miércoles, 23 de enero de 2013

O Μάρκος Βαμβακάρης, Marcos Bambakaris


Grecia, verano 2012

Βαμβακάρης


O Βαμβακάρης, según noticia del mi Dimitraki debe ser otro nombre parlante, porque βαμβάκι es algodón. No sé si sería correcto traducirlo por El Algodonero, El Algodonoso tal vez... . La industria del algodón ya sabéis que fue muy griega, en especial por el cultivado en Alejandría, y él mismo trabajó de niño en una fábrica de hilaturas de algodón.

Pero la verdad es que la voz de Marcos, que es lo que nos interesa aquí antes que las etimologías o las coincidencias, no tiene nada de algodonosa, todo lo contrario, y más en sus últimos años, era ronca, rasposa, distorsionada en falsete agrio y viejuno, casi antimusical.

Markos Bambakaris.  Koróido.  Mamón.

Fue una cinta de Tsitsanis la primera que compramos de Rebétiko cuando íbamos en coche a Grecia, nos dejamos aleccionar por una guía francesa que también hablaba de Bambakaris. Entonces no era fácil encontrar grabaciones viejas del género. Lo que encontramos en un puesto de mercadillo. La otra griega era de Hatsidakis, a quien sí conocíamos algo, pero el rebético era la primera vez que lo oíamos.

En los años 80 empezaba a ponerse de moda de nuevo, de la mano de jóvenes intérpretes. Años después vimos a Eleftería Arvanitaki y a Glykería en Myrina, Limnos, que, especialmente la última, hacían nuevo rebétiko. Y por la misma época escuchamos a un grupo familiar de músicos de paliorebétika, que hasta tocaban una percusión con una gran lata vacía de queso feta.

Pero muy pronto empezamos a escuchar también a Bambakaris. Y en la propia Myrina. Lo ponían por Radio Alfa, una emisora donde trabajaba Yorgos, hermano de Andoñía, nuestra casera. Y vimos algunas grabaciones en programas de televisión que recordaban aquellos años dorados del rebétiko, cuando empezó Markos, los 30 y los posteriores a la 2ª Guerra Mundial.

Βαμβακάρης.  Όσοι έχουνε πολλά λεφτά.  Los que tienen un montón de pasta.


Si Tsitsanis es el compositor e intérprete de rebétiko más importante a partir de los años 50, por méritos propios desde luego, Bambakáris pasa por ser el primero que realizó una grabación de ese estilo en Grecia,  'Να 'ρχόσουνα ρε μάγκα μου, en 1934. Pero, antes que nada, es considerado la figura indiscutible, y no sólo de los primeros rebetes, sino de toda la historia del género hasta la fecha. Su estilo único, que es el de esa voz inconfundible lo hace además perfectamente reconocible.

Dediqué en esta etiqueta una entrada a Marió antes que a Marko, dentro de la rebétika, por galantería y porque es actualmente la figura viva más importante. Me gusta mucho, y también ese puesto de relevancia lo tiene ella bien merecido, sin duda.

Bambakáris nació en 1905, en Siros, como Enmanuil Roídis, la isla más próspera, dinámica y poblada de la Cícladas y cuya capital Ermupuli, lo es de todo el archipiélago.  Pero muy joven tuvo que trasladarse al Pireo, buscándose la vida a salto de mata, de lo que saliera: vendedor de periódicos, recadista, limpiabotas... .
Mientras, aprendía los rudimentos del busuki y se empapaba en las canciones que en los años 20 traían los refugiaos de Asia Menor huídos de las fuerzas de Atatürk y que poblaron las islas, las grandes ciudades griegas y sobre todo Atenas, El Pireo y muchas tierras del Ática adyacentes.

Μάρκος Βαμβακάρης.   Απ οσες αν εγνωρισα.


La temática de sus canciones es la misma de la de todos los grandes rebetes, puesto que vivió los mismos ambientes duros de los arrabales donde cobró vida el género, alcoholismo y demás drogadicciones, violencia, prostitiución, y todo tipo de necesidades. Aunque el origen musical de los diversos estilos, como sabéis, parece remontarse mucho más atrás. Siempre a caballo entre Asia y Europa.

Leía hace poco en un libro de Santigo Auserón, El ritmo perdido, que lleva por subtítulo Sobre el influjo negro en la canción española, una nota donde, buscando el origen de la palabra rumba, llega a mencionar el verbo griego Ρέμβομαι, ré(m)bome, que significa "ir y venir, errar, girar en redondo, actuar al azar". ¡Parece estar describiendo el baile y el carácter errático de los rebetes!. Y por asociación con el verbo...
Pero no menciona Santiago el rebétiko, ni lo emparenta con el tango africano o la rumba. Es un libro muy documentado, tal vez fue un lapsus del polifacético músico. Y, bueno, trata sobre todo el ámbito hispano (y afroamericano).

Mira por donde podéis añadir dos nuevas palabras a los insultos y cagamentos que apunté en un capítulo de diciembre. Creo que por Mamón puse Mámonas y por cabezón Kefala. Hoy Marko nos presta otras dos, antes Koróido, mamón y ahora Pismatara, testarudo, cabezón, uno que se emperra en que lo quieran pero nones.

Μάρκος Βαμβακάρης.  Πεισματαρα. Cabezón. 1938.

http://www.youtube.com/watch?v=Bq1EV-GURiI

Grecia, agosto 2012
  
Como creo que tiene más interés alguna otra cita de ese libro, que muchos datos biográficos del músico que tratamos hoy, porque se refieren también a Grecia y a la música y no las encontraréis a menos que compréis el libro, creo que acabaré este primer capítulo de Bambakaris con eso y poco más. Y las canciones que ya tenía previstas, por supuesto.

Después de mencionar Auserón la coincidencia fonética de palabras bilabiales de origen africano, como "mambo, bembé, samba, rumba, macumba, candombe, cumbia, etc.", rastrea la etimología de rumba y rumbo a través de los distintos idiomas.

"Rumbo remite a los rhomboi de la antigüedad grecolatina, objetos romboidales de madera o de bronce que se hacían girar atados a una cuerda para usos mágicos, produciendo un sonido como el mugido del toro".  Y sigue, y esto creo que les interesará a algunos marineros, capitanas y capitanes amigos: "La forma de esos objetos reaparece en las divisiones de la rosa de los vientos, que los marineros llaman por asociación rombos y luego rumbos". Creo haber leído algo muy cercano en
Navegando por Grecia, el blog de Ana Capsir.

Μάρκος Βαμβακάρης.  Μαύρα μάτια, Μαύρα φρύδια.  Negros ojos, negras cejas.


..."la raíz germana rum, cabida en la bodega. Relacionada con el inglés room, que en español y portugués es rumo, con la misma significación: hueco en el interior de un bajel (pensemos en el uso arrumbar)".
"En francés, rum tiene durante un tiempo el doble significado de bodega naviera y bebida espirituosa"

¿Y qué tiene esto que ver con Bambakaris?, preguntaréis. Pues mucho, porque nació en una isla, vivió en el Pireo y los turkos le hubieran llamado si no rumí, por lo menos romiós,  romano para ellos, otra etimología a tener presente hablando del rum.

Aunque dije al principio que me interesaba más la voz de Marko al final perdí el rumbo y me fui por las etimologías. ¿Pero no os quejaréis del número de canciones?

Los últimos apuntes biográficos. Murió en Atenas en 1972. La casa museo dedicada a su memoria en Ermupuli es uno de los destinos que tengo todavía pendientes, ya cumplida la peregrinación laica al oratorio de Nikos Xiluris en Anogia.

