miércoles, 11 de enero de 2012

Ρίγανη, Orégano


Ρίγανη, οrégano griego, 2011

No es una gran foto pero por buena que fuera no podría transmitiros el olor, que es lo sustancial en una aromática.
Como en el caso de los sabores el ordenador no permite todavía esa opción, sería casi un paso a la inversa, de lo virtual a lo real. No es que yo lo eche en falta, que juzgo supérfluo este futurismo frente a tantas necesidades perentorias del presente. Pero la locura avanza imparable y ¡échale un galgo!.

Cualquier día damos el salto y caemos en el XIX.

Llama la atención lo importante que es el orégano en la cocina griega. Está presente en las mecedes -tapas- más simples y en los platos más complicados, tanto de carne o de pescado como de vegetales y hortalizas. Sus compañeros más frecuentes, porque se consumen casi a diario, son los tomates y el feta, junto con el aceite de oliva.

La llamada Joriatiki, la ensalada nacional griega, la más conocida y consumida por ellos y por los turistas, que podríamos traducir por Campestre o Popular, de los joria, de los pueblos, lleva tomate, cebolla, tiras de pimiento, pepino, olivas negras, sal, abundante aceite y, sobre todo ello, un trozo generoso de queso feta con orégano por encima. Es habitual que dejen algo de feta al final para aplastarlo con el aliño que resta y comerlo como una crema o encima de un trozo de pan. La ensalada se transforma en un postre.

El feta, el aceite y el orégano es además la mezé más sencilla de la cocina griega.

Αρωμάτικα φύτα, Plantas aromáticas

Creo que lo he mencionado ya en alguna ocasión, mi padre era naturista y conocía y recogía muchas de las hierbas que utilizaba aunque se veía obligado a buscar otros recolectores y a comprar, en el mercado nacional de las medicinales, algunas que escaseaban o era imposible conseguir de otro modo. Mis hermanos y yo no heredamos la profesión pero sí la afición por las plantas.

Desde el primer año que fuimos a Grecia con el R-5 trajimos orégano, tomillo, té..., de distintos lugares del país. Después, de cada una de las islas por donde pasamos. ¡Al principio no había manera de convencer a mi padre de que aquello era orégano! A él le parecía alguna clase de tomillo. No se rendía ni ante la bolsa de un productor o envasador donde figuraba el nombre de la aromática.

Tuvieron que pasar algunos años hasta que, por casualidad, dí con una cita en uno de sus libros predilectos, el de  Las plantas medicinales, de Pio Font Quer, obra que recomiendo encarecidamente, ya que es uno de las más completos, interesantes, informados y divertidos tratados sobre plantas y medicina popular en general, y eso que ha pasado un siglo por él y el tiempo vuela.

Allí, no recuerdo dónde, habla de algunas variedades de orégano que se dan en el oriente del Mediterráneo, más ricas en timol que las otras europeas, y muy particularmente de las que crecen en algunas islas, en las más cercanas a Anatolia sobremanera, donde existen endemismos y variedades primas de las asiáticas y, por su riqueza en timol, del tomillo. Ahí ya concedió.     

ΡΙΓΑΝΗ  "Το διάσελο", El desfiladero 

El orégano es tónico y digestivo, pero se considera también apto para las vías respiratorias y forma parte con los tomillos, las malvas y las mentas o el eucalipto de las tisanas anticatarrales y antigripales. Parece que su aceite esencial ha demostrado su eficacia contra virus y bacterias.
Está también presente en la cocina española, y no puede faltar en los embutidos y carnes adobadas ni en los aliños de las aceitunas, de nuevo junto a los tomillos, la ajedrea y otras.

Pero el orégano heleno es distinto, insisto. Ya su aspecto lo es, de un verde más ocuro y el olor, como dije, fuerte, diferente.
La variedad silvestre española tiene hojuelas color rojo vinoso y la cultivada más común, que usamos mayoritariamente, hojas entre glaucas y verde pálido, ambas con un aroma más suave, sutil y dulzón en comparación con el griego, seco e intenso.
Os puedo asegurar que una ensalada de tomate no es la misma con uno u otro orégano, y no hago juicios de valor aquí.

Entre las silvestres no es ni muy frecuente ni abundante, siendo en cambio de las más conocidas, buscadas y utilizadas. Son esas circunstancias las que tal vez dieron origen al conocido adagio "cree el tonto que todo el monte es orégano".

Los mejores oréganos que hemos probado son los que nos regalaron los griegos, de los que recogían en las montañas para su uso, en Limnos, en Quíos, en Kalymnos, en Samotracia, y sobre todo en Creta. Pero también el mi Dimitraki, el monje heteróxido, nos ha traído algunos excepcionales, no sé si de Salónika, de Komotiní o de Karúlia en Athos.
Bueno, y los comunes envasados del Ática, del Pindo, del Parnaso, del norte de Grecia, del Peloponeso o de otras islas son también muy buenos y potentes.

Como lo es el gran Nikos Xyloúris y su canción Colores y aromas.
Ο Νικος Ξυλούρις, Χρώματα και αρώματα (Την εικόνα σου).



Υγεία, Salud.

Μπαρμπαρώμιρος.
Barbarómiros.

martes, 10 de enero de 2012

Chi menea -3


La sombra por la tarde

Buenas. Ya me vuelve a armar la pirula la colocación de algunas fotografías que no salen en la posición que quiero y me obligan a cambiar los planes iniciales. Quería enseñaros una imagen de la chimenea real sobre el tejado pero no con el ángulo que me propone la máquina y he tenido que renunciar después de varios intentos.
Estas pequeñas putadillas lo son más porque en asuntos como éste de la chimenea, o el de los muros de Grecia y las murias maragatas, con varios capítulos, suelo buscar primero el orden en que quiero las fotos y sobre esa elección previa voy montando el texto y las entradas. Si me falla una imagen me trastoca, a veces completamente, el plan y me obliga a repensar el texto y el orden, con lo que me echa por tierra un trabajo ya hecho y, perdonad pero ¡me cago en tó!.

Esa pared de arriba con las ventanas de aluminio me gusta menos que la del primer capítulo, donde  hay todavía algunas plantas y flores y está orientada al este sureste, pero me gusta más que la de ladrillo que sin embargo es la más soleada.

En cualquier caso vuelvo a repetir lo dicho ayer: lo que me intereaba más era el recorrido de la sombra sobre las paredes. En ésta la diagonal de sol y sombra me parecía también interesante. Tenía incluso una selección de ellas que había titulado así, Sol y sombra, a partir de imágenes del pueblo, fachadas, portalones, tapiales, etc., y ésta era una de ellas. Aunque viene bien aquí, sustituye en realidad a la que me falló e hizo que todo se alterara, no sólo esta entrada.

En el extremo

Además de la diagonal de luz me gustaba también la sombra del recodo del canalón porque me recordaba un poco al rey de los canalones en Shutterchance, Chad Doveton. Está también el triangulín del cielo azul al que me cuesta renunciar como sabréis, los geranios florecidos asomando detrás de los cristales de la ventana y hasta el aspecto de nariz de la sombra de la chimenea, me hace cierta gracia. Soy un guaje.

En fin, que por humilde que sea la imagen el que no se conforme o se ría es porque no quiere o, sencillamente, no puede.

En esta segunda fotografía la sombra llega al borde. Hay una serie de enganches que sujetaban una parra que murió hace unos años y soportes y alcayatas para los tiestos actuales, que en el invierno los guardan por las heladas.

Todos esos clavos y artilugios, ahora sin uso, y sus cambiantes sombras, fueron un solaz diurno para mí en un largo fin de semana decembrino en León, ¡y con este sol!. ¡Qué gustito pa mis orejas!, como diría Raimundo Amador, y más en una tierra de sabañones como ésta, y qué gustito pa mis ujitos, palabra mejicana de Los olvidados, de Luis Buñuel. Las asociaciones..., ¡será también por un blanco tan mejicano!

