jueves, 19 de diciembre de 2013

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Dos colgaos
Oviedo 2013.


Salí a tirar la basura



con la intención de echar un pitillo en la escalera exterior de la casa, hacía buena noche y no parecía que el sueño me viniera a visitar muy pronto. Dicho y hecho, a la vuelta me senté en las escaleras. Por la acera bajaba un tipo como de unos cuarenta años con una borrachera patentada. Iba midiendo el ancho a zancadas irregulares e inseguras. Ya me pareció que me había visto y me preparé para aguantar el chaparrón. Al llegar a la altura de la escalera se detuvo tambaleante y sin más preámbulo me preguntó si tenía un cigarro, farfullando y en plan chuleta. No, sólo éste, le dije señalando el que me estaba fumando. ¡Dame una calada! ¡No, joder, mira a ver si encuentras a alguien que lleve tabaco, coño, que me quiero fumar el pito yo solo, caramba! No me sentía nada solidario en ese momento, había compartido un canuto allí mismo hasta con una puta, que a saber si no vendría de chupársela un momento antes al último cliente, pero no pensaba pasarle el cigarro a aquel baboso. El tipo, bamboleante en medio de la acera, se metía las manos en los bolsos del pantalón y de la chaqueta palpándose la ropa, como si buscara una cartera perdida. No iba mal vestido pero sí  cargaba con todas las trazas de un juerga monumental. ¿No tendrás cinco euros?, me dice el prenda después de terminada su infructuosa exploración. No tengo nada, y déjame tranquilo ya, por favor. ¡Joodeeer!, empezó, ¡Sales a la calle solo, sin tabaco, sin dinero!..., ¿¡Y si te pierdes, tío, y si te pierdes, qué, eh!?... . No sabía si reírme si mandarlo a la mierda y le dejé las últimas caladas del cigarro antes de desearle las buenas noches y meterme en casa.


Julio Fernández Falcón. Carlos Gardel.  Cara rota.



Salud y felices pesadillas


ra


miércoles, 18 de diciembre de 2013

Pucheros


León, 2012.

Varroa destructor


Tenía cuatro pucheros de miel en su vieja cocina. En tiempos de abundancia siempre estaban llenos, sacaba del más pequeño e iba rellenando con los mayores los de menor tamaño. Con el trasiego se aseguraba de ir gastando la miel más atrasada. Y cuando el grande se vaciaba no tardaba en cargarlo de nuevo. No llevaba la cuenta de la miel que consumía, sin duda mucha, era buena para la salud y él goloso. Pero un día se le terminó el suministro, acaso por la crisis de las colmenas que acabó con muchas abejas, y no pudo reponer la miel del grande. Tenía tres pucheros colmados, si se administraba tal vez le llegaran a final de año. El mal de las abejas podía tener solución en la próxima campaña. Sin embargo se comió el siguiente casi a la misma velocidad que en época de bonanza, la gula lo dominaba. Le quedaban los dos pequeños, todavía estaba a tiempo de poner remedio, era menos de la mitad de su dosis habitual, pero con un poco de esfuerzo podía conseguirlo. Las perspectivas para el año siguiente no resultaban halagüeñas y no sería mala idea incluso estirarla unos meses más, por si acaso. Sólo era cuestión de un poco de control, así que empezó a racionar la dorada golosina. Muy cerca del fin de año comprobó con pena que, a ese paso, el tercer puchero no le llegaría a Nochevieja. Haciendo de tripas corazón redujo aún más el consumo, apenas la punta de una cucharilla del café cada día. Logró así alcanzar la Epifanía, obteniendo beneficios para su salud gracias a porciones infinitesimales de miel que debían actuar en su organismo cual sutil medicina homeopática. En esas condiciones, con el pequeño puchero que aún le quedaba lleno, podría tirar otro año, ¡o más! Había oído que la miel era poco menos que inmune al tiempo, que se había encontrado en condiciones de consumo en ánforas griegas anteriores a Pericles y en tumbas egipcias de varios faraones. Pero cuando llegó la hora de meter la cuchara en el último puchero le dio un escalofrío y un nosequé. Brillaba pura la miel como el oro al sol. Semejante a una tentación, lo asaltó la burla de aquel que, para ahorrar, enseñó al burro a no comer y cuando ya lo tenía acostumbrado se quejaba de que se le había muerto... de hambre. A punto estuvo de tragarse el puchero de una sentada, pero se contuvo. Lo encontraron muchos años después de la crisis apícola, momificado, sentado a la mesa frente a un puchero intacto de miel, apta para el consumo.


Ramiro Rodríguez Prada


Cuco Sánchez.   Miel amarga.

http://www.youtube.com/watch?v=9phQ2QCzIUs


Salud

martes, 17 de diciembre de 2013

Η Ρόδος. Rodas -3


La muralla medieval sobre el puerto de pescadores de Kolona.
Rodas.  Grecia, verano 2013.


Rodas -3


Buenos días. Para entender un poco la prosperidad de Rodas durante la estancia de los Caballeros de San Juan en la isla, desde 1309 cuando desalojaron a los otomanos, hasta 1522, en que éstos, con Solimán II, volvieron a recuperarla, puede venir bien esta cita de Durrell de su libro sobre la Venus marina:

Los historiadores han hecho notar el cambio gradual que se produjo en el carácter de la Orden, después que conquistó a Rodas y obtuvo también los vastos bienes que le dejaron los difuntos templarios. La acumulación de enormes riquezas materiales, dicen algunos, minaba en forma gradual la estructura moral de la organización. Los intereses seculares habían empezado a competir con los espirituales. 

Y es que la Rodas medieval impresiona. Pero no sólo por la espectacularidad de sus gruesas y altas murallas, las siete puertas que se abren en ellas, sus torres y contrafuertes almenados, el foso que la abraza por el oeste, que son al fin y al cabo las defensas de una gran fortaleza, de una caja fuerte, dada la riqueza de los Hospitalarios, y lo primero que se ve, lo evidente; o por la belleza de los edificios más emblemáticos y los palacetes de los civiles ricos; o por la proliferación de hermosas iglesias bizantinas y mezquitas otomanas; Es también, y para mí, sobre todo sus barrios populares, las tiendinas y viviendas de la judería y el barrio musulmán, las casas italianas, las placitas apartadas del bullicio, las umbrías rodeadas de árboles y flores, los pasajes oscuros, los arbotantes de piedra que cruzan las estrechas callejuelas junto a las ramas de los árboles de los jardines y las buganvilias que cuelgan de los muros, los balconcillos otomanos de madera, el maravilloso trabajo de cantería en dinteles de puertas y ventanas, el suelo empedrado sistemáticamente, con las piedras colocadas de perfil, de cantos rodados del tamaño de un huevo de gallina, pulidos como joyas, con dibujos que alternan la piedra gris y la negra... .

Este último párrafo ya me serviría como final, porque es un buen resumen del cogollo de la cuestión rodia, digamos en broma. Pero aún me quedan algunas cosas.

La elección del paso por Rodas en dirección al sur del archipiélago, hizo que renunciáramos a entrar unos días en Turquía, que fue nuestro plan inicial. Aunque, tanto desde Kos como desde Rodas, es un paseo en kaike de una o pocas millas y, en otras circunstancias, una buena opción, fácil, interesante y no muy costosa que hemos probado algunas veces.

Fanis Karoussos y el  colectivo Cok Malko.  Arabas Perna. Entarisi Ala Benziyor.

http://www.youtube.com/watch?v=xxqx-RafZis


Calle comercial de Rodas
Grecia, verano  2013.

Ahora que veo las camisetas de las estrellas, recuerdo que me referí en Sombras de Rodas a las auténticas sombras de la ciudad en medio de los ríos de turistas y el sol del Egeo, no de las que yo puse en aquellos capítulos.
Son una docena de niños y niñas gitanos muy pequeños, la mayor no tendrá doce años, que ruedan por la ciudad pidiendo, tocando distintos instrumentos, componiendo estatuas en plazas y, en definitiva, buscándose la vida como pueden. Son la otra cara de la moneda, y no la oculta de la estrella, por cierto, pues está bien a la vista de todos.

