lunes, 20 de febrero de 2012

Huecos en los tapiales -5


Ventilación en la tapia de una cuadra
San Justo de la Vega, 2012

Buenos días. Ya vimos en una plano mayor este agujero que no llega a ventanuco. Dejaron los orificios de los extremos de los paños y los agrandaron un poco, colocaron esa tabla de roble de cargadero y el ladrillo de suelo.
Hay varios parecidos en este tapial que es el de la construcción auxiliar que puse en el primer capítulo y en una imagen de Tapias-4. Es una pequeña linterna que permite una claridad mínima y, sobre todo, un medio de evitar la excesiva condensación en el interior de la cuadra donde los animales y el recocido del abono y la paja  mantienen siempre una temperatura y humedad muy por encima de la exterior.

Son muy frecuentes también los agujeros abiertos mucho después de la construcción de las paredes por lo común con el mismo objeto, ventilación y luz, por ese orden. Como la pared estaba ya muy dura tenían que hacerlo con piqueta y cortafríos. Parece ser que en muchos lugares éste era también el sistema de abrir los huecos de las ventanas.

Aquí las ventanas y puertas de los pajares solían hacerlas en el último tramo de paños del primer o segundo piso y dejaban el hueco con cargadero de madera y adobes, o colocaban el marco directamente y el madero superior hacía también las veces de cargadero. En ocasiones prolongaban ese madero a ambos lados para mayor resistencia.

Algunos de los agujeros los trabajaban después y colocaban un pequeño marco, pero la mayoría quedaron así, un tanto informes, entre el ojo de buey y el simple butrón.
Además de las cuadras otros lugares donde se abrían huecos era en las cocinas de curar la matanza, normalmente en habitaciones que dieran al norte donde no solían ponerse ventanas o, en todo caso, en la parte trasera de la casa. Pero en éstas se cuidaba de que no fueran de un tamaño practicable para chorizos choriceros (ladrones de embutido, que le pregunten ar Botinehi!...) y se reforzaban con barrotes de hierro, como vimos en la imagen de días atrás, la del ventano con la manguera roja. Y ésa ya era un poco grande y tuvieron que añadir un barrote más.

Lo dejo por esta noche, quería apuntaros todavía un par de canciones. Las dos son poemas de  Rasoúlis y las interpreta él. La primera, con música suya y de Alayani, es una versión casera, de cuando Manolis tenía la melena y la barba negras como una borrasca, acompañado por la voz de Anzí Koufoudáki. Me gusta por lo íntima y emotiva que es. Y corrió el tiempo... .

Se titula, ¡Ay, quiero a Grecia!,
¡Aj, Elada, sagapó!, Αχ, Ελλάδα σ΄αγαπώ!


La 2ª no sé si la puse, es posible que la versión de Papázoglou que es más conocida, pero no importa porque  me gusta mucho. Es la de Rasoúlis, el último músico griego al que dedicamos una entrada y del que ya he subido algunos temas. La música es de  Nikos Xydakis, del que también hay capítulo aquí  en Música cretense, aunque es egipcio de nacimiento.
Esto es lo que en mi época juvenil se llamaba el agarrao, música lenta, un poco lánguida, a media luz los besos, pensemos en eso mejor que en cosas amargas..., arrimados a las tapias.

 Aquí en las grietas del tiempo (atrapados en el tiempo), Edó sti rogmí tu jronu,
Εδώ στη ρωγμή του χρόνου


Y ésta de propina porque el título viene al pelo y nos dejará con algo más de entusiasmo en el cuerpo, ¡parece imposible que un tapial pueda conseguirlo!. También con letra de Manolis, música de Lefteris Stampouloglou.  

El muro, To tíjos, Το τείχος

Salud, Υγεία.

Barbarómiros
Μπαρμπαρώμιρος

domingo, 19 de febrero de 2012

Tapias -5


Tapia de una huerta
San Justo de la Vega, León 2011

Hasta ahora hemos visto imágenes de los tapiales de las casas, ésta es la tapia de una huerta y la forma tradicional y más común de rematarlas, con lo que por aquí llamamos "cembos", cepellones de hierba con tierra y raíces que se colocaban como protección.
Estamos en una tierra donde llueve poco, es más significativo el frío o el calor que el agua. Aunque en primavera, incluso en verano, pueda caer un chaparrón espectacular ocasionalmente, ésta es la España seca.
El objeto de los cembos es empapar el agua de lluvia impidiendo que cale al tapial. En las estaciones donde llueve aquí, en las que muchas veces sale el sol a continuación, al poco tiempo el cepellón esta seco sin que la tapia halla sufrido mayor mojadura.

La raja que cruza la pared es otra vez la unión de dos paños.

La altura de las tapias variaba sobre todo en función del lugar que protegían. Las que cercaban las huertas del interior del pueblo, como ésta, con acceso a las casas, eran más altas (2-3 m.) y mejor construídas,  El resto más bajas (1,5-2 m.) y bastas. El grosor entre 20-40 cms.
Pero en general ninguna tenía la anchura de los tapiales de las casas. Las más anchas, como ocurría con las viviendas, son las más antiguas.

Contaba Belén Lozano ( crecer), a propósito de la foto suya de un tapial derruido en un palomar de Villafáfila, en Zamora, que colgó hace tres días en Shutterchance y que comenté, que según su madre allí levantaban los palomares con adobes, y que los ricos le ponían tejado de teja.
¡Ceporro de mí!, no sé porqué entendí que era en las tapias como éstas donde la utilizaban y supuse que se refería a las que se colocan como tejadillo de remate, con una fila en la cumbre y el resto  transversalmente a ambos lados, como se sigue haciendo hoy en los muros modernos.
O bien en una sola hilada, como en la foto de abajo, que aquí cuando se usaba teja, menos veces, se colocaba de ese modo, lo que da idea también de la escasa anchura de estas paredes.

Lo dicho, senil. Pero como la melopea discursiva regresa a los viejos como una resaca, gracias al error enderecé y completé estos puntos y la explicación de lo que vemos. Puro Cebolleta.


Tapial de huerta
San Justo de la  Uve, 2011

La foto ya no tiene mucho que comentar que no sepamos. Ahí tenemos la base de piedra con abundancia de arenisca, cantos rodados de grueso calibre en su mayoría en este caso, como ocurre en  casi todos los tapiales de las huertas, y más si son de los alrededores del pueblo y no del casco urbano, donde no es raro ver piedra de otro tipo, como muestra la última imagen.

Después de este par de entradas, más los Huecos correspondientes, haré una final sobre adobes, de los que ya dimos cuenta aquí en todos los capítulos sobre tapias, a la espera de más y mejores imágenes.
Quedará también pendiente algo sobre palomares que Valentín bordaría.
Mientras escribía estos días sobre el tema pensaba cuánta gente lo podría hacer con mucho más conocimiento de causa que yo, y de zonas del mismo León, como Tierra de Campos, donde he visto las tapias más hermosas, o de las vecinas Palencia y Zamora, que conocemos bastante bien, incluída la Villafáfila que mencionaba Belén.

Alguien lo habrá hecho y no lo sabemos, y si no lo hará, porque no es posible pasarlo por alto a menos que la ceguera no sea ya parcial sino absoluta.

Sólo hoy busqué con más detenimiento Construcciones de barro y vi en Wikipedia las entradas de Tapiales y Adobes, que no están nada mal, tienen más datos técnicos e históricos que yo y manejan el lenguaje apropiado del especialista.
Después predomina la información sobre construcciones americanas porque es allí donde se mantiene más viva esa tradición, con explicaciones muy completas sobre procedimientos y demás.

En muchos casos encuentro diferencias pero es lógico porque cada país, cada región desarrolló su propio modelo, y ahí es donde quizás pueda aportar algún mínimo detalle local menos conocido.

Sea como sea me he divertido con la serie, he aprendido unas cuantas cosas y, lo que me parece más extraordinario, ha despertado el interés de los que ya considero amigos aunque no haya visto ni una foto de sus caras, Belén, Txell y Valentín, fotógrafos a los que sigo de cerca desde hace unos meses porque también a mí me gusta su trabajo.

Elegante base de una tapia de huerta
San Justo 2011

Como soy muy escéptico respecto a la eficacia de la subversión, más o menos radical, que otros muchos y yo mismo mantenemos contra el estado de cosas que nos toca vivir, los gigantes y molinos del presente, pero tampoco estoy dispuesto a entregar la cuchara al enemigo, encuentro consuelo y  fuerza en esos contactos inesperados con personas que veo que tampoco comulgan con ruedas de molino y me da por ser optimista por momentos, en pensar que no estamos tan solos.

