en el cine (aparte del  western almeriense), serán otra herencia española. Por ejemplo de fray Bernardino de Sahagún y sus paisanos, tierra de campos góticos y de tapias. No sé si los pueblos precolombinos ya las tenían inventadas. Y nombro al fraile como cabeza visible, no le atribuyo el mérito.

Es posible que un día nos paremos en las tapias, ¿qué frase más rara, no? ¿A quién le da por pararse en las tapias? A cualquier colgao del guindo.


Otoño en el Turienzo
Morales del Arcediano 2011

Me despido de las murias, de las currucas pardas, de Philine y de todos vosotros con una última imagen estacional de las hojas de los chopos en el Turienzo a su paso por Morales. Hasta nuevo aviso.
Cierro así un círculo porque aquí comenzó el pequeño periplo.

Salud y puertas abiertas.

Ramiro Rodríguez Prada (Barbarómiros).

P.D. Mientras pienso en otro lugar donde colocarla y puesto que en un capítulo ya puse la Balada de otoño de Serrat, hagamos un minúsculo homenaje a don Antonio Machado, uno de nuestros poetas más queridos.

 A un olmo seco. 


Besos.


miércoles, 14 de diciembre de 2011

Escenario con asientos


La condesa
León, otoño 2011

Aprovechando que el Bernesga pasa por León y pertenece a la cuenca del Duero como el Tuerto y el Turienzo, que andamos redundando estos días en patrias chicas, las murias de Morales, la tonada asturiana y las currucas pardas que se crían en el noroeste, voy a enviarle tres instantáneas al Mirlo rubio, la canora Aedensis leonina.

Ya quedan menos rastros del otoño en Asturias que anda más remiso en desaparecer. Está como estaba León a mediados de noviembre, pero aquí, en este paseo paralelo y vecino del río había más verdor.
El que vemos es un pequeño escenario en plena Condesa donde se han representado algunas obras de teatro al aire libre, para niños y todos los públicos, en los raros festivales del género.

¿No tocaron aquí los Deicidas de Zapico en una velada íntima soñada tal vez? Pues nunca es tarde. Ahora que nos den..., música country como cantaba Faraco.

Tal como está tiene todos los ingredientes preparados para que la función dé comienzo. Hasta la papelera ocupa su lugar en la esquina. Sólo faltan los actores, los títeres, la Bruja, el Karagiosis..., y la música.
Aquí volvería a cuadrar el Benvinguts del Sisa con ese vídeo tan guapo de sombras chinescas o recortables, como gustéis, pero ya lo subimos para ilustrar el rock catalá.

No obstante siempre nos gustó, mucho también, la Romántica Banda Local. Éste es un buen Intro para una función de la Barraca o de cualquier otra compañía ambulante que pueda montar su teatrillo y su función en un escenario semejante.

¡Popo pipi, popo pipi, popo pipi popopó,
popo pipi, popo pipi, popo pipi popopó!

De su segundo disco, Pan con membrillo, Esto es una farsa:


Diálogo de sordos
León 2011

Esto es una farsa más que una comedia
página muy seria de la histeria musical
Sueños de Princesa, vicios de Gitano
pueden en su mano acariciar la verdad
    (la verdad...)
¡Y por nosotros, pues, que no quede
 si alguien se quiere
 enamoraa arrr!...

Así ye (en efecto), y que viva la fantasía.

Vemos a las sillas tan solas y abandonadas, tan ensimismadas que, siendo idénticas, no parece haber entre ellas nada en común como no sea el suelo. El puto suelo y su condición de asientos. A pesar de estar muy alineadas la perspectiva las hace parecer ajenas, a lo suyo, una mira a su derecha y la otra a su izquierda.
Comparten también telón de fondo del que distan menos que el espacio que las separa a ellas. Pero dicho esto, ¿quién se daría cuenta si las cambiáramos de sitio?, cada una en el lugar de la otra.

Algo así es el diálogo y la comunicación, cada cual en el lugar del otro. Sólo así es posible una amplia comprensión y entendimiento.

El diálogo puede darse sin que nadie deba dejar su sitio, pero la transacción será más pobre, como intercambiar banderines sin jugar el partido.
El más común, la confrontación de posiciones, puede aclarar al otro las propias ideas pero se cierra a la pespectiva del opuesto. Me explico: no es lo mismo un paisaje que alguien te describe que verlo por ti mismo. Esa falta de sintonía desemboca a menudo en la discusión y a veces en la bronca.

El diálogo de sordos es el extremo de esa escena, dos monólogos excéntricos. Cada uno habla para sí, saliendo por peteneras en direcciones distintas, usando incluso otro idioma y dirigiéndose a públicos diferentes.
Dos representaciones simultáneas que, con suerte, dividen y con más frecuencia enturbian el entendimiento de los actores y del público, convertidas ya en guirigay. El texto es el contexto y el mensaje la forma. Y no hay más.
Vale como experimento, el movimiento es consustancial al teatro hasta cuando los actores hacen de don Tancredo toda la obra, aunque es difícil soportar por mucho tiempo la fuga dadaísta al útero perfecto, redondo como el argumento ininteligible del sordo de entendederas. Tiene orejas para las razones ajenas pero no presta oído, sólo a su propia barbulla.

Hasta podemos precindir de los actores, con las sugerencias del escenario y una banda sonora basta. Ésta puede ser grabada del sonido ambiente, de las conversaciones, y trasladada al escenario de inmediato para que los espectadores escuchen su propia algarabía. Barato barato.


Por las solateras
 León, noviembre 2011

Sabemos, por otra parte, que nadie juega un partido en campo contrario traicionando a su equipo o, lo que es lo mismo, nadie puede ponerse realmente en el lugar del otro. A menos, claro está, que uno de los contrincantes decida retirarse y jalear al contrario, en cuyo caso desaparece también el juego, el diálogo, y daremos en el Monólogo con pelota.

Así pues hablamos en el lenguaje metafórico de la poesía y... por nosotros que no quede si alguien se quiere enamorar. Comunicación y encuentro cuerpo a cuerpo.
O desencuentro, con el que pasamos al penúltimo cuadro de la representación.
Esta vez llamaremos en nuestro auxilio a Moncho Alpuente y los Kwai. De su disco Souvenir (1980), resulta evidente que te has ido...

Adiós muñeca:

http://www.youtube.com/watch?v=X4IRWjHDxjY&feature=related

Los platos se apilan sobre el fregadero
te llevaste la radio, la maleta de cuero
y además te olvidaste de pagar al casero...