No seré yo quien pretenda reformar los hábitos de un país señalando sus defectos, teniendo como tenemos en el nuestro ejemplos tan duros que nos avergonzarían igualmente, pero la realidad es ésa. Los padres ni pueden ni quieren responsabilizarse y el Estado, que es quien debería buscar soluciones, pasa de todo, y los niños siguen tirados todo el día por las calles.
Pero repito lo ya dicho, les dedicaré una entrada para tratar el tema más en profundidad y ya que tengo algunas imágenes, no muy buenas porque siento tristeza y vergüenza al fotografiarlos directamente y son robadas, la mayoría en marcha o desde lejos, pero servirán para ilustrar el texto y darán una idea más precisa del problema.

Y como hablar de necesidades, a los hijos de la posguerra nos abre el apetito, haré sólo una última referencia a la comida, puesto que ya dediqué varios puntos a ella en el capítulo precedente.
Seguramente no soy un buen guía gastronómico de Grecia porque no me puedo permitir determinados lujos, y no por falta de gusto. Por eso sólo comimos media docena de veces en Rodas de babero, es decir en restaurantes con algo de porte, y eso contando la comida que hicimos en el sur de la isla el día que alquilamos el coche.

Pero la comida popular griega es muy sabrosa y lo más común lo conocemos bien. Mejor los restaurantes apartados del interior de la ciudad vieja que los céntricos. Buenas carnes a la brasa, berenjenas imám y melintsanosalata. 
El vino tinto de la isla tiene personalidad, no estoy seguro de si es el Kalavarda del que escribe Durrell, pero creo que sí porque es como él lo describe, fuerte y tosco, aunque de un sabor no tan peculiar como ese tinto de Limnos que llaman Kalambaki, ¡y muy caro!, y eso que lo sirven a granel en jarras de medio litro, misó kiló, como en toda Grecia.

Y también probamos un par de blancos y la retsina, más barata, que se dejaban beber bastante bien.
En un par de cenas nos invitaron a un chupito de koriantolino, el licor tradicional de la isla que la mi morena prefirió cambiar por un seco tsikudiá cretense.
El koriantolino es una especie de ratafía parecida a la gerundense, ibicenca, francesa e italiana, licor mediterráneo donde los haya, un aguardiente con anís, aquí ouzo, y hierbas, entre las que figura el cilantro, y que puede alcanzar los 40º alcohólicos. También cercano al orujo de hierbas del noroeste ibérico, pero más suave y dulzón. Lo sirven frío, lo que lo hace más peligroso, porque entra mejor al atenuarse un poco su empalago.

Fanis Karoussos, santouri. David Brossier, viola d'amore. Ian Balzan. laúd.  Danza de Rodas.

http://www.youtube.com/watch?v=H9GDhEcpuPk


El faro de Mandraki  en la Torre de San Nikolás al atardecer.
Rodas,  agosto  2013.

Después de haber pateado Rodas durante cinco días largos, no pudimos contactar con tres personas que nos hubiera prestado ver, y que probablemente estaban en la isla.

Una de ellas era Zanásis Pájos, el chaval, el palikari que nos dejó su coche y su casa en Halkida el primer año que pasamos las vacaciones en Eubea. Lleva dos o tres temporadas currando en Rodas y de cuando en vez la morena tiene nuevas suyas a través de facebook, pero no llegamos a saber si seguía en la isla.

La segunda persona era Coralia, una amiga que hacía un curso de traducción en la ciudad, novel traductora a su vez, y con la que al final no pudimos tomar las biras que queríamos, aunque sí llegamos a hablar con ella algún día. La saludaríamos en diciembre, ya en Gijón, la tarde de la presentación de la novela de Alkí Zei, La novia de Aquiles, de la que es traductora junto a Pedro Guil, evento del que dimos cuenta aquí.

Y la tercera Konstantina, la amiga griega de Ana Capsir, Navegando por Grecia, que había pasado un tiempo en Valencia, cantando, y recientemente se había ido a Rodas. Tampoco sabíamos si seguía en la ciudad.

Cuando vamos a Grecia compramos una tarjeta telefónica, en realidad es un papel con un número que hay que incluir en cada llamada, que resulta baratísima, y que venden en los perípteros, kioskos. A veces hay problemas para conseguir conexión, pero el ahorro es grande: en un mes, en comparación con el gasto de otras tarjetas plásticas o el móvil, sólo con las llamadas a la familia y algunos amigos, se pueden ahorrar veinte o treinta eurakos. Todo cuenta, pero fue la razón de no poder hablar con Ana para saber el paradero de Konstantina. Pregunté en un par de sitios, pero nadie me supo dar pistas, hay muchos músicos y pequeños grupos actuando por restaurantes, locales y hoteles de todo Rodas. Oportunidades perdidas, una pena.

Y creo que con estos tres capítulos sobre el viaje, más los tres de la etiqueta Ombres y la entrada prometida sobre el periplo isleño, habré contado lo más sustancial y será suficiente de momento para Rodas.

¡Adío, callejuelas silenciosas y sombreadas, plazoletas solitarias, dormidas, adelfas, buganvilias e hibiscos, todo el color azul del mar y el cielo que casi abruma, tierra del sol y de la luz salvaje!...

Gregorio Paniagua. Atrium Musicae de Madrid.  Lamento.

http://www.youtube.com/watch?v=xotPWR5I8RY

Υγεία, Salud!


Ramiro Rodríguez Prada

lunes, 16 de diciembre de 2013

Η Ρόδος. Rodas -2.


Familia rusa en el foso amurallado de la ciudad vieja.
Rodas. Grecia, verano 2013.


Rodas -2


El primer día lo dedicamos casi en exclusiva al entorno inmediato de la ciudad medieval donde nos hospedábamos, aunque al final de la tarde fuimos a ver el atardecer al puerto de Mandraki. Compramos fruta y verduras e hicimos una comida vegetariana en el patio de Eleni.
Hay varias tiendinas familiares repartidas por las calles, pero sólo un supermercado más surtido y barato en la parte vieja, el Bazar, al final de la calle Demócrito, esquina Eurípides, junto a la plaza Platonos, y la mezquita de Ibrahim Pachá.

Esa mezcla de nombres, épocas y pueblos o culturas, es también Rodas, porque fue una isla cosmopolita donde convivieron griegos, latinos, hebreos y turcos, y antes otros pueblos, durante siglos y en relativa buena armonía, salvo algunos episodios, uno muy tardío y más propio de la Inquisición medieval española, y europea en general, que de mediados del XIX, cuando los judíos fueron acusados falsamente de sacrificar a un niño cristiano en una especie de aquelarre diabólico. Y el aún peor exterminio, éste por parte de los ocupantes nazis alemanes, de la práctica totalidad de la comunidad hebrea de la isla.

Junto a esa mezquita, y en otros puntos de la ciudad, hay locales para turistas amantes de lo exótico, que imitan los antiguos fumaderos, tekés, en los escenarios reales de las antiguas casas, con sus camas turcas y sus narguilés para echarse unas pipadas, sólo cebadas con tabaco, por supuesto.
Y en su entorno, también el pitádiko que más frecuentamos, el Γιαουρτοσκόρδιον, o sea, el Yogurajo, mezcla de ajo y yogur, como el tsatsiki pero sin pepino, jorís anguri, porque además de la bondad de las pitas yiro, los sublakis y de la simpatía y buena acogida de los dueños, nos ponían siempre el disco de O Stavros tou Notou, La Cruz del Sur, poemas de Nikos Kavadías musicados por Stavros Xarjakos que nos gustan mucho. Quizás algunos recordéis aquella canción To majeri, El cuchillo, que he puesto aquí varias veces...

El caso es que nuestro presupuesto no alcanza para comer y cenar todos los días de restaurante durante un mes. Los desayunos, bien nutridos con fruta, yogur y miel griegos eso sí, la mayoría de las comidas, mucho tomate cretense, feta y olivas, y alguna cena, los hacíamos en las grandes mesas del patio de la pensión, bajo la sombra de los toldos, a veces llevando las pitas pero comprando el resto en el Bazar; en los restaurantes sube mucho la factura, sobre todo, la bebida. Y menos mal que no somos comilones y a todos nos gustan las pitas, porque son el bocado proletario por excelencia, aunque en ocasiones pueda ser una comida sospechosa.