Hoy tengo otra noticia triste, del mismo género, que añadir a la de Enrique Sierra de ayer y por eso no había preparado la entrada y me pilló el tranvía.
Los detalles no importan y de nada vale lamentarse, lloras un poco para desahogar y vuelves a casa como si te hubiera caído un chaparrón encima, y de nada sirviera correr para escapar de la empapadura. Llegas calado hasta el tuétano, otro nombre del alma, de lo que sea...

En estos momentos quisiera encontrar ese chiste de la sonrisa amarga que esbozan quienes sufren, la gracia negra que nos obliga a sonreír incluso contra nuestra voluntad de recrearnos en la tristeza. Pero eso es un arte que no está a mi alcance ahora.
La escatología suele acertar y pensé en este tema que tenía preparado para algún cular como el Botines. Yo no consigo animarme, a ver si tenéis más suerte los que no llevéis historias deprimentes en la cabeza como yo ahora.

¡Viva Méjico, cabrones!

El Tri, No hay pedo.


Salud, boas noites.

Barbarómiros

sábado, 18 de febrero de 2012

Enrique Sierra


Rosendo García Ramos, Sendo.

Estaba leyendo un comentario de Txell a las tapias de hoy, me enteré por la radio de la muerte de Enrique y empecé a preparar una pequeña entrada de recuerdo con lo primero que se me ocurrió, una fotografía y una canción de Pablo Milanés, la Carta a un amigo lejano.
Cuando volví al blog con la foto de este cuadro de Sendo habían desaparecido todas las fotografías, sólo quedaban los textos.
Al poco recibí un correo de la curruca Blasensis, que suponía que yo estaría al aparato, dándome de nuevo la noticia. Llevo cerca de dos horas porfiando y no sé cómo se arregló esto.

¡Y yo he pospuesto la entrada que debía a Radio Futura varios meses!.. . Se la debo por amistad, pero también por su música.

Los conocimos el año 80 y si entre ellos había algún inocente, con esa pinta, ése era Enrique. No hay tregua creo que dije el día que murió Tàpies, o Angelópulos o... . Por mí, res mes, ya me basta.

¡Que tengas, que tengamos un buen viaje, amigo!


Ramiro

Huecos en los tapiales -4


Ventana de un pajar
San Justo de la Vega, 2011

Me han animado tanto Valentín, Belén y Txell con su interés y sus comentarios que decidí seguir de momento con el barro. Haré una entrada con fotografías de adobes y otra, o un par, de las murias de tapia de las huertas, más estrechas que las paredes de las casas y con algún detalle particular. En medio colocaré más imágenes de huecos así que, a los poco tapiadores, os seguiré martirizando unos días más.

Ésta es la ventana de un pajar, en un primer piso. La casa es también de las más viejas del pueblo, con alero de pizarra que aquí no vemos y tejado de teja, todavía. Se mantiene bastante digna y nunca había sido revocada, hasta esa capa de cemento reciente tirado a paletadas sobre la tapia sin más contemplaciones (es técnica, no descuido) en el primer piso.

La madera no vio jamás la pintura. Antes de las sintéticas, de fácil uso, popularizadas ya en los años sesenta, las más afortunadas podían recibir alguna manina de aceite de linaza, y para de contar.
Poco más se puede añadir del modelo de tapial, es un acabado tosco que no tiene el enlucido de barro que daban a muchas de las paredes externas e internas de las casas. Pensemos que se trata de un local auxiliar.

Volvemos a lo dicho ayer, la rehabilitación correcta exigiría una mayor inversión e incluso no sería fácil encontrar quien la hiciera, no por falta de manos o voluntad sino por desconocimiento del oficio.
Cuando los pajares ya carecen de uso, porque tenemos el campo medio abandonado, ¿quién puede pararse a conservarlos?
Como me decía Valentín, que rehabilitó un palomar, lo hizo por un capricho del dueño que, naturalmente, no tendría necesidades mayores.Ya es algo impedir que se vengan abajo. Dejémoslo ahí.

No me extrañaría que, tras la colección de imágenes de estos capítulos, alguien me dijera que escogí lo más feo que encontré en el pueblo. Es cachondeo, no somos tan malos. ¡Y hay gente pa tó!
Las bromas irónicas que hago sobre mis paisanos, que es como  reírme de mí mismo, es una cura en salud porque no sería elegante poner en solfa a los demás sin dejar muy claro que todos podemos ser objeto del humor ajeno.

En cuanto a la belleza de los motivos que colgué no me bajo de la burra, a mí me gustan más que la mayoría de las nuevas construcciones. Podría razonarlo de nuevo, pero creo que toda esta serie ha sido en gran medida un intento de demostrarlo, y junto a ello poner de relieve el trabajo admirable de nuestros mayores.
Y, si cabe, señalar la relativa ceguera que las modas nos imponen. Modas que son parte de nuestra ruina. ¡La contaminación es ya bestial!, y no hablo de la atmosférica ni del agua.

Junto con el río y el monte, lo que más me gusta de mi pueblo es lo más humilde, donde encuentro su alma, que ya tiene mérito no creyendo en espíritus.

Mikel Laboa, Zaude lasai, No se preocupe.


Para darle una oportunidad a la sonrisa después de la languidez de Laboa y la tristeza de las imágenes del vídeo, voy a dejaros algo más animado.
Aunque sólo fuera por el apellido del artista ya vendría bien aquí, pero sobre todo por su espectáculo de ilusionismo y marionetas, con ese tierno detalle ecologista,

 Xavier Tapias y su "Robot".


Agur, salud i bona nit!

Barbarómiros

viernes, 17 de febrero de 2012

Tapias -4


Adobes  en la cumbre de una casa de tapia
San Justo de la Vega 2011

Ya vimos alguna imagen de los aleros en una fachada y en la parte posterior de una casa, incluso uno de pizarra, el material que se usaba para estos menesteres en las construcciones más antiguas del pueblo. Hoy traigo otros dos.

Este es el lateral de una casa con el tejado a dos aguas, el más común aquí, donde se aprecia bastante bien la resolución final con adobe hasta ganar la cumbre. La vivienda es muy vieja y parece haber cedido en esa falla que la cruza y que desalineó los adobes, aunque tal vez, en esas alturas, no importara tanto trazar una línea recta como terminar la obra.
Pero ni por asomo se me ocurriría llamarle chambón al que construye una casa con los materiales más humildes y que lleva en pie más de doscientos años.

Hablando de chapuzas, y lo he recordado en más ocasiones, espero que no me apedreen los del pueblo, como tejedores no teníamos fama de muy finos los de San Justo. Las monjitas astorganas compraban su ropa interior aquí (¡un negocio porque de aquella eran legión!).
Lo cuenta Concha Espina en "La esfinge maragata", "usamos ropa interior de lana muy gruesa tejida en San Justo", le dice la superiora de un convento a la protagonista. Se supone que trataban de disciplinarse con el rudo tejido sanjustino. Ajjj, Panayitsa mou, Virgo tremens!

Astorga, plaza de curas y militares. Y de otras muchas cosas, por supuesto. Saltándome las tapias, no evitaré de nuevo a Valle-Inclán...

...y las niñas que acuden al sermón
mejillas sonrosadas por el frío
de Astorga, de Zamora, de León

Todas ciudades levíticas y aguerridas, ¡qué bien supo don Ramón captar esa atmósfera eclesial, fría y reverente que es la sustancia misma de la educación curil o monjil que recibimos, obediente, servil dentro o fuera de la sacristía! Dejad que las niñas se acerquen a mí (y los niños). Esa cosa sebosa.
Siempre  me recuerdan unos versos de Jacques Prévert en "Parole", sólo que el arousano fue más sutil y lo escribió antes. Decía Prévert, cito de memoria:

Ese funcionario de gobierno
cuya esposa le lleva no pocos años
tiene unos modos tan acariciadores
cuando le da la mano a las muchachas...

Gila con bisera de uralita

Es lo único que falló en este pajar, el tejado, pero la viga transversal, de la que vemos el extremo, está también desencajada tal vez porque la durmiente (Valentín) sobre la que descansa cedió y tuvieron que habilitar una solución de emergencia con esa cuña que sujeta por abajo la traviesa rota. Pero la tapia se ve tan flamante todavía y hasta conserva la capa de barro bajo las losas, tapando las hiladas de adobe.
Sé que en muchos casos otra solución diferente en casas tan antiguas destinadas en su mayoría al derribo en un tiempo más o menos breve, es muy cara para la familia que ha de asumir la rehabilitación. Pero siento pena.

Han desaparecido también muchas tejeras locales que ofrecían un producto más barato, aunque no tuviera el acabado que consiguen los grandes monopolistas del negocio, que no lo fabrican de mejor calidad. Y con ellas perdimos, en cuatro días, puestos de trabajo en una actividad regional, ligada también a la arcilla, que fue rentable durante muchos años.