Doblando la esquina

Doblar esquinas era el colmo de un forzudo y el de un banquero republicano usar el culo de monedero y esperar que el rey abdique por falta de suelto. Y el del yernísimo jugar a balonmano con la corona y metérsela al rey por entre las piernas.

Los colmos de los currantes los dejo porque son demasiados y tal como vamos aumentarán. Los anteriores no es que tengan mucha gracia pero ¿qué tiene de simpático éste, por ejemplo?, como un chiste negro del Roto: trabajar cincuenta años para comprarse un ataúd. Y ciscarse en los muertos del enemigo, digo yo. A buenas horas, mangas verdes. ¡Si la realidad ya supera al colmo!. ¡Aaay!

Prefiero la música y el sexo oral al que canta Raimundillo en esa canción que mencioné,

¡Qué gustito pa mis orejas!
enterraíto entre tus piernas... 


Y otra de regalo. Ian Dury and the Blockheads, Sex&Drugs&Rock&Roll.


Salud.

Barbarómiros.

lunes, 9 de enero de 2012

Chi menea -2


El curso de las horas

La chimenea sigue caminando por una pared, arriba ladrillo y abajo tapia revestida y encalada. No me gusta demasiado la imagen del ladrillo y éste tabique menos, puesto para impedir la vista a unos vecinos que no son curiosos.
Cuanto más se tapa más se oculta. Esta tautología significa también otra cosa y su contraria: más se guarda cuando hay más que esconder y a más camuflaje más diáfano el paquete.

Pero como hay que contar con ello, con el ladrillo y con el miedo, mejor es mirarlo con distancia y tratar de encontrar algo positivo. A mí me cuesta, no creáis, pero juro por quien sea que lo intento.

Aunque soy un disfrutón de los colores y el naranja es uno de mis preferidos, pocas veces me llaman la atención este tipo de paredes, como no sean combinadas con otros materiales, otras texturas, objetos, agujeros..., o como es el caso, sombras. ¡Con lo colorido que se ve el polvo de ladrillo!, el de los ladrillos viejos a veces parece pimentón.

León, diciembre 2011

Como tenía para tres series de tres fotos haré todavía un tercer capítulo, corto como éstos. Las del primer intento sobre una pared blanca encalada me gustaban más, y la esquina daba mucho juego visual.
Conveníamos aquí en que eran más guapas las que no tenían ese cielo azul. Pero bueno, a mí los cielos azules me recuerdan al sol, que es media vida, y ya sólo la sugerencia me calienta. Y hay que intentar otras cosas. La clave, además, es la luz, aunque es cierto que hay materiales y formas que parecen más fotogénicas

En ésa de arriba me llama la atención la curvatura de la pared, arriba. ¿Ilusión, el objetivo de la cámara o el albañil? Me da que es cosa de la máquina, bueno y la perspectiva, aquí el horizonte, se curva sólo para desmentir las leyes de la lógica, y ya está.

La hora es aproximadamente el medio día. Las primeras eran de la mañana.

Un poco fálico parézme a mí...

El tiempo y el agua que han tragado los ladrillos macizos de las paredes antiguas, que eran los que se usaban, les dan hoy ese aspecto oscuro y satinado, más elegante y fácil de combinar visualmente con otros colores. No rechinan tanto, llevan poco amarillo, son rojos e incluso muy tostados.
Normalmente prefiero las tejas, y si están alteradas por el agua, los líquenes u otras plantas mejor, aunque ya sé que no es lo ideal para los tejados. Es casi más cosa del color.

Pero no haré una exaltación de lo caduco como si todo lo viejo fuera mejor que lo que tenemos.
Tampoco quería entrar en arquitecturas que ésa es camisa de once varas para mí y aquí estamos en alfabetos.

En realidad a mí lo que me interesaba, insisto, era la sombra de la chimenea, no el magnetismo de la oscuridad ni la atracción del abismo, que es donde me meto si me pongo a disertar sobre ladrillos, ¡pero si yo sólo trabajé de peón y seis meses escasos! Es que el problema del ladrillo ¿a quién no le preocupa?. Podéis reiros.

Y por fin el ladrillo era otra excusa para mostrar las fotografías del aficionado que soy, con algo de acompañamiento dicursivo que es lo mío.

Salud, Υγεία!

P.D. En los años 20 y 30 los rebetes ya hablaban de Crisis, es la misma sólo que ahora muy vieja ya.

 Κοστας Ρούκουνας, Η Κρισις. Kostas Rúkunas, La Crisis.



Barbarómiros

domingo, 8 de enero de 2012

Para Andreiev Aedoff


Alcayata, San Justo de la Uve. León.

King Crimson, 21st Century Schizoid Man.

Un clavo saca otro clavo..., ¡el clavito de Pablito!

Salud, colega.


Ramiro.

Reflexionando


Morales 2011

Hay quien, para pensar, prefiere la oscuridad, la encuentra más propicia al silencio y a la soledad que suele requerir la reflexión, pero ni silencio, ni soledad ni oscuridad son imprescindibles, ahí tenemos el diálogo o el banquete, pensamiento a duo o en grupo.

Aquí prefiero a los peripatéticos o a los epicúreos, paseando o recorriendo el jardín, con luz fresca si es posible.

Todo esto son nostalgias del buen sol como el que ya se estaba poniendo en Morales del Arcediano el día de las fotos, en el prao del salón junto al Turienzo. Eso y el mensaje que Alberto, el Capi del Teach, me dejó en una entrada de la semana pasada que titulé Los colegas.
Me dió un alegrón porque llevábamos tiempo sin saber de él y a la vez me puso a cavilar.

Es lógico que no pensemos lo mismo en todo o que incluso discrepemos abiertamente en algunas cosas, pero creo que quien escribe debe de contar con el lector. En principio tiene que pensar en su existencia real si pretende comunicar algo, sin él la escritura sólo es un ejercicio gimnástico del cerebro que piensa y la mano que ejecuta, ahí se acaba.
Si el acto se realiza ha tenido que existir un mínimo de connivencia porque nadie nos obliga a leer lo que no nos gusta. Es difícil que el interés perdure si el desacuerdo es total, pero se puede dar.

El problema, a mi parecer, suele plantearse con más crudeza en un nivel menos básico, ¿hasta dónde me permito llegar?, en el caso del escribidor y ¿cuánto le voy a permitir?, en el caso del lector, que, como se apreciará tiene la sartén del texto por el mango -no me pasaré aquí con la expresión-.

La pregunta que se le plantea al escritor de oficio (aunque no viva de ello) tiene que ver con los límites y la censura. Al decir de oficio doy por hecho que conoce sus herramientas y el asunto del que trata, por tanto no es una pregunta acerca del estilo o los contenidos, sino sobre el modo en que éstos deben ser expuestos ante unos lectores reales que sin embargo no conoce, tratando de ser lo más fiel posible a su pensamiento y de atenerse a una norma que es, en principio, el respeto.

Lágrimas de sauce (llorón)

Ahora bien, ¿que pasa cuando el escribiente es un aficionado a la escatología, un género al fin, pero aquel que se ocupa precisamente de los asuntos más desagradables, tratando de no resultar cursi al nombrar lo Innombrable?. Si para escribir hay que tener cierto valor y, si se puede, llegar a la osadía, ¿qué pesares de conciencia no sufrirá un eskatólogo Como Dios Manda?¿Dónde colocar el nihil obstat?

No ando fino, toy perdío, a ver si mañana me aclaro un poco más, como las hojas del sauce.