Μάρκος Βαμβακάρης.  Καντονε Σταυρο.

Su tema más conocido es una canción de amor, Φραγκοσυριανή, Francosirianí, una palabra compuesta que podemos traducir por Chica franca de Siros. Ya la puse aquí y también una versión reggae que me gusta, valiente y graciosa, de Locomondo.
Se cuenta que Bambakaris, al volver temporalmente a Siros desde el Pireo, convertido en un reconocido interprete de rebétiko, se enamoró de una chica franca que debió darle calabazas y a la que dedicó la canción.

Al hablar de Enmanuil Roidis, el otro siriota universal, ya conté que en la isla existe una dinámica y numerosa comunidad católica entre la mayoría ortodoxa, que perdura desde la presencia y ocupación de territorios de Bizancio por parte de las potencias latinas de entonces, venecianos, catalanes o genoveses, entre otras. 
A los católicos que quedaron se les siguió llamando francos, aún cuando se habían sucedido las generaciones de griegos autóctonos que ya sólo compartían con los latinos la religión.

Las penas de amor del rebético no son sólo una cuestión estética. Abundan los abandonos de los rebetes por parte de sus mujeres, las infidelidades, las fugas con amantes fijos o temporales. O, lo que es peor, las historias de drogadicción, alcoholismo y malos tratos.
Escojo esta versión de Hatsidakis y Dandonaki grabada en Nueva York con Manos al piano, y no es chiste lo de las manos, sólo coincidencia, porque enlaza bien con un tema de Konstantina, una cantante griega amiga de Ana Capsir, antes en Valencia y ahora en Rodas, de la que la kapetánissa puso un tema de un ensayo en su blog.

Como hablamos de las versiones cultas del rebético por parte de cantantes líricas del éntecno, aprovecho para poner ésta de Dandonaki. Todos estuvimos de acuerdo en que también nos gustaban muchos de estos acercamientos a la música popular, al rebétiko, por parte de músicos clásicos. Mejor si se puede disfrutar de todo si es bueno, sin prejuicios.

Marcos Bambakáris.  Manos Hatsidakis, piano, Φλερυ Νταντωνακη, Fléry Dandonaki. 
Φραγκοσυριανη.

Salud y mucha música

Barbarómiros

lunes, 21 de enero de 2013

Los gavros de Diamandís


Diamandís  y la gata de  Spiros
Agii Apostoloi, agosto 2012 

Buenos días. Ésta es otra corta secuencia desde la terraza del bar de Stavrula y Spiros. Ya os hablé de ello.

Diamandís llega al εστιατόριο, estiatorio, restaurante, a primera hora de la mañana y, después de visitar una de las pescaderías del pueblo con barcos propios, regresa al Toyota con un puñado de gavros frescos que han desembarcado en el puerto de madrugada, pescados esa misma noche. Allí recogerá además un recipiente que trae de casa con restos de buena comida. No es que Spiros no alimente bien a los gatos, comen todo lo que quieren y más, pero el detalle diario de Diamandís es tan tierno que bien merece ese título que le colgué de "el amigo de los animales".

En la caja del pickup tiene al perro, que ya conocéis de otra fotografía anterior. Le sigue con el rabo levantado la gata de Spiros, que esperaba por él desde las primeras luces, echada en compañía de los gatines en un jardinillo a la izquierda de la foto, protegiéndose ya de los primeros rayos del sol bajo la sombra de una palmera.

Creo que en otro de los capítulos que dediqué a Lisi y Diamandís ya puse, amén de a Psarandonis, a Mitropanos, un cantante de laiká  (la música civil, digamos) muy querido por los griegos, que murió el pasado año. Sin duda de los cantantes desaparecidos los dos últimos años ha sido el más llorado.

Estoy pensando en Rasoúlis, Papázoglou o Domna Samiou, por ejemplo. A los tres los recordaron durante un tiempo, poniendo sus canciones en la Radio Nacional griega, pero no hay día desde que murió Mitropanos que no pinchen más de uno de sus potentes zebékikos, y ya pasaron meses.

Stratos Dionisiou. Yo el extranjero.   Egó o xenos.


Diamandís  y la gata en la taberna de  Stavrula
Grecia, 2012

Los dos puntos precedentes eran para explicar la elección musical de hoy. Dionisiou es un cantante de similar estilo a Mitropanos, bastante frecuente por otra parte. Son voces de calidad, muy varoniles, graves y poderosas, de la misma escuela que la del gran Kazantzidis, el prototipo por excelencia, y el intérprete del otro tema de hoy. O como la de Angelópoulos, Gavalás y tantos otros.
Aunque ni el estilo ni el repertorio son los más frecuentados por mí, los griegos y en especial el género masculino, los paisanos, se identifican bastante con ellos y yo los entiendo y copulo de cuando en cuando.

Un paisano en el mejor sentido de la palabra es el bueno de Diamandís, pero no sé si estos cantantes están entre sus preferidos, espero no errar demasiado.
En la segunda imagen vemos ya el lugar donde alimentaba a los gatos. Tengo también fotografías de los gatines comiendo los gavros, pero como no paraban un momento salieron todas movidas.

Una vez cumplida su buena obra de la mañana, llegaba la hora de sentarse a tomar el primer café, un helinikó o un frappé, dependiendo de la potencia del sol del día.
Ya parte de la parea tomaba el suyo, por lo general los barbas, los abuelos más viejos, que duermen menos y madrugan más que el resto. Y poco a poco se iban incorporando nuevos contertulios, sentados en las mesas de la terraza con el café y el vaso de agua fría al lado, todas las sillas vueltas mirando al mar.


La gata, con tres rabos, comiendo gavros
Limani Petrión, verano 2012

Y, tras el helinikó, a fumar unos cigarros en falso, chupando esas pipas de agua que echan humo cuando se aspira. Diamantís está intentando dejar el tabaco, pero le cuesta dios y ayuda.

Aún tengo pensado un cuarto capítulo de Gatines con la segunda familia de felinos, de la que subí una foto hace unos días. Es que tengo una del padre y otras dos muy tiernas de la madre con las crías que le prestarán a los gatófilos, César y Txell entre ellos.

Y por fin otra vez un saludo para Lisi, Diamandís, Stavrula, Spiros y familia, y a los conocidos. Y salud a todos.

Στέλιος Καζαντζιδις. Stelios Kazantzidis. Dos patrias.   Δύο πατρίδες.

Ramiro

domingo, 20 de enero de 2013

Γαύρος, Anchoas


Mezé, tapa con tsípouro
Grecia, agosto 2012

Γαύρος


Los gavros, las anchoas son de los pecados más consumidos en Grecia junto con las sardeles, las sardinas. Son buenas las anchoas griegas, tienen una carne más consistente que las que comemos en la parte occidental del Mediterráneo. Al menos esa es mi impresión.

Siempre recuerdo lo que escribió Josep Plá sobre las anchoas que se comían en el Empordà, y todavía este verano vimos en L' Escala una placa que recordaba su amistad con un popular cocinero del pueblo.
También nosotros las hemos comido, catalanas y en Cataluña. Las que más nos gustan son las que meten enteras en salmuera, al estilo clásico de la semiconserva de anchoa típica, enlatada o embotada una vez limpia, por supuesto.

Spiros preparaba así sardinas ya crecidas, como de unos 14-15 centímetros. Las metía enteras en un bidón de plástico lleno de sal marina gruesa, por capas, y las tenía allí tres o cuatro meses, tapadas con un plástico que destapaba de vez en cuando para airear y echarles un vistazo.