Vamos liquidando nuestro patrimonio artesanal, cultural, sin que las alternativas hayan resuelto problemas como una vivienda digna para todos, que debería ser el objetivo prioritario de toda política urbanística que se precie.
En zonas rurales como de la que hablamos ese problema es mínimo, nadie vive en la calle.
No se trata de regresar a las cavernas, pero aquí sería fácil volver a un tipo de arquitectura más sostenible. Toda contribución, por pequeña que sea, es positiva.

Y los modelos urbano y rural son distintos, a nadie más que a mí se le ocurriría levantar un rascacielos de tapia en la Gran Vía manchega. O una catedral de adobe aquí "en la zona rural".
No dejaría de ser una atracción turística excéntrica, a ver si alguien recoge la idea y le saca partido, que están las cosas muy mal, compañeru.

Trato de no perder el humor.

El hecho es que los especuladores del suelo y el ladrillo en connivencia con la mafia bancaria son una de las causas de la actual crisis, que emerge ahora pero que viene de lejos, desde que dejamos de mirar a nuestro alrededor y nos dedicamos a correr delante del progreso. La conciencia sigue anclada, cuando la goma dé todo lo que puede dar de sí el retroceso no será desaceleración, será  espachurramiento contra el punto de anclaje, contra la realidad presente.
Abandonemos la carrera. Veamos lo que tenemos sin renunciar a ningún derecho. Parole otra vez,  bonitas palabras...

No he dedicado apenas espacio a ensalzar estas construcciones tradicionales porque me he centrado en describir, con palabras torpes y escasas porque soy lego, el proceso de construcción y las fotografías.  Lo haré enseguida.

Solución para ventilación en los agujeros de los tirantes
San Justo de la Vega 2012

Se trata de la dependencia auxiliar que veíamos en dos imágenes del primer capítulo, una de las casas de tapia de más reciente construcción, menos de un siglo.

La solución de conservar los agujeros en los extremos de los paños se convierte aquí en una graciosa artesanía constructiva, con ese ladrillo en la base y una pequeña tabla de cargadero. Tengo por ahí algún primer plano de ellos.
En la imagen destacan también las dos hiladas de adobes que coronan los dos niveles del tapial, circunstancia que no siempre se producía, era más frecuente alzar un paño sobre otro sin la línea intermedia de adobes, salvo en el suelo del primer piso y en la techumbre del edificio, para el apoyo de las vigas, lógicamente, entre ellas se ponían los adobes, ¡hasta yo me aburro de repetirlo!.

En fín, una casa de tapiales en su punto no tiene nada que envidiar a cualquier otra construida con materiales llamados nobles, como la piedra, ni en belleza, ni en habitabilidad. Aunque ésta la supere en solidez no la mejora en condiciones de temperatura y humedad, mostrándose por el contrario la tapia más apropiada para las regiones de clima continental, de inviernos fríos y estíos tórridos como los de la Meseta, ya que presenta un mejor balance de intercambio atmosférico con el exterior y es por tanto más rentable: ahorra calefacción en invierno porque es más caliente y en verano acondicionadores por ser más fresca, como el botijo.

No sobra recordar que estamos también en tierra de bodegas excavadas en barreros y, aunque bajo tierra aumente la temperatura, el comportamiento de la arcilla es único en su relación con el ambiente y el termómetro, incluso a bajísimas o altísimas temperaturas.

Hay un detalle que no pasaré por alto. La construcción de tapia era más laboriosa que el ladrillo que la arrasó (y no tengo nada contra el ladrillo como elemento constructivo, que quede claro).
Es evidente que al abandonarse los antiguos modelos de construcción éstos no evolucionaron y la descripción del trabajo se queda casi en el relato de una actividad poco más que artesanal. Lo digo porque Leandro Rabanal, el especialista, contaba riendo el mucho tiempo que se echaba en levantar una casa, y sobre todo lo duro que era el trabajo y lo poco que se ganaba.

De nuevo tenemos ahí la velocidad de crecimiento y el balance económico. ¿Ahora que amenazan con recortarnos hasta los huevos sería cuestión de no comprar cuchillas de afeitar y dejarnos las barbas?. Con la miseria de sueldos que cobran, en especial los jóvenes, ¡los pocos que trabajan!, ni siquiera tienen el recurso de ponerse a hacer adobes y construir su propio nido, llámale choza. Sería mejor que la intemperie.

Debemos racionalizar nuestras espectativas, los medios con los que contamos y las fuerza para cumplirlas. Inflamos las espectativas, despreciamos los medios y  sobreestimamos las fuerzas. Como decía una antigua expresión castellana, hoy lógicamente en desuso, ¡Tente tapial!, es decir, sin prisas, poco a poco. Sigá sigá.

Moisés y Carlos, con una guitarra y un tres buscándose la vida en Suiza, buen dúo.  A caballo vamos pal monte...: El carretero.


No puedo poner otra versión de Amor canalla (Saltando las tapias/ robando melones/luna llena en la cara/y un plato de macarrones...), del Pulgarzito, aunque la que más me gusta es la que ya coloqué en Murias, porque se la retiraron de la circulación. La sustituyo por El blues de la luna, de su disco  Púlgar (95), con acompañamiento instrumental y coros de lujo, porque a un colega siempre es un placer escucharlo.


Salud

Barbarómiros

jueves, 16 de febrero de 2012

Huecos en los tapiales -3


Casa de tapia en derribo

Buenos días. Vemos en esta imagen el esquema del modelo más sencillo, piedra y tapia a continuación, de la base de una casa de tapial, más joven que la de ayer, de muros menos gruesos. Podemos observar también las dos filas de adobes sobre el dintel de la puerta que aquí parecen hacer además las veces de un cargadero puesto que no apreciamos ningún otro.

El ejemplo nos servirá también para volver a los revoques con cemento y enlucidos de yeso sobre las paredes de barro, que prometí tratar. Repito que, todavía, la mayoría de las casas del pueblo son de tapial ahora cubierto por el revoque y la pintura, tal como muestra la fotografía, o el ladrillo, la piedra artificial y hasta el azulejo, extraño aquí.

Como la tapia no hace muy buenas migas con el cemento y éste apenas consigue agarrar en la arcilla, los albañiles se vieron obligados a ingeniárselas para conseguir una mayor sujección.
Clavaban una alambrera en el tapial, con abundancia de clavos, y echaban la pasta directamente sobre la pared, de modo que las cuadrículas, formando una red de microencofrados, sujetaban el cemento hasta fraguar y le daba mayor consistencia final al revoque. El enlucido con yeso sobre la pared de cemento resultante, en su caso, ya no suponía ninguna complicación.

No obstante, después de años sin habitar y algunas totalmente abandonadas a su ruina, muchas casas aún en buen uso, presentan desconchones en las paredes, en el interior y en el exterior, como los que vemos en la foto de esta casa que ya dejó de serlo.
Tal parece que se despellejaran, que se abrieran las heridas de antaño para dejar al decubierto nuestra realidad íntima, siempre humilde, y pobre con frecuencia. Y nuestro pasado y a nuestros mayores, de los que debemos sentirnos orgullosos, porque ellos nos hicieron y su herencia de trabajo sigue en pie mientras nosotros... y las tapias, estemos vivos.

Todo ello no nos cierra el ojo puesto en la realidad actual que sufrimos, no menos calamitosa, aunque no tengamos arte ni parte en sus causas, ni nos obliga a excluir a la variedad de pueblos y gentes que hay en este mundo. No se trata de mirarse el ombligo tanto como las entrañas.

¿Qué compartiremos cuando no tengamos ya nada propio que ofrecer? Y no me refiero a la propiedad de un bien mostrenco que se compra con dinero, claro está.

Mañana pensaré qué hacer con algunas de las fotos, de los mismos temas, que me hubiera gustado enseñaros y cómo rematar la serie.
No he podido hablar con "mi asesor", ¡a lo grande!, y amigo Leandro Rabanal, maestro de obras ya en el dorado retiro, que fue quien me dio las indicaciones más técnicas que aparecen en las distintas entradas, y a quien agradezco de veras su ayuda e interés. Espero que la siguiente conversación con él me ayude a despejar algunas dudas, entre ellas la que me planteaba Valentín Cabañas sobre el posible uso de drizas de esparto como tirantes, en lugar de listones o palos de madera en los encofrados de los tapiales.