Y están por fin "las solateras de los confines propios", dicho en arameo, esto es, el monólogo, con o sin público, y el pensamiento. Éste podrá tener la forma de diálogo y hasta de asamblea abierta, pero siempre será el monólogo de la soledad.

Empecé queriendo compartir con la curruca Aedensis un escenario conocido por donde puede corretear alguna vez la Popa y acabé hablando de teatro.

El público abandona el lugar poco a poco.

¡Hay que ver al Rubio en el centro de la escena con los ojos de la imaginación, ahora que terminó la función, recogiendo los excrementos de la perra y depositándolos con mimo en la papelera!

Hasta otra.

Salud y mucha mierda.

Skylorómiros.

P.D. Pero, como a todo buen fraile, las tentaciones de los postres me vencen y éste lo vale. Otro colega de Moncho Alpuente, Javier Krahe, de varón rampante, anda a vueltas con el mismo problema detrás de un huevo frito y la maleta, ¿qué tendrá la maleta?.

¿Dónde se habrá metido esta mujer?:

http://www.youtube.com/watch?v=UBJyWvdNtfY&feature=related

¡Pero bueno, si falta una maleta,
la de piel, para colmo la de piel!

Besos.

 P.D. 2. Cuentan de la Merkel que abandonó a su primer compañero en Berlín aprovechando una ausencia de éste. Ángela se fue sin llevarse nada, sólo la nevera. ¿A cuestas? Disciplina alemana. 

¡Ayyyy!


martes, 13 de diciembre de 2011

Murias -3


Morales del Arcediano. Muro en seco.
León, noviembre de 2011

Después de unos días de pelear con las murias no sé si las imágenes habrán llegado a Philine Kleinknecht, la fotógrafa alemana de Shutterchance que, sin querer, motivó estas entradas.
En realidad ya dije que ella sólo dió el pie, me proporcionó la disculpa, porque a mí me gustan  muros como éste, austero y seco, no tan resultón a primera vista como los que utilizan barro de relleno que desarrollan colonias de líquenes, musgos y algunas crasas, que los hacen más coloristas.

Sin embargo la gama de colores del muro seco, dentro de una base uniforme gris piedra, matizada por los distintos tipos de roca, más azul cuanta más pizarra, y la proporción de minerales en su composición, sobre todo en hierro, que les presta los matices rojizos, da como resultado una gran variedad de tonos.
Algunos líquenes que consiguen sobrevivir en piedra seca alteran y enriquecen aún más las tonalidaes.

Pero la mayor prestancia del muro seco viene dada por su sobriedad. Es la elegancia de lo que no necesita adornos porque disfruta de una belleza natural, sin alterar.

En ese sentido los más guapos para mí son aquellos en los que no sólo no se usaron morteros sino que tampoco se necesitaron herramientas, ni trabajos especializados de cantería, para su confección. Es decir en los que se utilizó la piedra tal cual, buscando su mejor caer, su asiento por peso y equilibrio. Pero en los que no existen apenas las caras lisas, son bloques un poco informes que dan un aspecto tosco y montuoso a la muria. Primitivo porque es la forma mas sencilla y antigua de construir un muro.

La mayoría de este último tipo no suele alcanzar el metro de altura, pero habitualmente es el más ancho, en razón al superior calibre del material elegido.
Hay unos buenos ejemplos fotográficos de ello en Geotropía el día 11, el Paporristán como le llama, por Extremadura de la mano de Lucas. Una fuente-abrevadero cuaternaria, con su tosco arrimo de bloques de roca anteriores a Micenas, o un chozo de pastores en lo recio del monte. Aunque ya me avisó Louck que el bebedero había sido retocado buscando seducir el ojo del turismo campestre.

Ombligos de Venus en una muria mixta
Morales del Arcediano 2011

Las murias que se encuentran en el interior del pueblo de Morales, todas las fotas son de ésas, de más empaque lógicamente, tienen en mayor o menor medida cierto trabajo de cantería, tanto las de piedra en seco como las que utilizaron mortero.
Pero éstas, más frecuentes, podían permitirse aportar tamaños inferiores de relleno, que el barro o la argamasa ayudaba a asentar y aglutinar en un cuerpo con otras rocas de mayor calibre.

Los trabajos de cantería se reducían, se aprovechaban tamaños de piedra más abundantes y accesibles, lo que abarataba la obra.
A cambio era obligado transportar el barro desde los barreros y trabajarlo antes de ser empleado. Y usar los pequeños cantos redondos de las montoneras que se van acumulando en los linderos de las tierras tras las sucesivas aradas y rastrilleos o, en su defecto, traer algunos carros de grijo del río y cribarlo.

Pasemos a la flora.

El Ombligo de Venus, Umbilicus pendulinus, es otra de las plantas típicas de muros y tejados aunque, a diferencia de los Sedos, prefiere posiciones menos soleadas y murias más frescas y húmedas.
Por ello suele colonizar paredes que no se orienten al sur.
Y su raíz es más poderosa que la del Pampajarito, capaz de aprovechar también más nutrientes, ya que tratan de elegir emplazamientos con algo de sustrato.
Es menos frecuente en zonas secas pero se da en toda la península, con preferencia en la cornisa cantábrica, más húmeda.

Las murias asturianas, quizás las más empapadas de todas, están llenas de Afroditas enseñando el ombligo. ¡Es un espectáculo, venid a verlo! Como contemplar suecas en Benidorm en los  años 60. ¡No, por cierto!

Areniscas y pizarras alteradas en Morales
León 2011

Disfruta de otros nombres divertidos la que los griegos antiguos, y el más joven Dioscórides, llamaban Cotyledon.
En casi toda la península Ibérica, incluída Portugal se la conoce también por Oreja de fraile, de monje o de abad. Hierba helada, Orma bearr, la llaman los vascos por su localización y su carácter refrescante cuando se la mastica.

Vasín, Capelo, Gorro de sapo, Hierba balsámica...

Eso de balsámico será debido a sus virtudes cicatrizantes y curativas de llagas rebeldes, pues se aplicaban machacadas verdes, como un bálsamo, o retirando la película externa de las hojas y colocando éstas directamente sobre la herida.
También su zumo filtrado se usó como diurético.

Hoy todas esas aplicaciones están en desuso aunque algunas de ellas, como la cicatrizante, demostraron durante milenios su eficacia.