Al cabo las sacaba, les quitaba la cabeza y la tripa, separaba los dos lomos, que lavaba y ponía en un baño de aceite de oliva. El bocado de la conserva resultante era grueso, carnoso, de parecida calidad gustativa a la de las mejores anchoas de aquí, pero con la posibilidad de morder, de hincar el diente, de llenar la boca y saciar las papilas con ese sabor fresco, intenso y salado, que en nuestras pequeñas anchoas se queda en un pedete de monja, por así dicir, delicado y tímido.

No discuto la calidad de la anchoa española, francesa o italiana, ni la finura de la del Cantábrico, la de Santoña entre otras, ésa es su principal virtud. Si dije que me parecían más consistentes las griegas es porque todas ellas las he comido y preparado, fritas, con cebolla, al horno y como bocartes, con vinagre, ajo, etc. De esta forma es quizás como más resalta esa superior consistencia de la carne.

Como son peces que compartimos en todo el sur de Europa, todos tenemos distintos modos, muy semejantes entre si, de prepararlas en la cocina, incluidos los aliños.

En Grecia es una de las mecés típicas que acompañan un ouzo, uso, un tsípuro o un tsikudiá, como ya sabéis los tres destilados de uva más bebidos y conocidos del país, del estilo de nuestros aguardientes blancos. Allí es común beberlos con una piedra de hielo, junto con un vaso de agua fría, como se muestra en la primera imagen, que ayuda a suavizar el trago, incluso mezclados con agua, sobre todo el uso, como los turcos el rakí y los franceses el pastís, adquiriendo entonces ese aspecto lechoso tan característico de los anisados.


La gata de Spiros dando cuenta de los gavros de Diamandís
Ayii Apostoloi. Eubea, Grecia, verano 2012

Pensaba que tenía más fotos de gavros, pero después, al repasarlas, vi que las que creía anchoas eran sardinas pequeñas.
Pero volví a recordar a Diamandís, el amigo de los animales, incluidos nosotros, que todas las mañanas llegaba al bar de Spiros con algunas sobras escogidas de casa y se acercaba a la pescadería para echarle también a la gata y a los gatines algo de pescado fresco, el que hubieran traído esa madrugada los pescadores, con frecuencia gavros.

Por eso, viendo que lo que sí tengo es una secuencia de ese pequeño detalle diario del bueno de Diamandís, he pensado dedicarle un segundo capítulo a las anchoas, pero sólo como disculpa para volver a nuestro querido amigo, porque poco más tengo que añadir de los Γαύρος.

Una última cosa, sin embargo. El Panatinaikós es el equipo de la capital, como aquí el Real Madrid. El otro es una especie de Atlético y es el equipo de El Pireo. Allí cerca del puerto tiene su estadio. Hoy es la tercera ciudad de Grecia después de Tesalónica. Aunque esté pegado a Atenas y sea su puerto histórico, siempre se consideró más popular y alejado de lo capitalino. A los seguidores rojillos del famoso Olympiakós se les llama gavros. Será por lo mismo que a los de Gijón les llamamos en la Asturias interior los del culo moyao.  

Mientras vuelvo con Diamandís, saludos a Lisi, a él, a Stavrula y a Spiros, y salud y buen apetito para todos.

Sotiría Belou.  San aplokliros giriso...


Barbarómiros

viernes, 18 de enero de 2013

La curruca versicolor dando pie


La  Versicolor  espurriendo les patuques tras el cocido maragato.
Castrillo de los Polvazares, León 2012.

Muy poco a poco voy ganando terreno en las programaciones, y si la salud y  los problemas técnicos se mantuvieran en este punto, creo que en febrero podría empezar a sentirme menos agobiado por las cuatro o cinco entradas semanales que tenía pensado ir entregando este año.
En la medida en que adelanto un poco el trabajo y no necesito estar pendiente de que tengo que escribir, me encuentro más relajado y me enfrento a lo que siga con otro aire y optimismo, y eso se nota en el resultado final. Y la falta de tiempo es algo que nos condiciona a todos.

Digo también todo esto como una forma de agradecimiento a las currucas, cuyo recuerdo suelo tener muy fresco y de las que no me cuesta casi nada hablar. Además, la cosa biográfica es aquí ligera y de fácil composición, ya que mucho de lo que cuento de ellas o es inventado o está tan disfrazado que no lo reconoce ni la madre que lo parió.
Así puedo improvisar con media docena de datos y cuatro claves personales, la mayoría de uso general que todo el mundo entiende y alguna otra más críptica entre colegas, inocentes antes que malignas.

El Estornino versicolor es el pájaro pardo al que más veo en estos tiempos, a lo largo del pasado año una docena de veces por lo menos, en general fines de semana. Pero también en otros eventos, felices unos, definitivamente tristes otros.
Hemos desayunado, comido y cenado juntos, cocinando él, yo o a medias. Viajamos a León por los Dolores de poesía en los bares donde alternamos con el Mirlo rubio, sin registro podológico del encuentro, y pasamos un fin de semana de la capital a la Maragatería, entre cocidos, no entrecocidos como el sabadiego, que beber bebimos lo justo y necesario. Allí nos entrevistamos también con la Curruca centenalis.

Aquí tuvimos ocasión de compartir manteles con el Esguilatorres juliensis, al que sigo viendo regularmente, aunque perdí la oportunidad de fotografiar sus pinreles reunidos bajo la mesa, ¡me falla la máquina y no acabo de enviarla al técnico! Al ténico, diría el estornino.

El trompetero versicolor es el otro soplador de la cuadrilla curruquil, con el saxofonero blasensis, éste del Arcediano, el que forma con el centenalis el  Dúo los del Huerto.
Pese a que la Escuela de Música de Llanera, en Asturias, no ha podido seguir con los cursos de trompeta y otros, con el chasco correspondiente para profesores y alumnos, por desidia y falta de voluntad política de los responsables municipales, el estornino acude regularmente a ensayar por libre a una nave industrial, en horas de cierre, con sus compadres del grupo de yazz y salsa, ¡eso es afición y mérito!

Los Guajiros del Caribe. La Corredoria Arena 2012. A la trompeta, David Gómez. 
Nací moreno, trumpet extasis.

  
El  Estornino  Caesarensis  a la pata suelta
Oviedo, 1 de enero 2013

El anterior es un concierto al que asistí acompañando al caesarensis, en el que tocó y cantó también con el grupo de jazz, donde además pude ver actuando en directo a dos amigas, puro entusiasmo, Cachito en el de jazz a la travesera y Dulce al saxo y la voz en los dos grupos.
La grabación, que agradecemos, es otra vez una gentileza de Admiradora 33jc, de quien me dio referencias el batería del grupo y cuyos vídeos aproveché en los capítulos dedicados a la Escuela de Llanera.

La segunda imagen del pinrel es de nuestro último encuentro. Pasamos juntos la noche de fin de año y el estornino fue el cocinero esta vez.
Si bien lleva años viviendo con los del culo moyao de Xixón, había traído de León una cecina de chivo en adobo que coció con horas por delante y que acompañó de unos chorizos, también de chivo, y unas patatas. Es un plato típico de la cocina popular leonesa que yo no recordaba, aunque mi madre dice que ella también lo hacía en casa cuando éramos pequeños, porque era un plato habitual del Bierzo, al que podía acompañar amén de las patacas el repollo, como en el caso del botillo.