En serio. Me ando metiendo con los banqueros, con los jerarcas de la iglesia, con los políticos, y hasta con las creencias y las ideas, pero lo último que quisiera es ofender a un inocente, sea pequeño ahorrador o pobre de solemnidad, creyente o ateo, del pp o anarquista...
Otro asunto es si todas las personas y todas las ideas merecen respeto, pero insisto, sí los inocentes que creo que son muchos en todos los bandos.

Donde Alberto me podrá dar caña también es en mis pasadas "arquitectónicas". Pero quizá me equivoco de medio a medio y no tiene nada que ver con todo esto. En fin.


Salud Capi, y a todos, y buen día.


Ramiro.

sábado, 7 de enero de 2012

Θα σαλτάρο, Al asalto


Oviedo

Un poco de música del otro extremo del Mediterráneo, tan puteado o más que éste, antes y ahora. La traducción del título griego es un tanto libre. La mi morena me acaba de recordar el otro significado, muy interesante, de Za saltaro: Volverse loco.


Θα σαλτάρω, Γιώργος Κατσαρος, Katsarós (1888-1997).

Μιχάλης Γενιτσάρις, Genitsaris (1917-2005). 


Los saltadores, otro título de la canción, asaltantes diríamos, eran grupos de ciudadanos organizados, resistentes a la ocupación alemana durante la 2ª Guerra Mundial, que asaltaban los camiones de suministro del ejército germano, no tanto por patriotismo como por necesidad. Sobrevivir en la Grecia ocupada fue la preocupación fundamental de una población que perdió en esos años medio millón de un total de 8 millones de habitantes, sólo de hambre. 

Los procedimientos para hacerse con la mercancía, gasolina sobre todo, pero también alimentos, iban del audaz golpe de mano a las argucias más ingeniosas que planeaban los saltadores, salteadores les llamaríamos en otra clave hispana. En realidad valientes que se jugaban la vida, porque el castigo de los nazis era el fusilamiento de los que caían, niños incluídos, o represalias indiscriminadas contra la población civil que era quien participaba en los asaltos.

He puesto las dos versiones ya que no tengo claro todavía quién es el verdadero autor. Desde luego Katsarós era más viejo, le sacaba 29 años a Genitsáris que en 1940 tenía 23, algo joven me parece para esta canción en un rebetis. Katsarós andaba entonces por los 52, una edad que creo más ajustada.
Sin embargo en muchos lugares figura Genitsáris y yo no lo desmentiré. Por supuesto su mayor juventud no lo invalidaría como autor, no es un argumento definitivo.
La versión del viejo parece también más antigua y eso que tocaba una guitarra, más grave y templada, caso extraño en el rebétiko, donde lo frecuente es el baglamá, esa especie de guitarra pequeñina con tres pares de cuerdas que tiene un sonido primitivo, agudo y escacharrado.

A mí me gustan las dos pero siento debilidad por los Barbas, los abueletes, y Katsarós murió jovencín, sólo vivió 109 años. ¡Parece que el costo de agosto nun ye tan malo pues los rebetes, si no se daban a los opiáceos, eran longevos! El propio Genitsaris murió con 88.

Salud, Υγεία!

Ραμιρο.
Ramiro.

Beso picassiano


Beso picassiano, 1991
Pintura en polvo sobre cartulina
Ramiro Rodríguez Prada

Salud y muchos besos.

Ramiro.

viernes, 6 de enero de 2012

Epifanía y fin de fiesta


Triagrama funerario para don Ramón

¡No quiero a mi lado ni cura discreto, ni fraile humilde, ni jesuíta sabiondo!.

Se lo estaba diciendo don Ramón María del Valle-Inclán a Saturno, sentado y erguido, sin joroba ni difraz del conde de Romanones. El actor callaba arañando la superficie de la mesa de la bodega con la uña. Tenían sendos vasos delante pero no había jarra ni botella

¿Dónde la verde quiebra de la altura
con rebaños y músicos pastores?
¿Dónde gozar de la visión tan pura

que hace hemanas las almas y las flores?
¿Dónde cavar en paz la sepultura
y hacer místico pan con mis dolores?

Recitaba don Ramón sin énfasis, solemne y grave, como nunca lo oyera. Me quedé paralizado en el recodo de la escalera, escuchando. No quería romper aquella magia.


¡Todo hacia la muerte avanza
de concierto,
toda la vida es mudanza
hasta ser muerto!

¡Mi existir se cambia y muda
todo entero,
como árbol que se desnuda
en el enero! 

Recordé que estábamos en enero, en la noche del 5, víspera de Reyes y que me había ido a la cama pronto agotado de tanto trajín cabalgatero, juguetero, cocinero y turronero. Vine a parar a la escalera del bodegón del manco de Vilanova sin saber cómo.
Los dos hombres bebieron, pero enseguida Valle volvió a declamar.

Tuve conciencia. Ví la sombra mía
negra, sobre el camino de la muerte
y vi tu sombra blanca que decía
su oración a los tigres de mi suerte. 

Resultaba dramática la escena y triste en aquel escenario subterráneo lleno de trastos inútiles, inservibles como los dos zombis geniales, porque sentía ya tanta ternura por el otrora jorobeta como por el buen manco. Decidí bajar y tratar de animarlos. Valle se había sentado y apoyaba la barbilla en el bastón de la curuxa, Satur no había cambiado de postura y seguía rascando en la madera.

¡Buenas noches, señores!, canté muy rumboso.

Nadie se movió ni me contestó pero de pronto don Ramón se giró y poniéndose en pie me apuntó con el bastón. Quedé tieso sin mover un pelo. Y dice, como si no me viera, mirando hacia la escalera,

¡No tuve miedo, fui turbulento,
miré en las simas como en la luz!

Me dió un repeluzno cuando habló de simas. Sólo se me ocurrió decir otra vez Buenas Noches, pero con el mismo resultado. Valle retrocedió hacia el centro de la bodega y se volvió encarando una cuba vacía. Saturno sólo arañaba en la mesa y seguía callado.
El manco, más esperpéntico que al principio, blandía el bastón frente a la boca abierta de la cuba, amenazándola con una estocada. Pero volvieron a beber y empezó a recitar de nuevo. 

¡Cubista, futurista y estridente
por el caos febril de la modorra
vuela la sensación, que al fin se borra,
verde mosca, zumbándome en la frente!

A las dos en punto de la tarde

Empecé a sentir un frío mortal. Me miré pensando que tal vez iba desnudo como aquella otra noche en la que no sabía dónde estaba, ¿qué noche?, ¡qué importa, una cualquiera! La primera vez que había estado allí. Bebieron otro trago.

¿No hace mucho frío esta noche en la bodega?, pregunté acercándome un poco a Saturno y dirigiéndome a él. Pero seguía imperturbable rascando la madera, como si no me viera ni me oyera.
Me empezaron a castañetear los dientes no sólo por el frío sino por la sensación de miedo que me iba ganando.
Algo en mí decía, Sólo es un sueño, pero no lograba tranquilizarme. Bebieron por cuarta o quinta vez y yo pensé que el vino de aquellos vasos no se acababa nunca.
Ví a don Ramón parado frente a la cuba alzando la cabeza al techo como cuando buscaba en la distancia las luces de A Pobra do Caramiñal desde el pino de la Illa de Arousa y se me encendió a mí una: tuve el atrevimiento de alzar la voz para decir, ¡Tejerina!.

¡Nada! Por toda respuesta un silencio más punzante que el frío. Aterrorizado sin saber a ciencia cierta porqué fui reculando poco a poco hacia la escalera. Me giré para subir y salir de allí, pero entonces un grito me detuvo. Don Ramón me apuntaba con el bastón desde el fondo del sótano, en la semioscuridad sólo se le veían brillar los quevedos y relampaguear la blanca barba con el ritmo de los versos.

Soy el negro dueño
de la abracadabra
y trisca en tu sueño
mi pata de cabra.


Salí de allí como alma que lleva el diablo, pensaba, ¿no serán ellos los muertos y yo el fantasma?