Ombliguitos de Venus y musgos colonizando una muria
Morales, noviembre 2011

¿Porqué se abandonaron prácticas curativas tradicionales que estaban sancionadas por la experiencia, que no necesitaban ya revalidar su bondad? Habría que preguntarle a la industria farmaceútica, a los sistemas de salud basados en los monopolios, a los colegios de médicos o a los gurús del neoaturismo  con Diploma.

La salud sólo es un negocio más, de los seguros, como las pompas fúnebres.

Porque no es ajeno a todo ello el hecho de que los tratamientos populares, más pesados sin duda que la inyección, el pastillazo o el supositorio modernos, están al alcance de todos a un precio ridículo comparado con aquellos con los que especulan los trapicheros del dolor ajeno, que se han convertido en los nuevos sacerdotes de la religión del bienestar.

Y no estamos hablando de las bondades de Afrodita o Venus para resolver procesos de ansiedad, neurosis u otros estados del alma baja. Ni de magia simpática, de imitación o contigüidad, como sería recomendar el consumo de Ombligos de Venus para asegurar la procreación de hijos varones, como se hizo en tiempos clásicos.
Aunque esto habría que revisarlo, ¿no tendremos ahí un doble sentido?, porque beneficiarse unos ombliguitos de Afrodita hace más por la genética que comerse una Phaloides platónica. Y ya sabemos lo aficionados que son los mistagogos a ocultar la verdad entre velos metafóricos.
No. Hablábamos de simples, miserables y prosaicas llagas.

Quedémonos mejor con el otoño maragato en Morales del Arcediano, nombre y aldea con personalidad,  junto al Turienzo, tal vez algo melancólicos, pero despiertos y, ¿porqué no? un poco iluminados por el sol de la tarde.


El Turienzo en Morales
Otoño 2011

Al final en lugar de 16 fotos aparecerán 18, y aínda mais, en estas cuatro entregas. Voy sobrao. ¿Cómo me puedo enrollar de esta manera?. No me lo explico...

Res mes.

Salud y puertas abiertas.

Barbarómiros.

P.D. Joan Manuel Serrat, Balada de otoño.

http://www.youtube.com/watch?v=5v66eaBzJmA&feature=related

Vale.

lunes, 12 de diciembre de 2011

La tonada asturiana


Asturias, otoño 2011

No me explico cómo he aguardado tanto tiempo para hablar, aunque sólo sea un puquiñín como hoy, de la canción asturiana por excelencia, la tonada, la que fuera de los límites de Asturias se conoce como asturianada, asturianaes aquí, en plural.
Lo achaco a la poca afición a hacer patria, pese a que parezca un medio nacionalista cretense. No me gusta seguir al abanderado y a mí la música militar nunca me supo levantar...
Pero ésta es otra música, sentimiento y soledad del paisano, no himno patriotero, y no nos puede sino emocionar. Venga de donde venga y, casualmente, nos la cantan al oyíu, ¿qué más se puée pidir?

Aunque aquí iría pintiparado Paco Ibañez, vamos a empezar a abrir boca con la primera muestra de nuestra música más poderosa.
Se trata en este caso de Celestino Rozada, acompañado a la gaita por  Xvid?, cantando  una tradicional muy conocida, Voy pa Llanes.

http://www.youtube.com/watch?v=JgTLSrK67lU&feature=related

No sale la de Rozada, pues pongo la misma canción pero cantada por Sergio Agüeros del que, entonces, repetiremos al final. A la gaita Oscar Fernández. En el concurso de Amieva.


Pues muy bien porque ahora tenemos dos versiones. La de Celestino es más reciente y de mayor calidad sonora.

Recuerdo que dije hablando del poderío de las interpretaciones de Psarandonis, no porque su voz sea un torrente a no ser subterráneo, que el día que se diera a conocer la tonada asturiana nos invadían.
Era una imagen alucinada, naturalmente, para empezar porque ni nosotros mismos nos tomamos la tonada con la seriedad que merece, y porque los grandes negocios no funcionan a base de alma sino de los beneficios  obtenidos de zombis como nosotros que se encandilan con cantos de sirena.

Encontrar una canción de un clásico asturiano, por ejemplo, es practicamente imposible. Y hablo de intérpretes que vivieron hasta los años cincuenta, de los que existen registros en vinilo y ahora digitales. Como Claverol por ejemplo, uno de los Cuatro Ases. Pero no aparecen en los circuitos mayoritarios y para escuchar una canción, no digo para colgarla aquí, hay que hacer oposiciones a informática o pagar el pato del canon a mayor gloria de terceros.

El rebétiko griego es más antiguo en cuanto a registros sonoros y tiene mucho más peso en el flolclore griego que la canción asturiana en el español. Cualquier canción, por vieja que sea, si está registrada, es posible reproducirla y compartirla. Y otro tanto se puede decir del flamenco.
Porque estamos hablando de industria y aquí se grabaron a muchos tonadistas desde el Gaiteru Libardón, a quien puede considerarse el precursor, con cierta fama, el protomastora, el primer maestro como dirían los griegos. Si de lo que se trata es de hacer publicidad para vender no parece que aprovechen mucho las oportunidades que ofrecen los nuevos medios sacando a escena los archivos sonoros de esos intérpretes.

Pero seguimos en la cara oculta.

http://www.youtube.com/watch?v=6iSggZzH5X0&feature=related

Julio Mallada cantó Soy carreteru en Candás, acompañado por Oscar Fernández a la gaita. Y non puedo subir al puertu, a capella.

Oviedo, otoño 2011

Existe también muy poca literatura o estudios específicos sobre música asturiana, y menos sobre tonada. Pese a que está emparentada con diversos folclores peninsulares, entre ellos con algunos de los más ricos y difundidos, como el propio flamenco.

Hoy sólo quería hacer un breve acercamiento a través de estos pocos ejemplos. Están cogidos sin tener en cuenta ninguna jerarquía. Pertenecen a intérpretes que rondan los 50, arriba o abajo, más o menos de nuestra generación.
Es importante la continuidad y, afortunadamente, ésta se está produciendo con la aparición de jóvenes cantantes, mujeres y hombres, e incluso de intérpretes infantiles que admiran tanto por su precocidad como por su calidad.
Con estos mimbres y a pesar del desprecio de los medios, por olvido o indigencia cultural, está esegurado el relevo generacional.

Dedicaremos más espacios a la tonada, repito, esto sólo es una primera toma de contacto.