Αρχαγγελου Ροδου.  Κιελην Αντρα Εχω


Helios  en las vallas de la Rodas moderna.
Grecia, agosto  2013.

Hay conflicto a menudo entre la ciudad imaginada y la real. Para nosotros Rodas era en primer lugar su historia, el Coloso, Apolonio y la pintura que Durrell hizo en su libro de la Venus marina, capital de un archipiélago egeo con el que ya habíamos tenido contactos.

Una de las sorpresas relativas, porque sabemos que el tiempo no pasa en balde y Rodas no es la del año 45 del siglo pasado, fue la parte norte de la ciudad moderna que pudimos ver, sobre todo el barrio que mira al muelle oeste de Mandraki hasta la mezquita de Murad Reis donde estaba la Villa Cleóbulo de Durrell. En algunos momentos, por el desorden y la proliferación de escaparates, nos recordaba el caos ateniense.
Sin embargo, además de muchas casas otomanas o de la propia mezquita con el cementerio en el gran jardín y los edificios auxiliares, al poco de salir de las murallas por la Puerta de la Libertad, se topa uno con el Mercado Nuevo, frente al fondo de saco de Mandraki por un lado y la estación de autobuses por el otro. En su corazón, un patio circular abierto al sol con árboles y un gran templete en el centro, la mayoría de los locales se han transformado en restaurantes sacaperras para turistas, pero merece la pena entrar sólo por verlo.

Se van sucediendo los edificios oficiales e históricos hasta llegar al Club náutico: el Actéon, el Ayuntamiento, el Teatro Nacional, la Catedral junto al espigón de la columna de Élefos, el ciervo macho, o la sede administrativa de la Provincia del Egeo Sur, con sus maravillosas arcadas formando dos soportales a ambos lados del largo edificio.

He logrado llegar aquí, casi sin salir de la ciudad vieja, y todavía no hice ninguna referencia al legado medieval de los Caballeros de San Juan, de Rodas. Y creo que de hacerla será corta. Podéis encontrar toda la información al respecto en internet. El Palacio del Gran Maestre, la Calle de los Caballeros, el antiguo Hospital que hoy alberga el Muso Arqueológico e Histórico, la ronda de las murallas y el foso... O las varias mezquitas repartidas por la ciudad, siete si no conté mal, todas cerradas y semiabandonadas, muchas iglesias bizantinas, algunas en ruinas, la Biblioteca Musulmana, la Sinagoga, los baños turcos Yeni Hamam...

Σούστα Ρόδου από το Λύκειο Ελληνίδων Ρόδου  Εργάνη Αθηνά.


Rodas al atardecer desde el puerto comercial.
Grecia, agosto  2013.

En el malecón este de Mandraki, que tendrá unos 500 metros desde la cierva, o gama, de la bocana, Elefina, y el Faro de San Nikolás, hasta la Puerta de la Libertad, hay todavía tres molinos en pie, hoy parados pero bien conservados. Llegó a haber trece. Lo que no ha descendido es el número de barcos, pero hoy sólo amarran aquí, el puerto estrella de la ciudad, los de recreo y los más lujosos. Los pescadores se concentran en un rincón del puerto de Kolona debajo mismo de las murallas, separado de Mandraki por el malecón y un pequeño espigón defensivo.

Después de todo Rodas, y más que nada la ciudad medieval, es casi un pueblo. Una anécdota lo explicará mejor. Viendo la puesta de sol el primer día sentados bajo la columna de la cierva Elafina, en la bocana de Mandraki, coincidimos con una pareja con la que charlamos. Ella era turca naturalizada griega y él de la isla. Resultó que conocíamos el local de su tío, donde habíamos comido unas espanokopitas, hojaldres rellenos de espinacas y queso. Los encontramos por la ciudad vieja un montón de veces y nos saludábamos; en una ocasión pasamos a la puerta de su casa de noche, una calleja empedrada y oscura, iluminada sólo por la luz de su puerta abierta donde el hombre fumaba un cigarrillo, no muy lejos de nuestra pensión. Coincidencias en apenas tres días. Y a la vuelta nos volvimos a encontrar un par de veces. En una semana te saludan la mitad de los vecinos.

Por otra parte el turismo es el típico, muchos alemanes y nórdicos, muchos italianos en todo el Dodecaneso y este año más rusos que nunca, y concretamente en Rodas más que en otras islas. No obstante, y pese al agobio de algunas calles como la de Sócrates o plazas como la de Hipócrates, el turismo de Rodas, que parece más familiar e interesado por la cosa histórica y monumental, es más soportable que el de Kos, éste bastante volcado en la juerga joven y nocturna, no diré alevosa.

Habrá un tercer capítulo de Rodas capital, y espero que un cuarto algo más adelante, sobre el recorrido que hicimos a la isla con un coche alquilado.

Yiannis Kladakis.   Σαράντα μέρες μελετώ.

http://www.youtube.com/watch?v=pZlZeHUBU-Y


Υγεία, Salud!


Ramiro Rodríguez Prada


P. D. Ayer, 14 de diciembre a las 8 de la tarde, asistimos en la Casa de Cultura de Mieres del Camino, al concierto de la Orquesta de Cámara de Siero (OCAS), acompañada por los músicos cretenses Ioannis Petrakisviolín, y Mijalis Stavrakakis, voz y mandolina. El mes que viene dedicaré una primera entrada en Música cretense a estos dos músicos, pero a quien le interese el tema puede leer una líneas sobre el evento de Mieres en PSILICOSIS. 2:

http://psilicosis2.blogspot.com.es/2013/12/el-puerto-turistico-y-el-comercial.html

Y aquí mismo, a la derecha, podéis consultar en Céfiro el bien documentado artículo de María de Paz.

Besos! 

sábado, 14 de diciembre de 2013

Η Ρόδος. Rodas.


Entrada al puerto de  Mandraki.
Rodas, verano  2013.

Rodas


Buenos días. Evitamos Rodas durante años por las mismas razones por las que aún no conocemos Santorini o Mikonos: el turismo excesivo. Es uno de los primeros destinos turísticos en todo el mundo. Teniendo que coger vacaciones en verano, no hay más remedio que tragarse todo el paquete si se quiere visitar un lugar X. Pero le teníamos ganas. Aprovechamos que este año encontramos un vuelo arreglado a Kos, para ir conociendo las islas del sur del Dodecaneso, puesto que la primera vez que partimos de esa misma isla, hace bastantes años, lo habíamos hecho hacia el norte.

Salimos de Kos a las dos y pico de la madrugada, con más de una hora de retraso, en el ferry que hace esa ruta, el Diágoras.
El nombre se lo prestó un atleta vencedor en todas las Olimpiadas clásicas griegas, una de cuyas victorias cantó Píndaro. Era natural de Iálisos una de las tres polis que formaban la triarquía isleña, con Lindos y Kamiros. La ciudad de Rodas fue fundada por ellas en la punta noreste de la isla.
Dice Píndaro en su oda que, del buen Calianate/ célebre en el combate/ era nieto... . Tres hijos de Diágoras lograron también triunfos olímpicos. Los atletas eran profesionales de la época, había sagas familiares, pertenecían a la aristocracia, o tenían patrocinadores poderosos. Las Olimpiadas, como ahora, eran una oportunidad única para promocionar y engrandecer la patria chica a ojos de toda la Hélade, que es como decir del mundo conocido.

Atracamos en Nisyros de noche, y rumbo a Tilos amaneció sobre las montañas de Anatolia. Symi fue la última escala antes de Rodas, a la que arribamos entre las nueve y las diez de la mañana. La llegada a una isla por mar tiene otro sabor, incomparable con hacerlo en avión. Y aunque yo sea una kogonera mareada, incapaz de reprimir el vómito en un velero, que sería el transporte ideal, estas plataformas apenas se mueven.

