martes, 27 de agosto de 2013

Menús culares -3. Los políticos.


Para tirar del teto.
Asturias,  2012.


YA MAMÉ GORRIÓN
(Δημοκρατική Κουζίνα)



CARTA



Entrantes y Especialidades

Chorizos de todas las regiones del país.
Lincencias al gusto con sobornos jugosos.
Bárcenas  rellenas de morcilla rancia.
Potarros al potorro madrileño recocido. 
Frijoles preñados de pasta gansa a la siciliana.
 Descuideros maduros al nada por aquí nada por allá.
Gurriones a la brasa con trigo sarraceno y alpiste estatal.
Sesos de votantes ingenuos rebozaos de mierda pura.
Auténtica paella valenciana al corte de mangas anchas:
 (Mínimo dos personas. Reservar con tiempo para medir la manga)


Sopicaldos y Potajes

Sopa de tirones con fuerza al atrac-ón ciudadano.
Gazpacho con haché de pepinillos en aceite autonómico al ere flamenco.
 Lentejas con chorizos variados.
Cocido garbancero con enchufe, tráfico de influencias y divisas frescas.
Fabada asturiana sin fabes a la vista (Desaparecidas en combate)


Ensaladas

De hostias laicas (Especial para protestantes veganos)
Parlamentaria de flatulencias en curso.
De huevo de avestruz calabresa con propina oculta.
Salteado de Pedos de lobo y Puteros de campo (En temporada)
De promesas electorales de primavera al engaño.
De trapantojos verdes.
De bostezos.


Carnes

Macarras de gallo capón estilo Corte de los Milagros.
Costillar de burro al pase trilero municipal.
Chuleta recalificada en salsa autonómica.
Mostrenco de buey al hinchazón (Receta balear)
Manitas de cerdo al alunizaje sobre campo de gules patrios.
Lomo monárquico con braguetazo nacional.
Saqueos de presas ibéricas al microondas congresual.
Cordero al degüello y patatas cabronas.


Caza  y  Pesca

Oropéndolas confitadas al sablazo.
Avutardas de Tarragona en vuelo rasante.
Alitas de carroñera regadas con salsa Corleone.
Riles de cochino jabalín cojo con tropezones.
Desvío de caudales con haché de olivas en sutil croute de guante blanco.
Caimán de la Cuesta de San Jerónimo.
Trucha pública escabechada.


Pescados

Comisiones del Mediterráneo a la parrilla con caracoles.
Morrazo al horno con verduras viudas de Cangas (del Morrazo)
Alijo de berberechos de Arousa de vacaciones sobre hojas de coca.
Salmonetes del pincho con comisión al visto y no visto.
Langosta en salsa suiza.
Japutas con chorizos.
Besugo al giro de muñeca.


Postres

Uyuyuy  y Albolso sobre mermelada Santa Rita.
Carpaccio de duraznos Sampedrinos en miroir de confitura tránsfuga.
Robaperas en albibar presupuestario. 
Transparencias opacas al vino muy tinto.
Leyes anticorrupción caramelizadas con humo y chocolate del loro.
Paraguayas al regüeldo ni dimite ni devuelve.
Pastelitos de la casa San Pedro se la Bendiga.

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(Para reservas llamar al 1000000€ y preguntar por el Tesorero del Partido)


Skylorómiros Mavropradakos, salteador de guindas.


¡Que os dé un torzón!


Krema Kawa.   Mon Quartier.


 P. D. La música fue una sugerencia del blog  ¿Qué oyen mis oídos?.

Salud y buen provecho.

lunes, 26 de agosto de 2013

Consulta equivocada


Huevera empalmada.

El grano


Buenos días.

Buenos días. Siéntese. ¿Y bien?

Doctor..., ¡me está saliendo un grano muy glande en la polla!

Será el bálano...

¿Y eso es grave?

Depende.

No me oculte nada, se lo ruego.

Bájese los pantalones.

¿Qué quiere decir?

Vamos a echar un vistazo.

Vale.

Los calzoncillos también.

¿Aquí..., delante de la enfermera?

Ella ya vio muchos granos, glandes y pequeños.

¡Bueno!...