De José Manuel Robledo, Lolo Cabranes, con Berto Varillas a la gaita, De rosa y nieve.

http://www.youtube.com/watch?v=MEzhyLD8Vxg&feature=related

Hablé al comienzo de "los límites de  Asturias" con cierta intención, porque éstos, tratándose de lengua, folclore, actividades, economía, etc., no coinciden con sus actuales fronteras políticas y geográficas.
Así, se da el cultivo de la tonada en amplias zonas de León y Cantabria, hasta el punto de que el presidente de ésta última comunidad autónoma, un populista folclórico,  no es un mal intérprete casero de tonada.
En la Laciana leonesa hay también cantantes notables que mantienen viva la llama de la tradición.

El último ejemplo es el de un santanderino de apellido asturiano,  joven pero ya consagrado, que se ha llevado varios premios en los escasos concursos anuales que se organizan en las cuencas, Mieres , Amieva u Oviedo.
No sé si Gijón, con extraordinarios intérpretes como el resto de la región, presta también atención a la tonada con algún festival promocional. Si no es así me doy de baja ahora mismo en el Sporting, del que sólo soy socio honorario, como del Oviedo. Por extraño que parezca no tengo la sensación de cruzar ninguna frontera cuando me desplazo por el Principedo. Eso de puta gijón y puta oviedo son mensajes de colgaos.

A lo nuestro. Por San Juan, en Mieres, Sergio Agüeros, Cuando yo salí de Asturias.

http://www.youtube.com/watch?v=ppL72N5mnRE&feature=related

Y nada más por hoy. Espero que, a pesar de la dureza de estas interpretaciones, con una voz desnuda y un instrumento tan agudo y para muchos estridente como la gaita, hayáis difrutado de uno de los cantes grandes de este país, aún por descubrir.

Sólo añadiré que, como algunos palos del flamenco, aquellos a los que más se parece precisamente, la tonada es para disfrutarla en directo, en la romería de un pueblo y aún mejor en un chigre con una botella de sidra al lado para aclarar la garganta.

Manzana sidrera asturiana
Piloña 2011

El timbre musical asturiano es el de la sidra, con eso queda todo dicho de momento. Esto es de mi cosecha, que no nací asturiano. Aunque tampoco creo que sea el primero que lo apreció, ni seré el último.

Salud y buena música.

Ramiro Rodríguez Prada.

P.D. Y para dejar claro que se pueden conjugar cosas tan dispares como la feria y el mercao, la velocidad y el tocino o el culo y las témporas, ahí va el contrapunto, éste griego, de una  banda psicodélica de las nuestras, a lo Zappa, que el monje de Karoúlia nos descubrió hace unos años. Y casi más que a Zappa nos recuerda a nuestros Pau Riba o Jaume Sisa.

El impenitente Dimitris Poulikakos interpreta con Seisdedos (Exadaktylos) Skoni Petres Laspi.


Besos.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Murias -2


Morales del Arcediano
Astorga 2011

Los dos tipos de muro más frecuentes son el de piedra seca sin mortero, asentada por el corte en los casos en que se da algún tipo de trabajo de cantería, más cerca de las casas como es el caso, con la adicción de rellenos de piedra de calibres inferiores para los huecos, y el de mortero de barro, como en dos de los ejemplos de ayer o la coronación de esta muria, quizás un añadido de conservación, con esa arcilla donde se pueden desarrollar líquenes y algunas especies resistentes como los musgos y sedos.

El primer modelo es más austero y elegante, el segundo colorista y sugestivo. 

Pocas veces hablo de pueblos concretos, pero Morales es una excepción.

Hace..., ¡un cuarto de siglo largo!, Morales tenía la torre de la iglesia inclinada como la de Pisa (morena, pisa con garbo...). Pero no había dinero para mantenerla en pie, después lo consiguieron y ahí sigue tan lozana y hermosa. No gracias a mí, desde luego. Que nadie me malinterprete, yo no quería tampoco su demolición.
Entonces escribí sobre ello en la inefable prensa local, propiedad del señor obiésporo, porque desde la adolescencia me he sentido tan cercano al pueblo que si tuviera que aceptar dos cunas como asumo dos nacionalidades, Grecia y España, Morales estaría a la par que el mío.

Morales, noviembre 2011

Fue la curruca Blasensis, con la que estudiaba en Astorga, la que me llevó al pueblo y a su casa. Durante algunos años disfrutamos las fiestas de los dos pueblos porque el Verderón Blasensis venía al mío cuando tocaba.
De los 15 a los 18, primero en bicicleta y después en un citroën, sin carnet, muchos sábados por la noche nos presentábamos en el salón de Morales, o en casa del Verderón si éramos pocos, porque llegamos a subir seis o siete en aquel futingo. ¡No sé cómo no nos matamos por esas carreteras!
Lo cierto es que fuimos responsables, y bebíamos muy poco, a razón.

Éste "a razón", es un añadido que vale para todo. ¿A razón de qué? ¿De lo que bebemos ahora, de lo que podríamos haber bebido?¿De lo que fumábamos o fumamos, de la hora que era, de lo corta que es la vida?¿O a razón de la edad y del peso que teníamos, por ejemplo?
Todo ello y algo más seguramente. Entre nosotros es casi un guiño ligüístico que no es preciso traducir ya.

Con el tiempo, después de conocer y frecuentar también a otra curruca, la Centenalis, sus amigos y los míos llegaron a formar una pequeña basca. Piña que ha perdurado, altibajos incluídos.

No es Morales de los pueblos ricos de Maragatería, tiene buena huerta, algo de viña, y más secano. Y tuvo varios molinos. El propio Centenalis busca una solución para uno de ellos, bien conservado pero que necesitaría una inversión importante o la asunción de responsabilidades por parte del Patrimonio etnográfico, o de quién corresponda.
¡Estamos aviados si esperamos algún tipo de ayuda en estos tiempos de desprecio a la cultura!, que yo recuerde en crisis hemos estado siempre. ¿Os ocordáis del título de aquel disco de Supertram,
Crisis, what crisis?, pues eso. (Había puesto Status Quo, me corrigió la curruca Blasensis). Es importante tenernos en un puño, acojonarnos, lo que no niega el socabón.

Casa de piedra en Morales
Otoño 2011

¿No es una feliz coincidencia que el Centenalis vaya a heredar un molino de cereales?

La de la foto no es una muria, ya se ve, es la continuación de la anterior. La casa ya está restaurada, pero puede hacerse uno la idea de cómo es el pueblo. Porque es un esquema típico, no sólo de Morales, sino de toda Maragatería.
Sólo faltaría aquí el portalón del carro, pues muchos de los maragatos eran arrieros, dedicados al transporte de mercancías entre Galicia y la meseta, antes del ferrocarril. Y el que no era arriero necesitaba también el carro para el trabajo en el campo.