Pese a la dureza de la cecina de chivo, la carne estaba tiernina como la espuma, con un montón de gelatina que quedó en la pota y con la que hicimos sopa de fideos tres día seguidos.
Nos contaba la canora cómo un pocillo de este caldo era una tapa común en muchos bares de León capital. Allí nos conocimos y allí convivimos tres años, y sin embargo tampoco recordaba por esa vía este plato tan contundente del invierno leonino. ¡No hay quién entienda la memoria!

Tendré ocasión de hablar con frecuencia de esta curruca porque seguimos en estrecho contacto, ¡bueno, tampoco así de estrecho, caramba!...
Y me voy con otro de los temas de, para mí, aquel memorable concierto.

Muchos besos a todos, currucas y animalicos en general

Los Guajiros del Caribe. La Corredoria Arena 2012.  Mambo influenciado.

Cannavina Carduélis, pardilla común, rebétissa, psilicosa.


P.D. Recordando la Cabrera de Nuno:

http://nunogarciaaparicio.blogspot.com.es/?view=classic


¡Salud!


miércoles, 16 de enero de 2013

Gatines -3


El padre de Misko, Tusko y Jorgito


Leopoldo


Mi abuela tenía un gato que se llamaba Leopoldo. Lo del nombre debió ser otra de sus fantasías, eran trucos para impresionar a los niños, a los que nos tenía siempre sobre ascuas con su imaginación chispeante. Decía que el gato era austriaco, que había sido el regalo de un ingeniero alemán que estuvo una temporada en el pueblo instalando algún tipo de maquinaria en la mina donde trabajaba mi abuelo. San Leopoldo parece que era el patrono de Austria.

Fuera o no austriaco, lo cierto es que el gato no se parecía a ninguno de los del pueblo. Los había de todos los colores comunes a la familia felina: blancos, negros, a rayas, rojizos, canela, anaranjados, tostados, marrones, más o menos amarillos..., con las variantes y combinaciones derivadas de los múltiples cruces entre ellos.

Poldo, a quien, celoso de su sonoro nombre, no le gustaba que usáramos esa abreviatura y no atendía cuando lo llamábamos así, era blanco integral, pero con unas formas, unas características morfológicas que no se correspondían con los prototipos dominantes. Los gatos orientales apenas eran conocidos entonces aquí, y menos en los pueblos, sus ojos rasgados, su cara ancha, son muy diferentes a la cara redonda y pequeña y los ojos grandes de las razas autóctonas.

Y el tamaño de Leopoldo tampoco era el habitual, pues era un señor gatazo, demasiado grande para entrar por las gateras que se practicaban entonces en las puertas de las casas para que los mininos pudieran entrar y salir libremente, un privilegio exclusivo suyo, que no necesitaban ni llave para abandonar o acceder a las viviendas, como sus dueños humanos.  

Pero el carácter era lo que más lo distanciaba del resto de gatos que habíamos conocido en nuestras todavía cortas vidas de críos.
Estábamos acostumbrados a gatos que maullaban, que andaban enredándose en las piernas de los miembros de la familia, siempre cercanos y mimosos, bonachones hasta dormirse en el regazo más cálido, como niños, echados sobre un cojín o una silla o, por el contrario, esquivos y desconfiados, huraños e incapaces de hacer o recibir una caricia, nerviosos y hasta agresivos.


La otra preciosa familia gatuna de Ayii Apostoloi
Eubea, Grecia, verano 2012

A Leopoldo nunca lo oímos miagar, era un Félix estoico que no abría la boca salvo para comer y relamerse. Se echaba siempre lejos de la gente, no frecuentaba a otros ejemplares de su especie, solitario y serio, más rondador que casero, despreció la estrecha gatera desde pequeño y sólo entraba en casa por la puerta, como un señor. Y lo hacía levantando el rabo de bandera, como si se dispusiera a tomar posesión de la alcoba más importante de su palacio. Tenía algo de aristocrático, aunque no era sibarita y comía de todo.

Pacífico y tranquilo en general, incluso dormilón, nunca lo vimos darle la espalda, escapando, a un perro que se acercara amenazador. Se ponía de pie despacio, abría la boca enseñando la afilada dentadura sin emitir un sonido, encarando al chucho, y erizaba el pelo de una manera extraordinaria, que no he vuelto a ver en otro gato, ni siquiera los de pelo más largo que el suyo. Parecía doblar su tamaño, ¡y la cara daba miedo!. Ni los perros grandes se atrevían a acercársele más de un metro. Cuando se iban volvía otra vez a su modorra habitual, tan tranquilo.

Sin embargo estaba podre de mataduras y cicatrices. Y es que también debía de ser un don Juan, el tío. Muchas noches, especialmente las de luna, desaparecía del corredor donde solía dormir y lo veíamos por la mañana agotado y lleno de rasguños, cortaduras y arañazos.
Mi abuela decía que era un pendenciero y andaba a gatas pardas, peleándose con otros atorrantes del pueblo, aunque nosotros no debíamos de entender muy bien aquello. Pero, por su tamaño y porque era el gato de la abuela, nos gustaba pensar que seguro que también salía airoso de aquellas broncas y lances amorosos nocturnos con los de su especie.

Debió tener muchos hijos, como el santo austriaco homónimo, porque en poco tiempo aumentó significativamente el número de gatos en el pueblo, más o menos blancos y con los ojos rasgados.


Atenas, julio 2012

Mi abuela nunca nos desveló la procedencia real de Poldo y, cuando siendo ya mayores le preguntábamos por el austriaco, contestaba que no lo recordaba muy bien, que había tenido muchos gatos y de varias nacionalidades, pero que un ingeniero alemán sí había estado una temporada en el pueblo y se había hospedado en su casa, que pertenecía a la empresa minera donde mi abuelo trabajaba. Y luego esbozaba una sonrisa pícara y sabia. Nosotros rabiábamos. ¡Genio y figura!

Ramiro Rodríguez Prada


John Boutté & The Yockamo All Stars.  Mardi Gras Mambo.


Salud y buen día.

martes, 15 de enero de 2013

Gatines -2


Jorge  y su mirada de aguamarina

Jorge

A Jorge podemos considerarlo el mediano de los tres hermanos, por carácter está entre el melancólico Misko y el hiperactivo Tusko, y por tamaño también ocupa el centro, aunque apuesto a que entre uno y otro no hay más de 30 gramos de diferencia. Distinguirlos cuando andan enredados es tarea de especialista. De hecho los nombres se los puse yo para poder diferenciarlos.
Me guío por otros pequeños detalles, los ojos de Misko son de un azul más intenso, Tusko luce una pequeña mancha negra en la cabeza, detrás de la oreja, que heredó de su madre, Jorge una peca en la mejilla...

Jorgito tiene sus  momentos contemplativos y sus ratos, la mayoría, de marcha desenfrenada en compañía, detrás o delante de sus hermanos, en particular de Tusko. Las persecuciones, marrullerías, revolcones y pillerías, son continuas. Tienen unas uñas y unos dientes pequeñines que afeitan, afilados como puntas de un cristal, no muerden ni arañan en serio, pero ya ensayan sus pinitos de felinos.

Todos ellos curiosos y siempre abiertos a la novedad y al asombro, como los niños que son en realidad.
Cuando cansan de jugar y correr, andan a la caza de cucarachas, arañas, hormigas, moscones que se posan en las flores de las jardineras..., y en este terreno Jorge es el más aventurado y concienzudo, no deja rincón sin explorar, ya que no es tímido como Misko ni tan alocado como Tusko.

Sólo el momento de la comida los reúne a los tres. Cada uno tiene o se ha ganado su pezón favorito en los senos de su madre, que los amamanta varias veces al día y no les quita ojo de encima mientras corretean por los aledaños de la terraza de la taberna.