Veamos.

¡Aaay!...

¿Le duele?

Me escuece.

Hummm...

¿¡Qué!?...

Curioso. Manolita, acércate.

¡¿Qué pasa, es grave?!

En absoluto, tranquilícese.

No seeé...

 ¿Es usted budista?

¡Soy católico de toda la vida! ¿Porqué lo pregunta?

Simple curiosidad.

¿Qué pasa, el grano tiene alguna relación con las creencias religiosas?

Hay una conexión no demostrada con la clarividencia. También con la política.

Yo soy diputado, pero he venido a su consulta de incógnito, no quiero publicidad del grano.

No es un grano, tendrá que pedir consulta al oculista.

¿Y eso?...

Le está brotando a usted el tercer ojo.

¿¡En la polla!?

Algo extrábico. Es una rareza, pero así es.

¡Menudo peso me quita de encima, doctor!


Korvus Korax, Ο Μάυρος.


¡Salud!

sábado, 24 de agosto de 2013

74


Insolación. Grecia, agosto  2012.


Salía tirar la basura



Era la hora de la siesta y había un silencio anormal, algo sordo parecía resonar como en el interior de un tambor. Bajé por el callejón y muy cerca del final vi un pequeño reguero de algo rojo que juraría que era sangre. Al doblar la esquina, sentado en la acera con la espalda apoyada en la pared del edificio, un yonky yacía espatarrado con una jeringuilla clavada en el brazo. Dejé las bolsas en el contenedor cercano y miré a mi alrededor buscando alguna ayuda, pero no pasaban ni las golondrinas, que nunca faltan. La baba cayendo todavía de la boca abierta: no se me ocurrió otra cosa que abofetear al pobre diablo para comprobar si, en efecto, estaba muerto, pues era la impresión que daba. Pero abrió los ojos de golpe, me miró airado, desclavó la jeringa, la limpió en la camiseta y se levantó. Yo no sabía qué decir. No hizo falta. Sin mediar palabra me soltó un cañonazo en plena nariz que no pude esquivar. El tipo se fue tranquilamente mientras yo trataba de detener la hemorragia. No era bastante el pañuelo, fui dejando un reguero de gotas de sangre hasta casa.


Ψαρογιώργης.   Του μελιού τη γλύκα.




Salud y felices pesadillas


ra

viernes, 23 de agosto de 2013

73


Cruce de caminos.


Salí a tirar la basura


y aún no estaban puestos los cubos en la acera. Salir antes o después de las tres horas que suelen permanecer allí, hasta que pasan los de la recogida y los vuelven a llevar, es algo frecuente. Como hacía muy buena tarde para dar un paseo, decidí llevar las bolsas al punto limpio permanente (PLP). Por el camino se me arrimó un pequeño perro vagabundo atraído por el olor que desprendía una de las bolsas. Intenté alejarlo, pero el chucho debía de estar realmente hambriento porque volvía una y otra vez, hasta que, en un descuido mío y por detrás, hincó los dientes en la bolsa y la desgarró. Se desparramó la basura por la acera. Con un papel traté de recoger lo mejor que pude la mayor parte, mientras era observado por el perro a una distancia prudencial. Cuando acabé, oigo que me dice el animal, ¿No hubiera sido mejor que me la hubieses dado al principio? Lo miré con más rabia que asombro y le contesté, ¡Habérmela pedido por las buenas, mamón!


Eric Clapton.  Crossroads.



Salud y felices pesadillas


ra


jueves, 22 de agosto de 2013

72


Ribadeo,  2013.


Salí a tirar la basura.