El interés y el curro de los vecinos, y algunos albañiles, por supuesto, no sólo han mantenido al pueblo intachable, incluída la torre, lo han mejorado sin incurrir en el pastiche de una restauración artificial, falsa, la recreación de lo rústico en su propio nicho. Piedra les sobra y el trabajo animoso en el tiempo libre hace el resto.
¡Son pocos, pero muy finos!.

Me interesaba sobre todo el suelo empedrado de pequeños cantos rodados y los asientos de piedra, comunes en las entradas de las casas maragatas. Ése suelo cubre la totalidad de la calle en muchos casos y en varios pueblos todas ellas.

El reposo
Morales 2011

Las solanas protegidas y rinconeras abrigadas como ésta son habituales, provistas de asientos de piedra, bloques masivos de arenisca o pizarra como vemos aquí.

Es un lugar de descanso pero, sobre todo, de reunión. En las noches de verano los vecinos salían al fresco. Allí cenaban sopas de ajo, con cuchara de madera en un puchero de barro, y hacían tertulia hasta bien entrada la noche, mientras las mujeres, con sus husos y ruecas, filaban, hilaban.
Era la version veraniega del filandón invernal alrededor de la lumbre del hogar, del fogar. La rueca desapareció completamente y la costumbre de salir al fresco lo hará en breve. Muere, por la televisión y las prisas, con los pueblos.

No está de más recordar que la costumbre de las hilaturas sobrepasaba lo meramente artesanal, para las necesidades familiares, y constituía una fuente de riqueza más. Los tejidos e hilaturas han sido, y siguen siendo, una de las actividades tradicionales de los maragatos, con la proliferación, desde hace siglos, de telares familiares o pequeñas y medianas industrias transformadoras de la lana, el material de elección aquí, también territorio mesteño con muchos rebaños de ovejas.

Mantas, manteos, mantones, mantillas. Y murias. Maragatería.

Para completar un poco esas dos fotos de la casa pondré una más, de la puerta, saliéndome del guión que me había marcado.


Aldaba en una puerta maragata
Morales del Arcediano 2011

De paso aligeramos la vista con una imagen diferente, hierro y madera, para descansar de la pidra y de los muros. De todos modos cerraremos con uno.

Salud y puertas abiertas.

Barbarómiros.

P.D. Pink Floyd. The wall.


Besos. 

sábado, 10 de diciembre de 2011

¡Pobres banqueros!


Morros de cerdo

¡Tiene tánta gelatina, tánto moco el morro del cerdo, que es una delicia en la boca, tierno, jugosín, carnosillo, meloso!
No puede faltar en un cocido con fundamento, como el maragato por ejemplo. Y no le estorba al botillo, todo lo contrario, lo ablanda un poco y sirve, con la lengua, de contrapunto a la carne del espinazo, entripada con hueso incluído.

No avanzo nada con esta parte mecánica del blog. Y cada dos por tres tengo problemas, el fin de semana con una nueva interfaz que no me gustaba, pero que no llegué a usar ya que no sabía cómo hacerlo, ni tampoco regresar a la antigua, lo que era peor porque no podía hacer nada. Y en Geotropía me pasó lo mismo ya desde el domingo.
Anteayer y ayer otra bronca con la forma en que se presenta el texto. No me permitía alinear lo escrito por la izquierda con este formato, y no hubo manera.

¡Mucho esfociqué hasta las 4 de la mañana!

¡Yo que sé, seguro que es mi ignorancia pero me desespero y creo, cotólicamente, que toda la culpa la tiene Emilio el Botines!. Mejor, llegado el caso, señalar al enemigo. Es por descargar pecadillos personales, veniales, ahora que no hay confesión. ¡Qué jodíos semos!
Ya digo, si chapotamos en la cortea, que se empuerquen los millonarios, ellos cambian de vestuario cada temporada.

Leí algo a propósito de esto, sobre la conversión de los banqueros, y sus lacayos los políticos añado yo si no lo decía también el articulista, en cabezas de turco, en chivos expiatorios de la crisis. Y es cierto, pero no me negaréis que mucha cara de víctimas no tienen, sobre todo si la comparamos con millones de rostros famélicos de verdad.

¡Pobrecitos banqueros, no hay derecho! La piedad cristiana y budista nos embarga. No linchemos a ningún ciudadano que es un acto bárbaro. Mejor sigamos quemando pordioseros ya que la hoguera parece no extinguirse, ¿o arde gracias a sus cuerpos?. ¡El rayo que no cesa!, je, je, ¡ay!...

En el fondo del artículo creo que buceaba, otra vez, el falso argumento democrático de que como un ciudadano es un voto eso nos iguala ante la crisis y ante el mundo, es decir la democratización de las responsabilidades. Tanto vale un desfalco millonario como el robo de una gallina, porque somos iguales ante la ley. Como todos pecamos al infierno con todos.
Burdas falacias. Entre otras descaradas, ésta: ellos están en el paraíso y ahí seguirán. Incluso lo representan a diario, a mayor gloria de su mitología y de los acólitos practicantes, que son mayoría en las urnas. Salen a diario en los programas teleobsesivos, en la prensa del corazón y otras pamemas "para el culto", como tituló Gloria Berrocal uno de sus programas en Radio 3 en los 90.

Ni la culpa ni el castigo son democráticos de hecho. Con todo carga la mayoría menos responsable de la situación.

¡Quién viera al Botines, al Gonçales del VVB y a otros, en la cola del paro los lunes a la sombra!

¿Que los banqueros son necesarios?. Sí, la tuberculosis también, será cosa de la ecología. Pero los que tienen cavernas en los pulmones tosen que se joden y no es de risa.

Milito el desorejado

Los pobres especuladores, que es como decir los tristes puercos, guarros de suyo, son víctimas sólo porque a todo cerdo le llega al fin su San Martín.
Pero son longevos, así que pueden ejercer su gochería muchos años. Si pierden media oreja es por pelear para estar delante en el comedero de la pocilga, no para beneficiar a la piara.
Es una casta torva, turbia y voraz en todo semejante a la nuestra. Estarán en primera línea dada su brutalidad y primitivismo pero no dejan de ser el Cromagnon de la especie.