Ta Zouzounia.  To gataki.


Jorge  y  Tusko  tras la batalla

Tusko

Tusko es el gallu la quintana, como es el fuerte abusa un poco, sin embargo es debido más al tamaño que a su maldad, lo que pasa es que parece un torollón cuando se echa sobre sus hermanos a lo loco. Pero después es un gatín feliz al que, cuando no tiene a quien perseguir, le dan arrebatos de alegría y salta en el aire como un atleta, no se sabe si para atrapar alguna mosca o por puro juego y disfrute repentino.

Es un tarambana, desde luego, por eso es también el que se mete en los mayores fregaos, pero no tanto porque suela ir el primero como porque va ciego y sin cálculo, a diferencia de sus compinches, algo más tenidos.
Tal vez sea el más parecido a su padre, un gato blanco de buen tamaño que andaba también de paseo por la playa, un poco modorro siempre, nada que ver con la gata, su pareja, lista, pequeña, pero una fiera.

Jorge inspecciona  el interior de un caldero, alzado de patas apoyándose en el borde, mientras Misko lo observa de cerca olisqueando, sin decidirse a mirar todavía por el borde del cubo. Pero llega corriendo Tusko, apartando a todo el mundo y, con el mismo impulso, se asoma al caldero ¡y cae dentro de cabeza!. Como el cubo es muy estrecho y tiene algunas cosas dentro se queda allí clavado con les patuques arriba, moviéndolas sin poder salir, mientras los hermanos miran a Spiros, que tiene que levantarse e intervenir para sacar al alocado pilluelo del atolladero.

En otra ocasión quedará atrapado en una nasa para langostas por fisgar más allá de lo razonable, se liará en las redes tratando de cazar el dedo gordo del pie de Spiros, o de saltar por sorpresa sobre alguno de los otros peines, al otro lado de la malla.

Letra, Yiannis Tsatsópoulos; Música, Socratis Málamas.
Voz, Melina Kaná.  Na valo ta metajota.
 

Tusko  estudiando el pulgar de  Spiros
Ayi Apostoi, agosto 2012

Hablé del padre de los gatines y creo que hay también una foto de él, estaría bien traerlo aquí para que conozcáis al completo lo que queda de esa banda familiar, pues no sé el destino de los otros dos gatines. Esto me obligaría a un tercer capítulo.
Lo pensaré porque tengo alguna imagen de otra familia de gatos del pueblo, de colores menos llamativos que este blanco algodón, pero preciosa también, y a la que no pude fotografiar a mis anchas como a ésta. Los gatines tienen la misma ternura de cualquier chiquillo en el regazo de su madre, sean del color que sean.

En principio pensaba inventarme alguna historia para rellenar estos huecos, pero viendo las fotos de los protagonistas me decidí por describirlos tal cual, sin fabular, porque más que grandes aventuras lo que nos procuraron durante un mes, a Spiros, a mí y a todos los paisanos de la parea del bar, o a los niños que pasaban delante del restaurante, fue una diversión inocente y continua, sonrisas complacientes de los abueletes, como en presencia de sus propios nietos, la mayor fuente de alegría para ellos.

Γιώργος  Ζαμπέτας.  Η γατα.  La gata.

Υγεία, Salud! 

Barbarómiros

lunes, 14 de enero de 2013

Gatines


Misko  al quite
Grecia 2012

Misko

Misko es el más ruin de los hermanos, pero no ruin de espíritu, sino en el sentido en que usamos esa palabra los asturianos, el pequeño. Y también es el más cercano en el carácter a su madre, de mayor será un palicari aunque ahora parezca algo apocado.

Cuando llegamos eran cinco los gatines que correteaban, jugando y persiguiéndose, entre las piernas de Spiros y de los clientes que frecuentábamos la taberna. Un espectáculo continuo, inocente y divertido, para los parroquianos de la parea que pasábamos horas sentados mirando al mar, la mayoría abuelos ya. A ellos es a quienes más entretienen los juegos de los niños.

Pronto se fueron dos de sus hermanos y a Misko le quedó más espacio para mamar a sus anchas, sin tantas disputas como al principio. Bien es verdad que él no es un gatín glotón, ni ansioso, y pasaba de pelear por  las tetas más secas de su madre, buscaba momentos de solitaria intimidad con ella y con el pezón más productivo. Cuando los demás soñaban con las anchoas frescas que les llevaba todas las mañanas el bueno de Diamandís, aprovechaba para tirar de teta.

Es un gatín dulce, reflexivo y soñador que, a diferencia de sus hermanos siempre enzarzados, anda un poco a su aire, cauto y tímido, mirando las cosas con esa cara de curiosidad y asombro que se pinta a veces en el rostro de los niños.


La gata de Spiros con los gatines, Misko, Tusko y Jorge
Ayi Apostoli, verano 2012

La  tigressa

La madre, ahí donde la veis, una gata pequeña y pacífica, que normalmente buscaba, afalagándose, la caricia de los que nos sentábamos en la terraza, caracoleando entre las patas de las mesas, se convertía sin embargo en una fiera corrupia a la vista de la más mínima amenaza a su camada, en especial la de algún chucho despistado que se acercaba husmeando sin percatarse de su presencia.

Todos los días teníamos espectáculo. La gata era la primera en advertir la proximidad de los perros, mucho antes de que ellos la hubieran olido siquiera o de que nosotros fuéramos conscientes del peligro, era su actitud de ponerse repentinamente en guardia la que nos daba el aviso.

La mayor parte del tiempo se lo pasaba tumbada, en esa posición en que la vemos en la fotografía, dormida, sola o con gatines mamando, que se quedaban atorraos con el pezón en la boca al final del repostaje.
Otras veces, despierta y al loro, siempre alerta a las trastadas de la tropa, miraba el mar con la misma mirada lúcida e indiferente de los viejos que la acompañaban, todos silenciosos y contemplativos: ese ir y venir eterno de las dulces olas de siempre desde el horizonte azul, como una metáfora del tiempo que pasa.

Viendo esta escena que acabo de describir desde fuera de la terraza, llegando a la taberna de espaldas al mar, parecían figuras extáticas, la gata y los ancianos inmóviles, unidos en una misma contemplación, animales hermanados por el destino en una foto fija tan antigua que se diría eterna.

Pero ¡ay, amigo! cuando se acercaba un perraco un poco más grande y listo, que hubiera olido la presencia de gatos o visto los juegos descontrolados de los gatines, que salían del ámbito de la terraza corriendo en sus persecuciones continuas, entonces aparecía de pronto la tigresa.
Solía ser Spiros el primero en darse cuenta, y me avisaba, Kita, kita!, ¡Mira, mira!. La gata se ponía en pie con las orejas tiesas y, ligeramente agachada, fija la mirada azulina en el enemigo, se acercaba directa, decidida y amenazadora hacia el intruso, habitualmente atolondrado, pensando ya lo bien que se lo iba a pasar corriendo a tanto pequeño gato y tal vez metiéndole el diente y rompiéndole el espinazo a más de uno, presas fáciles. ¡Ja!

¡Había que ver al perro correr acojonado con el rabo entre las patas, la gata detrás con el pelo erizado, incluido el del rabo tieso, y con unos maullidos que parecían los de un felino de la selvas asiáticas!. ¡Un tigre de Bengala!
Spiros , yo y todos los que estuviéramos en ese momento en el bar, nos partíamos. Pierde cuidado, ese chuquel la próxima vez pasaba a muchos metros de la terraza, mirando hacia allí con miedo y desconfianza, por si acaso, ¡para salir por patas si asomaba de nuevo aquella fiera!.