Desperté hace un rato sudoroso. Estaba en la cama matrimonial de casa, con mi compañera al lado. En la habitación hacía calor y me levanté. Había quedado encendida la calefacción y fui a la cocina a apagarla.
Sobre la mesa había una botella de Centenario Terry del mejor. No es el lugar donde los Reyes infantiles dejan los regalos, pero sí tal vez los duendes y trasgos amigos del manco genial. Abrí la botella, llené un vaso y lo alcé brindando por él, 

¡Va por usted, don Ramón!

¡Larga vida al brandy proletario!, contestó la voz del galego desde el patio de luces.

Lo estoy bebiendo ahora mientras os lo cuento.

Salud.

Ramiro.

P.D. Pata Negra. Pasa la vida.


Felices sueños.

jueves, 5 de enero de 2012

San Silvestre


Las uvas del amor

Esta vez no hubo despertar del que me acuerde, ni paseo por la isla de Arosa o traslado en barca de remos hasta Vilanova. Estábamos los tres en la bodega del manco, sentados a la mesa con los restos de la cena. Junto a don Ramón había dos platos de cáscaras de quisquillas y otro en el espacio entre Saturno yo.

Quedaban todavía algunos trozos de empanada, una de vieiras y la otra de berberechos y algo de cabrito asado en una fuente. Había botellas vacías de albariño y un tinto en una jarra de barro, del que Satur sacaba de un cubeto muy viejo.
Valle estaba rellenando los vasos antes de terminar la empanada que tenía en la mano y que tuvo que posar. El criado aprovechó para sacar una tarta de avellanas y los zuequiños de San Benitiño que tanto molestaban a su amo. El manco le lanzó una mirada fulminante pero como estaba bebiendo no pudo decir nada.

Saturnino me ofreció un zuequiño y los probé. Era un dulce de almendra con la forma de un zueco gallego, un poco seco y duro pero sabroso. Don Ramón nos miraba mientras finiquitaba la empanada a grandes bocados.

¡Hala!, dice al terminar, ¡Ya le chupásteis el pie al santo, ahora retira de la mesa esa reliquia, Saturnino, que me la contamina!, y añadió torcido, ¡Ni santos ni meapilas, te lo tengo ordenado!
¡Un día es un día, don Ramón!, intervine yo conciliador.
¡Ya saltó el rábula! Usted diga misa donde le plazca, pero este monaguillo es mío, dijo señalando a Satur, Y el libreto del oficio lo escribo yo. ¡Saca las uvas, malvís, que ya son las doce!, y volvió a dirigirse a su criado, de paso se acercó a la tarta.

En el bodegón de Valle-Inclán
 
Eran por lo menos las dos de la mañana pero al arosano no parecía importarle la hora. Acabó el pedazo de tarta que estaba comiendo. Como no había reloj se le ocurrió simularlo.
¡Vamos a dar la hora a tres bandas! Empiezo yo, usted me sigue y el tercero Saturnino. Cada cucharazo en el vaso una campanada, tocamos a cuatro.
Repartimos las uvas sobre la misma mesa y empezó la primera campanada del viejo. Él tenía que soltar la cuchara para coger la uva y cuando a Satur le tocó la tercera ya iba retrasado. Cuando le llegó el turno otra vez se le hizo la picha un lío y metía la cuchara en la boca y daba al vaso con la uva.

¡Un bobengto un bobengto!, farfulló con la cuchara todavía en la boca. Se la sacó mientras nosotros reventábamos...
¡Calma, calma, que me faltan manos, amodiño, carayo!, dice sin atender a las risas.

Debimos echar guapamente cinco minutos para terminar las doce, que fueron lo menos veinte porque apurrimos más uvas y perdimos la cuenta dos o tres veces. Y entonces don Ramón sacó una botella sin desvirgar de Terry, de las viejas.
¡La última remesa del Narizotas, Gran Reserva!, gritó alzando la botella a la altura de sus lentes.

La última de Sidi Ifni


Yo tenía la secreta esperanza de que acabara sacando el chibuquí, aunque no lo había mencionado en toda la noche. El día antes, en "Lo de Segis", el tugurio de Mundo en Canvados, estoy seguro que habían estado fumando antes de llegar nosotros, por el olor. Por eso abrí yo el fuego.

¿Qué pasó la otra noche en Canvados?, creo que me perdí el fin de fiesta.
Así es, amigo mío, se durmió usted sobre la mesa. Creo que son trotes éstos demasiado vivos para sus pulmones, por no mencionar la libiandad de su floja cabeza.¡Qué noite, eh Saturno!? Con decirle que una lechuza me quiso llevar al huerto, ¡vaya morena que trajo el legía, tenía más categoría que el brandy. ¡Qué pedazo hembra, eh Saturnino!?
Era negra retinta, don Ramón, perdone usted, no morena.
¡¡Qué sabes tú de razas, manguán, si no tienes claro ni tu origen!!, contestó el viejo con furia.  ¡Era mulata y se terminó el cuento!

Acabamos la primera copa e iba a servir la siguiente cuando levantándose de golpe dice, ¡Ya tenía que estar aquí ese Narizotas del demonio, espero que no olvidara mi encargo!, y nos miraba de hito en hito con cara de picardía, y siguió, Vamos a recibirlo como se merece, con unas cargas de su propia mercancía, por cierto, ¡pura gloria moruna!. Voy a por el chibuquí y el material, serán dos minutos, no me chuleéis el brandy que os conozco.

Cuando hubo desaparecido escaleras arriba le pregunté a Saturno por todo este lío y en un momento me puso al tanto, pero no sabía nada del encargo de don Ramón al legionario. La otra noche le habían arrimado una putita que intentaba hacerle arrumacos mientras en la pista del puticlub sonaba Jane Birkin. Pero Valle había fumado haschís con los dos fulanos y últimamente, decía Satur, se duerme cuando fuma. Sabía que el Narizotas le había traído más coñac y un chocolate mejor que la mierda de la última vez, pero dudaba que en Noche Vieja y a estas horas fuera a venir.

No habíamos ni pensado en servirnos otra copa cuando ya lo oímos descender las escaleras voceando ¡Quietas las manos hasta que yo llegue que el brandy quema, petardos!
Llegaba casi abajo cuando sentímos golpear la puerta con violencia. ¡Tejerina!, dijeron a un tiempo Saturno y el viejo. Pero una voz de hombre casi rugió, ¡Don Ramón, el sargento de la Guardia Civil de Canvados pregunta por usted!
El viejo nos miró y con movimientos ágiles escondió el chibuquí, que pude ver por fin fugazmente, y una taleguilla de cuero detrás de unas cajas, mientras contestaba a su vez, ¡Un momento que se está cociendo! Y nos guiñó.
Saturno arreó detrás de Valle y me dijo al pasar que no me moviera de allí. No lo pensaba hacer por varios motivos, entre otros porque había reconocido la voz del criado de la mujer del manco, aquel que raseaba con el cayado o cachiporra en plan amenazante la noche de los Santos Inocentes, el que me había cacheado, y ni él ni el guardia me traían buenos recuerdos, por más que el sargento me abriera el calabozo.

La torería del arousano

Al principio estuve un poco acojonado temiendo cualquier complicación que diera con mis huesos de nuevo en el cepo. Miré la botella de coñac casi entera y no lo pensé dos veces, me serví un trago más bien largo.
Más animado después de un par de sorbos también abundantes estuve reconociendo la bodega, más trastero que otra cosa.
Me llamaron la atención varias curiosidades que el viejo había reunido allí, muchas relacionadas con el mundo del toro y la bebida. Botellas de coñac y anís con motivos flamencos y taurinos, guitarras, castañuelas, toros, toreros y manolas. El más curioso y del que no me pude traer una imagen era un cuerno de enormes dimensiones, tal vez de un buey o un toro muy grande. Estaba labrado por fuera con la imagen de un tamborilero gallego con traje tradicional y todo, y un gran letrero que recorría la longitud del cuerno describiendo su conocida espiral, que decía "Recuerdo de Galicia". Pero lo más curioso es que era también una bota. Como tenía líquido probé pero resultó ser un vinagrón que tuve que escupir.