Rodas ofrece desde el mar la imagen de una ciudad blanca y verde, hermosa y brillante, importante por su extensión, e histórica, por las murallas medievales, el castillo y el gran número de torres y minaretes que se elevan sobre su perfil, un largo friso de piedra a la orilla del Egeo.

Μανωλη Λεντακη, Λαούτο. Μανωλη Μαλτα, Φωνή.   Αρχάγγελου Ρόδου.


Plaza de Hipócrates desde los soportales de la Biblioteca Municipal.  Castellania.
Al fondo la Mezquita de Solimán y la Torre del reloj.
Rodas, agosto  2013.

Desde el puerto comercial hasta la ciudad vieja hay un paseo de un kilómetro, al principio junto a los diques secos llenos de barcos, como un cementerio, una explanada polvorienta con auténticas reliquias de todas las formas y modelos. Y a continuación una acera estrecha con árboles de sombra y un murete que la separa de la playa entre puertos, Akandia, donde se prohíbe el baño aunque todo el mundo pasa de la prohibición, en la calle que se adentra en la ciudad bordeando las murallas, Kolona y el antiguo puerto de Mandraki.

Calcaba ya el sol a esas horas como pal zorro. Estábamos cansados de toda la noche en el ferry, yo no había dormido nada y no llevábamos pensión buscada. Nos sentamos en el murete a la sombra, mientras la morena hablaba con otra mujer griega que tampoco tenía habitación reservada. Enseguida se les acercó un paisano con una motoreta, que les propuso llevar las maletas hasta una pensión de la ciudad medieval. Los chavales y yo llevamos las nuestras, pero era de ver al paisano con las dos maletas de las mujeres haciendo equilibrios entre los coches camino de las murallas. Y después, por el empedrado antiguo, estuvo a punto de irse al suelo varias veces. Los demás íbamos detrás afogaos.

El paisano se lo curró, pero la pensión era muy cutre, a pesar de su patio florido. Salían en ese momento, de la habitación que nos alquilaban, tres jóvenes milaneses con los que empecé a charlar preguntándoles qué tal les había ido ahí.
¡Las habitaciones son una mierda y en la cocina mejor no entrar!, me dice sin adornos el más decidido. ¡Una mierda!, repitió por si no me había enterado.
¿Sabes de algún sitio mejor por la zona?.
Sí, aquí cerca, a cien metros hay otra casa que lleva una señora mayor, que está muchísimo mejor y al mismo precio. Si quieres te acompaño en un momento, añadió muy amable.
Recién llegado, las callejuelas estrechas me parecían un laberinto así que, temiendo perderme, le contesté que de acuerdo. Bajamos los dos en un minuto, vimos la pensión y hablé con la señora. No acordamos precio, le dije que sí. Resultó ser el mismo que en la primera, donde la morena y los guajes esperaban que acabaran de limpiar el cuarto de baño que abandonaban los italianos.
La mujer griega se quedó. Nosotros nos fuimos, deseándole mucha salud al paisano y agradeciendo la información a los chavales. Acertar a la primera no es fácil.

Eleni es la señora de la pensión, que lleva su nombre, a unos cincuenta metros de una de las plazas más concurridas de la ciudad vieja, la de los Mártires Hebreos, con un monolito que recuerda a las víctimas judías de la isla durante la ocupación alemana, pero también llena de restaurantes, terrazas, turistas y loros.
I kiría Eleni emigró a Alemania, cuyo idioma domina junto al inglés, y se retiró a su isla para atender esta preciosa casa medieval de piedra, restaurada, tranquila, con un patio interior sombreado y cuajado de flores, como muchas de las de su estilo.

 Αρχαγγελου Ρόδου.  Βοτάνι. Filtro (de amor...)


El ciervo de Rodas,  Elafio,  en el empedrado de una calle.
Rodas.  Grecia, verano  2013.

Rodas, en principio, era sólo un paso de ida y vuelta para llegar y salir de Kárpatos, donde queríamos estar más días descansando. Pero ya sospechábamos que nos gustaría y, en lugar de un día para ir y otro para volver, estuvimos tres días a primeros de agosto y otros dos a finales.
El libro de Lawrence Durrell, Reflexiones sobre una Venus marina, del que hablé en los capítulos anteriores, no era ajeno a la seducción que Rodas ejercía sobre nosotros. Pero esa atracción resultó merecida, vale la pena que los turistas nos soportemos unos a otros en muchos momentos, a cambio de pisar estas calles por unas horas.

Vale la pena sobre todo porque muchas de esas callejuelas de la ciudad vieja están vacías, la masa turística se concentra en una línea de calles y plazas al este, próximas al puerto, desde la plaza de los Mártires hasta la de Cleóbulo, en la parte alta del noreste o, lo que es lo mismo, desde la Puerta de Santa Catalina a la de Cannon. Todo son tiendas, heladerías, agencias, restaurantes, lo típico...
Y otro tanto sucede en la parte moderna de la ciudad y el muelle oeste de Mandraki hasta la playa de Elli, la más importante del extremo noreste de la ciudad nueva.
Cerca de las murallas medievales, y en torno al Mercado Nuevo, todavía quedan muchas construcciones de la época de la ocupación otomana, con sus típicas galerías abalconadas de madera, también presentes en el interior del recinto amurallado medieval.

Pero nada más apartarse un poco de estos circuitos, en la ciudad vieja uno se encuentra con calles solitarias, sombreadas y silenciosas, buganvilias e hibiscos, pasajes estrechos y oscuros, plazuelas medio olvidadas que duermen la siesta al sol inclemente, o rodeadas de árboles para sentarse a la sombra, con mucha ruina pasada y presente y tabernas tranquilas en los rincones, para tomar un refrigerio en la terraza al abrigo de los emparrados.

Y en la nueva, junto a esa playa muy concurrida a la que me referí, entre el Club náutico y el de tenis, rodeada por una oxidada verja de hierro, se encuentra la mezquita de Murad Reis, olvidada, con el cementerio musulmán y sus jardines, hoy todo ello en estado lamentable de abandono, pero aún con sus estelas funerarias, sus eucaliptos gigantescos, sus hibiscos e, incluso, algo de su silencio en medio del tráfico. Ahí se alzaba Villa Cleóbulo, residencia en Rodas de Durrell, a la que casi convierte en otra protagonista de su libro. A ella espero dedicar un capítulo alguna vez con imágenes actuales.

Y me quedo aquí porque a este paso me voy a Pénjamo. Habrá más capítulos. Hasta luego. 

Λύρα, Στέφανος Λεβέντης. Τραγουδι, Eυαγγελια Λελε.   Αρχάγγελος Ρόδος.  Ο Πόταμος. El río.



Υγεία, Salud!


Ramiro Rodríguez Prada


P. D. Hoy, día 14 de diciembre, a las 8 de la tarde asistiremos en la Casa de Cultura de Mieres, Asturias, al concierto de la Orquesta de Cámara de Siero, que acompañará a los músicos cretenses Ioannis Petrakis, violín, y Mijalis Stavrakakis, voz y mandolina. Espero llegar a tiempo para dar cuenta del encuentro, si no aquí en PSILICOSIS .2.

Besos! 

viernes, 13 de diciembre de 2013

Sombra en Kos, Σκιά στην Κω -2


Noche en el puerto de Kos.
Grecia, 2013. 


El gato negro


¿Qué fue lo que hice mal?, pensaba el gato sentado en el centro de la calle en una noche desapacible, viejo, hambriento y solo. Nací en una casa donde no me faltó el cariño, la comida ni un lugar caliente. Jugaba con los niños y los gatos del barrio, me subía a los tejados. Pero de eso hace mucho tiempo, era muy joven y tenía el pelo fino y lustroso. Todo empezó a estropearse cuando me salieron las primeras canas.


El gato negro.  Vamo' negra.



Salud


Ramiro

jueves, 12 de diciembre de 2013

Sombras de Rodas, Σκιές της Ρόδου- 3


Caballitos de mar de la ninfa Rodo, hija de Poseidón.
Rodas, verano 2013.