¡Y siguen refiriéndose a países, a naciones, echando mano del nacionalismo y las fronteras, griegas, españolas, italianas o europedas, para hablar del dinero y de la ruina!¡Como si Milito sólo coleccionara euros con la efigie del Bogbón!.
Cada cerdo come la misma mierda, llámale pienso, pero en distinta cochiquera. Sin embargo todos rutiamos o eructamos, en el mismo idioma.
¿¡Pero qué cuentu ye esti!?.

¿Culpables, responsables?. Sin duda. A la que no vemos actuar es a la justicia, ¿democrática?, que sólo desahucia a gente indefensa. Mientras los buitres, disfrazados de jamón ibérico exportable, se llevan la carnaza a sus edenes fiscales.

Hemos asistido ya con la boca abierta de asombro a dos golpes de estado, en Grecia e Italia, a la vista del todo el mundo y con toda suerte de parabienes. Si no ha sucedido lo mismo en otros como éste, es porque los nuestros son chicos aplicados a la hora de hacer los deberes y administrar las recetas que les dictan. ¡Si hasta el propio lenguaje que utilizan para referirse a sus medidas, políticas no tienen, es un escándalo!

La etiqueta es de embutidos, Chorizos culares, pero ya expliqué a qué clase de ellos nos referimos. No hace falta además ser un lince para pillarlo, es por joder. Y, naturalmente, las consideraciones en torno al gochu son parte del cuento.
Aunque también entripamos carne de vaca, picada y adobada como la del marrano, y hasta de caballo, no cabe duda de que el rey de los culares es el gorrino. Por mucha piel de cordero o de chivo que vista.

Seguiremos embutiendo

Salud.

Skylorómiros.

P.D. Rebétiko. Giorgos Moufloutzelis, autor de la música e intérprete. O trelakias, El locatis, traducción libre. Letra de Nikos Mazesis, que tenía ese mote. Pero bastante menos loco que Milín, el de los Botines del Sartasnden.

http://www.youtube.com/watch?v=2MzlcmYkAAc&feature=related

Vale.


viernes, 9 de diciembre de 2011

Murias


Muria con Pampajarito
Morales del Arcediano
Noviembre 2011

Haré una serie de entradas en las que no hablaré mucho, pondré cuatro fotos en cada una hasta completar cuatro capítulos con el mismo título, Murias.  Acompañarán a Camisa de once varas y Muros, en Arquitectura, las últimas que  escribí en esa etiqueta y en las que también incluí fotos de muros, pero modernos, con mortero de cemento y arena.

La pimienta de muros, el Sedum acre, con ese gracioso nombre popular de Pampajarito, es una planta típica de la península Ibérica que puede ser incluída entre las crasas europeas por sus hojas carnosas donde acumula gran cantidad de líquidos, con radículas extendidas que no profundizan ya que se desarrolla en terrenos muy pobres y, más frecuentemente, sobre sedimentos vegetales en los muros y tejados, sin sustrato de base.
Necesita acumular reservas porque en tiempos de sequía no podrá extraer nada de un terreno inexistente. Así se comportan la mayoría de las crasas o los cactos que son las  prototípicas.

La razón de esta serie que anuncio la he explicado un par de veces. Es una promesa privada que hice a Philine Kleinknecht, una fotógrafa alemana a la que parecen gustarle las murias tradicionales. Y la  poesía. Pero de esta locura mía ella no sabe nada y dudo que se llegue a enterar. Así que fue por ella pero va por todos.

Arenisca y esquistos
Morales 2011

Como a mí también me gustan y la excusa es buena para compartir imagénes, ahí quedan.

Cualquiera diría que un muro, que se ha levantado sobre todo para separar y dividir territorios, propiedades y personas, pueda servir de objeto de intercambio estético.
Pero volvemos al trigo, los muros no son responsables de la burrez de los hombres.

Tampoco creo que a Philine le gusten los muros que se levantan contra la gente. Ellos han tenido durante años un ejemplo sangrante.
No todas las funciones que cumplían los muros eran, no obstante, para reafirmar o conservar la propiedad privada o colectiva. Eran a la par defensivos y ofensivos, contra otros grupos humanos, pero también contra los animales, o para protegerse de la intemperie.
Así nació la vivienda cuando abandonamos la gruta, de la conjunción de un muro y un techo.

Pero a priori el muro no es un símbolo simpático, remite más a la intolerancia que a la hermandad.

Esquistos y pizarras al sol

Y está el muro por excelencia, el de la cárcel, el que todo preso quisiera escalar. Pero coronado por alambradas y antes hay que sortear las eléctricas. El muro ya no es lo que era. Genuino sólo queda el de las lamentaciones, protegido por otro más vergonzoso y por la muralla del miedo de los fascismos impenitentes asustapueblos.

¡Y claro, los muros religiosos, raciales, económicos..., que no cesamos de levantar sin tumbar los anteriores!

Y éstos, las reliquias, que ya no tienen por función separar porque ellos también hacen el pueblo, donde por cierto queda ya poca gente viviendo. Casi son restos arqueológicos. Algunos de ellos, sin duda, tienen varios siglos de antigüedad, con muy pocos retoques de tanto en tanto.

Teniendo presentes pues las razones históricas, prácticas del nacimineto de los muros y el panorama real del Muralismo rampante en lo político,  nos quedamos con estas murias que son monumentos a la sobriedad, equilibrio y laboriosidad de los pueblos. Porque Morales del Arcediano sólo es un caso, notable, entre muchos.


Morales del Arcediano
Piedras doradas al atardecer
Noviembre 2011

A pocos kilómetros de Astorga, capital y cabeza de la región, Cepeda, Sequeda, Vega, etc., en la Maragatería está asentada Morales, a la vera del río Turienzo. Patria chica, como sabréis, de dos currucas pardas, la Blasensis y la Centenalis.
El modelo de construcción es muy semejante en todos los pueblos de Maragatería, donde la piedra es el material mayoritario. Arenisca, esquistos y pizarras muy alteradas son las rocas típicas. Pero los tejados son de teja.

Aunque la tapia, un tipo de muro de barro y cantos rodados prensados, es más frecuente en las otras zonas, que no cuentan con afloramientos de roca y sí con barreros en toda la ribera del Tuerto y tributarios, excavados por el río desde tiempos geológicos, en Maragatos también se encuentran tapiales, menos frecuentemente sin embargo. Por eso daremos espacio a los de piedra. Tiempo habrá para las tapias.

Trataré de intercalar otros temas entre los capítulos para que no resulte pesado a quienes no les vaya el asunto.
¡Y no iba a escribir!, no me quedarán palabras para tanta foto...

Continuará.

Salud y puertas abiertas.

Barbarómiros.