Me serví otro copazo de la botella que aún no estaba mediada, pues era de las antiguas de litro, y me senté. Pasó todavía un rato porque volví a llenar la copa antes de que se presentara Saturnino.

LLegó con un sigilo que ya me puso en guardia y encima venía pidiendo silencio. Pero lo que me contó en susurros era un peliculón para gritar.

La Guardia Civil había hecho una redada esa noche en "Lo de Segis" por una denuncia anónima que recibieron sobre la presencia de menores ejerciendo la prostitución. ¡Vaya noche para redadas!, había comentado al parecer el manco. Encontraron efectivamente a tres chicas indocumentadas muy jóvenes, junto a otras también sin papeles, además de una cantidad sin determinar de cocaína, heroína y haschís. Se llevaron a las chicas, a Mundo, a la Olvido, al legía y a otro colega que anda con él en el negocio.  El Narizotas le fue diciendo al sargento camino del cuartel que las niñas eran un encargo de don Ramón. ¡Qué hijoputa!, decía Satur.
¿Pero es eso verdad?
¡Cómo va a ser verdad si el hombre no puede con el alma, cuando come, como hoy, come bien, pero muchos días no come, no comemos! ¡Y tampoco son sus bromas de ese género, nunca lo fueron! Es un caballero, un loco genial, no un pederasta, pongo mi vida, o lo que sea..., y se paró a pensar..., ¡Me juego la chepa del Conde de Romanones!, esos dos son muy mala hierba. El sargento quería advertir al viejo por si se ve comprometido. ¡La que está que trina es Tejerina! Me manda decirle don Ramón que no salga de aquí hasta que todo haya quedado tranquilo. Ya lo avisaremos. ¡Ah, y que no abuse del brandy!

Se echó una buena copa, brindó conmigo y se la entrepechó de un tiento. No parecía ni la mitad de afectado que yo aunque no había bebido menos. Subió las escaleras corriendo.

Cuando me quedé solo no tardé en caer sobre la mesa, inconciente más que dormido. Todavía quedaba un buen culo en la botella. Todo el rato tuve que lidiar con la tentación de buscar el chibuquí y la bolsita del marrón para probar ambas cosas, pero ni el coñac me daba la suficiente fuerza, pensaba que tal vez era una imprudencia con la Guardia Civil rondando por allí, aunque casi más miedo me daba Tejerina.


Felices sueños.


Pi Mienta Engrano.

miércoles, 4 de enero de 2012

Chi menea


San Justo de la Vega
Diciembre 2011

Esto del chi menea es un juego de palabras de mi hermana, la chimenea el chi menea. Entre las cosas que me tuvieron entretenido el fin de semana largo que pasé en León estaba la evolución de la sombra de una chimenea sobre la pared blanca.

Como estoy muy falto de tiempo y quería escribir todavía antes del fin de semana otro encuentro con don Ramón en la noche de San Silvestre, haré entradas más cortas estos días y me apoyaré en  fotografías.

León, diciembre 2011

Es una diversión barata y un espectáculo contínuo, sólo lo que tiene de reloj de sol me inquieta un poco, el reloj no el sol.
Por la noche caían las heladas típicas de este tiempo, pero por el día lucía el sol en un cielo limpio.
Con ese juguete que es la maquinina que me regalaron pasé los ratos de asueto. Es una pared donde cuelgan algunas plantas y los clavos, soportes de tiestos o las mismas flores van dibujando sombras durante el día en una terraza alta donde el sol rueda marcando el tiempo. Traje una buena colección de ellas que irán apareciendo.

En un par de paseos por el pueblo recogí también imágenes de tapias que me servirán para completar los capítulos que en Arquitectura dediqué a las murias, según dejé prometido.

León, diciembre 2011

Otro de los temas con los que ocupé alguna mañana fueron ventanas y puertas que veremos más adelante.

Ayer tuve la visita de una curruca parda y acabamos la noche bastante perjudicados, entre hermanos, Doobie Brothers, Allman Brothers, Blues Brothers y los Hermanos Brothers.

De los Allman, Blue sky.


De los Hermanos Brothers los Cantares de Antonio Machado.


Salud.

Ramiro.

martes, 3 de enero de 2012

Pulpo a la galega


El pulpo de Lola
León, diciembre 2011 

Antes de hablar del pulpo quería haceros notar que he puesto las diez entradas más populares durante la vida del blog, desde San Fermín, y las mantendré unos días, ya sabéis, aquí abajo a pie de página, por si alguien quiere consultar textos anteriores o como otro dato informativo más. Después volveré a las seis más visitadas de la semana, como hasta aquí.

Tras las palizas de rigor que el pulpo debe recibir al pescarlo y al cocinarlo, no os quedéis cortos en esto, propinadle ración doble, la carne lo agradecerá y se pondrá más tierna -malakós- perdiendo esa fibrosidad que a veces estraga al mejor pulpo, el octapodi, ochopiés, como le llaman los griegos, después de eso, digo, lo propio es cocerlo en una pota de cobre, como la que aparece aquí en una entrada de los Zombis geniales.

Tres hermosas palabras, una castellana, pulpo y dos griegas, malakós, tierno, y octapodi. No sabría cuál elegir, son las tres sonoras, quizá el pulpo un poco más, por corta y contundente con las dos pes, pero la descriptiva octapodi, con esa ct dura de pelar y el podi que apenas la ablanda un poco con la i final, no está tampoco nada mal.
Y por fin la aguda malakós tiene más empaque sonoro que tierno, demasiado blando ya el pulpo, pasado de cocción. Pero además el kós final conserva todavía fuerza, el pulpo no ha perdido toda su fibra y ofrece cierta resistencia al mordisco, la justa sin embargo para que el cefalópodo -otra griega que se las trae- alcance su gloria culinaria.

En Grecia, donde se come también bastante octapodi, pero pulpinos más pequeños, lo suelen preparar cocido y servido templado o frío aliñado con sal, vinagre y aceite, como una tapa, una mezé. Y ´sto cárbuna`, al carbón, parrilla e incluso plancha. A la brasa está buenísimo si es blando, quedan un poco turraos, tostados los extremos de los tentáculos y con el aliño el sabor es tan griego como Periclís, Pericles para nosotros.

¿Qué os voy a contar de la preparación de un pulpo a la gallega que Lola cocina con mano experta? Yo sólo soy un degustador y un ayudante de cocina a su lado. No me atrevo a meterme en fogones mayores. Por eso lo dejo al gusto del valiente que se atreva, hay miles de recetas en la red, todas parecidas y buenas.
Sólo aconsejaré algo, dada la bondad que supongo ya al producto que vais a consumir, aseguraos de que tenéis sal marina gorda, aceite de oliva de calidad y un pimentón del año con todo su color y su aroma frescos.

Y los cachelos...

El complemento del pulpo son las patacas, los cachelos. Tengo que decir antes de nada que estas patatas de la foto son de las de mi pueblo, ¡sólo hay que verlas, me sulibeyan tanto como el ochopiés! Y así untadinas de aceite que ha calado en el cuerpo del delito y coloreadas de pimentón de Jaraíz de la Vera o de Aldeanueva, no recuerdo, ¡qué queréis que os diga, enaguo como un dragón de Comodo! Aaaggg, manoúla mou! Y qué más barato...
Para quien no esté al tanto, y los que están que se fajen, diré que la variedad es Patata roja, Red pontiak que suena mes cool, cultivada en la vega del Tuerto, reconocible por su untuosidad y equilibrado sabor allá donde viaje. Léase si no el capítulo líder de audiencia en Psilicosis sobre las patatas de Quíos en Archipiélagos.