Reflexiones sobre una Venus marina -2.
Viaje a Rodas.


Hay una disquisición sobre la divisa, La rosa de Rodas, con la que los comerciantes rodios sellaban los recipientes de barro con los productos que salían de la isla, aceite, vino o perfume. ¿Capullo de granado?. ¿Hibisco?. ¿Rosa silvestre? No hay quorum.
- "... los tres tonos predominantes son el rojo de la adelfa y el hibisco, y el tosco púrpura de la bugambilla con que los italianos han inundado la parte moderna de la ciudad."

- "La más pequeña vuelve la cabeza y escupe mientra corre. En un instante los pensamientos recogen todos los horrores de Egipto: la asfixiante bestialidad del islam y todo lo que éste representa, el fanatismo, la crueldad y la ignorancia."
En esos años todavía se llamaba a la oración en Rodas desde los minaretes de sus muchas mezquitas. Recordemos que en los jardines de una de ellas, Murad Reis, vivía Durrell vecino del muftí y del cementerio musulmán, en una casa que llamó Villa Cleóbulo.

Más sobre el Egeo y las islas del Dodecaneso:

Al Meltemi en Rodas le llaman  Imbat.
"Toda la región de Rodas y Creta oriental, hasta Samos e Icaría, continúa la estructura y las configuraciones geológicas de la Anatolia del Sudeste."
- "... la gran tela de araña que es Simi."
- "Un rígido plano cubista tras otro, de puro color." (Cálimnos)
- "Cos es la niña mimada del grupo. [...]. Es verde, lujuriosa y un tanto desgreñada. Una isla que no se molesta en peinarse el cabello."
- "Es una maldita isla sin carácter [...]. Y Leros todavía significa suciedad, incluso hoy día. [...]. El agua es salobre... como los sentimientos de sus habitantes."
No puedo sino estar en desacuerdo con la primera y con la última afirmación, éstos son de esos juicios típicos de Durrell, el Sobrao, que no soporto. Leros, aparte de los cementerios de barcos en alguna bahía, es guapa y luminosa, y fue tan hospitalaria y acogedora para nosotros como lo haya sido la mejor de las islas.
- "Patmos, pensé, era más una ida que un lugar, más un símbolo que una isla."

Dedica un capítulo al Coloso y al sitio de Demetrio Poliorcetes.
Habla de La Papisa Juana, de Roídis, y de Dafnis y Cloe, de Longo, una novelita preciosa que sirvió de modelo a los autores posteriores de la novela pastoril, tipo La Galatea de Cervantes. Todavía tuve la suerte de leerla en una edición traducida por Juan Varela en 1927, "Cazando en Lesbos, en un bosque consagrado a las Ninfas, vi lo más lindo que vi jamás;". Así comienza.

Ilustres en Rodas; Cicerón, que vino a estudiar Retórica y Oratoria con Molón; Y César.
Acerca de Pan: "En otras partes se le conoce como el kallikantsaros". Sobre este genio malévolo se extiende Fermor en su libro del Mani. En Rodas es el Kaous.

Andando las primeras etapas y en coche las siguientes, describe un recorrido por las carreteras y caminos de Rodas, algunos lugares obligados y otros menos, en un circuito a la isla.
- "El vino tinto Kalavarda es fuerte y tosco..."
- "La palabra que se repite, escrita en las lápidas de la antigua Camiros, es Χαίρε (Sed dichosos)."
- "También allí (Skala Camirou) nos encontramos con el inevitable griego norteamericano que hizo la inevitable comparación entre Detroit y aquel país piojoso, y que nos felicitó por hablar tan bien su lengua materna. Gideón se enfureció con él.
      -Apestoso y estúpido hijo de perra- dijo, en una excelente imitación del acento neoyorquino-, ¿porqué cuernos volviste aquí a envenenar el aire de tu país natal con tus quejas baratas y tu pasión por la coca-cola?"
Una escena semejante relata Henry Miller en su Coloso de Marusi y algo parecido viví yo este verano en Kárpatos, como he contado.

Gregorio Paniagua. Atrium Musicae de Madrid.  Himno al sol.


Desde el foso de las murallas de la ciudad vieja.
Rodas. Grecia, agosto 2013.

- "Los griegos adoran las despedidas."

Ven el Castillo Franco próximo a Camiros y "los amenazadores despeñaderos de Atabiros, la principal montaña de la isla." (1.215 mts.)

Y llegan a Lindos.
- "El sol había sido absorvido por el mar...". Quiero pensar que se trata de una licencia poética que hace referencia de nuevo al Carro de Hélios, porque está hablando de Lindos, uno de los pueblos más lindos, permitídme la bobada, de Rodas, donde el sol se pone por las montañas que quedan a su espalda, puesto que está situado en la vaguada de una bahía que mira al este, al mar y a Turquía. 
- "...vimos la islita a la que fue arrojada Hester Stanhope." (La Paximadia, Galleta). Ésta Hester fue una rica aventurera inglesa del siglo XIX, única en su género en aquel tiempo, arqueóloga y enamorada del Medio Oriente, la Reina Blanca de Palmira para los beduinos, que murió arruinada en Siria rodeada de sus muchos gatos.

- "Cleóbulo. Poeta lindio, uno de los Sabios, amigo de Solón. Autor del epigrama  Nada en exceso. Fue, con Pitágoras, uno de los primeros en permitir que las mujeres entraran en el círculo del saber." Su hija Cleobulina era poetisa.
- "La pequeña caleta donde según dice la tradición popular, naufragó San Pablo en uno de sus múltiples viajes." Cuatro islitas, Tetrápolis (lit. cuatro ciudades).

Sólo una cita de la  Era de los caballeros, el cap. nº 7. El comienzo:
- "Cuando en el sofocante calor de julio de 1099 la ciudad de Jerusalen cayó al fin en manos de los cruzados, los rodios habrían podido reclamar su parte de la victoria, aunque no participaron de las espantosas matanzas que la siguieron, cuando unos setenta mil seres humanos fueron exterminados en las calles y los cruzados que los despacharon se arrodillaban sobre las piedras manchadas de sangre del altar del Redentor, llorando por un exceso de alegría, para dar gracias por su victoria."

Lawrence Durrell también, como los griegos, parece aficionado a las despedidas y la de este libro es triste y melancólica, me volvió a recordar otra vez la amargura de los limones salvajes, agrios...
El libro incorpora al final un Calendario de flores y santos y unos Remedios campesinos. Tenía apuntada la reseña sobre el Lirio de arenal, Pancratium maritimum, con sus flores blancas en verano, siempre presente en las playas griegas y del que traje fotos, pero..., ¡esto es interminable!

Vuelvo a recordar que la obra fue publicada en España por Península (1998), traducida del inglés por Floreal Mazía.

Gregorio Paniagua. Atrium Musicae de Madrid.  Epílogos Katastrophe.



¡Salud y buenas lecturas!


Ramiro Rodríguez Prada

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Sombras de Rodas, Σκιές της Ρόδου -2


Atardecer con gato en  Mandraki.
Rodas, agosto 2013.

Reflexiones sobre una Venus marina.
Viaje a Rodas.


No soporto a Lawrence Durrell en algunos de sus libros sobre Grecia, al margen de su cuarteto de Alejandría, pero después de Limones amargos, sobre Chipre, éste es de los que salvaría de la quema. Por eso lo fuimos releyendo mientras recorríamos el Archipiélago. Tiene también pasajes muy pesados, como cuando se pone a describir los bailes griegos, pero esa mezcla de novela de amiguetes, de erudición justa e información de primera mano de la Grecia posbélica, con cierta poesía sin edad, islomaníaca, por usar un epíteto suyo, me gusta.

La cita que abre el primer capítulo del libro, Sobre el paraíso terrenal, es del Gitano español, The Spanish Gipsy, de Middleton:
-"Álvarez huyó; y tras él la condena del exilio fue enviada; como el rumor decía abiertamente, se retiró a Rodas."