Ψαραντώνης, Χαινηδες.  Η Τίγρη.  El tigre.

http://www.youtube.com/watch?v=x4I4f_NB0bI


Tusko  y  Jorge  investigando.
Ayi Apostoli, Eubea, agosto 2012

Tusko  y  Jorge 

Tusko y Jorge eran el mismo demonio. Tienen el azogue. Mientras están despiertos no paran de correr, pelear, jugar o perseguirse. Todo les llama la atención, empezando por el baile del rabo de la madre, pero también los provoca el dedo gordo del pie de Spiros, cualquier movimiento extraño a la quietud que imperaba por lo común en aquella terraza.

Y cuando no tenían el estímulo de algún apéndice moviéndose, se dedicaban a molestar a la gata, a putear a Misko, a investigar cada rincón del bar y sus alrededores, a enredarse con las redes que Spiros arreglaba... ¡Y a mamar como gochinos!.

Después los veías dormidos en cualquier parte, juntos o por separado, allí donde la fartura de leche y el puro agotamiento los venció: sobre una silla, espatarrados bajo la mesa, sobre la manguera de riego o encima de las redes. Pocas veces en la cesta que Spiros les tiene preparada y mullida para que se recojan allí, como sí solían hacer por las noches.

La llegada mañanera de Diamandís con los gavros frescos, era el primer acontecimiento sobresaliente del día para ellos, que ya llevaban un rato correteando por el bar y danzando entre las jardineras. Para ellos y para la tigresa, que era la que más los agradecía.
Más tarde, cuando Spiros limpiaba las agujas, o Stavrula descabezaba las anchoas o pequeñas sardinas del día, Tusko y Jorge la rodeaban e iban entrenándose en la comida sólida, con la misma delicadeza y remilgo con el que todos los gatos del mundo inician su colación. Al final atracón de cabezas de pescado engullidas casi enteras. ¡La danza sale de la panza, qué bárbaros!

Ramiro Rodríguez Prada


Stray Cats.   Race with the Devil.  Carrera con el Diablo.

http://www.youtube.com/watch?v=S4ckKB7UzLM

P. D.  Gran putada: llevo dos días sin poder ver las fotos de los colegas de Schutter., Google me dice que no encuentra las páginas. Ayer se veía, sólo en la ventana de favoritos, la foto de Juan Carlos Rubio, pero no permitía verla en su página y tamaño originales, hoy ni siquiera eso, ¡¿qué conyo pasa?!!...

Si alguien tiene interés en historias de gatas y gatos, y lo digo antes que nada por César Viriato, al que le gustan y tiene una gata pontevedresa, además de ser quien me motivó para sacar hoy estas historietas, puede ir a esa dirección de abajo. Es la entrada del 20 de junio pasado, Puertas de pajares -2, en la etiqueta Arquitectura, donde cuento la de Nina, una gatina valiente y una buena madre, como la tigresa: 


Υγεία, Salud!

sábado, 12 de enero de 2013

La centenalis, ora et labora


El sauce de  Morales del Arcediano
León, otoño 2011

Buenos días. Seguimos en Morales, como veis. Pese a que no he visto a la Curruca centenalis desde el verano, cuando pasamos por su nido, nos tomamos unos vinos y nos dieron unos tomates ecológicos de su huerta, pura manteca roja, he venido teniendo noticias suyas regularmente por varias vías. Sé que sigue bien y tan oronda, y no lo digo porque esté gordita esta pájara, que sólo es redondina, sino porque en Asturias significa también algo cercano a feliz, satisfecha, ayurvédica..., ¡y eso que no para de currar!

Como llevamos dos días en tierra de maragatos completaré así una terna en este pueblo que es como si fuera el mío de adopción.

Pero además aprovecho las únicas fotografías con las que contaba este mes después del susto de pensar que ya no podía subir más. Aquello acabó con mi crédito de entradas programadas y consiguió descentrarme, ahora necesito ir recuperando poco a poco estos dos meses de casi nula actividad en el escritorio.

Y en ese sentido, pocas cosas tan agradables y relajadas de escribir para mí como hablar de mis colegas las currucas pardas. ¡Y eso que en este momento en que lo hago acabo de ser atacado ferozmente por el odontólogo, que me ha  dejado en encías, con la mitad de la ferramienta! Sujeto con la izquierda un pañuelo con una bolsa de hielo pegada al morro y escribo con el índice derecho. Y en los próximos días seguirá la batalla, en la que tengo todas las de perder, y no me refiero sólo a las muelas, ¡ay!.

Es curioso como coinciden a veces las cosas, sólo que las chungas cada año se presentan antes: el 6 de febrero del  pasado dediqué una entrada al Centenalis titulada  La curruca mirlona, otro de sus nombres, como el de Sylvia hortensis para los especialistas pajarólogos. Ese día, frío como éste de enero cuando escribo, me quejaba del miembro, no penséis en el urólogo, era el remo derecho, hoy algo trunco por el termómetro a ras de cero. ¡Y había visitado también al dentista!. Decía en aquel capítulo:

Tendréis que disculparme un poco estos días que ando demasiado apurado y escocido en varias ingles, meninges y otras vísceras o miembros, no sé donde poner la mano, Macorina, ¡y el dentista aún no acabó conmigo! Ayyyy!

Pues eso, como estos capítulos de currucas suelen ser cortos, apenas un breve y amistoso recuerdo, confío en poder ir preparando el resto de las entradas del mes con algo más de tiempo por delante, lo que para mí es bastante importante, no me gusta estar presionado por las horas cuando hago algo por gusto.

Dejé dicho también que este pájaro es más cantaor que canoro, porque hace sus pinitos flamencos para los colegas ya desde la década de los ochenta, un poco a contracorriente de la Movida que entonces imponía su estilo resesentero y en muchos casos decididamente baboso.
De ahí que la banda sonora de hoy traiga a un imberbe pero ya extraordinario Menese, otro redondín como el Hortensis, payo sevillano que junto al Camarón y  Morente eran los valores jóvenes en alza, de lo puro.
Esto no significa que la Mirlona no disfrutara con otros cantes más internacionales tipo rokanrol rollingstoniano. Inolvidable para mí, por ejemplo, su pinta de skatalítiko londinense cuando regresó de la City con un sombrerín a lo Madness o UB40, y uno de los primeros pendientes de pirata en la oreja que se vieron por estos pagos merinos.

José Menese, cante, Antonio Carrión, guitarra.  Farruca.

http://www.youtube.com/watch?v=to_CNVkXNQk


La  Kurruka mirlona centenalis  reza y curra en  Ca Cuca La Vaina
Castrillo de los Polvazares 2012

Espero visitar también en breve a esta curruca y disfrutar de su compañía y su cariño, pues se trata de uno de los pájaros más ternezuelos y simpáticos que conozco, por más que su figura tenga un punto de firme y hasta de rocoso, no en vano vuela entre centenos, cereal duro donde los haya y de secano, que también lo tiene Morales, aunque se asiente a la vera del Turienzo y su vega.

Para entonces podré saber algo más del Clero Pardo Maragato y de los progresos de esta mirlona en  El Dúo los del Huerto con la curruca Blasensis, anidada por temporadas en Morales del Arcediano.

Abrazos, Mirlona, a ti y a los de tu nido. Espero que tampoco este año te abandone ese humor envidiable que nos hace felices a todos, y que yo puede devolverte hoy, con esto, alguna de las muchas risas y sonrisas que tú me has procurado.