Tengo pendiente además el tema de los palomares de tapia por los que también se interesaba Valen. Y la curruca Blasensis me animó a ver un tapial espectacular de adobes en su pueblo, Morales del Arcediano. Espero hacerlo.
Por último están las ventanas, puertas y portones, la mayoría también en paredes de tapia, que trataré que continúen en esta etiqueta de Arquitectura a los capítulos de esta semana, por tener al grueso de imágenes de tapiales reunido ahí en una tira sin interrupciones, lo que facilitaría su lectura sin andar saltando, pero debo decidir si lo haré ahora o más adelante.

Os dejo, cumpliendo lo prometido, la segunda parte de la grabación que el programa asturiano de la TPA, Camín de cantares, uno de los mejores de la cadena y de producción propia, realizó al tamboritero maragato Eduardo, de Viforcos aunque vive en Astorga, que fabrica también sus propios instrumentos, interpretando a la flauta y al tamboril, La jota, La procesión, La casada, La dulzaina, El corrido y Las boleras. Se abre con el tema del Toque a beber que quedó interrumpido ayer.

Añadiré que, si bien puedo escuchar el Hombre esquizoide de siglo XXI de King Crimson y emocionarme, con esta música se me sale el corazón del pecho, se me levantan los brazos solos, doy pitos y zapatetas y volteretas y riauriaus, y eso que soy un zote en jotas y fandangos. Pero como cuando escucho un buen zebékiko griego, una tonada con o sin gaita, o un flamenco jondo, me pasa lo mismo, pienso que no es sólo cosa de raíces, aunque todos estos palos las tengan. Tiene mucho que ver con la alegría, con el baile y con las emociones sencillas que todos llevamos agarradas al alma (zen).

Las canciones maragatas de Eduardo, de ayer y de hoy, hubieran merecido un par de entradas en Música española junto con otras grabaciones de distintos intérpretes y lugares, o ilustrando los capítulos de Murias que hablaban de Maragatería. La relativa imprevisión en que me muevo y el gusto por cosas dispares permite la cohabitación de la tapia con Alice Cooper o de La peregrina, la jota maragata más conocida, con el Batis, un rebetis colgado y trágico.

Es sano airear la casa y que entre la luz con todo su espectro al completo.

Para los que no disfrutéis con la música tradicional, ya perdéis bastante, ahí os dejo un tema de Sleepin Pilow que me envió Giannis Tzakós hace unos días. Ésta es también de la banda psicodélica de Andrés Edo, aunque de la nueva hornada. Volvemos al trío es esto. Espero que os guste como a nosotros.

An idiot´s point of view.

Salud, Υγεία!

P.D. Confío en que mi colega el georgiano Louk, el griego Lukas Papadimos, el extremeño José Carlos "Chumbarba" Herrero, de Geotropía, tamboritero menos experimentado por joven, haya tomado nota del manejo de Eduardo y haga algún comentario al caso aquí, pues al fin y a la postre no sólo sería la contribución de un amigo sino también la de un especialista, que agradecería. Disculparía mejor la falta de la curruca Blasensis, músico y maragato de sobera. 
Pero, por si acaso, ¡escucha Pappadimos, como no te enteres esta vez te voy a depilar la chumbarba pelo a pelo, granuja! ¡Deja a Camilo vi y güerve a la frauta y al tamboril, desertor!

Que durmáis bien.

Barbarómiros

miércoles, 15 de febrero de 2012

Tapias -3


Remate de una pared de tapial
San Justo de la Vega 2012

Hola. Aquí tenemos el remate de un tejado en una pared de tapia, otro de los lugares donde se combinan los adobes con el tapial. Sólo asoma un poco el pico un adobe.
Tuve que aplicarme buscando cuando hice la fotografía, porque ese hueco debajo de la madera parecía indicar que se trataba del marco de una ventana cegada, un hecho común en las casas de tapia, como el de abrir nuevos huecos posteriores a la construcción. De todo ello tengo también ejemplos fotográficos.

De todos modos no hubiera importado porque entonces el marco superior haría también la función de viga, repitiendo el esquema general que he podido ver en la mayoría de los remates. Pero esa traviesa de madera se prolongaba varios metros a derecha  e izquierda, tapada casi por completo por una capa de barro que impedía ver también la fila de adobes que hay sobre ella.

En conclusión: en lo alto de la tapia colocaban una tabla o vigueta de madera  del calibre necesario para soportar y repartir el  peso del tejado, sobre ella iban las vigas transversales, que aquí no se ven, y entre  ellas una o más filas de adobes hasta alcanzar la altura de la viga, como se ve en el detalle de la foto inferior, ahí el suelo de un segundo piso.

La inmensa mayoría de los tejados del pueblo son a dos aguas. El remate del que aparece en la imagen superior, con pizarra plana sin trabajar apenas, es cada vez más raro e indica también la antigüedad de la construcción. En los aleros de las viejas casas era más frecuente que la madera.
Y ya vi algunos pajares de tapia y alero de pizarra que habían sustituido la teja por uralita, que es como si Gila, de pana pana, llevara una boina de plástico colorao, y capada.
Lo del rojo pase, la capadura Paco la soportaría muy malamente, ¡y con el genio que tenía!..,  pero bueno.
.
 
Tapia, madera y adobes

Como estamos entre adobes, es decir, entre dos fotografías con ejemplos de "ese elemento constructivo", y puesto que hemos dicho ya lo más significativo acerca de las tapias, vamos a dedicar estos dos tercios que restan a adobarnos.

La pared de adobe es menos frecuente que el tapial en las viviendas. Aparte de los usos auxiliares descritos, se utilizaba algo para las murias de las huertas, y en pequeñas construcciones, pajares, cuadras, chamizos anejos a las casas. Y en el interior para los tabiques, cuya colocación en espiga ya intenté explicar en un capítulo anterior.
Se colocaban entre dos palos o listones de madera verticales y paralelos, sobre una pieza de roble y se remataba en el techo con otra pieza más ligera. En el piso inferior los adobes de los tabiques eran por lo común de mayor calibre, en el superior más ligeros, para no recargar el peso.

Los adobes se hacían con arcilla, paja trillada y agua. Al igual que lo dicho sobre el tratamiento de las tierras que se usaban en las tapias, la materia había que escogerla y trabajarla con ahínco.

El utensilio que empleaban para fabricarlos se llamaba Adobera. Es un molde de madera, de planta rectangular, hueco, con divisiones del tamaño de los adobes apetecidos. Las dimensiones de las adoberas eran pues funcionales y variaban de acuerdo a las necesidades.
Las medidas exteriores más frecuentes, no obstante, eran  50 x 40 cms., o con una división central, de manera que el molde tuviera cuatro divisiones para adobes de 40 x 12,5 cms., u ocho de 20 x 12,5 cms.
El grosor de los bloques finales era también variable, dependiendo del lugar donde iban a ser colocados u otras necesidades particulares.

Hecha la mezcla de los materiales, con la masa resultante se llenaban las adoberas, en el suelo, hasta el borde, y con una tablilla se nivelaba la superficie superior quitando el material sobrante. A continuación se retiraba la abdobera, que estaba provista de dos asas en los laterales, sacándola hacia arriba. Se dejaban secar unos días (15/20) y listo.

Mi abuela paterna tuvo once hijos, empezó a parir a los 17 años. Los dos primeros no sobrevieron pero sí los siguientes, de entre ellos 7 varones. En el verano, cuando no había escuela, ¿qué hacían siete pichas metidas en casa? Pelearse y armar jaleo. Mi abuelo los mandaba a fabricar adobes para tenerlos entretenidos, adobes que se almacenaban en el secadero y que el invierno siguiente se encargaba de malbaratar convirtiendo la obra del verano en un montón de barro y paja.

Tapia en la base y adobe sobre ella

En esta fotografía podemos apreciar algun detalle que ya comentamos. Es la base de la tapia de una vivienda, la de la foto de la manguera roja y el ventano. Aquí la base es sensiblemente más ancha que la tapia, algo no infrecuente, y sobre ella se colocaron tres filas de adobes antes de empezar a levantar el tapial propiamente dicho.
Parece que la base fuera de barro, sin embargo, aunque no pude apreciarlo porque no está al decubierto por la capa de barro que la tapiza, creo que detrás hay piedra y, desde luego, debajo de las tres filas de adobes hay otra de la misma anchura que la base, por lo tanto de mayor calibre que los superiores.

Recordemos que los otros dos esquemas que vimos de estas bases eran, empezando desde el suelo: el más simple, piedra y tapia sobre ella, o añadiendo una hilera de adobes de la anchura de la tapia, encima de la piedra, antes de alzar el tapial.