Durrell llega a la isla para poner en marcha una Prensa libre en el Archipiélago, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, comisionado por las autoridades militares inglesas, que administran el Dodecaneso, ocupado por los italianos desde 1912 al 43. Todavía nos habla de una pequeña comunidad de colonos italianos establecida en Rodas, que deberá abandonar la isla con gran tristeza por su parte.
En Rodas se encontrará con una serie de personajes que serán sus interlocutores y compinches, sus compañeros de correrías cultas o populares por la isla y el archipiélago.

-"En el cuaderno de notas de Gideon encontré una vez una lista de enfermedades todavía no clasificadas por la ciencia médica, y entre ellas aparecía la palabra islomanía, descrita como una dolencia del espíritu, rara pero en modo alguno desconocida. Hay personas, solía decir Gideon a modo de explicación, a quienes las islas les resultan, quién sabe por qué, irresistibles. El simple conocimiento de que se encuentran en una isla, en un pequeño mundo rodeado por el mar, las llena de una indescriptible embriaguez."

Así comienza el libro, que es un poco de todo, novela, libro de viajes, guía etnográfíca e histórica, y un algo aventurero, más en aquella época. No me resistí a esa larga cita, porque resume perfectamente algo que muchos sentimos con Grecia y sus islas. Gideon, un culto inglés, buscavidas de altos vuelos, es el personaje más carismático de la historia. Rodas es el centro, dedica muy pocas líneas al resto de las islas.

Sobre la residencia del gobernador fascista italiano de la isla, el Castello, remodelado por ellos, cuya imponente apariencia medieval se destaca en la distancia sobre las murallas de la ciudad vieja:
-"-Mi buen hombre -dijo, irritado-, no sirve de nada que hables de esto. Esto es horrible. Quizás un diseño para un helado napolitano."
-"-Muy bien señor."
-"Y todos los que crean que es hermoso son unos idiotas."

Villa Cleóbulo, residencia de Durrell y su compañera mientras permanecieron en la isla y escenario de muchas veladas del grupo. A ella dedicaré algún día una entrada con imágenes de lo que queda de aquel lugar:
-"Recuerdo que fue entonces cuando nos tropezamos con aquel jardín que circunda la mezquita de Murad Reis, un jardín en cuyo centro descubriría más tarde la Villa Cleóbulo;"

Grecia y las islas:
-"Pero el griego es un individuo terrible. Mercurial, ruidoso, voluble, orgulloso..., ¿hubo alguna vez semejante conjunción de cualidades encerradas en un pecho humano? Sólo el irlandés podía competir con él en materia de intratabilidad, de estrepitosa y débil generosidad."

-"No habría podido tener una mejor introducción a la Grecia egea, porque Cárpathos tiene contornos tan puros como una escultura primitiva. [...], Cárpathos debe de haber parecido preciosamente próxima al paraíso en ese tiempo de primavera."
-"Ha traído consigo un par de canciones de Cárpathos [...]. Una de ellas tiene un coro delicioso:

Oh dulce limonero, con limones en tus ramas;
¿cuándo, inclinándote hacia mí, me enlimonarás?"

-"La literatura popular identifica los limones con los pechos femeninos, y se supone que la canción debe ser cantada por una jovencita. Del mismo modo, en poesía, aceituna es un símbolo de un lunar en el rostro o en el brazo de una muchacha morena."
Pregunté a María y a Nikos en Levkós, Kárpazos, por esta canción pero no la recordaban.

Σκοπός από το χωριό Αρχάγγελος, της Ρόδου, όπως παίζεται και τραγουδιέται στην Κάρπαθο, dice Halkias el subidor del vídeo; Skopós del pueblo de Arjányelos, de Rodas, (otro como Anogeia en Creta u Ólymbos en Cárpatos) tocando y cantado en Cárpatos, por Nikos y Ioannis Pablidis, a quienes ya hemos tenido oportunidad de escuchar en los capítulos dedicados a su isla y a su pueblo. 

Η 'μέρα έχει βάσανα μα η νύχτα είναι ωραία,
γιατ' έρχεσαι στον ύπνο μου και μου κρατάς παρέα.

La mañana tiene problemas pero la noche es buena,
porque vienes a mi sueño y me haces compañía

Λύρα: Νίκος Ι. Παυλίδης. Τραγούδι: Ιωάννης Ν. Παυλίδης.
Σκοπός 1ος, Αρχαγγελίτικος, Καρπάθικη Εκτέλεση.


Aparcamiento de sillas en el  muelle de Kolona.
Rodas, verano 2013.

-"... en algunas partes de la isla (Rodas) se conoce el arco iris con el nombre de Cuerda de Elena, porque, según afirman los campesinos, una gran reina se ahorcó con un arco iris de un árbol."
-"Según una antigua fuente, cuando cayó Troya, Elena fue expulsada por sus hijastros y se refugió en Rodas, donde Polixo la ahorcó de un árbol para vengar la muerte de Tlepolemos en la guerra de Troya. Torr ya ha hablado del culto del árbol de Elena Dendritis, en Rodas, durante los tiempos antiguos."

-"Helio era el gran dios de Rodas; de todos los nombres antiguos de la isla, Heliosa, el amigo del sol, es el único que vale la pena registrar. [...]. Su templo se encontraba donde ahora se halla la fortaleza de cartón piedra de De Vecci, y dentro del recinto estaba el dios Sol de pie en una carroza tirada por cuatro corceles."
Estos cuatro caballos del Carro de Helios, de los que hablamos en el capítulo de ayer, tenían sus nombres y eran también una metáfora del camino del conocimiento y sus dificultades, ingobernables para un joven inexperto como su hijo Faetón. Desde su carro en el cielo Helios lo veía todo, hasta lo oculto para el resto de los dioses, se iba iluminando la tierra para él mientras avanzaba, despejando las tinieblas. Así pudo ser testigo de la coyunda entre Ares y Afrodita, y fue él quien se chivó a Hefestos, el fragüero de Limnos.
De modo que Helios resulta ser un mirón y un soplón. Esto es también por seguir una broma con Ana Capsir, pero así me lo contaron.

Hay una nota sabrosa a pie de página sobre ese fascista italiano, De Vecci, el del Castello de antes:
-"El último gobernador fascista de la isla, cuya recargada e insípida reconstrucción de monumentos estuvo a punto de arruinar el espléndido y meditado trabajo de Mario Largo, que dedicó la mitad de su vida a gobernar y embellecer Rodas."

La obra se publicó en Gran Bretaña en 1953 y en España la editó Península en 1998. Traducción de Floreal Mazía que no fue muy de nuestro gusto, aunque reconocemos la dificultad que ha de representar la traducción de algunas páginas demasiado recargadas del inglés.

Estoy a la mitad, así que mañana la segunda entrega.

Ramiro Rodríguez Prada


Αρχαγγελο της Ρόδου. Μελίνα Κανά.  Ο πόταμος. Απόψε η νύχτα χιόνισε...

martes, 10 de diciembre de 2013

Sombras de Rodas, Σκιές της Ρόδου


La sombra de la columna de Elafina.
Puerto de Mandraki, Rodas. Grecia, verano 2013.

Ciervos y colosos


Gamos o ciervos. La mayoría se decanta por éstos últimos. En la bocana del antiguo puerto de Mandraki, que no tendrá más de 25 metros de anchura, dos columnas coronadas por ciervos de bronce, el de poniente macho y la de levante hembra, reciben al navegante que llega.

Son Élafos y Elafina,  pareja de esculturas que ocuparían los lugares donde antes pisaron los pies del Coloso de Rodas, abierto de piernas para permitir el paso de los barcos, apoyando un pie en cada orilla. Hoy los dos ciervos son casi el símbolo de Rodas, y sus efigies, junto al sol que recuerda a Helios, están por toda la isla. La columna de Elafina cayó hace años pero ha vuelto a ser levantada.
Existe también el proyecto de construir, en algún lugar del muelle, un Coloso en acero aún más colosal que la maravilla primitiva, dicen que de 60 a 100 metros de altura, ya encargado al alemán Gert Hof, ¿será broma?, ¡si no lo veo no lo creo!...