Hay patacas buenísimas en Galicia, en Logroño, en Navarra, en Canarias... . Que levante el dedo el que no se lo deje cortar por las patatas de su pueblo.
Hay tantas variedades y algunas tan adaptadas ya al terruño que merecerían por sí solas un monumento al tubérculo en cada rincón del país. Y la patata es, desde hace varios siglos, el alimento más importante de la dieta popular europeda. Los cereales, ahora con las pastas y menos con el pan-pan, siguen a la par.
Todo farináceos, que alimentan o llenan la barriga y engordan, pero... ¡más cornás da la jambre!, all together now!

Finalmente mencionar otra vez a las patatas americanas, de las que nos han hablado maravillas, arrobada la perdida mirada, transpuesto el ánimo, algunas amigas y amigos de aquellas tierras. No es sólo nostalgia de amores, sino de sabores, olores, colores...

Salud y buen apetito.

Barbarómiros. 

lunes, 2 de enero de 2012

San Sabino


La noche de San Sabino

Santos Segundo, Sabino y Silvestre, los/las tres ases/eses de fin de año. Y si contamos a Sebastián, el 28, cuatro. Cuatro noches en danza con don Ramón Mª.

Non sei cómo salimos de aquel desvanillo en el que éramos los dos a noite de San Segundo. Amanecí a media mañana del día de San Sabino metido en una barca en dique seco, tapado con una lona, en el puertín de Tazones, en Asturias. Cogí el primer autobús a la capital del Principedo gracias a la bondad de una señora y su hijo que abonaron el billete. Reuní valor para acercarme a ellos pidiendo ayuda, ¡apestaba!.

Mi familia estaba preocupada, aún acostumbrada a mis ausencias inexplicables de varios días, rodando como un carrilero, de tugurio en chamizo y de cogorza en borrachera. No supe dar una respuesta de cuándo ni de cómo me había ido, ¡no la tenía! Salvo en estas ocasiones, salgo de noche y vuelvo al amanecer. Durante las horas de luz atiendo a mis labores del hogar.
Volví a la rutina preparando también algún postre para la noche de fin de año y el año nuevo, aprovisionando la casa con vistas al largo fin de semana y limpiando un poco.

Por la noche no podía con el alma. Me acosté antes que de costumbre. No hubiera despertado ni cortándome las manos en vivo como al mártir Sabino.

Pero esto sólo rige con los vivos. No hay quien se resista a la llamada del manco de Vilanova, sabe sacar de las enjundias bajeras una voz que pone los pelos de punta. Los pelos y lo demás, le deja a uno erizados todos los apéndices. De hecho me levanté como un pistón y salí de la cama más tieso y tenebroso que un zombi de pega cuando rugió:

¡Saca la chaira Saturno
 y rájale los rijos! 
¡A mí los pijos y los rojos,
a mí los cojos y sus hijos!
Pero por turno...

La luz bisunta de la duermevela

Esa noche estaba sembrao don Ramón, enseguida lo ví. También Saturnino, que lo acompañaba, tenía buen semblante. No daba la impresión de que el viejo le hubiera aplicado embrocación de palo, la joroba, como un aplique, seguía en su sitio. Llevaba bien su papel el infeliz actor.


Me vestí como un autómata porque no había dormido lo suficiente mientras Valle me miraba con atención y guasa, creo que buscando una frase para lanzarme que encontró antes de que yo terminara.

¡Cinche el braguero que esta noche hay riles de postre!

A saber lo que quería decir con eso pero sospeché alguna tangana de las suyas, porque hizo al mismo tiempo el ademán de adobarse el cojonamen. Detrás de él Saturno me guiñó y comprendí que don Ramón volvía a las andadas del rojo putero.

¡Aligere, Aligheri que nos aguarda el infierno y ya espera su Virgilio!
Baje la voz o despertará a mi mujer, le susurré. Lejos de hacerme caso gritó,

¡Sal del tálamo Bartolo
que ya te dejaron solo!

En efecto, en la cama no había nadie
¿Dónde estamos?, pregunté confundido.
Dónde estamos, dónde estamos, ya empezamos con las preguntas metafísicas, ¡estamos y cante un tedeum!¡Arreando que nos espera Segismundo!

Salimos a una calle distante del centro de Canvados que era donde seguíamos. Caminamos un rato en dirección a Vilagarcía, alejándonos aún más y ya en los arrabales nos metimos por un sendero a la vera de un maizal y llegamos a un caseto de planta baja con un letrero de neón rojo haciendo un arco sobre la puerta  que ponía "Lo de Segis". Al lado había dos coches aparcados.
¡Hombre, si está también el Narizotas, ha llegado antes de lo previsto!, cantó don Ramón con evidente alegría señalando el Mercedes blanco de última generación y acelerando aún más el paso.

Saturnino, que había intentado decirme algo en el camino me sujetó por el brazo, pues yo seguía obediente al viejo.
Recuerde, no le siga la corriente si le da por el puterío porque nos pierde a todos, me dijo rápidamente. Y cuidado con esos dos lagartos del tugurio, añadió en la puerta mientras Valle desaparecía en el interior.

Dije desaparecía y no miento. Había luces de discoteca azules y grana, cualquiera diría que habíamos entrado en un club privado de culés. Después detrás de la barra vi una foto del Real Madrid y otra del Celta. Llegué pegado al culo de Satur porque no logré hacerme una idea del local y mucho menos orientarme.
El criado saludó a la mujer que servía con sospechosa confianza.
¡Ponnos unos cacharros, Olvidín, a ver si calentamos! ¿Usted que quiere?
Un chupito de orujo.
A mí ponme un wisky que hoy paga don Ramón y aquí al caballero tráele ese licor de café que preparas tú.
¡Hombre, Saturnino, creo que ya te dije que me tutearas, que no soy tan mayor!
Lo siento, señor, es la costumbre y contra la costumbre no hay propósito.
¡Te vas pareciendo a Valle y sus consejas!, le dije.
Son moitos anos na cola da raposa.

Al volver con las bebidas Saturno le preguntó a su Olvidín, ¿Dónde se metió el viejo?
Está dentro con Mundo y el legía.

Poco a poco me acostumbré a las luces y al decorado, rojo absoluto. No era sino una habitación grande con una barra a un lado y unos cuantos sillones y mesillas bajas repartidas alrededor de una pequeña pista de baile. Una pareja se magreaba en un rincón apenas visible. Sonaba música de puticlub.
Es el colega del legía, un pichabrava, siempre que viene se levanta una rapaza. ¡Si nos las traen ellos de Vijo, las tiene más folladas que Mundo a mí en 20 años de amontonaos!
Olvidín le guiñó un ojo sin disimulo a Satur cuando acabó de hablar. ¿Podemos pasar? preguntó éste señalando la puerta.
Espera que entre yo primero, ya conoces a Mundo.

Podéis pasar, anunció al cabo de un minuto.

En lo de Segis

Apuramos el trago y entramos en la cocina de la casa. Pasamos a otra habitación en cuya puerta se anunciaba la prohibición de fumar. Salían voces y risotadas de los tres ocupantes, envueltos en una nube de humo.
Don Ramón se había subido a la mesa y desbarraba sacudiendo el bastón de la lechuza, mientras los otros dos lo jaleaban con sus carcajadas. Olía a chocolate, no del loro sino del moro.
El viejo zorro se volvió cuando advirtió nuestra presencia y señalándonos con la vara nos presentó, ¡Señores, el duermevelas y el vendedor de ratoneras!
El Segis, al que todos llamaban Mundo, dejó de reír al ver a Saturnino, pero el legía, que era un gemelo tardío de Fernando VII el Bogbón, el Felón, pero con más nariz, tenía una risa espasmódica del colocazo que llevaba y no era capaz de parar. Con las convulsiones parecía que la punta de las narices alcanzaría de un momento a otro la barbilla. ¡Dios qué tipo más feo!