P.D. Quilapayún. La muralla.



Besos.


jueves, 8 de diciembre de 2011

La bodega del manco


Oviedo, noviembre 2011

No sé cómo, desde el comedor de Valle Inclán en Vilanova de Arousa vine a parar a una caja de cartón en los jardines públicos de la Facultad de Geología, en Oviedo, muy cerca de casa.

Me despertó un guardia de seguridad cuadrao, uniformado y correcto que me parecía conocer de vista. Llevaba en la mano la última novela de Petros Márkaris que a mí ya me espera desde hace dos meses sin tiempo para abrirla.
Sentí un poco de envidia del jurado que iba a despachar al griego antes que yo, un medio cretense. Me ví más pordiosero que nunca.

Al incorporarme tuve un vahído y el hombre me echó mano. El gesto me pareció raro en un medio policía, que además de lector era piadoso, me gustó. La ropa me olía a vinazo y a humo y sentía la cabeza blanda blanda.

¿Podría llevar los cartones hasta aquel contenedor?, me preguntó muy amablemente, y me señaló  el lugar, cercano. Le dije que por supuesto. Me dió las  gracias y yo a él y me fui poco a poco, aún sorprendido, arrastrando la caja.
Me retumbaban en la cabeza hasta las pisadas. De vez en cuando miraba hacia atrás y allí seguía el guarda, bajo el árbol en el que yo había dormido, viendo como me alejaba.

Había un sol raquítico en un cielo azul pálido y hacía frío. Un frío seco aunque no había helado, tal vez nevara en el monte esa noche porque la brisina cortaba.

Llevaba puesto un chaquetón marinero que no reconocí como mío, sucio y arrugado. Calzaba una especie de zuecos con talón incluído, como un zapato de madera pero con cordones de cuero. ¿De dónde había sacado aquel indumento?. ¡Ah, y me tocaba con una boína!, con acento en la i, como decimos en las cuencas mineras.
Tenía todos los síntomas de una resaca monumental.

En casa ya no había nadie. Me duché, tomé un zumo de tomate y me metí en la cama.

Con un cebollón notable aún, la cabeza floha, me levanté a preparar la comida de la familia pero, ya compuesta, no la esperé, bebí un poco de agua con limón y volví a la piltra.

Desperté sin saber dónde estaba ni qué hora era. Por el ruido de la calle pensé que sería en torno a la media noche. En el despertador de mi compañera lo confirmé.
Tenía una especie de culebrillas en el estómago y me levanté a comer algo.
Mientras iba pensando por el pasillo en freír unos huevos recordé al pobre Satur, el actor que hacía de criado del genial manco. Parecía un buen tipo. Tendría que esperar todavía un buen rato en Xufre, el día de la celebración de su santo precisamente.

La noche de San Saturnino

Pero cuando busqué en la puerta la llave para encender la luz de la cocina no la encontré.
Me sentí tan perdido en la oscuridad que temí un ataque de pánico. Un escalofrío helado me recorrió el cuerpo.
Quise volver atrás pero apenas veía y nada me resultaba familiar.

Al final de un pasillo bastante ancho, que atravesé tanteando una de las paredes y algún mueble de madera adosado a ella, había una puerta. Por la rendija inferior parecía salir un levísimo resplandor.
La empujé al llegar y bajé por lo que parecía la escalera mal trazada de un sótano. La escalera bajaba describiendo una espiral y aumentaba la luz, tal vez de alguna lamparilla, a medida que descendía.

No sé porqué me esperaba algo parecido cuando llegué abajo. O sí lo sé tratándose del anciano esperpento.

La mesa estaba puesta con tres enormes platos de quisquillas, dos empanadas aún sin partir y un perolo humeante que olía a unto y grelos como el aliento de Saturno, ¿o eran berzas o repolo?, no afino tanto, pero fué lo primero que capté antes de ver nada. Algún potaje galego, el Caldo que es la esencia del país.

Eché un vitazo antes de que advirtieran mi presencia. El sótano era grande. No hablaban. Aparte del espectáculo de la mesa en su punto, aparecía todo bastante desordenado y puerco. Se veían en la penumbra varias cubetas y un bocoy, bultos amontonados junto a las paredes y cajas en estanterías medio arrumbadas.

Satur estaba agachado sacando vino a una jarra de barro de un cubeto mugriento en una esquina del bodegón.
Don Ramon sentado en uno de los dos bancos corridos que flanqueban la mesa parecía pensativo. Con la barbilla apoyada en el mango del bastón de la lechuza miraba al suelo.
Había un quinqué en el centro de la mesa y una lamparilla de aceite alumbrando el rincón de la bodega donde trajinaba Saturnino.

Enseguida vi las cajas.

El tesoro de don Ramón

Después de este breve reconocimiento de cómo estaba el patio carraspeé y dije buenas noches.

¡Hombreee, Paco er Feo!, saltó don Ramón, ¡El que fartaba pal trípode! ¿Qué pasa pollo no encontró las polainas?
Entonces me dí cuenta de que iba descalzo y en calzoncillos. No supe qué contestar.
¡Arrée a bestirse que ya está la cosa que arde!
Titubeé..., Es que no sé dónde dormí.
¡Donde dejó la ropa, carallo!, chilló girándose hacia mí, y a continuación dirigiéndose a Saturno, ¡Acompaña al Pupas a su habitación, y ligeros o empiezo con las quisquillas! O mejor, vete tú y tráele lo necesario.

Lo veo a usted algo perdío últimamente, me dice nada más desaparecer el criado y añadiendo el tono flamenco que había empezado con el Feo.
¡Pues no salgo de casa!, dije casi con toda el alma, y añadí más calmado, Al que más veo es a usted.

Estaba de pie y Valle ordenó que me sentara. Llenó dos vasos de vino, cortó con la mano un pico de la empanada más cercana y me lo pasó. Le eché un bocao.
Ví que iba a brindar y cogí el vaso.
¡Por la copla y por el Tío Silverio!.
Bebimos y de pronto Valle se arrancó. La letrilla era guapa pero cantaba tan mal que daba tristeza y vergüenza ajena oírlo, pero era su invitado y no podía cortarle el flús, desairarlo.

Ar campito solo
me voy a llorá:
como tengo yena e pena er arma
busco soleá

Aquello sí que daba ganas de llorar, ¡era una agonía escucharlo, menos mal que duró poco!
Don Ramón, le dije después de aclararme la garganta con otro trago y espantar la emoción, ¿No se le dará mejor cantar muñeiras?