Aquí se complica un poco y quizá se explique por la antigüedad de la casa. Con el tiempo se fue simplificando el procedimiento a la par que se reducía también el grosor de las paredes y aumentaba el tamaño de los huecos, puertas y ventanas. Las más modernas dan la sensación de mayor ligereza por eso.
Y voy terminando. Mañana colgaré otra imagen intermedia sobre huecos y veré después qué rumbo sigo. Me pasa lo mismo que con las sombras, tengo un montón de imágenes todavía, pero tal vez convenga una tregua más larga que la de ayer con Valentín.

Estuve buscando alguna grabación del Maragatu, un histórico de la tonada asturiana, por unir a la Vega dos regiones amigas, Asturias y Maragatería, pero no hay nada de los primeros maestros, así que escogí ésta de la TPA (la tele asturiana), con entrevista incluída, muy interesante también porque habla de los estilos, de los instrumentos del folclore maragato, tamboril, flauta y castañuelas, o de las maderas que se usan, la urz o brezo, y porqué.

El folclore de Maragatería es tan rico que todas las zonas que rodean Astorga, no maragatas, como en la Vega en la que estamos ahora con las tapias, participan del mismo y sus sonidos y sus ritmos son tambien los nuestros, con ellos se educó nuestro oído infantil.
Como el vídeo dura más de 14 minutos con la entrevista, que no tiene desperdicio y recomiendo, os dejo otro tema más corto como aperitivo, por si alguien no gusta de este bocado, exquisito para mí. Eduardo toca en ésta las castañuelas y está acompañado a la flauta y al tamboril por David Alvarez, instrumentista y estudioso del folclore leonés que preparó el encuentro y asesoró a la dirección del programa.


Os dejo con Eduardo, de Viforcos, rayando con el Bierzo, ya tiene algo del deje berciano, hijo y nieto de tamboriteros, que interpreta  Ronda, Alborada, Entradilla, Toque de mayordomo y el principio del Toque a beber. Mañana pondré la segunda parte que completa ese estupendo programa.



Me hizo gracia en la entrevista el comentario que hace el paisano al explicar e introducir la última canción, de la que sólo podemos escuchar las primeras notas. Es la del Toque a beber y dice Eduardo, no sin sorna, que a la taberna sólo iban los hombres, "las mujeres tienen prohibido el vino porque se les pone el ombligo azul cuando lo beben". Ya antes, cuando el entrevistador asturiano pondera su maestría tocando los instrumentos, Eduardo, serio y por lo bajini, le contesta, "Sí, aquí sería el mejor, como no hay nadie más...". ¡Bravo Eduardo!

¡Salud!

Barbarómiros

martes, 14 de febrero de 2012

Salud, Valentín


Coraçâo com corâçao

Esto de las fotografías y las tapias une mucho, y mira por donde el santo onomástico de Valentín Cabañas (carasur) cae en medio, no de los trigales sino de los tapiales, donde yo sigo colgado cabeza abajo, como un murciélago o ese corazón  del revés de la foto, tras el cristal.
Separados por las tapias. Una tapia agujereada,  La tapia tenía un precio, El bueno, el feo y la tapia, Por un puñado de tapias, no se porqué me dió ahora por el spaguetti y Morricone, es que siempre me recuerdan el desierto almeriense -ahora el valentiniano-, Méjico, Buñuel, y las tapias. Unidos por las tapias.

 Descansemos del tapial hoy, Valentín.

Parálisis Permanente, Unidos.

El manchego Juan Carlos Rubio (offtravels) me tomaba el pelo en un comentario a su fotografía de ayer, con una cuerda rodeando un árbol, recordándome que San Valentín era hoy. ¡Tienes más maldá que un callo en el pie, Juanete! Escuela cervantina la de estos manchaos.

Me declaro  al menos tres veces al día de palabra, no siempre a la misma persona, sin contar los actos amorosos. Y con frecuencia me emociono haciendo el Romeo. No es exhibicionismo, es que soy un blandengue del copón y me lo creo.

Pero no son declaraciones de amor redactadas por el Corte Inglés. Ni ésta. Es mucho más, un guiño amistoso para un cómplice aprovechando una efeméride bastante tontaina. No tengo remedio, se me sube a las barbas el monje ecuménico que cargo encima. Y el apor por la hupanidad.

¡Disculpa la licencia y la guasa, Valen, soy un sentimental del carajo! Espero que te rías.

Αχχ, Αφροδίτη, μου!

Que tengáis un bueno y pacífico día, y mañana también.

Jariko Pajariko hacen su versión rockera de
A La Mancha manchega, una tradicional muy conocida.


¡A La Mancha manchega
que hay mucho vino
mucho pan, mucho aceite
mucho tocino!

¡Y si vas a La Mancha
no te alborotes
porque vas a la tierra
de Don Quijote!


¡Salud!

Ramiro

lunes, 13 de febrero de 2012

Huecos en los tapiales -2


 Puerta de pajar en la parte posterior de una casa
San Justo de la Vega, León. 2011

Bon día. Ahí tenemos una buena imagen de la utilización de los adobes en combinación con el tapial.

La puerta es de un pajar y está un poco elevada respecto al suelo, como en la mayoría de los pajares, ubicados en la parte posterior de las casas, tanto en los que ocupaban un segundo piso sobre la cuadra de los animales, para poder cebarlos directamente por los huecos que se habilitan en los pisos de tabla, que se abren justo sobre los pesebres, como en los que, como éste, ocupan un altillo angosto en el primer piso. Era necesario aislar la paja de la humedad del terreno para asegurar un correcto secado y almacenamiento.

Sobre esta puerta, vieja pero más endeble que el ventano de ayer, sí pusieron un cargadero de pizarra. Cincuenta centímetrοs más arriba está el entramado de vigas que forman el suelo del piso superior. Los huecos entre ellas fueron rellenados con adobes del mismo calibre que los maderos. Encima vuelve el tapial. Todo ello descansa sobre un costero de madera que va directamente en la parte superior de la tapia del piso inferior.
Es el esquema más frecuente aquí. Dependiendo del grosor de las vigas o del tamaño de los adobes se ponían una, dos, tres..., hiladas de adobe hasta alcanzar el nivel deseado.

En la tapia que presentaba Giannis Tzakós en su fotografía del viernes me pareció que el modelo constructivo de una tapia griega era diferente. Los paños no eran muy grandes, de 60/80 x 40/50?, sin embargo parecían haber sido hechos, como los adobes, fuera de la obra, no en su ubicación última, como la tapia. Éstas son conjeturas mías.
Daba la impresión de una técnica mixta: hacen los grandes adobes fuera, pero con los materiales de la tapia, sin la paja que lleva el adobe, y los colocan como bloques, ladrillos o adobes.
Hay que hacer una salvedad, porque los adobes, para los tabiques interiores, se colocaban inclinados, no unos sobre otros, horizontales, sino formando ángulos de 90º, con el lado estrecho de uno descansando en el ancho del inferior, como el dibujo de una espiga. Es difícil de explicar y más de comprender, supongo, siento no saber dibujarlo sobre esta  página.

Ya anuncié un capítulo dedicado al adobe. Por si alguno no lo sabe, dejádme que repita una descripción rápida: es un ladrillo de arcilla, paja y agua que se seca al sol y se coloca sin cocer, tal cual. Por hoy es suficiente.

Ahora que los griegos, a tres horas de aquí, pelean por la supervivencia contra todas las mafias, que es una sola, la de la pasta, ¡¿cuál si no!?, y contra la indiferencia de medio mundo, ¡qué gran ironía La Gran Grecia Clásica en boca de los demócratas de-toda-la-vida-, de los fascistas de siempre!, ahora queremos recordar una canción de Zanos Mikroútsikos, de un poema de Nikos Kavadías, El cuchillo, To majeri, de su libro Stavrou tou Notou, La Cruz del Sur. En él Kavadías habla de un marinero que pregunta por un cuchillo en el puesto de un mercado africano. El comerciante le hace el producto en negativo: el cuchillo ha rodado de dueño en dueño provocando una desgracia en cada ocasión, no se lo aconseja. Pero si lo quieres, Parto!, ¡Cógelo!..., dramático y terrible.

Canta Basilis Papakonstantinu, Βαςίλης Παπακωνσταντίνου,

Το μαχάιρη.

Y ésta no estaba prevista para hoy, pero tenía la dirección al lado y la copié equivocadamente. Como es un rollo macabeo esto de buscar y subir canciones, me equivoco, me sale un premio de ésos de pega en lugar del vídeo, no están disponibles en ese momento, etc., etc., la voy dejar.
Nos viene también muy bien aquí en realidad, ya que hablábamos de la compra de un cuchillo..., observad la última imagen del vídeo. Las armas vuelven a las manos de quienes las entregaron.