Había una botella de Soberano del añejo ya en las  últimas encima de la mesa. El dueño del chamizo, con una catadura también de agarrarse y al que le faltaba media oreja izquierda, se fijó en la mirada que eché a la botella y tuvo el detalle de pasármela junto con un vaso. Noté que evitaba mirar a Saturno. El Narizotas no paraba de reír y don Ramón había bajado de la mesa.

Me serví un trago y dejé la botella. Saturno hizo ademán de cogerla y entonces Mundo, con una rapidez inusitada, clavó una navaja en la mesa delante de la botella antes de que la mano del jorobado llegara a alcanzarla.
¡Cagon Ros Bendito!, dijo el de la oreja mordida, ¡En mi casa el coñac lo reparto yo!

Todo se precipitó en segundos, Sattur cogió una silla y amenazaba con ella al Segis, que había recuperado la charrasca, otra de a tercia más parecida a un sable, como la de Valle. Éste, por su parte, había sacado también la suya y le daba palmadas en la espalda al legía para que parara de reírse e interviniera, pero el Bogbón que si quieres arros Catalina.
Yo me retiré un poco, pero veía los restos de la botella de coñac y el trago que no había podido catar en el vaso, dorado, tentador, y me daban ganas de cogerlo antes de que todo rodara por el suelo.

Don Ramón viendo que el legía no podía dominar la risa y que aquello parecía ir a mayores subió como un gato a la mesa y sacó, esta vez providencialmente, una de sus frases rotundas al tiempo que alzaba la navaja, tan larga como el bastón, y en un tono sin fisuras gritó , ¡Quieto todo el mundo!.
Quedamos paralizados los cuatro, incluído el legía al que se le ahogó la risa en la garganta y, con la boca abierta y el belfo colgando, miraba como hipnotizado al genial manco. El viejo zombi, siempre tan atento a la política nacional,  había copiado el vozarrón de Tejero en el golpe de estado, se las sabía todas.
Fue un pasmo breve pero suficiente para la catarsis, ver al esperpento en aquella postura hizo que estalláramos en carcajadas todos a la vez. El legía comenzó a hipar y ahí acabó la guerra del todo.

Después de aplicar sus golpecitos mágicos en la espalda del Narizotas hasta calmarlo, Valle pidió con mucho mimo a Segis si no tendría otra botellina de brandy por ahí escondida.
¡Va de mi cuenta!, dijo entrecortadamente el legía en las primeras palabras que le oíamos. Mundo se levantó y trajo otra botella.

Lo que pasó después no lo tengo claro. Pero creo que volví a quedar dormido sobre la mesa.


Salud y felices sueños, criaturos.


Pi Mienta en Polvo.

domingo, 1 de enero de 2012

Toma la calle


Oviedo 2012

Una docena (+ 3) de canciones para un momento como éste.


Revuelta juvenil en Mongolia, la patria común. Los Ilegales.


Marcha en directo de 999desde Bristol 08. Homicide.

http://www.youtube.com/watch?v=iVrLZB3lGEY&feature=related

El Iparjo, Existo,  de Kazantzidis.

http://www.youtube.com/watch?v=_Pj3ghfqMp0&feature=related

La versión desmadrada  con mal sonido, lo siento, de Poulikakos.

http://www.youtube.com/watch?v=W5uKXXVkTGA&feature=related

Y, hablando de desmadres, el Pau Riba se las trae con su Chica, Noia  de porcelana.

http://www.youtube.com/watch?v=huOf6lbSWhE&feature=related

Y una miqueta mes maior. L´home stàtic.

http://www.youtube.com/watch?feature=endscreen&v=8TncbLMndnU&NR=1

De Serrat una que me acaba de pasar la curruca versicolor.
Los macarras de la moral

http://www.youtube.com/watch?v=T7HbN-6gA6I&feature=youtube_gdata_player

Y ahora vámonos al baile compadres, ¡a lo bueno bueno!. En el fiandó con Héctor Lavoe.

http://www.youtube.com/watch?v=IhrmPFDDEC8

Ponce, ciudad señorial donde la Naturaleza sembró su belleza.

http://www.youtube.com/watch?v=N8u_XeNcW20&feature=related

Y sigue Lavoe y su Puerto Rico. El lechón de Cachete.


Moncho Alpuente y sus Kwai. Nocturno berlinés

http://www.youtube.com/watch?v=IJJgMaf0P_4&feature=related

Psarandonis. Mantinades.

http://www.youtube.com/watch?v=tBZ-nljmjy4

Un poco de haschiklídika para los mangas de la cuerda, ¡que me queo seco, pibe!. Anesti Deliás.

http://www.youtube.com/watch?v=hpxc1oIu8qs&feature=related

Andrés Calamaro. Mano a mano.

http://www.youtube.com/watch?v=9pYL0DF1tYA

Pero no quiero que se me enfaden los porteños, ahí va la réplica.
 Julio Sosa.

http://www.youtube.com/watch?v=pwsuIQ4GIi8

Extraordinario.

 "Acordáte de este amigo
que ha de jugarse el pellejo
pa ayudarte en lo que pueda
cuando llegue la ocasión"


Salud, Υγεία!

Ramiro.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Primero San Segundo


La noche de San Segundo

No tardamos mucho en llegar al centro del pueblo desde el cuartelillo. Don Ramón propuso guarecerse pues había empezado a orbayar.

Hay un tugurio aquí en Canvados..., empezó diciendo el viejo y entonces supe que me habían llevado al cuartel de ese pueblo, no muy lejos de Vilanova y siguió,... El dueño es algo colega del Narizotas, podemos hacerle una visita de cortesía, el legía también lo surte de brandy, como a mí, si lo camelamos igual nos saca una de Soberano del 63.

Don Ramón, ¿porqué me trajeron al cuartelillo de Canvados en lugar de al de Vilagarcía que estaba más cerca?
¡Carayo!, ¡¿porqué ha de ser?!, ¡porque el sargento es hijo del Pazo de la Merced que es tanto como decir del Señorío de Cambados! Su familia ha servido en nuestra casa desde hace generaciones. Alguno de mis hijos mamó la leche de su bisabuela.
Me lo decía como si le hubiera ofendido la pregunta. Pero el que estaba verdadera y justamente cabreado era yo. Pasé miedo y vergüenza, me habían dado cuatro guantazos y estaba molido de las horas que estuve en el cepo. Volví a la carga.

¿No le parece demasiado pesado el bromazo que me gastó anoche?

No habíamos hablado de ello desde que salimos del cuartel. Íbamos en fila india caminando debajo de un alero, él delante, yo detrás y Saturno cerrando la marcha. Como tardaba en contestar pensé que no me había oído. Pero no.

¿No sentía deseos de conocer a Tejerina?
¿Quién, yo?
No se llame Andana, joven, o ¿me negará que la noche del pulpo manifestaba un vivo interés por saber de la cocinera y que aún antes, en a Illa, me preguntó quién era Tejerina, que incluso indagó a mis espaldas cerca de Saturnino para satisfacer su curiosidad?.
¿Así que aquella señora era su mujer?
Se echó a reír sin contestar, después dice,  ¿A que mete miedo la...señora?.
Y los otros dos zopencos que la acompañaban, ¿también eran almas en pena?.
¡Pregunta equivocada!, me gritó casi en la cara volviéndose y parando de golpe. Satur se me echó encima y entre los dos arrollamos al manco.