Se levantó del banco como si le hubiera picado un escorpión y alzó el bastón mirándome con la cara terrible que sabe poner cuando se mosquea. Yo estaba totalmente indefenso y no había sabido preveer su reacción, aún conociéndolo, por lo que no tenía escapatoria.

En ese momento escuchamos a Saturnino bajando por la escalera. Valle me lanzó una última mirada por encima de las lentes y bajó el garrote.

Vestí rápidamente la misma ropa rústica y anticuada que había quitado por la mañana. Pero alguien se había ocupado de cepillarla y curiosearla un tanto. Por extraño que parezca no tenía frío. Me atusé un poco el pelo mientras don Ramón me observaba con una mezcla de curiosidad y mala leche, quizás acuciado por su apetito legendario, al menos entre los muertos.
¡¿Qué, terminamos la toilette, mon petit?, me dice al fin remarcando la pronunciación francesa. ¡Andiamo presto che si  mi abre la bucca!. Y se sentó acercando un plato de camarones.

El caldo todavía estaba caliente y me serví tres tazas mientras don Ramón daba cuenta de su plato de quisquillas. Satur comió también dos tazones de caldo. Entretanto bebimos varias veces.
Cuando terminó su plato Valle cogió el de Satunino y volvió a enfrascarse en las cáscaras. El criado y yo compartíamos el tercer plato.
No sé cómo se las apañaba para pelar los crustáceos con tal rapidez con una sola mano. Tenía una habilidad increíble, acercaba el bicho a los incisivos y al instante devolvía el caparazón vacío. Y no abrió la boca salvo para esa operación o para beber.

Pero iría por la mitad del plato de Satur cuando, en uno de sus gestos repentinos, se levantó de golpe y dijo, ¡Carallo, no hicimos los honores al homenajeado!
Llenó los tres vasos y soltó el brindis:

¡Por Saturnino, gloria de España y prez de Galicia, el granuja más servicial de cuantos la escena patria y a nosa terra han parido!
Don Ramón, que sólo teño una madre, dijo Satur con timidez.
¡Tú calla, turiferario, que no buscas sino arruinarme la loa!, rugió el viejo.
Don Ramón..., quise terciar yo poniendo paz, pero me cortó en seco.
¡Chitón, rábula, que este bigardo con chepa se defiende solo! ¡Al cuento! ¡Por Saturnino, la carabina de Ambrosio y el Capián Araña, que embarcó a la gente y se quedó en tierra!. Ya estaba lanzado y siguió brindando, ¡Por Saturnino, domador de lagartijas, émulo de la Isabelona y del conde de Romanones, acechador de conventos y explorador de bodegas ajenas, amigo bueno bueno!

Con ese tierno final y una sonrisa picarona dirigida al jorobado alargó el vaso para entrechocarlo con los nuestros. Cumplido el rito vació el vino y se sentó satisfecho a terminar cuanto antes con las quisquillas, que en efecto despachó en un santiamén.

Cubas vacías en Vilanova

Acabados los camarones, Valle sacó de algún sitio su mondadientes de 25 centímetros largos y cortó las empanadas en seis trozos, luego se sirvió un tazón de caldo.
Era bien raro el cabrito, tomaba seis o siete cucharadas de caldo y le daba unos bocados de Pantagruel a las empanadas. Una era de vieiras y la otra de berberechos, riquísimas las dos. Colocó un trozo de cada una a cada lado del bol e iba alternando. Entre sorbos al caldo y mordiscos a las empanadas superó mi marca y pudo con cuatro tazas.

Cuando finalizaba la última le hablé.

¿No está ya un poco frío el caldo, don Ramón?
¡Ca!, estas perolas modernas guardan muy bien el calor. Metió la cuchara en el tazón y me hizo tragar una cucharada.
Era cierto, aunque la pota me parecía de ésas antiguas de aluminio y de la peor calidad.

En la mesa había también una tarta que resultó ser obra de Saturno. Era de nueces y no dejamos  un grano de lo rica que estaba.
Con ella, por fin, don Ramón abrió una botella de Terry, del viejo, encorchado. Porque en primer plano había visto ua caja de Fundador más joven, de la siguiente generación, con tapón metálico de rosca, aunque todavía sin el invento moderno que la hacía irrellenable, es decir también con sus buenos cuarenta y pico años reposando en la botella. Las conocía bien porque mi madre también guardaba alguna.

Con aquel remate de dioses se nos puso a los tres una cara de merluzos indescriptible.

Yo me veía cuatro manos y a don Ramón completo, con dos derechas y dos muñones izquierdos.  Cuando al hablarme acercaba la cara me parecía el ojo facetado de una mosca, con ocho ojos como mínimo, cuatro de los quevedos y otros tantos de los ojos.
Satur aparecía y desaparecía  porque me lo tapaban dos perolos enormes.

De improviso Valle se levantó y alzando el vaso lleno gritó:

¡El Puerto de Santa María,
viva er cante y viva Cai, y viva
el Tercio Viejo de Lombardía!,  

A mí me dió tal susto que se me calló el mío de la mano. Don Ramón se bebió el suyo de un trago tras el brindis y al posarlo me miró con su ojo de mosca y me dice, Pollo, no le sienta bien el brandy, vamos a cambiar de palo. Yo inmediatamente pensé en la madera del chibuquí.

El manco salió de la mesa, parecía que con intención de dirigirse a la escalera, pero se veía muy cargado y antes de llegar trastabilló y cayó. Saturnino, que estaba más lejos, llegó antes al viejo y lo ayudó a sentarse otra vez en el banco.
El arousano no renunció sin embargo a subir y al poco le dice a su criado, Vamos paseniño, Saturnino, que más pindio es el Purgatorio.
Satur me hizo un gesto que no supe interpretar porque a duras penas le veía las dos jorobas. ¿Quería que esperara o que los siguiera?
Miré la bodega llena de cachivaches y el culo que quedaba en la botella de Terry pero no me apetecía beber más.
El agujero negro, cuadrado, de una cuba vacía como una boca abierta, me animó a elegir la segunda opción. Los seguiría.

Fui dando tumbos hacia el arranque de la escalera mas me pasó lo que a Valle, vine al suelo. No me había hecho daño, pero no me podía levantar, poco a poco, reptando, ascendí los empinados escalones.
De don Ramón y del chepa ya no había rastro. Y el pasillo estaba tan oscuro como antes y aún daba más miedo.

Volví atrás y... bajé rodando las escaleras.

No recuerdo más.

Boas noites!

Y. Emboca.