Vale la pena comentar esa escena. Creo que son imágenes históricas de la entrega del armamento por parte de la guerrilla comunista que luchó contra los nazis y sostuvo después una guerra de tres años contra la monarquía y las fuerzas aliadas que la apoyaban. La entrega fue pactada en los acuerdos firmados en Várquiza, que ponían fin al conflicto civil, y dejó a los militantes de la izquierda inermes frente a la traición posterior, las matanzas y represalias que desató el poder. La cosa está clara.

Es Tzimis Panúsis, gran cachondo y crítico, en Neoélinas, Neogriego. 


Salud, Υγεία!

Barbarómiros

domingo, 12 de febrero de 2012

Tapias -2


Solar con casas de tapia
San Justo de la Vega 2011

Buenas. Hemos visto ya varios solares que antaño, hasta ayer, ocuparon otras tantas casas de tapia, y hay muchas deshabitadas y algunas ruinosas. La crisis retrasará seguramente la construcción de otras nuevas.
¡Nos quedamos sin las tapias y no tenemos dinero para cemento y ladrillo, hay que joderse!

Es cierto que debajo del cemento y el revoque visible de muchísimas, en buen estado y habitadas, hay también tapial, pero han cambiado tanto su aspecto externo que renunciaron a la belleza del barro, poco apreciada, en beneficio de una estética tal vez más funcional, pero sin carácter.
No digo que en los interiores no primen las razones de mayor y más fácil limpieza de los nuevos materiales, que lo entiendo, más ocupándome de la casa, pero ya se habían habilitado soluciones para impedir el deterioro del material, y la limpieza depende más de las personas que del  palacio o la choza que habiten. Guarra, guarra la (rancia) nobleza espaniola.

Un avance en todos los pueblos, sin duda mucho más importante, hablando de higiene, lo constituyó la popularización de los cuartos de aseo y baño, hecho paralelo al abandono de formas de contrucción tradicionales, del tiempo donde el único servicio cubierto era la cuadra, para el resto el campo  abierto. Y ese hecho es apenas de los años 60, cuando comienza el desarrollismo desatado. Bien por los retretes, pero con ellos llegó la diarrea.

Ya existían antes, aunque en muy pocas casas, los pozos negros. Pero cuando se llenaban había que vaciarlos a pala, ¡horrible! En la de mi abuelo, con familia numerosa, había una especie de tarima elevada de madera para sentarse, el Trono, con tres tamaños diferentes de agujeros redondos y su tapa correspondiente, también de madera, para culos grandes, medianos y pequeños. Cosas de la bulería del abuelo Cebolleta (yo), que asentó sus reales en un trono más limpio que un Bogbón.

¡Y era un rincón de charla y confidencia, de conciertos bajeros y pérdida del pudor, por la brava!  Esto ya era escatología...

En la foto superior se ven también muy bien los paños de los tapiales, pero será la siguiente la que tomaré como modelo para hablar de ellos.

Base y paños de la pared de una vivienda
León, 2012

La vista nos engaña porque lo que vemos no es la tapia sino una paredilla de hormigón que le adosaron y que conserva todavía la fotocopia de los paños del tapial que hay detrás, los agujeros de los palos que servían de tirantes al encofrado y las líneas externas de la pieza rectangular original.
Además no sé si el color muy amarillento, casi dorado, de la arena para la construcción que se utiliza en el pueblo, será el responsable de un camuflaje del color casi perfecto.
Sólo la unión del cemento con la base da alguna pista, pues se ve que el hormigón se escurrió cubriendo las rendijas y parte de la primera fila de piedras, que tal vez tampoco formaron parte de la base primitiva, sino que se añadieron para conseguir un mayor agarre del hormigón, máxime cuando la siguiente línea inferior, ya de la base original, es de adobes y el cemento no tiene un buen agarre en el barro. De esto trataremos más en otro momento.

Pero no importa la impostura en este caso, porque quiero hablar ahora de las medidas y para eso sí vale, por otra parte se ve muy bien la base sobre la que se asienta la pared, que sí es la original del tapial.

La altura media de esa base de piedra, del suelo al tapial es de 70 cmts. (60-80).
Las medidas del rectángulo, de los paños, 2,50 x 1,20 mts., en la mayoría de los ejemplos que vi y en las fotos que puse. Los encontré también de 2 metros, con la misma altura, y Leandro me decía que se hacían también de más de 2,50 m., en cuyo caso aumentaba el número de agujeros para los tirantes al encofrar, de 6 a 8.

El proceso contructivo, tras un cimiento de piedra, cantos rodados o lo que hubiera disponible, seguía con la base de piedra visible. En las tapias de las huertas era más frecuente el canto rodado de grueso calibre, para las casas solía escogerse el tipo más poligonal.
Antes del cemento el mortero que se usaba para esta base, de no ser barro, era la Cal hidráulica, arena con cal más agua. Otro de los trabajos más duros que recordaba Leandro. Entonces les traían la cal viva de las caleras y el proceso de "matarla" era de los más insanos del oficio, por los vapores venenosos que desprende la cal. Eran especialmente chungos los día de viento.
El murete resultante era, en ocasiones, un poco más ancho que la tapia que soportaba.
Sobre él, algunos echaban unas hiladas de adobes y, la mayoría, empezaba a levantar ya la tapia. En muchos casos esas hileras de adobe no están visibles debido a los enlucidos superficiales al rematar la obra o al mantenimiento de la pared, que se hacían también con barro, como es lógico.

Y tocan los materiales de los propios tapiales.

Unión de dos paños de un tapial

Me contaba Leandro Rabanal lo laborioso que era preparar las tierras que se iban a emplear. Porque era una mezcla de dos tipos bien diferentes, y no sólo piedras y arcilla (utilizado por mí como sinónimo de barro o barro arcilloso en los capítulos de las Murias), como escribí.
Se hacían dos montones, uno de tierra arcillosa, amarilla o rojiza, con gran cantidad de menudos cantos rodados, que sacaban de la parte alta del pueblo, y otro con tierra de labor, negra, de la vega junto al río, más rica en humus y menor proporción de arcilla.
Había que trabajarlas concienzudamente, desmenuzando los terrones y escogiendo un poco la piedra más gruesa. Darles vueltas hasta separar bien los distintos componentes y dejarlas reposar varios días. Después mezclarlas en distintas proporciones, con más cantidad de arcilla normalmente, 60/40, y repetir el proceso de removerla para orearla y evitar la excesiva compactación. Una labor que duraba varios días contando el tiempo obligado de reposo.

La mezcla con el agua se hacía fuera y se amasaba de nuevo con detenimiento. La proporción de ésta era escasa, de manera que el material ni chorreara ni decantara una vez en el cofre, apareciendo agua en la superficie, por ejemplo. Se iba prensando sobre la marcha cuidando de no dejar bolsas de aire.
Los dos tableros que formaban el encofrado, tenían  perforaciones para pasar los tirantes, y éstos, en los extremos, una suerte de torniquetes para comprimir aún más el material. También se usaban cuñas con el mismo objetivo.

El grosor de las tapias variaba, desde 50 cm., hasta cerca de un metro, y se construía la cara externa de la tapia con una leve inclinación que se prolongaba hasta el tejado, por lo que los tapiales eran más anchos en la base que en la cumbre.Y no tardaban mucho en quitar el encofrado, como  pensaba y escribí, errando. Al parecer el secado era bastante rápido, y se solía construir en verano.

En fin, era una masa, aunque os riáis, tan delicada como la de un panadero. A un lego le cuesta montar una claras, pues lo mismo. ¡Buenos cocineros, nos de dios, y no cocinillas como yo!

La utilización del adobe, como complemento de la tapia, ya lo hemos ido viendo, usado sobre la base de piedra, alrededor de elementos como las ventanas y en los remates junto al tejado. Los encontramos en más lugares y pondré fotografías donde se ven mejor, pero hoy no..., ¡mañana!.
Dedicaré algún capítulo a contar cómo se fabricaban y traeré también fotos de construcciones donde se emplearon en exclusiva.
Y otro apartado merecerían las murias de tapia de las huertas, que tienen algunas peculiaridades.

¡Si me dejo llevar, en lugar de las 3 ó 4 entradas que tenía previstas con este título, más otras tantas de imágenes intermedias largando de lo mismo, me monto un monográfico en toda regla, para uso de colgaos de la tapia!. Hay que sonreír, qué mejor remedio...

Markos Bambakáris, que será uno de los primeros cuando hablemos de los rebetes en Música griega, con esa voz suya tan peculiar, casi de rana a veces, nada apropiada para la lírica, es en cambio una de las mejores para este estilo, escangallao como un tango, de los fumetas y demás fauna marginal y psicodélica que fue, que es la Rebétika.
Como la canción de Manolis Rasóulis, que se titulaba Sefti kosme, Mundo falso, por la similitud del título, que no de estilos, aquel casi religioso, éste burlón y descreído, los dos críticos, Markos y su Ψέυτικος είναι ο ντουνιάς, Pséftikos ine o duñás, lo mismo, El mundo es falso.