¡Indiscreto, deslenguado y patoso! chilló desde el suelo.
Mientras lo ayudábamos a levantarse añadió torciendo el gesto, ¡No se pregunta a un difunto por la parca, es de mala educación, imberbe! Acaba de estropear la noche. ¡Vamos Saturno que aquí el pollo no está en lo que celebra!.
Lo siento, no lo sabía.
¡Pues ya tiene edad!
Me apetecía decirle que también barba, aunque más corta que la suya, pero callé.
¡Pero don Ramón no íbamos a pasar por lo de Segismundo!, protestó Saturnino.
¡Será otro día!, dijo tajante Valle.
Pero está orbayando y vamos a chegar empapados a Vilanova, insistió Satur.
¡He dicho!

Y desaparecieron los dos  por una calle lateral oscura y embarrada cuando parecía que la lluvia empezaba a arreciar.

¡Jodo, petaca!

Estaba solo y sin un puto duro enmedio de la calle, helado de frío y bastante mojado ya. De un humor como el tiempo, de perros.
Me metí en el primer portal que encontré abierto. Subí por la escalera buscando algún rincón oscuro o resguardado para tumbarme e intentar dormir algo. Me dolía el estómago, no había comido nada en todo el día.
En el último piso una puerta cedió al empujarla. Era un altillo, una habitación de trasteros con la maquinaria del ascensor. Varias cajas grandes de cartón vacías, de electrodomésticos, me sirvieron para preparar una yacija que me aislara un poco del frío suelo. Reservé la más grande para meterme dentro.

Había una luz de esas que se apagan solas al cabo de unos minutos, pero llegaba un débil resplandor del exterior a través de la única ventana, suficiente para ver lo más cercano.
Estaba ya metido en la caja y me disponía a cerrarla desde dentro para tratar de conservar el calor corporal cuando, casi al lado, una voz terrible y sombría dijo,

¡Éramos los dos a solas en el desvanillo!...

Sólo eso. Quedé paralizado.
Reaccioné enseguida no porque reconociera la voz sino porque pensé que quién iba a ser sino el pendón de don Ramón. En efecto, allí tenía  otra vez al viejo zombi.
¿Qué fue de Saturnino?, le pregunté.
Se fue con la chepa a otro olivo. ¡Cuando pille a ese barbián lo voy a medir con el bastón de cabo a rabo! ¡Lagarto! ¡Hágame un sitio!, dijo de un tirón.
Espere que le preparo otra caja, hay más ahí. Me levanté. ¿No tiene quién le lleve a Vilanova?
El encargado es Saturno pero el muy truhán tiene aquí una querindanga y me dejó debajo de un alero. Dijo que iba a buscar un paraguas. ¡¿Un paraguas?!, ¡¡un parapollas!! ¡Y estoy sin conquibus!
Yo tampoco tengo un céntimo, ¿y ese amigo que tenía aquí?
¿Segismundo?, ¡ése no tiene amigos, sólo saca el Soberano si ve parné!
¿Y el sargento?
¡No querrá que nos presentemos con su aspecto en una casa respetable!

No se veía a sí mismo el presumido. Se había metido en la caja  y hablábamos con las cabezas fuera. Don Ramón, con la barba, los quevedos y el pelo revuelto, ya sin boina, parecía una marioneta así embutido en la caja y sacudiendo el bastón cuando hablaba.
¿Va a dormir con el bastón?, me atreví a decir.
¡Vaya, parece que le volvieron las ganas de guasa! Pues sí, dormiré. ¡Ahí tiene al jorobeta, con la parienta de Mundo, caliente mientras el bodeguero vende aguarrás a la parroquia! ¡Un día lo van a pillar y con Segismundo no se juega, luego tira de charrasca!¡Pero antes he de deslomarlo yo como me llamo Ramón José María Simón del Valle-Inclán Bermúdez de la Peña y Montenegro!¡Hale, a dormir que mañana es fiesta!, remató el discurso y cerró la caja.

Al minuto roncaba. Yo me sentía también rendido pero tardé en dormir, estaba tan hambriento que me hubiera comido el brazo derecho del gallego, aunque el pobre tenía el ala más enjuta que la de un pollo de jaula.

Hasta mañana, salud y felices sueños.


Pi Mentón de la Vera. 

viernes, 30 de diciembre de 2011

Villancico


El ojo de dios

Por si a alguien le quedaban dudas de quién manda, con las intervenciones fraudulentas de Grecia e Italia, poco dispuestas a obedecer, o el control político a través de destacados miembros de la mafia bancaria en puestos clave de los distintos gobiernos, la democracia burguesa está enseñando el culo de nuevo, aunque aquí en la foto vela por nosotros y nos vigila.

No hay más dios que el Dinero y sólo a través de Él se alcanzan las alturas de la Gloria.


¡Gloria in excelsis Deo!
¡Gloria in excelsis Pecunia!
¡Gloria in excelsis Chorizo!
¡Gloria in excelsis Peo!


Santa Claus is coming to town. Alice Cooper:

http://www.youtube.com/watch?v=In3sApWlY1s&feature=related


Salud.

Skylorómiros
(Σκυλορώμιρος)

Callos


Morros de ternera en remojo

Ésta no es comida griega sino española. No sé si ellos los comen como nosotros ni cómo los cocinan.

Con los morros se pueden hacer unos callos de lo más fino usando la misma receta que para los normales. Es la zona de la ternera con más mucílago. El resultado es un plato que puede ser calificado sin rubor como la quintaesencia de los callos.
Como el hocico del cerdo, tiene una textura carnosa blanda, jugosa y uniforme, sin fibra muscular, pero no funde como el tocino. Una mezcla sutil de cartílago o ternilla, carne y grasilla, pero sin ser definitivamente ninguna de ellas. Y un sabor suave que no es ni el de la carne magra ni el de las mejores piezas entreveradas de la vaca.

Para quienes tengan prejuicios alimentarios, animales sagrados o prohibiciones alimenticias, o simplemente sientan repugnancia, asco o sean vegetarianos, les recomendaría vivamente el libro de Marvin Harris, ´Bueno para comer`, donde se diseccionan sin pasión religiosa, con frialdad cirujana o carnicera, una serie de hábitos culinarios de todas las culturas y pueblos del mundo, resultando un interesante estudio de cocina comparada, desde los consumidores de larvas de polilla hasta los albores de la nueva cocina.

Ahí podréis conocer los porqués de tabúes religiosos como el de la vaca y el cerdo, expuestos de manera amena y asequible desde la antropología no confesional.
Con el balance proteínico sobrevolando siempre el estudio, como la clave para explicar la evolución de la nutrición humana, el éxito de la especie y, en definitiva, su supervivencia.

¡Ooooooopsss!... . León 2011

Naturalmente para cocinarlos hay que pelarlos y la limpieza ha de ser escrupulosa. No hay mejor garantía para ello que hacerlos en casa y aún más si los prepara tu madre que lo lleva haciendo  sesenta años. Una exquisitez, ¡para gustos hay morros!.

Hablando de callos y de morros, si se entera Milito erde lohu Botinhei se nos presenta a la mesa como don Ramón, de sopetón. Tentado estuve de telefonear a Gila, otro zombi callívoro, pero me tuve, que tiene mal café en privado.
Al tratar de los callos creo que lo hacemos de uno de los platos estrella del invierno patrio.

Estoy viendo a la vaca pasando la lengua una y otra vez por ese morro, barriendo el moco y me relamo de gustirrinín, se me hace la boca agua y el culo gaseosa, licúo, compadres.

El trompetista Willie Rodríguez habla de otros callos, los de los pies de Lola, en esta grabación salsera del año 69, de su disco Soogie. Canta Sammy Figueroa aunque en los créditos figura J.I.Ortiz.

Los callos de Dolores:

http://www.youtube.com/watch?v=ITZ2tcq2Ffc&feature=related

Salud y buen apetito.

Skylorómiros.