Cuando bajaba las escaleras exteriores que desembocan en la calle, me dio tal apretón de barriga que tuve que dar la vuelta rápidamente, entrar en casa de nuevo, posar las bolsas y meterme en el váter a escape. El desarreglo se repite, la realidad me descompone, pensaba en filósofo. Deposité mis desperdicios más íntimos, mientras reflexionaba sobre el hecho de salir todos los días a tirar la basura, descontando algún olvido y ciertas humanas flaquezas. Una vez terminada la obra escatológica, y mientras tiraba de la cadena y me subía los calzoncillos y el pantalón, discurría que en realidad hoy ya podía darme por satisfecho. Había cumplido sólo hasta cierto punto, es verdad, pero las cosas no siempre salen como uno planea o quisiera. Estaba, pues, metido en disquisiciones que podríamos llamar metabasura, esquivando la calle y la porquería real mediante un circunloquio o rodeo, sin entrar en materia palpable. Ésa la arrastró el agua del retrete, me contesté. Acallé mi conciencia pensando que tal vez ya habría pasado el camión de la basura; debo tener una conciencia muy laxa porque era media mañana, en aquel punto hay contenedores todo el día y el camión pasa sobre las 12 de la noche.


Albert Plá.   Diarrea mental.




Salud y felices pesadillas


ra

miércoles, 21 de agosto de 2013

71


Oviedo,  2012.



Salí a tirar la basura



y la tiré. ¿La tiré? ¿Salí?. Sí, imagino que la habré tirado, luego saldría. ¿Dónde la tiré? ¿Cuándo? Supongo que en los cubos o en los contenedores, por la noche, ¡qué importa! ¿Cómo? ¿Porqué? Levantando las tapas y dejando las bolsas. ¿Porqué?, porque estaban llenas y olían mal. ¿Estás seguro? ¡Joder, yo que sé! La memoria reclama datos precisos, respuestas concretas, se agarra a cualquier fecha u hora y la eleva a la categoría de trascendental, aunque después se demuestre que se equivocó en varios minutos: tal día, a tal hora, en tal lugar, murió Fulano..., o no pasó nada. Entonces se calma, ya tiene su versión, su verdad. A la mañana siguiente compruebas que, ¡oh, sorpresa!, te habías olvidado de tirar la basura y todo era un sueño pesado de última hora. Después, en el periódico del día, lees la esquela de un vecino.



Agazi Dimitruka. Zulfu Livaneli. María Faraduri.   Tora íne argá.  Ahora es tarde.






Salud y felices pesadillas



ra


martes, 20 de agosto de 2013

70


Escenario callejero


Salí a tirar la basura



y al abrir la puerta del portal y asomar, se encendieron en la calle unos focos de luz potentísimos que parecían dirigidos directamente al edificio y que me dejaron deslumbrado. Al mismo tiempo oía aplausos casi a mi lado, una ovación cerrada en realidad. Cuando por fin pude ver algo, haciendo visera con una mano, quedé confundido: unas doscientas personas se habían reunido en el espacio delantero de la finca y, sentadas sonrientes en sillas plegables, miraban muy atentas. Me encogí de hombros y enfilé sin prisa hacia los cubos. Dos focos me seguían a través del pasillo que habían dejado libre hasta la escalera que baja a la calle. El silencio era absoluto. Estaba tan acobardado que no me atrevía ni a levantar la cabeza. Los focos me siguieron por la acera hasta los cubos. El silencio me pareció tan total que hasta me dio miedo y alcé la cabeza pensando que tal vez ya había desaparecido la ...¿alucinación? Pero la luz me seguía enfocando y vi docenas de caras expectantes en la sombra. Al depositar las bolsas en los cubos escuché otra salva de aplausos, muchos ¡bravo! y algunos alegres silbidos. Con la cabeza gacha y sin saber qué pensar volví sobre mis pasos. Regresó el silencio inquietante que me enervaba más que las ovaciones, o que aquella extraña reunión de público como para una velada veraniega de teatro al aire libre. Al llegar al portal, y justo al abrir la puerta, rompieron de nuevo los aplausos, más entusiastas se cave. Por curiosidad me giré antes de entrar y cerrar. Todas las caras miraban alegres y, casi instintivamente incliné la cabeza en señal de agradecimiento. Entonces el respetable se puso en pie redoblando la ovación y se escucharon nuevos ¡bravos! Cerré y llegué a casa preocupado, ¿tenía algún problema identitario, necesitaba el reconocimiento del público, era una alucinación? Fui rápidamente hasta la ventana del piso desde la que se ve la entrada del edificio. No había nadie.


De la película L'Africana, de Margerete von Trotta.  Eleni Karaindrou.  Finale.




Salud y felices pesadillas


ra