Salud, Υγεία!

Barbarómiros.

Huecos en los tapiales


Ventanuco en tapial de dos siglos
San Justo de la Vega 2011

Esta es una de las casas más viejas que quedan en el pueblo, de tapia, naturalmente. Le atribuyo una edad de dos siglos, y probablemente tenga más, con  diversas reformas a lo largo de ese tiempo, pero sin perder sus paredes de barro de entre 80 y 90 centímetros de grosor, según las zonas. Tiene menos huecos que las casas modernas y más pequeños, tanto puertas como ventanas.
Este ventanuco daba a una calleja muy estrecha que la separaba de la casa vecina, hoy derribada.

Cuenta con una particularidad, que era más frecuente en las casas antiguas, un patio interior bastante amplio con dependencias para ganado de corral y el brocal de un pozo en el centro. Medio pueblo se asentó sobre una especie de laguna de aguas someras, un humedal que se fue desecando y del que ya no queda más testimonio que los pozos de algunas antiguas viviendas como ésta.

La madera del ventano es de roble que, con la encina, es el árbol más potente de la región. Sin pintura ha resistido a la intemperie y podría durar otros tres siglos como poco. Dudo que haya recibido siquiera alguna mano de aceite de linaza, un producto que se obtenía en el pueblo desde los años cuarenta al hilo de las plantaciones de lino, de su semilla.

Pensé si sería enclastrada en la tapia con posterioridad a la construcción de ésta, ya que no tiene costero sobre ella que soporte y reparta el peso, debieron dejar el espacio entre dos paños, colocar el marco y rellenar los huecos con adobes, que es lo que hay a su alrededor, bajo una gruesa capa de barro de mantenimiento.
Después ya observé que la mayoría de las ventanas más viejas, y sobre todo estas ventanucas, tampoco tenían esa tabla superior defensiva y niveladora, suelen ser pequeñas y de maderos muy gruesos, mucho más sólidas que las posteriores, por lo que no precisan esa ayuda y soportan sin alterarse el peso de la tapia y el paso del tiempo.

Me siento muy arropado en el inicio de estos capítulos por el interés que ha mostrado Valentín Cabañas (carasur), y creo que es un privilegio para mí, para cualquiera, contar con un interlocutor que puede enseñar más de lo que aprende y lo explicaría mejor que yo, que soy un diletante en el oficio, y sin embargo dialoga. Cuatro ojos ven más que dos. ¡Gracias, Valiente! Palikari, te llamaría en griego.

Vamos a relajar brevemente con una del Koala, el agrolux? del país, al estilo de Zapato Veloz, Zoy arbañí (Soy albañil, para los traductores, ya se ve, coño!).


Sólo echo en falta, y me inquieta un poco, la ausencia de Alberto, el Capi del Teach (Desde la popa), que es arquitecto, y de manera intencionada, por Andrés Edo y por él, abrí esta etiqueta de Arquitectura. Entonces ejercía todavía de moska kogonera en el barco, ya muy mareada, y me parecía que...

Eran modos elegantes
enredando entre calzones
de urgarle los comezones
de tocarle los kogones
de adobar los cataplines,
 entre muy diversos fines. 
Eran modos elegantes.

No sé cómo interpretar su silencio, por eso me intranquiliza. A ver si meto el cuezo a conciencia en este serial y me sacude un sopapo de medio lao como a la mosca que soy, miga, μύγα, en griego.
La traducción que me proponen para "Mosca cojonera", es Alogómiga, Αλογόμυγα, literalmente "Mosca de caballo". No sé si sería correcto decir Miga ton orjidion, o sea Mosca de los cojones (que debe ser de las orquídeas...). También, Petakste bales, Πετάξτε μπάλες algo así como Volando (γύρω, around, alrededor de) las bolas, ¡Los Cojones Voladores que suena a Mohinos Escocíos!, y mejor, definitivamente Πετάξτε των όρχεων, Petakste ton órgeon, a lo libre, Circunvolando los huevos.

¡Cómo nos divierten tus crónicas del regreso, Capi, aunque sean agridulces no pierdes la guasa!.

Cuánta palabrería, Dèu meu, quanta xerrameca!  

Laurie Anderson, Language is a virus.

Υγεία,  Salut!

La moska kogonera

sábado, 11 de febrero de 2012

Tapias


Tapia en el lateral de una casa
San Justo de la Vega 2012

Buenos días. Voy a intentar empezar ya con las tapias, aunque no estoy en el momento más animado. Ayer colgué el cuento por esta razón, era más sencillo para mí copiar el texto que improvisarlo. Hubo otros motivos, la promesa que había hecho de incluírlo aquí en la etiqueta de las Gallinas y, más que nada, que Ana Capsir me preguntó por Limnos anteayer.
Después de todo eché tanto tiempo en encontrar una copia, que no era la definitiva sino uno de los últimos borradores, como si hubiera escrito algo nuevo. Y tampoco encontré la colección de citas que he ido apuntando desde que los escribí y que representaban un entretenimiento paralelo a mayores. Lo siento.

Ese conjunto de 27 relatos (amaneceres) está escrito en Kondopouli, un pueblo de la costa este de la isla, mirando a Anatolia (el este), así pues hay un juego de palabras sencillo en el título, al oeste del este. Los escribí para un trabajo de ilustración de mi sobrina Tania. Del Machito follador y de algunos otros tenía ya ilustraciones que hubiera podido incluir aquí si mi ignorancia informática no fuera tan profunda. Pero dejemos las lamentaciones y vayamos al grano.

Escogí ese plano grande, para empezar por dar una idea del tamaño de una tapia en una vivienda media en perfectas condiciones de habitabilidad y porque en ella se ve el conjunto de paños del encofrado que forman el tapial. Veremos esos paños en detalle pero ya podemos ir comentando lo que nos ofrece la imagen.

Llaman la atención todos esos agujeros, eran para pasar de una parte a la otra del encofrado unos listones de madera que servían de tensores e impedían que el peso del material abrira los tableros. Se ponían 6 u 8, dependiendo del tamaño del encofrado. Después se retiraban y ahí quedaban los agujeros de testigos. Algunos se aprovechaban después para colocar viguetas transversales.,

Están después las propias piezas de tapia, grandes rectángulos unidos y superpuestos como ladrillos. Cada uno de ellos representa el montaje de una nueva estructura constructiva. Me decía Leandro Rabanal, el experto maestro de obras que me asesoró, que las línes externas de cada pieza y su unión con la inmediata eran los puntos más débiles de la estructura, parece lógico.

En la fotografía no se ve la base de la pared, pero ya llegará, no estaría bien empezar la casa por el tejado, por mucho que la siguiente lo enseñe también. La de hoy será una explicación algo más general.

Tapia en dependencia auxiliar

Aquí se ve uno de los agujeros que ha sido aprovechado para asentar un vigueta, en una tapia más basta, junto a la anterior, destinada a una dependencia donde se guardaba el carro y los aperos de labranza de la casa. Las líneas vertical y horizontal que se unen junto al trozo de ladrillo de abajo son los bordes de uno de esos paños rectangulares, como los de la foto de la cabecera.

El remate de la tapia con el tejado tampoco se aprecia del todo, hay dos o tres hiladas de adobes sobre la pared hasta alcanzar la altura de las vigas antes del entramado de la cubierta, costeros de madera,  alero y tejas. Esto también lo veremos más detalladamente en otras imágenes y volveremos a tratarlo.
La utilización del ladrillo, en los vértices de la casa en la primera fotografía en combinación con el tapial nos indica que se trata de una construcción bastante reciente, de menos de un siglo. Problablemente de las últimas que se hiceron de tapia en el siglo XX, ya en transición al cemento.

La casa está en el centro del pueblo y tiene toda la prestancia y empaque de las cosas bien hechas.

En la imagen inferior se puede apreciar la base que no se veía en las dos anteriores. Es la de la tapia del local auxiliar de la segunda fotografía.
Aquí se colocó la pared directamente sobre la piedra, más o menos poligonal, del tipo de las murias de Maragatería, metamórficas, no las areniscas de los cantos rodados que se encuentran en el campo de la Vega y que también se emplean para este mismo menester en otros casos.
Dependiendo del tipo de suelo, del sustrato con el que se encontraran los albañiles, así profundizaba el cimiento, también de piedra, claro está. Esas reglas no cambian nunca cualquiera que sea el modelo constructivo. Salvo vanguardismos o experimentos. No es el caso, podéis sonreír.