La ingeniería moderna pone en duda que la ubicación del Coloso fuera posible en el lugar que la tradición le atribuye, por una cuestión de pesos, se habría partido por las ingles, y los historiadores prefieren situarla en la colina de la antigua Acrópolis, en el monte Smith, del que tanto habla Durrell en su libro sobre el Dodecaneso, Reflexiones sobre una Venus marina. "Una estatua de mujer, de periodo incierto, hallada en el fondo del puerto de Rodas, perjudicada por el agua del mar", ésa es la musa de Lawrence en Rodas.

Desconozco la razón de porqué eligieron a los ciervos, tal vez porque la isla era boscosa en la antigüedad, y aún conserva valles profundos con vegetación espesa y montañas pobladas de grandes árboles, pero no se habla de ningún culto a Artemisa, que era la diosa cazadora y los ciervos sus animales totémicos, los que arrastraban su carro. Tengo entendido que todavía quedan gamos salvajes en algunos lugares de la isla.
El mito de Elafio, que recoge Graves, se desarrolla en la Grecia del norte y continental. Era el ciervo de cuernos de oro que acabó cazando Heracles en uno de sus trabajos, también la nodriza de Artemis y ella misma, casi como un título, "parecida a una cierva". Y tampoco hubo culto a la Afrodita marina de Durrell, que yo sepa.

El que sí aparece en el origen mítico fundacional de Rodas es Helios. Lourenzinho. Todavía hoy el sol lleva ese nombre en Grecia, no Lorenzo sino Ἥλιος, (pro. Ílios).


La cierva al atardecer sobre el muelle de Mandraki.
Rodas, agosto 2013.

La historieta cuenta que Zeus repartió el mundo y se olvidó de Helios. Éste le pidió un reino sumergido que hasta entonces pertenecía a Poseidón. Así emergió Rodo, una hija del dios del mar, que dio nombre a la isla y se casó con Helios. En los mitos de los dioses solares que dieron origen a las religiones modernas, el dios único que representaba al Dios Padre, centro del cielo, Zeus en el panteón olímpico, acabó usurpando las prerrogativas de Helios como deificación del sol. Y Apolo hizo el resto. Helios quedó casi como un dios menor que representaría el fuego sagrado.

Helios conducía el carro del sol desde el amanecer hasta el ocaso, tragado por el mar reaparecía por el este.
Casi su hijo Faetón lo superó en fama. Quiso conducir el carro de su padre pero los caballos se encabritaron y Zeus lo chamuscó antes de que hiciera una avería. Al parecer en Rodas se lanzaba una cuadriga al mar por un alto acantilado conmemorando la hazaña.

Pero aunque Helios, llamado por algunos autores Hiperión, quedara un poco relegado, nadie podrá negar la condición solar de Rodas. Es cierto que hay muchas islas griegas donde la blancura, el azul del cielo y el mar, y el sol, se imponen, pero en pocos sitios como en Lindos por ejemplo, tienen tanta potencia la luz y los colores.

Y falta el Coloso. Que es otro modo de seguir con Helios puesto que la estatua se erigió como representación de y gratitud al dios de la ciudad, para conmemorar la victoria sobre Demetrio Poliorcetes El sitiador de ciudades, que puso cerco a Rodas el 305 a. d. C. Se ventilaba la herencia de Alejandro Magno y la supremacía en el Mediterráneo entre el macedonio Demetrio y los Ptolomeos de Egipto, con los que Rodas, por cuestiones estratégicas de proximidad y comercio, estaba aliada.

Se atribuye al escultor Cares de Lindos, que hizo un mal cálculo de materiales, se arruinó y se suicidó. La terminó uno de su pueblo, un tal Laques. ¿Galgos o podencos, gamos o ciervos?..., cada uno da una medida diferente del tamaño del Coloso: 30, 32, 33, 35, 37, 40..., metros de altura.
Plinio el Viejo escribe que tenía 70 codos, con una base de 40 (15 m.), que tardaron 12 años en levantarla y que costó 300 talentos. Con esas medidas pesaría unas 70 toneladas. Historiadores antiguos que registraron noticias del Coloso fueron Polibio y Estrabón, y  posteriores. Durrell cita a Diodoro.
Tampoco hay acuerdo en los años que se mantuvo en pie, que si 56, 65, 78.. . Parece que fueron 66 años hasta que un terremoto la echó abajo en el 226 adC. (según otros el 227).


En la bocana del puerto de Mandraki,
la sombra de Elafina y la torre de San Nikolás, el faro.
Rodas. Grecia, verano 2013.

Después de ocho siglos, cuenta la leyenda que un judío compró los restos de bronce y tuvo que usar 900 camellos para transportarlos. La historia seguía la invención del Coloso en la bocana de Mandraki con los barcos pasando entre sus piernas, en realidad de origen medieval.
Pero lo que no nos pueden quitar es la fantasía, esa imagen icónica del Coloso abierto de patas con la antorcha en alto que nos quedó de niños. Yo hasta muy tarde pensé que todavía existía...

He incluido esta entrada en Ombres por las fotografías y esas dudas  de fechas y dimensiones, aunque en realidad iría mejor en Archipiélagos, pero ahí quería hablar más de nuestro viaje que de la Rodas mítica o histórica.

La mayor sombra que encontramos en Rodas capital, fue la presencia de un grupo de niños gitanos, explotados por sus padres, que se pasan el día y parte de la noche tirados por las calles, recorriendo las terrazas tocando el acordeón o el baglamá, o haciendo estatuas, pidiendo, asfixiados de calor y alimentándose de porquerías y de los restos de los turistas, ante la pasividad de las autoridades. Pero a eso dedicaré también algún capítulo en su día si tengo salud.

Hasta mañana

Ramiro Rodríguez Prada 


Níkoς Γράψας.  Kάτω στη Póδo. Abajo en Rodas.

domingo, 8 de diciembre de 2013

98


Pigadia.  Kárpazos.
Grecia, agosto 2013.


Salí a tirar la basura


eléctrico. Todo el día nervioso, cuando llegó la noche no había mejorado. Me disponía a soltar la bolsa de la orgánica en su cubo, cuando vi que en realidad agarraba un gato por el rabo. Se retorcía el bicho intentando arañarme y lo solté aterrado como si quemara. ¡Qué raro, no tengo gato!... Cayó dentro del contenedor pero saltó fuera a escape, el pelo erizado, haciendo miau.


Βασίλης Παπακωνσταντίνου.  Ο μαύρος γάτος.  El gato negro.




Salud y felices pesadillas

ra


P. D. : No te me acerques Eulalia/ que estoy eléctrico, eléctrico...


Kaka de Luxe.   La pluma eléctrica.


http://www.youtube.com/watch?v=DFcBGVYcy3k


Besos!

sábado, 7 de diciembre de 2013

97


Cabezabajo y reculando


Salí a tirar la basura



casi por escapar un poco de aquel día aburrido y sin sangre. El cielo había estado tristón, encapotado de nubes, y parecía pesar sobre la cabeza achantando hasta las ideas. Las labores rutinarias del hogar no consiguieron distraerme y si bien me esmeré con la comida, como suelo hacer, no obtuve ningún refuerzo positivo. No me extrañó, porque yo mismo comí poco y sin ganas, así que no podía culpar a nadie de insensibilidad. La pequeña colación de la cena no fue más alegre. Quizá esperaba algún encuentro que me sacara del pozo, si quiera por unos minutos. Pero sé que no está en mi mano provocarlo: la acción se desarrolla bastante al margen de la voluntad de los actores; por supuesto podemos intervenir, pero siempre con un desenlace incierto, y parece que el grueso del guión lo escribiera otro, el destino, el devenir de cada segundo con sus infinitas variaciones. Ganas de enredar la madeja. Iba pensando en mi amigo nocturno, el vecino que saca al perro a estas mismas horas. Llevaba un par de pitos liados por si acaso. Nadie. La calle estaba vacía y silenciosa. Hice el corto recorrido hasta los cubos y ni siquiera pasó un automóvil. Dejé las bolsas aún más desolado, y entonces me vino la idea. ¿Porqué no volvía a casa culo atrás? Era otra manera. Tiene su dificultad porque hay que ir torciendo el cuello cada poco, no está uno para contorsionismos a estas edades y con las escaleras el asunto se complica. Pero, poco a poco, las salvé limpiamente. El mayor problema fue abrir la puerta del portal de espaldas, no había manera de meter la llave en la cerradura. Soy diestro, pero lo conseguí después de un rato cuando pensé en invertir la operación de nuevo y lo intenté con la zurda. ¡Entró a la primera!, y también la de la puerta de casa. ¿Había moraleja, enseñanza?. No importa, con esta prueba di al fin por bueno el día y me acosté más reconfortado.