¡Salud a todas las Kurrukas y demás tiernas avecillas, libres, de corral o de jaula! También a las correosas.

José Menese, cante, Manolo Brenes, guitarra.  Tangos de El Piyayo.


Cannavina Carduélis, pardilla común, rebétissa, psilicosa.

jueves, 10 de enero de 2013

La blasensis en la muy noble


El puente de hierro sobre el  Turienzo  a su paso por  Morales.
Noviembre 2011

Buenos días, pajarines. Me pareció oportuno, después del capítulo de la matanza en Morales del Arcediano, compuesto por José Martínez Blas, dedicar otro a esta curruca homónima y paisana del autor, casi alter ego, cuyos pinreles aparecen retratados en la imagen inferior.

Volvimos a reunirnos un ratín en el mes de diciembre, en la muy noble, leal y demás, ciudad de Astorga, al amor de unos vermús y unas cervezas. La mi morena llevaba mucho tiempo sin ver a esta canora y me acompañó.

Era una mañana fría pero soleada de invierno maragato, con más gente por las calles que en nuestra entrevista anterior, un largo ocaso de finales de junio, con aquella imagen de una Astúrica mística, levítica y en soledad sonora, que recordaba algún atardecer de Panero padre, languideciendo en un madrigal lento con una copa de coñac en la mano, el tiempo, vuelto espíritu, reposa... 
En esta ocasión, las fiestas invernales de la Navidad, las vacaciones, llenaban las calles, las tiendas y las cafeterías como si la crisis sólo fuera una fantasía de cenizos.

El Verderón está pimpante y sano como uno de aquellos bichos que toreábamos en bolas a la orilla del Jerga con el Horacio y el Aleluya. La verdad es que se lo curra, porque sigue escalando Karakorums y Aconcaguas sin oxígeno y con unas humildes alpargatas. La visera, de sus años madroñiles, de casco.

He tenido ocasión  de ver este año varios reportajes fotográficos suyos de excursiones por la comarca, con el riquísimo colorido de nuestros bosques, la maravilla de los cauces y torrenteras escondidas..., con sus colegas de bicicleta y mochila o con los niños del colegio. Como la ruta cicloturista otoñal por la Maragatería cercana, con amagüesto y todo en Morales. ¡Esto es un pájaro entregao!

Pero la reunión decembrina fue tan corta que dudo si no la soñaría, de no estar a mi lado la morena de mi copla, que me pone los pies en el suelo, o los propios andadores de esta curruca pardiña, aquí presentes en efigie.
Es que no recuerdo que habláramos de música, uno de nuestros temas favoritos, y tampoco quedamos en vernos para visitar la pared de adobes de su pueblo, o qué hay de esos capítulos sobre la música que escuchábamos en el instituto... Lo bueno y breve si breve cuatro veces breve, ¿que así no ye, que no sale la cuenta?, para cuatro sólo faltaba un breve.

Y eso es lo de menos, lo demás es ¡que se nos escapa el tiempo como el humo! Tengo que hacer algo y pasar algunas horas más con esta parda. A ver cómo me las apaño.

Led Zeppelin.  Black Dog. 


La  Curruca blasensis  en Astúrica Augusta
León, diciembre 2012



No sé tampoco nada nuevo del Clero Pardo Maragato (Cepeme), ni si el Dúo los del Huerto siguen ensayando su repertorio de flamenco Turienzo y jota KL, una versión actualizada de la Peregrina. Tiempo ha que no veo a la otra componente del dúo, la  Hortensis Centenalis. También quiero dedicarle en breve un recuerdo y, sobre todo volver a verla.

Las músicas de hoy son de las que le gustan a la  Carduelis Cloris, el nombre por el que es conocida entre los ornitólogos esta gran sopladora ¿saxual?,  que los pajareros llaman simplemente Verderón y las avecillas amigas, Blasensis a secas.
¿¡Cuántas veces meteríamos peseta en la máquina del Ríos para escuchar Perro Negro, kurru!?.  Primero fue  Muchísimo amor, también de los Zeppelin...
Los Doors vendrían algo después y hoy son poco menos que una divisa para esta canora, sobre todo el malogrado Jim.

Un abrazo, amigo.

The Doors.  Roadhouse Blues  (Live) 

¡Salud, kurrukas y demás pájaros pardos, también a las inocentes avecillas, de presa o no!

Cannavina Carduélis, pardilla común, rebétissa, psilicosa.

miércoles, 9 de enero de 2013

La matanza en Morales


Matanaza1
Matanza en  Morales del Arcediano.  León.

LA MATANZA”   EN MI PUEBLO

Al decir “la matanza”, todos entendemos que es el sacrificio del cerdo o los gochos, y que colmaba la despensa y nos abastecía durante el año. Era la “fiesta” del invierno; por eso mis recuerdos del evento permanecen nítidos. Y las pocas dudas que me asaltaban, me las disipó Oliva, mi madre, en tres tardes de camilla y brasero.

Las matanzas, en Morales del Arcediano, se hacían, por lo general, la segunda quincena de Diciembre. Pero, para esas fechas ya habíamos comprado los gochines, así que todos los vecinos disponían de dos corteas. En casa de mis padres la pequeña estaba al embriego y orientada al sur, para que el escaso calor invernal estuviese asegurado.

Allí estaban hasta últimos de febrero. Con 25 kg. ya abultaban y debían ir a la grande. Unas fechas antes, se capaban para que toda su energía se canalizara a engordar. Esa sencilla cirugía la realizaban los hermanos Cesáreo y Agustín “Los marraneros”, de Astorga, que se dedicaban a la cría y venta de cerdos.

Pasada la Purísima, se fijaba con la familia y vecinos, el día de la matanza, que suponía tres días de ajetreo para los padres y de regocijo para los pequeños.
El día antes mi padre dejaba todo preparado: el banco de matar, los cuchillos afilados, el cuelmo, los grillos, unos cascotes de teja para rallar, el chamberil, una ceranda y la cuerda. Mi madre también debía dejar dispuesto el cocido para la comida de los ayudantes e invitados, al día siguiente.

Por fin…llega la hora. En casa hay más bullicio que de costumbre. Una copina de orujo y una galleta para entrar en calor y a por el primero. Mi padre entraba a la cortea con los grillos. Unas caricias en la barriga y un extremo de la cuerda en una pata delantera. ¡Vamos!. Dos a las orejas, otro tira del rabo y otro le mete una cesta en la cabeza. Así, culo atrás, hasta el banco. Ahooooraaa! El cerdo al banco, de costado y el matarife hace su trabajo con maestría y rapidez, para que el animal sufra lo menos posible.

Matanza 3
Mi primo Matías, “Patica el del Val, pinchando el cerdo, yo y mi tío Ramón

Atención al caldero para recoger la sangre que fluye como un surtidor. Se deja enfriar y le dan unos cortes para cocerla a continuación. Una vez hervida se tiende sobre unos cuelmos a enfriar, para consumir en los días cercanos o se mezclaba con una hogaza de pan migada para hacer el mondongo que, embutido, conformaba la morcilla.

Sacrificados los animales… a chamuscarlos, para quemarles las serdas del pellejo. Se cubrían de cuelmo, manojos de centeno que se habían majado (quitado el grano de la espiga, en la era).

Matanza 2
Carmen y Oliva,  atizan el cuelmo para chamuscar

El calor de la fogata se agradecía y…. “ojo chaval a esas patas, que no queden restos, que después molesta en el cocido; y tú, calienta bien las pezuñas para sacarlas”. Venga… a limpiarlos. Un niño se encargaba de echar agua caliente a los que restregaban el pellejo, armados con unos cascotes de teja…y un cepillo. Último repaso con el cuchillo……y al banco.