Base de piedra en un tapial. 2012

Antes de seguir, repetiré lo que ya dije sobre las murias, y lo haré en cada capítulo: soy un lego total a quien sólo mueve la curiosidad y el amor por la sencillez y la belleza. Conozco también poco el lenguaje del oficio así que muchas de mis frases tendrán ese tono de arquitectura para alumnos de primaria, que es mi nivel en ese terreno.

Ya en otro capítulo de esta etiqueta, que titulé Camisa de once varas, me disculpaba por meterme donde no me llaman, o más bien en algo que me queda grande. Pero no me voy a acojonar, si yo no puedo explicarlo como quisiera espero que las imágenes os ayuden a comprederlo, no es tan difícil además y os considero gente de criterio e inteligencia, si no, ¡ahí van Narcisín y Peloteo!, no leeríais estas páginas, ¡toma ya!.
En primera instancia esto es un entretenimiento, si además aprendemos algo, mejor que mejor, pero sin agobios (necesito repetírmelo de cuando en cuando...).

Aunque no tenga que ver con el tema en sí, empecé por una fotografía del tejado en gran plano, en el centro coloqué el plano medio y abajo el primer plano, cerca del observador digamos, no por empezar la casa por el tejado, repito, sino por respetar el orden lógico en la página y en la vida, arriba el cielo abajo el suelo, no otra cosa es la composición, aunque se pueda trastocar como apetezca porque al final muchas de estas reglas son chorradas que sólo tienen sentido cuando se transgreden, como las normas y clasificaciones. Apenas sirven para entenderse y con frecuencia estorban. Esto de la palabra es un veneno peligroso.

Cabezabajo.

Estoy pensando hacer como con las series de sombras, meter una imagen entre capítulos, pero esta vez no de flores, sino tal vez de puertas, ventanas o agujeros varios que se abren en los tapiales, lo que nos proporcionaría otra perspectiva y comprobar las soluciones que se dieron a la inclusión de esos elementos en estos tipos de construcciones. Y al mismo tiempo podréis ver más tapias.

Veremos. Para empezar ya estuvo bien por hoy.

Ahí os queda Lo bailao, del Pulgarzito.


Salud, Υγεία!

Barabarómiros

P. D. La foto de hoy de Giánnis Tzakós (apodromos: ya sabéis, aquí  arriba a la dcha., en Favoritos) es la ruina de una casa griega de tapia, triste y guapísima. Y muy oportuna para mis intenciones.
¡No dejéis de verla si os interesa el tema y si no también, carajo!

¡Gracias Giannis, estás en todo, hasta presentiste algo ominoso en torno a Tápies ése día triste! No creo en brujas pero haberlas haylas! (las hay,...para los traductores.)

Besos.

viernes, 10 de febrero de 2012

Machito Follador


En el corral

Llevaba varias noches durmiendo fatal a causa de mi enfermedad.

En aquel pueblo había tal cantidad de corrales que los gallos no paraban de cantar en toda la noche. Dicen que los gallos cantan al amanecer, lo que sólo es cierto a medias. Es verdad que los minutos anteriores a la salida del sol y los siguientes, saludan a don Lorenzo con especial énfasis y los kikirikís más encendidos del día y de la noche. Pero cualquier insomne que haya vivido en un pueblo sabe que para un gallo todas las horas de las veinte, y pico, que tiene el día, nocturnas o diurnas, son aptas para proclamar a los cuatro vientos su imperio sobre las gallinas de su gallinero. No en vano se trata de un ave territorial con fama de poseer una de las libidos más activas del reino animal.

En el pueblo hay más de cien corrales con una media de tres gallos por corral. Unos trescientos gallos, y me quedo corto.

El cacareo nocturno de las gallinas es más raro y suele ser defensivo, respondiendo a la presencia de algún predador como la garduña, el raposo o algún gato bravo. Pero el gallo tiene el sueño ligero y nervioso, le tiembla el párpado y, si la competencia sexual es mucha, se pasa la noche en vela o despierta cada dos por tres, infla el papo y grita su chulería a quien se atreva a importunarlo.

Para un gallo el más leve ruido significa un reto. El ladrido de un perro, el viento soplando en las ramas, una fruta que cae del árbol, los pasos de un caminante y, sobre todas las cosas, otro kikirikí. Y aquí la competencia es mucha.
He llegado a pensar que los gallos segundones de su propio corral se turnan para mantenerlo despierto y alerta, hasta agotarlo y aprovechar así el momento en que, rendido, eche una cabezadita, para trajinarse a las gallinas más casquivanas o cachondas del gallinero y, de paso, descargar su propia ansiedad.

Por muy macho que sea el gallo dominante, le resultará imposible mantener un harén de treinta gallinas sin que alguna de sus amantes  quede insatisfecha, teniendo en cuenta por añadidura que el pollo en cuestión es también el paradigma del eyaculador precoz, un visto y no visto. Aun así un casquete desgasta mucho y la vida de un gallo es corta, no suele pasar de la tercera Navidad, de algún modo lo intuye, después su carne es dura y correosa.

Una noche de insomnio me entretuve en contar, durante dos horas, los cantos que podía escuchar. Así comprendí porqué otros años, cuando no tenía problemas de salud y dormía toda la noche como un bendito, porqué odiaba a los gallos, que me mantenían en vela una hora antes de coger el sueño o me despertaban durante la noche.
En algunos momentos la frecuencia e intensidad, la densidad de kikirikís era tal que no podía contarlos, se me amontonaba el trabajo. Buscando un término medio a la baja llegué a la conclusión de que en ocho horas, de once de la noche a siete de la mañana, cantaron 28.800 veces. Sí, has leído bien y te aseguro que no exagero. Veamos:

Trescientos gallos, el 20% de los cuales canta una vez por minuto o, lo que es lo mismo, un kikirikí por segundo dan sesenta cantos por minuto  (20% de 300 = 60 x minuto  = 1 canto x segundo = 60 cantos/minuto)
Sesenta cantos por minuto por sesenta minutos cada hora dan un total de 3.600 cantos por hora  (60 x 60 = 3.600/h.). Ocho horas por 3.600 cantos a la hora arrojan la cifra arriba apuntada (3.600 c. x 8 h. = 28.800 kikirikís en 8 horas).

Menos mal que, como buenos mediterráneos, las horas del mediodía son también para ellos, asfixiados, atorraos, las de menor actividad canora y se diría que respetan la sagrada siesta o que la echan, porque de lo contrario hubiera enloquecido (más).

Escogí un corral un poco alejado de las casas y una hora tranquila de la noche, cuando todos los vecinos duermen, resoplan, roncan o pedorrean  ad libitum y a discreción, y en el momento en que más desciende la frecuencia de los kikirikís nocturnos, hacia las tres de la madrugada.
Lo habíamos visto hincharse cada vez que pasábamos cerca del gallinero, a cualquier hora del día o de la noche, insultándonos con un canto  que empezaba en el ronco profundo de un bajo de opereta acatarrao, y terminaba en el glayío desafinado de un vicetiple caponatto e histérico. Corría despendolado hasta la cerca y se subía a un almendro, alguna de cuyas ramas salía fuera del corral, chulo y retador como un púgil.

Machito Follador era dueño de unas cuarenta gallinas, el putu amu como decimos en la tierra de mis amores.

Aquella noche, a la luz de la luna, le brillaban las plumas del pecho, de un rubio llameante en contraste con el resto del plumaje, rojo cinabrio, óxido y azul cobalto, con una mezclilla de plumas menores entre las que no faltaba ningún color del espectro, incluídos el blanco y negro, rematados por una cola suntuosa. ¡Era un hortera!.
Con una mano lo cité, enérgico, escondiendo el palo que llevaba en la otra. Lejos de arredrarse, abrió las alas y saltó hasta la rama más externa del almendro con toda la intención de sacarme los ojos si podía. En ese momento, en pleno aterrizaje, se encontró con el palo.
Cayó fuera del corral e intentó escapar con la pata derecha fracturada. No llegó muy lejos. Le eché mano y le retorcí el pescuezo, literalmente.

Disfrutamos de lo lindo con su carne, un poco roja, por no haber podido sangrarlo bien, ya que la policía me había requisado la navaja en el aeropuerto y no llevaba herramienta encima. Carne roja pero que nunca había probado los piensos compuestos.

Otro machito ocupará el trono vacante.

[De "27 amaneceres y un poema  (Al oeste de Anatolia)". Kondopouli, Limnos. Grecia 2002] 

Ramiro Rodríguez Prada

P.D. Los Deicidas, Bendito bar (Amanece que no es poco). 

Salud!