José Luis Ducid. Los muelles/ The quays.  





Salud y felices pesadillas


ra


P. D. Música recomendada por Marta Capote en su G+. Gracias y besos, Marta!

viernes, 6 de diciembre de 2013

96


Una noche en Kos.
Grecia, julio 2013.


Salí a tirar la basura



abducido por el rollo griego, como me dice una amiga muy modernamente, aunque yo creo que iba aún más tomado por el bon vino. Tenía ese soporín y esa caída de párpados que nos pone la cara bobalicona de boquiabiertos, como si viviéramos en un mundo medio feliz. Nada más salir del portal me llegó la bocanada caliente de una noche de verano, pese a lo que dijera el calendario y, a la vez, el sonido de una lira. Ligero de cascos como iba, me enganchó al instante. Habían montado la fiesta en las cercanías de los cubos de la basura, en un jardincillo al final de la calle. Era una boda y estaban en los postres. En las mesas tenían tsikudiá, raki, y lukumades. No pude negarme a su ofrecimiento. Después me quedé hasta el final, cuando sólo había borrachos como yo y los músicos, tomados también y exhaustos, se dormían sobre sus instrumentos. Aguantaba firme un viejo liraki. No sé qué fue de las bolsas, ¡allá penas!.


Psarandonis. Boda en Anogeia (Anoyia). Creta, 28-7-2013.




Salud y felices pesadillas.


ra

jueves, 5 de diciembre de 2013

95


Cada uno en su casa y mierda en la de todos


Salí a tirar la basura



enfilando decidido hacia los cubos. Pero me detuve en seco, aunque había llovido: Los habían colocado
treinta metros más arriba del punto habitual. Impaciente como soy, me saca de mis casillas que me anden cambiando las rutinas sin avisar y fui refunfuñando hasta el nuevo emplazamiento. Recordé que en una reunión de vecinos se había acordado unificar los puntos de recogida de los dos portales del edificio, para ahorrar unos eurillos. La tomé entonces con el presidente de la comunidad, que habría ordenado colocar el punto de recogida junto a su portal. Cuando llegué, me cagaba en los privilegios de toda la clase política del país. Sin embargo, una vez soltada mi mierda, mientras poco a poco regresaba a casa, me iba reconciliando lentamente con el mundo y las debilidades humanas. Al fin y al cabo, pensaba, estos dos minutos de más me brindan la oportunidad de una reflexión algo más larga, quizá la ocasión de un encuentro fortuito e interesante en los últimos segundos... . El conformismo es un azote.



Rockers de Cárpatos emulando a Iron Maiden.




Salud y felices pesadillas.


ra

martes, 3 de diciembre de 2013

Presentación de La novia de Aquiles, de Alki Zei, en Gijón.


Juan Manuel Baños, Pedro Guil y Coralia Pose.

Alki Zei


Buenos días. Noticia fresca, porque acabo de llegar de Gijón con ella, creo que es lo más fresco que he escrito aquí, ¡de la mar al plato!. Como no me da tiempo a editarla para la hora prevista, publicaré lo que tenga e iré añadiendo más cosas hasta la hora del catre.

Ayer, lunes día 2, a las siete de la tarde, en el antiguo Instituto Jovellanos, Coralia Pose y Pedro Guil, traductores, introducidos por Juan Baños, de Céfiro, la Asociación Asturiana de Profesores de Latín y Griego que organizaba el evento en Gijón, presentaron la novela de Alki Zei, La novia de Aquiles, publicada por Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, con la intervención de la autora a través de videoconferencia.

La novela tuvo su puesta de largo en el Círculo de Bellas Artes de Madrid ayer hizo un mes precisamente.

Quizá la gijonesa fuera más íntima, los traductores estuvieron rodeados y arropados por amigos, familiares, compañeros -Coralia es traductora y Pedro filólogo-, y entusiastas del mundo griego. Y, no obstante, he visto muchas presentaciones con bastante menos público, porque nos dejaron la sala pequeña pero casi se llenó, estaríamos ¿unas sesenta personas?, a mí francamente me parece un éxito teniendo en cuenta lo poco que se lee y los escasos robinsones que se interesan por Grecia.


Coralia, con la novela traducida,  La novia de Aquiles  y  una edición  griega.

La presencia de la autora, aunque sólo fuera en "espíritu" enriqueció mucho el acto. En varios momentos se refirió Alki a la pena de no poder estar con nosotros también físicamente, pero ya debemos agradecer estos adelantos, sé que suena viejo, pero es que soy de la era del teléfono de Gila.

Transmite serenidad esta mujer fuerte que respondió con vivacidad, prontitud y gotas de buen humor, a la batería de preguntas que Pedro se encargó de formularle en castellano y en griego. Ella contestaba en su idioma y Coralia traducía.
En ese sentido no fue tampoco una presentación típica donde van interviniendo los actores cuando les toca el turno, para callarse después, fueron haciendo todo como enfrentaron la traducción, a cuatro manos.

Ilías Vénesis era el siguiente autor al que pensaba dedicar su espacio en esta etiqueta de Escritores 
griegos,  pero cambiaré el objetivo y colocaré en su lugar a una autora. Entonces, cuando lea la novela, le dedicaré el tiempo y el espacio que merece.

Me quedé con las ganas de preguntarle si su historia tenía algo que ver con Tierras de sangre (Matomena jómata), de Didó Sotiríu, mi novela preferida de la moderna literatura griega, y que seguiría a Vénesis aquí según mi plan. Creo que la fatigamos lo suficiente y ya sólo me atreví a enviarle Filakia polá!..., y me emocioné, ¡toy vieyín!

Es una mujer de la resistencia que estuvo exiliada en la URSS y encontraba algún paralelismo con Didó. Después se lo pregunté a Pedro, al final de la reunión, y me enseñó una fotografía de la autobiografía de Alki, publicada en Grecia recientemente, donde aparece una imagen de Sotiríu con ella. Si no entendí mal, hay incluso parentesco entre las dos autoras. Pero esos extremos los ampliaré cuando llegue el momento y me informe mejor.


Alki Zei en el ordenador.

Para cerrar la asamblea, ya sin la presencia de Alki, Pedro nos leyó unas páginas durísimas de la novela y nos fuimos a tomar unas cañas, para sustituir la amargura del dolor por el amargor del lúpulo, que presta de otro modo.

Esta es una entrada sorpresa porque ya sabéis que tengo todo el mes programado, la prevista pasará a febrero. María de Paz, la autora de ese estupendo y completo trabajo sobre los pondios en el blog  La pasión griega, tuvo la gentileza de traernos a casa después de la presentación, y el guaje pequeño, mientras yo le hacía la cena, me pasó las fotos al ordenador, ¡todavía no aprendí!...

Y como María fue quien nos devolvió al hogar y vinimos escuchando música pondia en su coche, aprovecho para subir uno de las canciones que utilizó en su trabajo, en concreto la que cierra el capítulo III-  La Gran Catástrofe. Es un músico que le gusta y conoce personalmente y fue de los que nos puso al regreso.

ΑΛΕΞΗΣ ΠΑΡΧΑΡΙΔΗΣ.   ΧΟΡΟΣ ΧΑΛΑΙ.

 http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=NFxn7y3iRig


¡Salud y buenos libros!

Y el postre, con cariño para Pedro Guil:

Niño Segundo, guitarra. Paco Toronjo.   Fandango.

http://www.youtube.com/watch?v=1dmEywY_P-o

Ramiro