Patas arriba; el primer corte iba de la cabeza al rabo. El chamberil, una especie de percha de hierro o madera, en los tendones de las patas traseras, una cuerda que se pasaba por una viga y primeros tirones para levantarlo un poco; un palo romo en las puntas, servía para mantener abierto el animal y así el “matachín”, podía extraer mejor las entrañas, celosamente protegidas por los mantos, que se despegaban del interior y quedaban tendidos sobre la panza, una vez colgado el animal. Antes de que se enfriasen mi padre cortaba un trozo para elaborar las untazas. Amasaba el sebo con un poco de sal y unos ajos, y en una fuente cilíndrica lo iba enrrollando . Al enfriar se colgaba y de ahí pellizcaba un poco de unto cada día, para hacer unas sopas de ajo, como Dios manda.

Matanaza1
Mi tío Ramón, de Piedralba, limpia el primero.

La faena comenzaba ahora para las mujeres. Alrededor de las entrañas, depositadas en una ceranda, separaban el hígado, el corazón, los pulmones, la pajarina (el páncreas) y el botillo (estómago). Todo se lavaba a conciencia y a escurrir. Alrededor ya zascandilean los rapaces esperando la vejiga, para, una vez rebozaba en sal, hincharla y ya era un balón que pateaban toda la mañana.

Lo más minucioso era desentretiñar las tripas, quitarles el redaño, la manteca que las protegía. ¿Ya están? Pues a lavarlas. Bien arropados, los inviernos eran gélidos, en galochas, al río, al paraje del Molinoquemao: de rodillas sobre la puntea, una a una, las tripas se llenaban de agua para quedar expeditas de excrementos y restos de alimentos. “Daos prisa, que nos quedamos tiesos”. Menuda friura. Al llegar a casa les esperaba el refervido, un buen puchero de vino caliente con miel, para recuperar la energía.

Todavía las tripas requerían otra atención, antes de quedar listas para embutir: rayarlas. Vueltas del revés, se le eliminaban las impurezas con un cuchillo, por el reverso o con una paja doblada.

Y se han metido las dos y media. Es la hora de dar cuenta de un buen cocido con las patas y orejas del año “pasao”. Buena sobremesa y por la tarde mi padre recibir a los vecinos que acudían a ver los cerdos y echarle un tiento al peso, en arrobas, por supuesto. Nadie criaba cerdos de menos de 19 arrobas y llegar a 22, se consideraba un buen bicho. Y yo de recadero, a llevarle a los vecinos la prueba: un poco de hígado, sangre y manto.

Para cenar, mi madre ya servía hígado con patatas y cebolla. Unas peras cocidas de postre y …. pronto a la cama, que mañana toca deshacer.

Lo primero…a por “la romana”, a casa de Floro, para pesarlo en canal, claro. El brazo equilibrado por el pilón. “Cuidado, que no se mueva, pon una pizca de tocino en la muezca, para estar seguros del peso”.

Primer corte, la cabeza; segundo, partir el cerdo a la mitad y se despiezaba siguiendo un orden: el espinazo, las costillas y los lomos. Se troceaban todas las hebras, hasta acabar sacando los tocinos y los jamones. En épocas de escasez, se dejaban las paletillas, que se consumían, ya que los jamones se vendían.

La cabeza se despiezaba, separando el pellejo de los huesos, en dos: la cachucha, (orejas y parte superior) y la papada (parte inferior).

En las artesas de madera se colocaba la carne según el magro: la mejor, para el salchichón, la más grasa, junto con las vísceras ya cocidas, para el chorizo “sabadiego”, que se añadía al cocido, y el resto para chorizo.

Por la tarde a picar con la vieja máquina, las cuchillas a punto, que compartíamos con mi tío Segundo. Picada la carne, a adobar. Mi madre pesaba con sigilo la sal y el pimentón, y añadía un miaja de orégano. A mezclarlo a conciencia y ya teníamos los chichos. Allí permanecían 24h., pero esa noche ya se cataban…para comprobar cómo estaban “de sazón”. ¡Qué manjar!…unos chichos con una hotana de pan de hogaza.

Y ya estamos en el tercer día de faena. Hoy se “hacen” los chorizos, cuando cae la tarde. Mi padre le “daba” a la máquina y mi madre ajustaba la tripa plegada en el embudo y mis tíos ataban. Todo requería mucha destreza. Las tripas ni podían llenarse en exceso, pues reventaban, o quedarse escasas, si quedaba aire en su interior, podía dañar la carne.

Atados y escurridos los embutidos, a colgarlos en los varales, unos palos suspendidos del techo de la cocina vieja, en cuyos extremos poníamos unas hojalatas, para impedir a los ratones que probasen la matanza. Cada día poníamos lumbre en el fogón para curarlos. Y ya a primeros de marzo, se recogían para unos sacos de lino, para ir comiéndolos.…con moderación, que tenían que durar hasta las siegas, allá por Junio.
Los tocinos, los lomos y los jamones, cuidadosamente recortados, se “echaban en sal”. Tantos kilos, tantos días en sal, excepto los lomos que sólo necesitaban un par de días. Después a curar, con los chorizos. Los jamones recibían especial atención. Por lo general se vendían o se cambiaban por “hojas de tocino”. Verlo para creerlo.

La matanza concluía, pero aún había que derretir la manteca(los mantos), que a mi madre le gustaba dejarlo para la colación de Reyes. En una caldera de cobre, bien atizada, se caldeaban los mantos troceados hasta fundirlos. Se colaba todo y se vertía en unas ollas de barro. Al enfríar..…ya era manteca. Las impurezas que quedaban en el colador eran los chicharrones, o cascarones, que bien rociados con azúcar, eran una ambrosía para los niños.

Mi madre dejaba un par de litros en la caldera, donde añadía unas manzanas, chorizo, lomo y cebollas. Unos minutos de hervor y ya teníamos la más exquisita cena de Reyes. El aroma que impregnaba las viandas…no se puede degustar en ningún restaurante, por muchas estrellas o tenedores que tenga.

La manteca era el sustento para sazonar, freír, o hacerse unas sopas. Claro que para estas mi padre prefería sazonarlas con el unto. Para eso preparó en su día las untazas.

Desde hace años, veinte quizás, en Morales, al igual que en la mayoría de pueblos, no se crían gochos. Los tiempos han cambiado y los hábitos alimenticios también. Y…por suerte, en Astorga y en nuestra provincia de León, encontramos un inmejorable surtido de embutidos, jamones y cecinas, que colman con creces nuestras necesidades nutritivas, aunque no la añoranza de aquellas inolvidables matanzas.

José I. Martínez Blas
Diciembre de 2012

P.D. El día 20 de diciembre se publicó este completo trabajo de la Curruca blasensis  en la página de la Asociación El Cascayal de Morales del Arcediano, en La Maragatería. Aunque un poco tarde, como aún estamos en tiempo de matanzas, lo reproduje aquí. 
Pensé meterlo en la etiqueta de Alfabetos -2, pero tratándose de cerdos, que vaya junto a Rouco, er Biendichoso y er Botines en Chorizos culares.

Si lo queréis ver en el blog de donde lo saqué, pinchad en la dirección de abajo. La blasensis me había enviado el artículo, pero finalmente copiarlo del Cascayal fue más sencillo.

¡Besos y gratitudes a esta curruca y salud para todos!

Os Resentidos.  Galicia Canibal.

ra